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viernes, 17 de julio de 2015

M A R A C A N A: EL ULTIMO CAPITULO.. SOLAMENTE LOS DIOSES ELIGEN EL DIA DE SU MUERTE. Por Julio Dornel




La muerte sorpresiva de Alcides Ghiggia, ha sido un duro golpe para el deporte en general, cerrando definitivamente el último capítulo de la mayor hazaña del fútbol uruguayo. Fue sin ninguna duda la figura rutilante del mundial del 50 y autor de inolvidables actuaciones en las canchas del mundo, ganándose el reconocimiento y el aplauso de las multitudes. En estos momentos los portales de la prensa mundial nos ametrallan con crónicas, editoriales y datos biográficos sobre su trayectoria, destacando fundamentalmente y al margen de sus condiciones futbolísticas, su hombría de bien que lo hizo merecedor del elogio franco y sincero de sus adversarios. Para no ser reiterativos, les vamos a ofrecer la crónica motivada con otro aniversario (60) pretendiendo que la misma sirva para rendir tributo a un amigo de Chuy, donde pasaba sus temporadas veraniegas y donde ha dejado muchas amistades.

CHUY ERA UNA FIESTA.

Mientras una pelota siga rodando por las canchas del mundo, surgirán historias fantásticas otorgando un dejo de nostalgia a quienes tuvieron la suerte de vivirlas o quizás de haber visto jugar a los mejores equipos del fútbol mundial. Si bien no estamos entre ese núcleo privilegiado, tuvimos la suerte de asistir a varios partidos disputados en la década del 50 donde alternaban varios jugadores del equipo uruguayo que se adjudicara el Mundial de Maracaná.
De la misma forma que los soldados veteranos recuerdan las batallas en que tomaron parte, los periodistas solemos decir que “estábamos allí” cuando se registraron algunos acontecimientos que por su importancia han resistido el paso de los años. Tal lo que nos sucediera aquella tarde fronteriza del 16 de julio de 1950, cuando integramos la caravana de la victoria para festejar la mayor hazaña del fútbol uruguayo, conocida como EL MARACANAZO. Han pasado muchos años del histórico acontecimiento y cuando todos los medios evocan la mayor derrota del fútbol brasileño, van desfilando por la memoria las imágenes imborrables de un reducido grupo de vecinos QUE al grito de URUGUAY CAMPEON…URUGUAY CAMPEON recorrieron las calles fronterizas. Pocos autos y algunas bicicletas abrieron el camino por las calles de tierra, estirando los festejos hasta altas horas de la noche. Varias generaciones se mezclaron aquel 16 de julio para festejar el último triunfo mundial del fútbol uruguayo. Nada nos hacía pensar en aquella oportunidad que años más tarde (18) nos encontraríamos en el mismo escenario de aquellos festejos, con dos de los principales protagonistas de esa consagración. Durante varias horas tuvimos la oportunidad de acompañar al capitán de Maracaná, Obdulio Jacinto Varela y al endiablado Julio Pérez, durante su visita a esta frontera y comprobar además el caluroso recibimiento que le ofrecieron del “otro lado” de la avenida Internacional. No era una visita accidental. Gambetta y Julio Pérez jugaban en el equipo de Santa Teresa que integraba la Liga de La Coronilla y Obdulio solía acompañarlos hasta la frontera para disfrutar los asados que les ofrecía un anfitrión de lujo; el Dr. Fulvio Cabrera Ayala. Un reducido grupo de deportistas integraban aquella “comitiva” que recorrió las calles del pueblo para recibir el saludo agradecido de quienes habían integrado la caravana de la victoria en el 50. Fueron gritos, aplausos, abrazos, admiración y una euforia delirante que se grabó para siempre en nuestras retinas. Habían pasado muchos años y estábamos junto a los campeones compartiendo el vino del “Gordo Paraguayo”. El viejo grabador GELOSO (comprado en Casa Ávila) fue registrando durante varias horas un concierto de voces inaudibles que solamente sirvieron para recuperar frases entrecortadas sobre la hazaña de MARACANA. El paso de los años y las derrotas sufridas desde entonces por el fútbol uruguayo, han dimensionado la conquista y la figura de quienes integraron el equipo ante la poderosa selección brasileña. Dejaremos de lado la dimensión de esta lejana conquista, para detenernos en pequeños detalles de los hechos ocurridos en aquel estadio que no se había construido para que Obdulio recibiera la Copa de manos de Jules Rimet. Tan es así que cuando el arbitro Mr. Reeder hizo sonar el silbato dando por finalizado el partido, el Presidente de la FIFA tuvo que guardar el discurso ya escrito, puesto que la entrega de la Copa al “Negro Jefe” no estaba en sus cálculos.

OBDULIO: “A BRASIL NO LE GANABAMOS OTRO PARTIDO”

Al margen de su grandeza dentro de la cancha donde fue siempre un guerreo hasta caer herido en el 54 y tener que colgar los zapatos, conocimos en esa oportunidad al “Negro Jefe” al viejo caudillo en su condición humana al reconocer que al cuadro brasileño del 50, si volvíamos a jugar 10 partidos no le ganábamos ninguno”. Solamente el temperamento, la fuerza, la vergüenza, el coraje y el amor propio pudieron vencer al mejor equipo que había tenido el fútbol brasileño. Hay pocas cosas en la vida que tienen el poder de mantenerse vivas en nuestra memoria. El recuerdo de MARACANA en nuestros 13 años y el encuentro con Obdulio y Julio Pérez quedarán para siempre montando guardia, como celoso centinela de nuestros mejores recuerdos. Esta crónica evocativa se las estábamos debiendo a los campeones, no para reiterar conceptos ya vertidos durante tantos años, sino para servir de ejemplo a las generaciones juveniles que se están iniciando en el maravilloso mundo del fútbol. Durante tantas horas de charlas informales, el tema central giraba inevitablemente en torno a la conquista, porque todos queríamos conocer de primera mano algunos detalles relacionados con la misma. Primero y como sigue sucediendo se concurrió en malas condiciones y una falta total de organización. El técnico se designó a un mes del primer compromiso y cuando llegaron a Brasil no tenían alojamiento reservado, ni las condiciones elementales que requiere una delegación deportiva. Entre muchas cosas que rodearon aquella patriada que sigue siendo uno de los grandes milagros del fútbol uruguayo, nos enteramos que Julio Pérez estuvo practicando en el arco, ante la eventualidad de que no se pudiera utilizar a Maspoli ni Paz, puesto que solamente habían concurrido dos arqueros. Obdulio nos manifestaba que su primer sorpresa fue el triunfo de Estado Unidos ante Inglaterra, “no entendimos como fue posible que estos japoneses sin figuras importantes, pudieran derrotar a los inventores del fútbol.” Julio Pérez por su parte destacaba la presencia de Matucho Fígoli que “siempre estaba dispuesto a colaborar con el grupo, sin desatender su especialidad de masajista.” Refiriéndose a los compañeros Julio no quiso destacar a ninguno señalando que el “Ñato” Ghiggia, que había comenzado como uno más del plantes, se fue transformando en una de las piezas fundamentales del equipo.” También señaló Julio que cuando iban para el Estadio Ghiggia les dijo estar seguro que ganarían y que él haría el gol del triunfo como finalmente sucedió. “Cuando terminó el partido nos quedamos con Obdulio en el medio del campo esperando el trofeo y como la cosa estaba demorando demasiado nos dijo en tono amenazante:”Si este japonés no me entrega la copa, nos vamos y chau, no estamos aquí para esperar a nadie.” También nos enteramos que cuando llegaron al hotel no hubo festejos porque los dirigentes no estaban. Dijo finalmente Julio que se fue con el “canario” Rijo a comprar unas cervezas y algo para picar, pero antes se sacaron el equipo deportivo que podía identificarlos ante la parcialidad brasileña. Sin embargo esto no sirvió de mucho y la gente del boliche los reconoció de inmediato invitándolos con algunas cervezas y pidiéndoles autógrafos. Los Campeones del Mundo de 1950 tuvieron que festejar solos, compartiendo algunas copas con amigos circunstanciales en un boliche de Río.