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miércoles, 10 de agosto de 2016

LA BOMBA Y LOS RINOCERONTES Por Julio Dornel.


No es la primera vez que el tema de la violencia, merece la atención de los medios, denunciando una situación reiterada, que se viene registrando de ambos lados de la línea divisoria. La supuesta bomba colocada junto a la puerta de la Prefeitura de Chui, logró su objetivo primario, creando una psicosis colectiva, a partir del momento en que el titular del municipio vecino recibe la llamada telefónica, señalando que le costaba creer que estas cosas estuvieran sucediendo en una población de puertas abiertas, que ha  demostrado siempre una tradicional y pacifica convivencia. Sin embargo esta situación está denunciando un cambio peligroso en el comportamiento de algunos sectores de la ciudad. Será necesario que la población tome conciencia de que estas cosas pueden suceder en cualquier hogar fronterizo. Sin embargo mientras las cosas se desarrollan fuera de nuestro entorno, somos meros espectadores y hasta miramos con indiferencia los problemas ajenos. Si tenemos salud, vivienda y trabajo, nos sentimos casi realizados y resulta muy difícil que nos detengamos a pensar o analizar las situaciones injustas que viven nuestros vecinos. Hace algunos años en otro medio de comunicación dábamos lectura a una dramática pieza de Ionesco que se refiere precisamente a la indiferencia con que solemos observar algunos acontecimientos. La pieza mencionada hacía referencia a la vida tranquila que transcurría en un pequeño pueblo francés hasta el día que aparece un rinoceronte caminando tranquilamente por la calle. Si bien se trataba de un hecho insólito porque el pequeño pueblo no tenía zoológico, los vecinos no tomaron ninguna medida, limitándose a discutir sobre la procedencia del animal. Al otro día, algunos habitantes comenzaron a sentir malestares físicos, manchas en la piel, y emitiendo sonidos guturales muy distintos a los humanos. Recién en ese momento comienzan a preocuparse, pero no toman ninguna medida. En forma simultánea surgen  nuevos rinocerontes que comienzan a organizarse para destruir el pueblo. Como algunos habitantes no se habían contagiado, terminaron convencidos de que a ellos no les iba  a suceder nada y por lo tanto no tomaron ninguna actitud.  Los otros por su parte se fueron resignando y aceptando la situación como algo normal. Mientras otros siguen discutiendo, los rinocerontes se van multiplicando y la población se va acostumbrando o observar como los rebaños recorren las calles destruyendo todo lo que encuentran a su paso. Todo continuaba dentro de la “normalidad” hasta que un vecino enciende la radio y escucha solamente los sonidos guturales de los rinocerontes. Lo primero que hace es llamar a la policía para denunciar el hecho, pero le responden con el mismo lenguaje. Recién en ese momento se dan cuenta de que el pueblo estaba en manos de los rinocerontes, ya era demasiado tarde. La pieza de Ionesco nos hace pensar en los pequeños problemas o situaciones que surgen diariamente y que no les damos importancia porque todavía no están en nuestro entorno. La bomba era trucha, pero los rinocerontes están llegando.

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