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domingo, 19 de octubre de 2014

CORTANDO GRUESO Por Alfredo García


publicado a la‎(s)‎ 15/10/2014 23:11 
 por Semanario Voces

Las columnas de Hoenir Sarthou de las pasadas semanas me pusieron en la encrucijada de hablar sobre mi opción en las elecciones de octubre, porque de alguna manera podría implicar que se identificara a VOCES  con su postura personal y como siempre en este “refugio de sueltos”, la libertad es cada día más libre.


“Era, para mí, la vida entera,
como un sol de primavera,
mi esperanza y mi pasión”.                                                                                                  
                                Tango Cuesta abajo

Decir que nací a la vida política con el Frente puede asemejar un intento de mostrar credenciales militantes, -como si eso tuviera algún valor- pero en realidad es una simple constatación de mi realidad personal. Me resulta imposible borrar recuerdos grabados a fuego como aquel discurso de un desconocido general que hablaba lento marcando las “eses” en una explanada municipal repleta de gente. Me acuerdo de las noches de engrudo y pegatina donde mi vieja, de puro piola nomás, salía arriba del camión porque mis diecisiete años me impedían salir solo ya que los milicos se llevaban sin discusión a los menores si nos paraban. Como olvidar las charlas en el comité 19 de Junio con “vacas sagradas” como Turiansky, Vidart, Rama o Crottogini, las discusiones con los “bolches y los latas”, la “Caravana por la democracia” de los partidos tradicionales, el acto final en la Av. Agraciada y las lágrimas derramadas por la derrota en la rambla  montevideana. Solo nos consoló el título del diario, creo que era El Eco, con las palabras de Seregni: “Ninguna revolución se hace en ocho meses”. Veinte días después fui testigo del Primer y único Congreso de Comités de Base del Frente Amplio con cerca de cuatro mil delegados de más de mil cien comités de todo el país. Vivíamos al mango, en una vorágine militante con una sociedad muy polarizada políticamente, donde los amigos de la infancia rápidamente podían convertirse en enemigos irreconciliables y perfectos desconocidos pasaban a ser entrañables compañeros. La década del setenta marcó como pocas a toda una generación, donde dar la vida por la causa era una posibilidad cierta y el desprecio por la “democracia burguesa” era una práctica cotidiana.

Si arrastré por este mundo
la vergüenza de haber sido
y el dolor de ya no ser.

                 Tango Cuesta Abajo

Luego vinieron los años del plomo, la distancia, muchas ausencias forzadas,  y el advenimiento de la apertura democrática nos encontró más viejos y más sabios. Prueba y error, pasamos por varias organizaciones, buscando un paraguas para cobijarnos, influyo quizás el espíritu gregario y la necesidad de alcanzar un sentimiento de pertenencia. “Suboficiales de derrotas”, sufrimos con el voto verde y las continuas palizas electorales y sindicales. Vimos caer muros que nos eran ajenos pero igual nos movían el piso. Experimentamos fracturas y divisiones varias y muchos laderos de viaje se fueron por otro rumbo. Pero a pesar de todo, como decía la abuela vasca del General: “los hechos son porfiados” y seguimos acumulando como proyecto de cambio. Las estructuras partidarias nos comenzaron a parecer más un corsé al pensamiento libre que un instrumento para la creación de nuevas ideas. Cambiamos la chacra sectorial y sus bemoles de internas peliagudas por una Olivetti 22 que nos permitía seguir dando de tanto en tanto algún aporte. Y nos convertimos en aquel otrora despreciado frenteamplista de a pie, que no se casa con nadie pero se compromete con todos. Así llegamos al 2004 y convertimos el llanto de julio por la muerte de Seregni en lágrimas de alegría de octubre cuando un inmenso mar rojo, azul y blanco festejó después de treinta y tres años la victoria. Y nació VOCES. 

Aprendí que en esta vida hay que llorar si otros lloran
y, si la murga se ríe, hay que saberse reír;
no pensar ni equivocado... ¡Para qué, si igual se vive!
¡Y además corrés el riesgo de que te bauticen gil!
                                                                   Tango Las Cuarenta

Cada uno elige el puesto de lucha que prefiere y un grupito de anormales optamos por esta quijotada de cada jueves. Sarna con gusto no pica dice el refrán, así que no vamos a hacer el recuento de todas las cicatrices que nos dejaron diez años de muchas uñas rascando fuerte o clavándose en nuestra epidermis periodística. Nos pusimos como tarea colaborar con el proyecto histórico y para cada uno eso tiene diferentes interpretaciones. A título personal, yo creo que el mejor aporte es marcar los errores en voz alta en lugar de callarse por aquello de no darle armas al enemigo. Demasiados silencios han demostrado históricamente a nivel universal que no se construye un mundo nuevo con obsecuencia o disciplina partidaria. Quiero ser profundamente claro, creo que en estos diez años se ha avanzado muchísimo en diversas áreas y hay un modelo en permanente elaboración que avanza con mayor o menor velocidad según sea el campo analizado. No veo una “conspiración neoliberal” en la interna oficialista y hace años que dejé de pertenecer al selecto grupo de  soñadores utópicos que ven todo en blanco y negro. Soy más aficionado a los matices y me rechinan los paradigmas globalizadores de cualquier pelo. No somos Suecia, Chile ni Nueva Zelanda, pero tampoco Corea del Norte, Cuba o Venezuela, por suerte. Creo que estamos intentando desarrollar, un poco a los ponchazos, un modelo propio, único y que aún no sabemos con certeza donde puede terminar. Pero existen riesgos, por supuesto y no me refiero a un triunfo electoral de la derecha, que puede pasar algún día, sin poner en peligro el rumbo iniciado, si hacemos bien las cosas. Y es acá donde a mi criterio está la clave de la izquierda uruguaya. ¿Estamos haciendo las cosas bien?  A mi entender hay dos problemas que se deben afrontar.  El primero es la formación de una casta burocrática de militantes fulltime que ha crecido a la sombra del poder estatal y que antepone sus intereses particulares, perfectamente maquillados de ideología, a los intereses del proyecto de cambio frenteamplista. Son los que hoy militan en un grupo y mañana están en otro partido, o en su defecto forman su propio sector para seguir pesando en la vida política. Disidentes u obsecuentes según como venga barajada la mano, pero siempre están en la vuelta. Hombres de corcho, permanentemente flotando en las esferas del poder. Mujeres también, ta!
El segundo tema es a mi criterio una división que existe transversalmente en el Frente Amplio entre lo que yo denomino izquierda republicana e izquierda dogmática. Las dos tendencias están representadas en todo el espectro frentista, no se salva nadie, y eso hace que muchas veces existan coincidencias supra sectoriales o discrepancias intrapartidarias, que afloran o se tapan según las circunstancias pero que más temprano que tarde llevara indefectiblemente a la implosión de las organizaciones actuales si se quiere avanzar. De lo contrario el Frente tal como lo conocemos hoy irá languideciendo, corriendo el serio riesgo de extinción. Parafraseando a consignas de otras épocas se trata de una revolución permanente o de una revolución en la revolución dentro de la izquierda uruguaya. Pero viendo el tiempo y el espacio no tengo más remedio que dejar esto por acá, casi, casi como que me fui al carajo con la idea inicial de esta nota. Dos pequeñas aclaraciones:
  1. Me gusta el tango pero nunca fui muy hincha de la filosofía tanguera.
  2. Más frentista que yo, ni Liber Seregni, con todo respeto.                                                                   Lo seguimos la semana que viene.