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miércoles, 18 de octubre de 2017

¿Yo?... uruguayo (por Rodrigo Tisnés) Buenos Aires y los porteños vistos por un uruguayo recién llegado.






Este fin de semana se llevan a cabo las elecciones de medio término en Argentina. En estas líneas voy a intentar aclarar qué es lo que se vota y cuáles son las opciones electorales. No es una tarea sencilla, no solo por lo desconcertante que nos resulta la política argentina a la mayoría de los uruguayos (incluso a los que vivimos aquí), sino también por lo complejo y volátil de sus sistema de partidos y alianzas, que la transforman en algo tan cambiante y voluble como las opiniones de un panel de periodistas deportivos.
Para comenzar, tres precisiones necesarias:
1) NO SON ELECCIONES PRESIDENCIALES. Son elecciones de medio término en que se renueva parte de la integración del Poder Legislativo. Es un tipo de elección que no existe en Uruguay.
2) Ni el presidente Macri, ni la gobernadora Vidal (la política con mejor imagen del país) son candidatos a cargo alguno en estas elecciones.
3) No obstante ello, el actual gobierno, la ex presidenta, y la enorme mayoría de los medios de prensa, se han encargado de fomentar y exacerbar la polarización entre ambos (“La Grieta”); dejando deslucidos y casi sin espacios (ni discurso) a las terceras alternativas.
Hechas estas aclaraciones, ¿cuáles son las opciones electorales?:
El gobierno/oficialismo se presenta bajo el paraguas de “Cambiemos”, una alianza de centro-derecha y derecha, integrado por diversos sectores y partidos políticos, incluido el PRO, el partido creado por Macri.
Uno de los partidos que integra esta alianza es la Unión Cívica Radical (UCR), uno de los partidos decanos de la política argentina. Resulta llamativo que integre una alianza de centro-derecha, siendo que tuvo presidentes asociados a ideas y proyectos políticos progresistas (al menos relativamente progresistas), como Hipólito Yrigoyen y Raúl Alfonsín. Pero para aumentar el nivel de desorientación política, en la ciudad de Buenos Aires compite contra el oficialismo, y en alianza con el Partido Socialista, impulsando la candidatura a la Diputación del exministro de Economía (de Cristina) y ex Embajador en Estados Unidos (de Macri), Martín Lousteau, en contra de Elisa Carrió.
Precisamente, la conocida y mediática “Lilita” también es parte de esta alianza. En una década y media pasó de ser una obesa política, con un discurso de barricada, y una ideología sui géneris con fuertes componentes de misticismo católico; a ser una robusta política, con discurso basado en la judicialización de la política, y una ideología anclada en una suerte de pragmatismo de la oportunidad política. En suma: una metamorfosis física, ideológica y discursiva que ni a Kafka se le hubiese podido ocurrir.
Del otro lado tenemos al Peronismo… o más bien LOS peronismos:
Un peronismo es el de la expresidenta, Cristina Kirchner, que siendo peronista se negó a ir unas internas en el peronismo, y armó una fuerza política de ocasión: “Unidad Ciudadana”, que debutó electoralmente en las internas del pasado mes de agosto. Se presenta como “el freno” posible frente a la arremetida del actual gobierno en el recorte de derechos laborales y políticas sociales. Luchando por lograr 2 de 3 senadores en la Provincia de Buenos Aires no parece que pueda ser mucho freno de nadie.
Otro peronismo es el de Sergio Massa, quien fuera Jefe de Gabinete de Cristina entre 2008 y 2009, e integrante del Partido Justicialista (peronismo) hasta 2013. Se presenta con el lema 1País. Aparenta ser la mayor de las “terceras opciones”, aunque con la polarización parece que viene perdiendo votos, especialmente hacia Cambiemos.
Lo acompañan Margarita Stolbizer, política surgida del ala más progresista de la UCR, de la cual se alejó en 2007 para crear su propia fuerza política de centro-izquierda (GEN); y el Movimiento Libres del Sur, liderados por la diputada Victoria Donda. Se trata de un movimiento político surgido en la crisis de 2001, que supo integrar una alianza con el Kirchnersimo, de 2003 a 2008. Entre 2011 y 2015, Stolbizer y Libres del Sur integraron el Frente Amplio Progresistas, una ancha alianza de fuerza de centro izquierda e izquierda (de la que Stolbizer supo ser candidata presidencial en 2015), para luego abandonarla y sumarse a las huestes de Massa.
El tercer peronismo es el liderado por Florencio Randazzo, quien fuera Ministro en el gobierno anterior. Quedó como el candidato de una parte del pero-kirchnerismo que no se fue con la ex Presidenta. Se presenta con un discurso de tipo honesto y cumplidor de los compromisos asumidos, pero parece tener tanto carisma como ir al dentista…
El cuarto (y ¿último?) peronismo, es el de los peronistas que no están ni con Cristina, ni con Massa, ni con Randazzo… y mucho menos con el oficialismo. En general se trata de expresiones lideradas por gobernadores de provincias que intentan conformar un espacio político propio, y de ahí lograr alcance nacional.
También está el Partido Socialista, actualmente en alianza consigo mismo, dado que es el único partido (de peso al menos) restante del Frente Amplio Progresistas. Hace una década que gobierna la Provincia de Santa Fe, y tienen el gobierno en la ciudad de Rosario, una de las más grandes del país. En 2011, Hermes Binner, hoy diputado, fue candidato presidencial, quedando en segundo lugar detrás de Cristina Kirchner; pero hoy, parecen muy lejos de estar medianamente cerca de esos resultados.
El Frente de Izquierda, coalición de partidos de la izquierda trotskista, y Autodeterminación y Libertad, fuerza política fundada por el histórico Luis Zamora, se presentan como las “auténticas” alternativas de izquierda. Resulta incomprensible que, con diferencias ideológicas de matices, se presenten por separado, en lugar de unir fuerzas. De todas formas es una actitud política muy coherente con la mejor historia de trotskistas y anarcos en Argentina, que funciona (más o menos) así: se juntan 2, arman 3 grupos políticos, y terminan todos peleados.
En definitiva, y frente a este escenario de sicodelia política, me siento más afortunado que nunca de poder decir, cada vez que en la calle me paran para ofrecerme un volante de tal o cual candidato: “¿Yo?... ¡uruguayo!”.

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