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miércoles, 9 de noviembre de 2016

LOS ÁRABES EN LA TIERRA PROMETIDA. Por Julio Dornel.







Para muchos los llamados “turcos” fueron llegando a esta frontera a partir de la década del 60 procedentes fundamentalmente de Siria y Jordania. Para otros, también eran turcos los vascos, italianos, portugueses, japoneses y hasta los gallegos, siempre que entreveraran el idioma de los “baisanos” uruguayos. Por aquellos años eran muy pocos los ciudadanos que emigraban para los países desarrollados, teniendo en cuenta el grave problema que se vivía por culpa de los conflictos armados y la crisis económica que los mismos generaban. Por este motivo fueron surgiendo dos tipos de emigrantes. Los de carácter económico que buscaban mejores condiciones laborales y los refugiados que buscaban asilo político. El destino era incierto y había que abandonar el territorio patrio porque las guerras los empujaban hacia puntos desconocidos, dejando familiares, amigos y lugares que de alguna manera poblaban sus recuerdos durante la travesía. A esta línea divisoria comenzaron a llegar salvo raras excepciones en los primeros años del 60, sufriendo en primer término el desarraigo de toda corriente migratoria. Nuevas costumbres en tierras extrañas donde la meta principal estaba centralizada en el ascenso económico que ayudara de alguna manera a superar el sentimiento de soledad, al tener que convivir con personas diferentes. Sin embargo encontraron siempre a la población de Chuy-Chui con los brazos abiertos en una demostración hospitalaria poco común, pero que se ha mantenido inalterable cada vez que alguien busca un lugar en “la tierra prometida”. En la actualidad un alto porcentaje de los habitantes de esta ciudad no nacieron sobre la línea divisoria y pese a que llegaron en busca de una vida mejor que lograron en su gran mayoría, es evidente que siguen aferrados a los sentimientos afectivos de su tierra natal. Señalaba la periodista uruguaya Graciela Vera desde España que “hubo una época en que emigrar resultaba relativamente fácil. En estos años las medidas de control que ponen en practica los países receptores nos hacen renegar y poner el ejemplo de aquel Montevideo que veía descender de los barcos, riadas de gente en busca de pan. A la gran mayoría de ellos les dimos mucho más que pan. Pero no se lo regalamos, eran emigrantes, llegaban a una tierra de promisión donde había mucho para hacer.” También llegaron a esta frontera muchos extranjeros que por distintas razones debieron abandonar sus países, sus hogares y sus familiares en busca de la tierra prometida donde pudieran trabajar en paz. Si tenemos en cuenta el desarrollo demográfico que ha experimentado esta frontera a través de su historia, nos encontramos con un alto porcentaje migratorio procedente de diversos países europeos que buscaron paz y tranquilidad en este enclave fronterizo. También a partir de 1960 se fueron integrando algunos sirios, libaneses, judíos y japoneses, dando comienzo a una dinámica comercial que fue la palanca generadora del desarrollo zonal. Es posible que estas notas contengan un sentimiento afectivo y hasta de agradecimiento hacia los primeros extranjeros que se fueron afincando en esta frontera. Pretendemos de esta manera ir encontrando la fórmula para no perder definitivamente el rastro de las familias que con su esfuerzo fueron construyendo esta ciudad. Entre los primeros palestinos en llegar a la frontera recordamos a Ibrahim, Fathi, Fair, Abdala, Shaer y Karim, quienes fueron ganando su espacio en actividades comerciales, impulsando el desarrollo y también integrándose posteriormente a las actividades sociales y culturales de la frontera, En primer término llama la atención el poco apego a este enclave fronterizo, revelando una visión distinta a la que pueden tener quienes nacieron en la zona. Por supuesto que debemos tener en cuenta que se trata de una opinión comercial, de la que no podrán apartarse pese a los años transcurridos en esta ciudad. Sin embargo es fácil advertir en algunos casos un poco de angustia y temor por la situación actual, recordando con un dejo de nostalgia sus países lejanos, sus familiares, sus amigos y hasta los símbolos nacionales que un día reverenciaron para afirmar su idea de país. En esta frontera nunca sintieron que su identidad se podía degradar con las nuevas costumbres al abandonar el pasado, no tener presente ni saber cuál sería su futuro. Otro detalle a tener en cuenta esta relacionado con el manejo de la moneda y sus variantes, motivados por los cambios bruscos que experimenta la cotización. Acostumbrados a manejar la referencia del dólar en países de estabilidad económica (no social) no se conforman con los cambios que experimenta la moneda brasileña. Para ellos mientras el dólar ni siquiera ha cambiado de nombre, ni de formato permaneciendo inalterable la figura de Washington, en estos países han desfilado más de 20 personajes en los últimos años para distinguir el valor con la figura impresa de hombres y mujeres que se han destacado en distintas áreas. Para la gran mayoría de los integrantes de esta colectividad, lo principal ha sido desde el primer momento la instalación de un comercio y permanecer en él la mayor parte de su vida, aunque se tenga que pagar el precio emocional que puede provocar la soledad y el aislamiento que sobrellevan algunos ante las dificultades para lograr una efectiva integración social. Los comienzos pueden haber sido más fácil de lo esperando, pero es evidente que en los últimos años las dificultades se vienen acentuando y el sueño de la riqueza fácil ha desaparecido. Para muchos ha quedado en el olvido la travesía del atlántico en un barco de tercera con mucho hacinamiento en sus bodegas. Ahora sus descendientes toman algún amargo, juegan al truco, tienen una institución social, cementerio, fundaron un equipo deportivo que llevó al fútbol fronterizo a los primeros planos del deporte nacional y en un hecho sin precedente plantaron un olivo conjuntamente con un representante de la colectividad judía. La tradición democrática de esta frontera está muy arraigada en cada uno de sus habitantes que recibió siempre de brazos abiertos sin distinción de credos ni de ideologías políticas a quienes fueron llegando con sus maletas en busca de paz, tranquilidad y trabajo.