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lunes, 9 de abril de 2018

¡Brasil duele! Por Rodrigo Tisnés



Que Lula da Silva es el político más popular de Brasil, y probablemente de Latinoamerica, no quedan dudas. Por algo su reciente reclusión ha despertado tanto fervor, a favor y en contra de su figura, de su inocencia o culpabilidad, e incluso del Juez federal Sergio Moro, quien lidera la descomunal investigación por el “Lava Jato”: en 4 años se han dictado unas 190 condenas contra políticos y empresarios.
Es tan descomunal como las dimensiones del país, un verdadero continente dentro de otro continente en todo sentido: geográfico, demográfico, económico, social, cultural y político. Por eso, lo que sucede en Brasil impacta tanto en el resto de la región, e incluso en el Mundo.
Antecedentes.
Podría decirse que la renuncia de Fernando Collor de Mello, un tecnócrata alineado con las políticas del Consenso de Washington en la oleada liberal de los 90’, para evitar ser destituido por corrupción, fue el primer anuncio hace bastante más de 20 años.
No obstante, el intrincado sistema político brasileño, siguió funcionando sin mayores alteraciones hasta fecha bastante más reciente.
En 2003, cuando el Partido de los Trabajadores triunfa en las elecciones nacionales, y Lula, su histórico líder, llega a la presidencia, se esperaba que generara cambios radicales en la política y la sociedad brasileña.
No obstante, con el pragmatismo propio de su origen humilde, se dio cuenta que si quería generar cambios profundos en la sociedad brasileña, debía –al menos en principio- convivir con la lógica negociadora/dadivosa del sistema de partidos, que presenta una atomización extrema en el Parlamento, en virtud de su sistema de adjudicación de bancas.
De esta forma, mientras cambiaba para bien la realidad de miles de familias pauperizadas a lo largo y ancho del país, mediante la implementación de los planes “Fome Zero” y “Bolsa Familia”, las dos políticas sociales más radicales en la historia de Brasil; por otro lado, comenzaban a llegar las primeras acusaciones por hechos de corrupción contra el gobierno del PT.
Alianzas peligrosas.
En las 4 elecciones ganadas por el PT, la vicepresidencia correspondió a políticos del PMDB: José Alencar y Michel Temer. Este partido, funciona como un típico “catch all”, lo cual le ha permitido jugar un papel estratégico en la política brasileña desde 1985, al punto tal, que se dice que es imposible gobernar sin su apoyo.
Dada la atomización del sistema de partidos brasileño, esta alianza siempre fue de conveniencia para ambos. El carisma de Lula lo hizo más viable entre 2003 y 2010, pero comenzó a resquebrajarse en los siguientes períodos de gobierno.
Y terminó por deteriorarse completamente con la recesión de la economía brasileña y el crecimiento de ciertas bancadas “ad hoc” como la Evangélica y la Ruralista. Ahí surge la figura del ex presidente de Diputados, Eduardo Cunha, precisamente del PMBD, quien usando su poder bloqueaba desde la Cámara los pedidos para iniciar un juicio por destitución a la Presidenta por una maniobra contable, habitual en todos los gobiernos, pero que servía en ese caso como excusa política para desplazarla del cargo.
Cuando el propio Cunha es acusado de corrupción, y la bancada del PT resuelve retirarle el apoyo para que la Justicia le pueda iniciar una investigación, Cunha movió sus fichas y habilitó el proceso del “impreachment” contra Rousseff, que fue simplemente una dantesca farsa, dado que su suerte ya estaba echada con el cambio en las alianzas políticas.
Una vez asumió Michel Temer, realizó un giro de 180º en la política brasileña, especialmente en materia social y económica: recortó políticas sociales, lideró una reforma laboral profundamente conservadora con el argumento de que es necesaria para “flexibilizar la economía y atraer inversiones”, y más recientemente resolvió militarizar la ciudad de Río de Janeiro.
Él también ha sido acusado de corrupción. Incluso hay una grabación bastante comprometedora. Pero, más pragmático que el PT, mediante acuerdo con otras bancadas, ha conseguido “blindarse” (por ahora) de ser investigado.
La situación de Lula.
Así llegamos a Lula, que tiene varias causas en su contra, pero que acaba de ser procesado por la supuesta propiedad de un apartamento, que habría recibido de la empresa Odebrecht a cambio de favorecerla en la licitación de obras públicas.
En realidad, muchos analistas internacionales sostienen que las pruebas por las cuales se ha condenado al ex presidente en este caso, son –en el mejor de los casos- bastante endebles. A esto se suma el hecho de que el proceso contra Lula ha sido por lejos el más rápido: 9 meses, contra 18 en los casos que había actuado con mayor rapidez anteriormente. No sólo eso genera suspicacias: en 2016 el Juez hizo pública la grabación de una charla entre Lula y Dilma Rouseff, que lo hizo merecedor de una observación.
Pero la suerte de Lula había quedado zanjada el martes de la semana pasada, cuando el Tribunal Supremo, en un fallo dividido, había resuelto no hacer lugar a un recurso de “habeas corpus” que hubiera posibilitado que siguiera en libertad.
De todas formas, el episodio más preocupante, ha sido la reaparición del Ejército, en la persona de su Comandante en Jefe, como actor político activo, al señalar que su institución no toleraría una señal de impunidad, en caso de que el Tribunal Supremo hiciera lugar al recurso de “habeas corpus”.
Luego de amenazar con no cumplir la condena, lo cual hubiese significado un grado de irresponsabilidad institucional mayúsculo de su parte, finalmente Lula negoció su entrega y desde el sábado se encuentra recluido en una prisión en Curitiba; mientras sus abogados diseñan nuevas estrategias que le permitan ser candidato de cara las elecciones presidenciales de octubre, en las que aparece como el clarísimo favorito.
En caso de no poder concurrir por encontrarse inhabilitado, las interrogantes sobre las próximas elecciones son mayúsculas, dado que ningún candidato parece reunir demasiadas voluntades.


lunes, 14 de marzo de 2016

Las protestas más multitudinarias de la democracia ponen contra las cuerdas a Rousseff



 Una multitud vestida de verde y amarillo ha salido a las calles de Brasil este domingo contra la corrupción, a favor de la salida del poder de la presidenta Dilma Rousseff y la detención del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva. Las marchas, celebradas en más de 200 ciudades, son las protestas políticas más
multitudinarias de la democracia de este país, y este éxito aplastante
pone mucha presión sobre el Gobierno, sumido en una larga crisis política. 



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