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viernes, 5 de junio de 2015

DIA MUNDIAL DEL MEDIOAMBIENTE. AGROQUÍMICOS Y TRANSGÉNICOS. Por Julio Dornel.

                                          Enrique Quintana

                          Escritor y periodista Julio Dornel

Los agrotóxicos son un amplio conjunto de sustancias químicas, orgánicas e inorgánicas, que se utilizan para combatir plagas, malas hierbas o enfermedades de las plantas, especialmente en cultivos intensivos. Analizando el tema, el integrante de ECO CHUY, Enrique Quintana señaló a esta corresponsalía que “la O.M.S. por convenio internacional los clasifica según su toxicidad, su composición química y su función. A pesar de que ambas definiciones son similares, el término “agrotóxicos” es más rechazado al contraponerse a nuestro instinto de conservación. Los transgénicos son organismos genéticamente modificados. El ser humano en el transcurso del tiempo ha ido transformando el ambiente para poder cubrir sus necesidades básicas, primero, y “secundarias”, luego. La primera gran transformación se inició con la Agricultura. Luego llegó el comercio de los productos; más tarde la industrialización de los mismos. Por otro lado, la construcción de viviendas y la urbanización es cada vez mayor al incrementarse y concentrarse la población.
En las últimas décadas, los cambios tecnológicos y descubrimientos científicos han posibilitado el uso de estrategias para producir más alimentos para esa población creciente y demandante. Sin embargo, el costo en lo que se refiere al perjuicio del ambiente y la salud es muy alto.
La aplicación de los agroquímicos es necesaria por diferentes causas: los herbicidas se usan para combatir malezas que de otra manera competirían con la producción reduciendo al mínimo su capacidad de rendimiento. Los insecticidas se usan para combatir las plagas que atacan el cultivo. Los fungicidas, para combatir los hongos. Los abonos químicos, para potenciar el suelo y obtener mejores granos y mayor calidad. En el caso de las materias primas alimentarias, se estima que sin el empleo de agroquímicos las pérdidas en algunas cosechas podrían alcanzar hasta el 40 %.
En cuanto a los transgénicos, sus defensores argumentan que disminuyen el uso de agrotóxicos, que permiten alcanzar una mayor productividad en menor área. Algunos cultivos producen más semillas y más frutos, pueden mejorar su potencial nutricional, además de tolerar mejor los períodos de sequía, la acidez de los suelos, etc. Pero debemos considerar el otro punto de vista en cuanto a información y  argumentación. Según el libro de Agricultura, plaguicidas y contaminación ambiental, de Pedro de Salterain De Ávila, publicado en 1992, la amenaza de intoxicación por plaguicidas está latente para toda la población.
Los seres humanos podemos contaminarnos por tres vías:
1 Vía oral o por inhalación del producto.
2 Dérmica o por penetración a través de la piel, cuando por ejemplo se aplican insecticidas en el hogar o se curan las plantas en el jardín.
3 Por ingestión, al alimentarnos con carnes, pan, huevos, lácteos, frutas y verduras que contengan residuos tóxicos.
Lógicamente, los mayores riesgos los corren quienes trabajan de forma directa con pesticidas, no solo por la peligrosidad de los productos que manejan sino porque en general no se toman las precauciones necesarias como el uso de guantes, máscaras, ropas y calzados adecuados, ni tampoco se procede a realizar una meticulosa higiene luego del contacto. Esto sucede tanto por desinformación como por desaprensión de los usuarios, o por omisión en la prevención de riesgos por parte de las autoridades competentes, los técnicos y las empresas que comercializan plaguicidas.
El segundo lugar de riesgo corresponde a los niños y lactantes. La Dra. Mabel Burgner (Subdirectora del Centro de Toxicología de la Facultad de Medicina – 1988) declaró en el Semanario Alternativa Socialista el 4/11/88: - “El Centro de Toxicología realizó una investigación en la que analizó la sangre de recién nacidos y todos ellos tienen residuos de clorados”. Se completó el estudio con análisis de la leche materna y también se encontraron residuos en todas las muestras. Otro estudio realizado en Bs. As., entre 1967 – 1976, mostró que el 14,3 % de las consultas correspondieron a niños intoxicados por plaguicidas. El tercer lugar de la lista de riesgos de contaminación lo ocupamos todos los individuos de la sociedad al ingerir productos vegetales y animales con residuos de plaguicidas. Entre 1982 y 1985 la Administración Federal de Drogas y Alimentos de los EE.UU. (F.D.A.) analizó los alimentos y detectó residuos de plaguicidas en el 48 % de las frutas y verduras de mayor consumo. En 1987 la Agencia de Protección Ambiental (E.P.A.) identificó 55 plaguicidas que producen cáncer y otros daños graves. Éstos son ampliamente usados y dejan residuos en los alimentos. En forma periódica se descubren efectos nocivos de plaguicidas que se consideraban inocuos para la salud. Análisis y estudios hechos por diversos especialistas a nivel mundial especifican que la contaminación causada por el Hombre con el uso de agroquímicos puede causar:
Abortos instantáneos
Malformaciones genéticas y mutaciones
Cáncer (siendo la leucemia el más verificado)
Enfermedades respiratorias diversas.
En nuestro país, en la actualidad, preocupa la contaminación de la cuenca del Río Santa Lucía y de la Laguna del Sauce, entre otros. Casi nunca se devuelve el agua a sus cursos naturales en el mismo estado en que fue captada. En condiciones naturales, los ríos tienen un sorprendente poder de autolimpieza: arrastran al mar muchos de los residuos que caen en ellos y las bacterias que habitan en sus aguas descomponen la materia orgánica que se deposita en el fondo de sus cauces. Este mecanismo biológico ha servido para mantener limpias las aguas de los ríos, pero en los últimos años se ha visto superado por la cantidad y nocividad de los vertidos que generamos, creando, en muchos casos una situación insostenible. La contaminación hídrica está dada por la acción a largo plazo de productos no biodegradables o persistentes. Las sustancias inorgánicas provocan efectos adversos como: espuma, fetidez y turbidez, envenenan el medio y matan la flora y la fauna.
La contaminación bacteriológica y verónica sobre las aguas superficiales y la de la capa freática provocan enfermedades como: fiebre tifoidea, cólera, hepatitis, etc. Las prácticas agrícolas son consideradas como un foco de contaminación extensiva, derivado de su desarrollo sobre grandes áreas. Los agentes causantes de la degradación de las aguas son, en este caso, los fertilizantes y plaguicidas. Verter agua a una temperatura diferente a la del río puede causar la muerte de algunas especies. Un simple litro de combustible puede llegar a contaminar hasta un millón de litros de agua. El riego y la lluvia son el principal vehículo de transporte de contaminantes a los acuíferos. Los plaguicidas matan la vida de los ríos y los fertilizantes acaban por fertilizar el agua, haciendo crecer en ella, las algas hasta el punto que acaban muriendo por falta de luz. Éstas se depositan en el fondo y allí se descomponen, consumiendo en el proceso gran cantidad de oxígeno. Esto termina con los peces de muchos ríos y embalses, convirtiendo sus aguas en corrientes muertas”.
LA ACTIVIDAD INDUSTRIAL PRODUCE CONTAMINANTES.  La actividad industrial es una importante fuente de productos contaminantes. Otras causas de contaminación son los accidentes y fugas de productos en almacenes, depósitos, conductos o medios de transporte. Está comprobado que la presencia de metales pesados como el plomo, el cobre, el mercurio y también el arsénico, usados tanto en la industria como en la agricultura, son elementos contaminantes, que fuera de control, ocasionan cáncer y anormalidades genéticas. Esa presencia puede destruir ecosistemas enteros, los bosques, la vida silvestre y la biodiversidad con consecuencias irremediables en el corto y mediano plazo. En nuestro Departamento hay evidencias claras de estos casos. En relación a los transgénicos es imposible no referirse a Monsanto, propietaria de casi el 90 % de las patentes de los Organismos Genéticamente Modificados (OGM). Esta empresa fue dos veces condenada por publicidad engañosa (en 1996 y en 2007). Es responsable por muchos daños al ambiente y a la salud. Produjo aceites para transformadores eléctricos cuyos residuos contaminaron una ciudad entera en EE. UU. que se debió evacuar. También produjo la hormona del crecimiento bovino que se aplicó en tambos de EE.UU.. Ésta provocó tales daños que el rodeo lechero se debió descartar por la mala calidad en la producción de leche. Monsanto también produjo un herbicida casi total, “Round Up”, que se aplica en muchas partes del mundo. Lo rotuló como biodegradable pero análisis posteriores demostraron que no lo era. El 23 de mayo habrá una marcha contra Monsanto en Uruguay y en otras partes del mundo. Los opositores a los transgénicos argumentan que constituyen una amenaza para la salud humana, que muchas alergias pueden ser consecuencia de su ingestión y que la Ciencia puede perder el control de estos genes modificados.
    Se informa que en Uruguay el 100 % de la soja cultivada es transgénica y el 98 % en el caso el maíz. Por otra parte,  en base a información referente a indígenas de Brasil, no sería necesario modificar  genéticamente las semillas. Indios amazónicos y del Cerrado brasileño mejoran los frutos silvestres haciendo cruzamientos y selección de semillas. En nuestro país, la DINAMA incluida en el Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente (MVOTMA) actúa como organismo regulador y fiscalizador con amplias facultades. Son muy numerosas las regulaciones a nivel nacional e internacional, desde las que se refieren al equipo de protección a usar, instrucciones de uso, tráfico y transporte hasta la disposición final para los envases vacíos. Uruguay ha firmado varios Convenios Internacionales referentes al uso de sustancias peligrosas para la salud, como: Convenio de Basilea; de Rotterdam; de Estocolmo; de Montreal. Además de lo primordial que es el cuidado de nuestro ambiente y de la salud de nuestra población, el “Uruguay Natural” que promocionamos turísticamente también debe considerarse en forma relevante dentro de esta temática. Todos sabemos que hay enormes intereses económicos y también sociales y políticos detrás de estos temas. Pero cada vez sentimos más próximo aquel pronóstico de que las futuras guerras no serán por petróleo sino por agua y alimentos. Como en la mayoría de las situaciones que se nos plantean, las posiciones extremas no conducen a buen puerto. Ni usar agroquímicos en forma desmedida o desproporcionada, ni dejar de usarlos totalmente. Se debería buscar el término medio o sea aplicar las leyes que ya existen pero que no se cumplen. El uso controlado es necesario para compensar el suelo y su producción. Producción que debe ser ampliada para alimentar una humanidad que crece a pasos agigantados. Es bueno recordar que todos nosotros utilizamos químicos cotidianamente en muchísimos productos. Lo importante es hacerlo en forma cuidadosa y responsable. Los productores deben ser los primeros interesados en no maltratar la tierra para no agotarla y en tener una productividad sustentable. Es importante reunir los ecologistas con los productores en proyectos que combinen el cuidado del ambiente con la producción” señaló finalmente Quintan.