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jueves, 22 de agosto de 2013

"Saramago nunca se miró a sí mismo sino en función de los otros"

Un libro y un filme retratan a un José Saramago distinto


Pilar del Río, sevillana, periodista, viuda de José Saramago y presidenta de la Fundación Saramago, visita Uruguay en estos días, entre otros motivos para presentar el libro "José y Pilar" y la película homónima. En entrevista con El País habló de su vida junto al Premio Nobel portugués.
Un amor entre palabras. Pilar del Río y José Saramago. Foto: Archivo El País.
Carlos Reyes
Son muchas las actividades que Pilar del Río tiene agendadas para esta semana corta que estará en Uruguay: hoy a las 17:30 horas en la Facultad de Humanidades (Av. Uruguay y Magallanes) dará una charla sobre el proceso creativo de Saramago, en la que participa también Raquel Joao Carinhas, docente de literatura portuguesa de la Universidad de la República. Dos horas más tarde, en la sede del Frente Amplio (Colonia casi Ejido) hablará sobre los cruces entre política y cultura, con la participación de Mónica Xavier y Gerardo Caetano.
Luego, el sábado a las 17:30 horas estará presente en Cine Pocitos (Chucarro 1036), en una mesa redonda junto a Mario Delgado Aparaín y Miguel Gonçalves Mendes, director de la película y autor del libro. Después será exhibida la película, con entrada libre, igual que el resto de estas actividades. Otro renglón destacado de su agenda tuvo lugar ayer al final de la tarde, cuando en el Palacio Municipal fue declarada Visitante Ilustre de Montevideo.
Todas estas actividades prometen ser de interés, dado que Del Río es una persona de opiniones firmes. "Cada vez que alguien pretende utilizar los símbolos de un país o cada vez que alguien esgrime una bandera, incluso en los partidos de fútbol, me repugna", afirma la periodista española en el libro José y Pilar. También traductora de la obra de Saramago, su vida arrancó en 1950, en un hogar con 14 hermanos y un padre franquista. "Lamentablemente, en el 68 no sabía que estaba pasando algo importante. Me enteré de los sucesos de París años después", cuenta en el mismo libro. Pero mejor será dejar que ella hable por sí misma, de su vida con Saramago y del gran legado del magnífico novelista.
-¿Cómo ve el nexo de Saramago con América Latina?
-Muy fuertes. Saramago siempre decía que nosotros nos hacemos a nosotros mismos, por los caminos que vamos tomando. Y él también de alguna manera eligió este continente. Era el lugar donde más venía, el que más le hacía reflexionar, el que más sentimientos le provocaba. Y fue su último viaje.
-Sobre la película "José y Pilar", ¿siente que trasciende el género documental?
-La veo como una parte importantísima de la vida de Saramago: él viene aquí, a Argentina, se le desata una neumonía, y vuelve a Madrid muy mal, a punto de morirse. Y la película cuenta el arranque de El viaje del elefante, pero no hay entrevistas, es como una ficción, donde un autor decide que va a escribir un libro (pasan una serie de cosas, entre otras se pone a morir), y salva la vida, quizá porque tenía un libro por medio. Termina el libro, siguen pasando cosas, y cumple la promesa de venir a presentarlo a Brasil. Y vuelve a cruzar el océano. Entonces es una película, no un documental (cuando fue a los Oscar no fue como documental), y se ve como una ficción de la lucha de un hombre que no quiere morir, porque tiene cosas que hacer.
-Y el libro ¿qué distancia tiene de la película?
-Su autor, Miguel Gonçalves Mendes, hizo una serie de entrevistas, que luego no aparecen en la película, porque ésta no es un señor y una señora hablando sentados. Esas entrevistas, que le habían servido de documentación, decidió editar como libro. Y creo que acertó. Porque ahí hay muchísimo de Saramago, para entenderlo. Es verdad que la obra no necesita ser explicada, pero a su vez, si un autor habla de por qué escribió un libro, lo ilumina. Y en este libro hay mucho de eso, todo en un lenguaje muy cercano. Saramago en zapatillas.
-¿Qué le pedía Saramago cuando usted traducía sus obras?
-Saramago decía que las literaturas nacionales las hacen los escritores, y la literatura universal, los traductores. Esa frase es como un homenaje que Saramago hacía a los traductores, pero también una enorme responsabilidad. A mí, por estar tan cerca de él (y por ser dos idiomas tan cercanos), a veces me discutía determinadas soluciones de frases, o de problemas. Porque mi tendencia era parecerme lo más posible al portugués: pero luego me daba cuenta que no, que tenía que serle fiel al español. Siendo fiel al autor, tenía que hacer que sonara en un español armonioso. Entonces, sobre todo al principio, discutíamos por alguna palabra o frase, hasta que llegó un momento en que le dije: `cuando tenga un problema lo voy a consultar con un profesor, nunca contigo, porque a mí no me tratas como al resto de los traductores`. A mí me discutía, y yo no estaba en pie de igualdad para discutirle. Entonces él decía, `es que a tu idioma le faltan palabras`. Y yo le decía, `ahora llamo al presidente de la Real Academia Española y discutes con él`.
-¿Como era un día corriente en Lanzarote?
-La vida en Lanzarote era de lo más normal: por la mañana él respondía cartas, escribía artículos, y normalmente dedicaba las tardes a la producción literaria: nunca escribía más de dos páginas, paseaba por el jardín con los perros. Cuidaba la tierra: una vida de lo más plácida, privilegiada, porque el privilegio no era tener yate ni cuadros estupendos, sino tener el afecto, recibir a los amigos, sentarse en la mesa de la cocina y tomar una sopa caliente todos los días. En nuestra casa no existía el lujo, pero existía la complicidad. Y mucho cariño, y la amistad: una casa siempre llena de gente. Y ahora está abierta a la visita pública.
-¿Qué destacaría de la personalidad de Saramago?
-Que era una persona muy honesta. Él era genial escribiendo, eso ya todos lo sabemos, pero a él le empujaba a hacer ese trabajo, un sentido ético de la existencia, y una honestidad que le mantenía en pie. Nunca he conocido una persona más honesta, cuando escribía y en toda otra situación. Nunca se miró a sí mismo sino en función de los otros. Y tenía una compasión inconmensurable, cosa que la Academia sueca destacó en la entrega del Nobel.
-¿Cómo fueron sus últimos días junto a Saramago?
-Tranquilos, afables. Sin inquietud, ni ansiedad, ni temor. José Saramago simplemente se apagó, y punto. Alguien escribió que los hombres como Saramago no se mueren, se siembran. Y yo creo que él dejó de existir de una manera, y existe de otra, porque se sembró. Hoy él es para mí el motivo central de que cada día arranque una jornada que va a ser muy larga. Pero sin ningún culto a la personalidad, cosa que él detestaba y yo también. Hay cantidad de profesores de literatura que dedican su vida a un autor, que no han conocido. Yo lo he conocido, y hoy no encuentro ninguna ocupación que pueda ser más interesante y más útil para el mundo, que seguir manteniendo el legado de Saramago.

Los tres frentes de un enorme legado

Presidenta de la Fundación Saramago, Pilar del Río explicó los cometidos de la misma: "La fundación tiene como objetivo recuperar determinados autores (no sólo de la literatura portuguesa), sobre todo esos que van entrando en zona de sombra, porque no son comerciales. Tratamos de hacer cursos, fomentamos ediciones, de autores y obras que no están en la moda. Más allá de ese aporte cultural, en el plano de los derechos humanos, la convicción que, como dijo Saramago en el discurso del Nobel, es un deber observar y exigir que se cumplan. Y desde ese aspecto intervenimos en todos los foros, junto a una tercera propuesta, que es el cuidado del medio ambiente".

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