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domingo, 17 de agosto de 2014

La bufanda Leopoldo Amondarain




Por cierto en toda contienda internacional política puedo tener la libertad de opinar como se me ocurra, sin tomar partido por nadie. Objetivamente el hecho básico estriba en una bufanda que gentilmente y agradecidos los palestinos obsequiaron al canciller Almagro. Esto ha levantado toda una polvareda, si el canciller hubiese aceptado un obsequio similar de los judíos o de los yanquis tendría la simpatía o aplausos de los que hoy lo critican. Es obvio, aunque no se diga, que no es por preferencias que Almagro pudo tener al aceptar la bufanda sino es por un mero hecho protocolar y no para tomar partido o por animosidad por alguna de las partes. Así lo interpreto. Lo que verdaderamente está mal es siendo un jerarca la tendencia en un conflicto que no nos incumbe como el de Gaza, pero que igual se debe opinar periodísticamente por razones ideológicas y humanistas. Desde el punto de vista ideológico si somos nacionalistas no nos podemos escandalizar por una bufanda palestina. Yo también me la pondría con orgullo. Están defendiendo en esa guerra criminal su patria, sus bienes, sus hijos, su gente y la soberanía de su territorio invadida por imperios abusivos y depredadores. Fríamente y sin estamparlo en letras, objetivamente es así, los hijos de Oribe y de Saravia no podemos tener otra opinión. Vaya también por ciertas connotaciones comunes por los niños y familias sirias que estarían por llegar al país en calidad de refugiados. Creo también que si fuesen israelitas se debería tener la misma actitud que con los palestinos, caso en el que los que hoy protestan estarían de acuerdo con los primeros y en el fondo están en desacuerdo con los últimos. Esas preferencias nos condenan a priori y de ahí los comentarios con que nos definen con abiertas simpatías hacia Israel. Hay que tener cuidado porque si bien la colectividad judía es muy grande y tiene sus méritos en el país, la palestina tampoco es chica y tanto más han hecho por la patria. Desde el fondo de nuestra historia oriental, palestinos, libaneses y árabes en general han cooperado con nuestro desarrollo y nuestra cultura, sus hijos son solamente uruguayos, su trabajo, su sudor, su ingenio, su cultura, la han volcado en nuestra tierra, no se dedicaron a la usura o a la gloria del dinero solamente, sino que tuvieron desde siempre junto con sus padres, ciudadanos legales, que ofrecieron desde su nacimiento a los hijos ser ciudadanos naturales de la patria de Artigas. Entonces gente que se ha brindado y lo sigue haciendo con esa generosidad si quieren regalar una bufanda, por decir algo, se le debe considerar como un honor no solamente al jerarca en particular, sino al país en general. Es un hecho que no hay que “partidizarlo” en la interna del país, debe ser tomado por un reconocimiento de un conflicto que es objetivo en la defensa de los derechos nacionales de cada uno. Hay que visualizar los fines de toda guerra. Yo respeto mucho por lo que soy ideológicamente a los nacionales y deploro abiertamente a los imperios que aspiran a quedarse con territorios, riquezas, producciones, culturas, despóticamente sobre pueblos que por añadidura también son milenarios. Se les tiene desconfianza por hacer lo que Artigas en su origen realizó en la creación misma de nuestro Uruguay. Hoy vemos que esos imperios feroces depredadores nos piden, como país pacífico, que integremos los presos políticos y torturados que supieron defender su patria, para que puedan vivir dignamente. También estoy de acuerdo con proteger a las víctimas de Guantánamo y a sus hijos. Por supuesto que hay que proteger primero a los nuestros. Y que la generosidad de aceptarlos puede ser entendida como un acto demagógico casi barato, pero desde el punto de vista cristiano y por ende humano, la aprobación del hecho es legítima. Ante lo dicho después de mucho tiempo discrepando permanentemente por lo resuelto habitualmente por el gobierno, en estas dos puntuales ocasiones y siempre a años luz de ellos, veo con corrección lo resuelto.


Leopoldo Amondarain

C.I. 950.556-0

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