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domingo, 1 de febrero de 2015

¿Por qué "Las mil y unas noches" ha sido un éxito en todo el mundo?


La historia de la arquitecta que debe prostituirse por salvar la vida de su hijo enfermo en un mundo laboral cuesta arriba ha identificado a una audiencia exigente que perdió la capacidad de asombro entre tanta guagua perdida y protagonista ciega.

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Además de ser un éxito en Medio Oriente, Europa del Este y 45 países de todo el mundo, "Las mil y una noches", la serie turca que transmite Mega, también cuenta en Chile con excelentes cifras de rating pese a su exhibición de trasnoche. Su popularidad en diversas culturas probablemente apela a una serie de valores demasiado tradicionales para ser capitalizados por producciones más convencionales en Occidente.
Se trata de la primera teleserie de éste exótico origen que se transmite en Latinoamérica y viene de la mano de una sui géneris propuesta. Al igual que la narradora del legendario relato "Las mil y una noches", el drama homónimo de la TV también es protagonizado por una mujer llamada Sherezade, una hermosa y talentosa arquitecta que se une en matrimonio con el hijo de una poderosa familia que no la acepta. Al enviudar sorpresivamente es desechada por su familia política y queda desamparada junto a su hijo de 5 años quien es víctima de leucemia. Salvar su vida depende de un costoso tratamiento.
La única opción de Sherezade es acudir por ayuda ante Onur Askal, su jefe, quien le exige pasar una noche con él para darle una oportunidad de vivir al pequeño. Tras el acto, la abnegada madre rechaza al hombre quien tardíamente se da cuenta de que está enamorado de ella.

Imagen foto_00000001El rol de la mujer de oriente

El resto, es el éxito de una teleserie que en medio de un mercado de guaguas perdidas, madres que pierden la vista o el archirrepetido recurso del gemelo extraviado destaca por la propuesta de un libreto rescata valores fundamentales de toda mujer moderna que la industria parece haber pasado por alto en Occidente.
Por otro lado, en su lugar de origen, una serie de televisión que muestra como las mujeres son tratadas de igual a igual por los hombres, defendiéndose a punta de trabajo en un mundo donde las féminas se reducen política y religiosamente a su mínima expresión, ha causado revuelo y fascinación.
Países como Turquía, Grecia o la península balcánica han valorado en la teleserie estos ingredientes de la vida moderna. La epopeya de una protagonista enfrentada a la cotidianeidad de pese a ser profesional, buena esposa y ama de casa: como en la vida real, aseguran las encuestas y estudios de mercado realizadas por la distribuidora de producciones turcas The Global Agency.
A la fecha, el éxito de "Las mil y una noches" se ha replicado en otros 30 títulos de teleseries turcas que hoy conquistan audiencias en busca de contenido fresco y que no necesitan recurrir al morbo, la violencia o recurrentes escenas de cama.
El presupuesto de cada capítulo también es parte del éxito. Los recursos destinados por episodio puede llegar a los 125 mil dólares para su descenlace, por ejemplo. Una gran inversión que tiene su premio no sólo en las ventas totales que facturan las teleseries turcas (US$ 130 millones el 2012); sino también en los ingresos por turismo en los que éstas producciones funcionan como verdaderas postales.
Sus productores y teóricos, defienden el hecho de que teleseries como las de la sufrida Sherezade, tampoco caen en el lugar común de homologar la cultura de origen con estereotipos norteamericanos o europeos. Cada historia valora la tradición y para versiones de exportación, como el caso de la teleserie de Mega, es doblada íntegramente en Chile por actores nacionales que dotan la trama de algo más de cercanía.
A la vez, si en el mundo árabe es la exhibición de este escenario moderno de mujeres liberadas, varones empáticos y jugados por el amor lo que llama la atención, en éstas latitudes es la excentricidad de los vestuarios, decorados y costumbres del antiguo Imperio Otomano lo que genera gran parte de su convocatoria. Algo de ese exótico y lejano mundo, tiene la audiencia local, si prefiere -a esas horas- el culebrón turco en lugar de las caras de siempre y la vuelta de tuerca artificiosa de las nocturnas chilenas.