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lunes, 28 de septiembre de 2015

LAS PALMERAS DE “DON BERNARDO”. Por Julio Dornel.

                Escritor y periodista Julio Dornel



LAS PALMERAS DE “DON BERNARDO”.
Por Julio Dornel.
La lluvia de aquel invierno del 37, había derretido los terrones del rancho “aduanero” de Pancho Rodriguez, mientras los depósitos de Bender parecían una isla en la inmensidad del arroyo desbordado por la creciente. Ese fue el panorama que encontró el nuevo “boticario” que arribaba a 18 de Julio para hacerse cargo del negocio de Ernesto Pradere, con la experiencia elemental que había adquirido como “lavador de frascos” en la farmacia Failache de la ciudad de Castillos. Sin carrera definida en la facultad, ni el examen de idóneo, el joven Bernardo Ventura con el apoyo invalorable del Dr. Héctor Lucian Canzani, se fue ganando la confianza de la población que además de “boticario”, le otorgó de inmediato los títulos de enfermero, partero y hasta de doctor. Con mobiliario prestado por Don Segundo Ferreira, (el padre de Lucio) armó su vivienda de recién casado, mientras en la pieza del frente, un mostrador con mampara protegía el primus a queroseno donde se fabricaban principalmente los jarabes mezclados con yerbas como lo medicaba el doctor. Es posible que la medicina por aquellos años no fuera todo lo científica que es en la actualidad, pero podemos asegurar que tampoco se basaba en la magia de los videntes, ni en influencia de los astros. Posteriormente se radicó en esta ciudad (Chuy) donde cumplió un verdadero apostolado, basado en una generosidad sin límite hacia las clases más necesitadas, anotando en una libreta, los medicamentos salvadores que reclamaban los pacientes y que no siempre se pagaban. Hombre del Partido Nacional, sufrió en varias oportunidades los avatares propios de la política y las injusticias que esto generaba. Delegado, edil y presidente de la Junta Local en varias oportunidades, tuvo la oportunidad de concretar diversas obras que reclamaba el pueblo por aquellos años. En un documento publicado en la revista “NUESTRO HORIZONTE” que dirigía Casas Garibaldi, en setiembre de 1994, el arquitecto José Nuñez Villalba, nos relata los pormenores que rodearon la plantación de dos palmeras frente al edificio de la Sucursal del Banco República y que todavía podemos comprobar. “Apreciado Casas Garibaldi: En el año 1962 estuve bien contactado con el Chuy, por haber proyectado el Banco de la República de esta localidad y asumido la dirección técnica del edificio. En las etapas finales y entrando en los aspectos de jardinería y urbanística, surgieron dos temas: 1º) Estaba interesado en obtener dos palmeras, de una altura de 3 metros, para colocar en los retiros. Con tal deseo conversé con el Presidente de la Junta Local, en esos momentos el Sr. Bernardo Ventura. Asombroso fue su dedicación sobre este particular, encarando el tema como un asunto personal y fue a la zona del Fuerte San Miguel, donde retiró esas dos plantas con máquinas adecuadas. Personalmente las trajo a Chuy, y se ocupó de realizar las excavaciones y plantarlas en el lugar previamente seleccionado. En mi mente se grabó para siempre el esfuerzo y la voluntad de ese hombre para ayudar a mejorar la estética de ese edificio. Años después al volver a Chuy, y verlo desprovisto de árboles, porque un presidente de la Junta había ordenado el corte de todos los árboles del ornato público, pensamos que su gestión lo mostraba desprovisto de los mínimos conocimientos requeridos para ocupar un cargo público. Lo saluda atte. Arquitecto José Nuñez Villalba”. Han pasado más de 50 años y la palmera (queda una) de Don Bernardo, continúa embelleciendo el espacio urbano del edificio del Banco República que da a la calle que con toda justicia lleva el nombre de “Bernardo Ventura”. En las pequeñas cosas, es donde se observa con más nitidez la grandeza del hombre.