Algunos pensadores, que no tienen casi visibilidad en los grandes medios de difusión, vislumbran que estamos cerca de un cambio de Era. Han calculado que este tiempo que nos toca vivir tiene una duración de 230 años aproximadamente. Y ya llevamos unos doscientos con un mismo sistema casi planetario, por lo cual se estima que en 30 años puede haber una transformación. ¿Hacia dónde?...”Ni idea”, responden algunos de esos pensadores, porque el ser humano suele ser imprevisible. Lo que sí es evidente y palpable, son las señales. No precisa que usted sea comunista o tenga un rechazo visceral por todo lo que signifique Estados Unidos, por ejemplo. Y esté en el grupo que proclamaba, hace no tanto tiempo: “Yanquis go home”, resumiendo en esa consigna el desprecio y el rechazo por el papel hegemónico que ha venido ejerciendo ese país en las últimas décadas. El 20 de enero de este año 2025, el propio presidente de ese país, Donald Trump, al asumir su cargo por segundo período, admitió: “Nuestro Gobierno se enfrenta a una crisis de confianza”. Si este reconocimiento no fuera suficiente, en otro pasaje sostuvo: “Comenzaremos la completa restauración de Estados Unidos y la revolución del sentido común”. “Estados Unidos volverá a considerarse una nación en crecimiento: una nación que aumenta su riqueza, expande su territorio, construye sus ciudades, eleva sus expectativas y lleva su bandera a nuevos y hermosos horizontes”, dijo el presidente. Hubo más conceptos similares, admitiendo el resquebrajamiento de ese imperio. Es evidente que Estados Unidos ya no es aquel país todo poderoso, que se llevaba a todo el mundo por delante y se autoproclamaba la nación “sherif” del planeta. Esas confesiones de Trump no significan otra cosa que una expresión de deseos, hasta ahora. O en el peor de los casos un manotazo de ahogado o un zarpazo de fiera herida. Que es peligroso claro, porque si el imperio estadounidense cae, como inevitablemente parece que va a suceder, no va a implosionar pasivamente. Buscará “manotear” lo que pueda para seguir aferrándose a sus privilegios históricos. Habrá que seguir viendo los acontecimientos. Y leyendo entre líneas. Porque junto a las “bravuconadas” de Trump en el discurso de asunción, también aparecieron voces que antes no se atrevían a enfrentarse con ese coloso. Apenas el presidente estadounidense anunció el cierre de su economía, aplicando aranceles de hasta un 25 por ciento a las importaciones de algunos países y la deportación de residentes indocumentados, hubo respuestas. No tan masivas como pudiera esperarse. Pero el presidente de Colombia, Gustavo Petro, por ejemplo, rechazó el envío de inmigrantes, porque Trump los mandaba a su país esposados, como si todos fueran delincuentes. Y Petro exigió un trato humano para esos compatriotas suyos. Y la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, aseguró que si le aplican aranceles a los productos que su país vende a Estados Unidos, responderá de la misma manera, con medidas recíprocas. Y hay mucho más para analizar en este panorama. Por ejemplo, el papel cada vez más desmerecido de Europa, el ascenso de China y otras naciones asiáticas y hasta países africanos, que empiezan a hacerse sentir. Pero éstos serán temas de otra columna.
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