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lunes, 19 de agosto de 2013

Richard Read impulsa un nuevo espacio sindical, de “rebeldía ante la injusticia”

El dirigente afirmó que la oposición está débil y no entusiasma a la población


La República
red
El dirigente del gremio de la Bebida Richard Read, afirmó que en el movimiento sindical existe un vacío que no es cubierto por ninguna corriente. Acotó que hay un 60% de dirigentes no sectorizados sin experiencia, para lo cual hay que trabajar en su formación. Reconoció que su gremio, junto a otros, impulsa la creación de un nuevo espacio sindical en cuyas reuniones participaron representantes de todas las corrientes e independientes.
En entrevista con LA REPÚBLICA, el emblemático dirigente de la bebida, Richard Read reivindica su independencia para tanto aplaudir como chiflar las acciones del gobierno cuando corresponda. Acotó que en el caso del conflicto del año pasado, cuando se firmó un convenio salarial, no quedó dolido por su enfrentamiento con el gobierno, porque lo adjudica a cuestiones políticas y a visiones distintas de un mismo tema. Enfatizó que el ministro de Economía, Fernando Lorenzo, es su amigo. Afirmó que en el Poder Ejecutivo no hay “tipo más honesto y capaz que él, podrá haber iguales; mejores, no”.
Descartó su intención de ocupar cargos parlamentarios, más allá de participar en alguna lista por el FA. “Soy más ejecutivo”, precisó, y advirtió que no puede ser legislador porque no es idóneo para dicha función.
Mencionó que si bien puede haber muchas corrientes en el PIT-CNT, sostiene que siempre habrá una central única, “porque esto está en el ADN de los uruguayos”. Propone cambiar el formato de los Consejos de Salarios para 2015, pasando de los grupos por rama a uno por cadena productiva.
La siguiente es parte de la entrevista realizada al dirigente de la FOEB (Bebida):
Hace poco usted dijo: “Debemos salir de los grupos y armar nuevos por cadena productiva”. ¿A qué se refiere con esto?
El formato de Consejo de Salarios cumplió un rol en la instalación de los mismos en 2005. Fue muy fructífero para organizar y discutir. Si uno ve la realidad, después de ocho años de Consejos de Salarios vemos que de 1985 a 1990 había 23 grupos, hoy tenemos 270 grupos. Hay una atomización muy importante. Después se encuentra que aquellos sindicatos que están más organizados y que tienen una correlación de fuerzas más importante, han logrado salarios importantísimos. Por eso debemos pasar, en vez de la clasificación por ramas y subramas, habría que hacerlo por cadena productiva. Pongo el ejemplo de los lácteos. La diferencia que pudiera existir entre la industria láctea y el peón de tambo. Discuten el salario por separado, pero entiendo que todas las partes deberían negociar juntas.
El PIT-CNT salió a cuestionar fuertemente el documento de las cámaras empresariales, pero estas sostienen que fue elaborado a partir del aporte de técnicos.
No esperaba encontrarme con esta grata sorpresa de tener un documento firmado por las cinco gremiales más grandes del país, tan descarnado, tan prolijo, tan conceptual, donde lograron en 41 páginas escribir todo lo que piensan ellas con una definición de clase que yo valoro muchísimo. Es el programa que sustituye a los programas blanquicolorados. Si habrá una oposición débil en este país, que no logra entusiasmar ni convencer a la población, que los dueños de la pelota tienen que salir a marcar la cancha, diciendo “señores, el país tiene que ir por este programa”. Yo lo valoro muchísimo, parece de una valentía muy importante. Era hora que hicieran un documento netamente ideológico y político. Escuché al presidente de la Asociación Rural sostener que el documento fue elaborado por técnicos apolíticos. Es un chiste y una falta de respeto. No existe el apolítico.
¿Ni en el sindicalismo?
No, ni en la Iglesia. Si alguien cree que (el papa) Francisco es apolítico se lo comen en dos panes. Es un documento que hay que leerlo y es de cabecera. Cuando escucho algún trasnochado de que la lucha de clases ya terminó y que eso es cosa de la historia, entonces le digo que lea las 41 páginas de estos señores. Se trata de ordenar los pensamientos de derecha liberal y las tropas políticas que están desordenadas.
¿Últimamente se viene hablando por parte de algunos sindicatos de formar una corriente dentro del PIT-CNT?
El PIT-CNT, desde su fundación en 1966, es una organización de sindicatos y federaciones. Con mucha sabiduría, quienes redactaron el estatuto establecen que se deben respetar las distintas corrientes de opinión. No creo que haya dos corrientes ni tres. Creo que hay decenas; algunas de ellas, organizadas. Soy de los que me considero un libre pensante. El pensamiento es dinámico, por lo tanto hay que adaptar el quehacer a la realidad del entorno en el que uno se mueve. En el gremio de la Bebida, después del conflicto de fin de año, duro y atípico, nos vimos rodeados de compañeros, que se identificaron con ese grado de concepción sindical. Sin ser indiferentes con las cosas que ocurrieron de 2005 para acá ni prescindentes, fuimos independientes cuando nos tocaron los intereses nuestros, legítimamente ganados.
Soy de los que vengo diciendo hace 6 años. Recuerdo una reunión que hubo en el Club UBUR, en el Parque Rivera, donde manifesté que las corrientes sindicales deberían de trabajar abajo, en los sindicatos, dando contención, ayudando a la formación e intercambiar experiencias. Lo que he percibido con mucha más claridad y más certeza de que hay un vacío en el movimiento sindical que no lo cubren las corrientes sindicales hoy. Que es ese 60% de militantes sindicales no sectorizados, que tienen responsabilidad y son representativos en sus sindicatos; que no tienen experiencia y que muchas veces desembocan en un conflicto sin saber por qué. Hay un vacío de debate y de discusión. Pero ese vacío está en todos los estamentos de la sociedad; está en los partidos políticos, en los comités de base llevados a la mínima expresión. El propio Parlamento discute poco de política.
¿Qué fue lo que cambió? ¿La sociedad?
Cambió la sociedad. Hay un desgaste y una desvalorización de la política; creo que la década de los noventa fue una década que a la política le pegó muy duro, porque desde que la política está para resolverle la vida a los ciudadanos, se la empeoramos. La gente quedó muy descreída de los políticos. Ese espacio hay que cubrirlo. La pretensión, no de Richard Read, sino del gremio de la Bebida por unanimidad, junto con la Carne y el sindicato molinero, y un montón de compañeros independientes, estamos creando ámbitos donde podemos discutir y conversar.


La unidad está en el ADN del trabajador
¿Qué significa abrir este espacio sindical?
Abrir más democracia, transparencia, participación. Hay dos grandes preguntas que deberíamos hacernos: ¿cuál es el rol de los sindicatos en un gobierno de izquierda? y ¿cómo le ha ido a los sindicatos en estos 10 años en América Latina con gobiernos progresistas?
Le ha ido bien en la parte económica; mejoraron los sueldos y las condiciones de trabajo. Pero la pregunta no es cómo le ha ido a los sindicatos.
Se atomizaron, dejaron de tener incidencia, se mimetizaron con el gobierno en una parte, y se quebraron en otra.
Debatir sobre esas dos preguntas nos servirá para posicionarnos en Uruguay, donde hay una central única y donde jamás podrá haber dos, ya que está en el ADN del trabajador uruguayo, la unidad. Ese espacio que se está creando es transversal, y en las dos instancias participaron compañeros de todas las corrientes de opinión. Yo no los voy a buscar casa por casa. Vienen solos. A una reunión en el sindicato de las tabacaleras asistieron 81 dirigentes sindicales. Este espacio no tiene nombre, pero tiene la pretensión de combatir el “hacé la tuya” y el individualismo. Es un espacio de rebeldía ante la injusticia, a la que hay que ponerle cabeza política. Debemos rodear a los conflictos; el sindicato es el escudo de los más débiles.




NOTA B

CONSECUENCIAS DEL NEOLIBERALISMO

En los 90 se quebró el entramado social


¿El PIT-CNT habla de las consecuencias de la década de los noventa, como que la mayoría de los problemas viene de allí?
La década de los noventa fue la que cobijó toda esta situación. Fue el quiebre emocional de la sociedad. Hubo una ruptura del entramado social. Es la década en la que se produjeron más divorcios; la inmigración económica, la angustia de la pérdida de trabajo. Te echaban y te decían: hágase una empresa unipersonal y usted será dueño de su propio trabajo. Es una falacia y una mentira. La gente quedó sola y aislada. La década de los noventa quitó el plural por lo singular; quitó el colectivo por lo individual.
Es una generación que creció viendo al padre o al abuelo sin trabajo y durmiendo hasta las 11 de la mañana.

Usted se refirió en varias oportunidades a que se crió con un padre que prácticamente no veía porque pasaba trabajando, en referencia a la falta de hábitos. Sin embargo, ¿esa falta de los padres en el hogar no pudo motivar también los problemas familiares?
Es mi vida. Mi viejo hacía 37 o 38 jornales por mes. Vivíamos en un garaje. No teníamos ni baño ni cocina. Claro que no es bueno (trabajar tantas horas). Lo puse como ejemplo de hábitos de trabajo y de responsabilidad. Aquel que se va a las cuatro y media de la mañana por $ 10 mil, sale igual, porque tiene que traer la comida para los pibes. Antes la sociedad te contenía. Soy del tiempo en que las puertas de los vecinos estaban abiertas para dar una mano. Cualquier guacho de la calle comía en cualquier casa de vecino. Era otra sociedad, te contenía.

¿Asistencialismo o contrapartida?
Contrapartida. Pero para mí no es una dicotomía, porque no le podés pedir contrapartida a una persona que está tirada en el suelo, que no se puede parar por el hambre que tiene y que tiene una desnutrición crónica. En ese caso se tiene que hacer asistencialismo, porque la persona llega con un nivel de intelectualidad reducido, una pérdida de valores, hábitos y educación. Para recuperarla hay que incluir.


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