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sábado, 31 de diciembre de 2016

Terrible relato en primera persona sobre el terrorismo de Estado en Uruguay Ex militante comunista Pablo Ocampo Carli “La dictadura es una puta perversa que me acompañará hasta el lecho final”.



Pablo Ocampo Carli es un médico veterinario ya jubilado. Hoy trabaja junto a otros jubilados por los derechos de los Profesionales Universitarios”.
En un artículo que publicó en Facebook, Ocampo contó “una parte” de lo vivido por eĺ, su hermano, sus padres, durante los años de la dictadura cívico militar uruguaya (1973-1985).
Su padre es el profesor de Matemáticas Ruben Ocampo, muy querido y recordado en la ciudad de Rocha.
Este es el desgarrador testimonio de Pablo Ocampo. Es un golpe, un “piñazo” a la desmemoria .


El malvado Cóndor, instancias de afectos, miguitas de ternura... “la visita”.
Transcurría la semana 52 del 2007, el 27 cuando festejamos el Día Nacional del Veterinario, y descubrimos las placas de salutación por los 100 años de la Profesión. Nos fuimos yendo de a poco. Cuando salía, quedé conversando con un amigo de años, que con tan grande sinceridad me manifestó su desconocimiento de determinadas situaciones que me habían tocado vivir. Parados en la vía pública, donde se cruzan las calles “archivos” y “memorias”, que terminan en la “Nunca Más”, le comenté una pequeña parte de mi historia. Ante su asombro, y mi sorpresa le dije:”esto lo tengo que escribir”…
Si bien es una historia personal familiar se puede trasladar incluso con mayores penalidades, y tragedias, a miles de familias, que convivíamos en diferentes días y turnos, que nos asignaban…que nos imponían…a la familia de los presos políticos. Desde la memoria comienzo en 1976…
Mi vieja es citada al cuartel de infantería Nº 12 del Dpto. de Rocha por “motivos de su propio interés”(16.1.76)…pasaba el tiempo y no regresaba, mi Padre el Profesor Ruben Ocampo, fue a averiguar por su Señora, y no regresó…(17.1.76), en ese momento… “ay mis paisanos!... en esa tarde…quedó mi pecho sin corazón”…
Mi hermano Bernabé con sus trece años comenzó su diario peregrinar de ir a preguntar por sus padres, pero no los podía ver, solo volvía con ropa sucia, ensangrentada, hecha jirones, de arrastradas, golpes, quemadas en partes de electricidad etc… y le aconsejaban que no fuera, porque si bien ellos le hacían el favor de darle la ropa, ellos no estaban ahí,…y más vale que se olvidara de ellos…andá a saber el destino…qué pasaría…mira si te vas a preocupar...o la clásica andá tranquilo que están fenómeno, en unos días salen,…los malos-buenos hacían su pobre terapia. Recuerdos para dos grandes cobardes en esta parte: “el colorado Silvera”, y “el chacal Buzó”. El niño de trece años, a pesar de su inocencia, se transformó en Hombre…rara es la vida que somete, para transformar en un instante al Hombre.
Comenzaba la incipiente “visita”.
Pasaba el tiempo, y después de muchos días Bernabé podía ver a su madre, ya que de su padre no sabían el paradero…desaparecido (en ese momento los que aparecían eran los “coreanos” en la playa la Esmeralda de Rocha, y los muertos del Caracol y sus enterramientos como NN en Castillos y campos circundantes a la laguna Garzón del lado de Rocha), deambulaba, por Montevideo, Laguna del Sauce, la Metro, jefatura, Dpto. de Inteligencia 2, etc…al final aparece en el 8º de caballería de Melo, se conocía después de meses el paradero del querido viejo, y las visitas con mi Madre con Bernabé eran para tenerlo al presente, de que en cualquier momento eran trasladados a “establecimientos de Reclusión… (Yo andaba saliendo de una Hepatitis B adquirida en Salud Pública, gracias al carné de Salud, y además de casa en casa…suspendido por un año en Facultad, emplazado por el Misterio del Interior).
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Peregrinaje a Melo:
Hombre a la fuerza, niño para los represores, en las visitas debía de estar acompañado por un adulto. Roberto López Caballero (en Homenaje), es quien lo acompaña en esa peregrinación de un día, (dado que Roberto tenía al Talito, y a Gorki, hijos y hermanos de crianza míos, detenidos también). Como anécdota Roberto era padre de varios hijos: el primero “Grauert, le seguía Lenin, luego Gorki, Stalin, y por último Marx.
La peregrinación para la visita constaba del siguiente recorrido, hecho en un solo día, por medio de la “Onda”, para poder estar media hora con el detenido, y llevarle una bolsa con frutas (3Kg), dulce de membrillo(1kg), Tabaco y hojillas, con fósforos, algo de dinero, ropa, con el número de preso, sector, y tanda de visita…y la maldita Yerba para el mate, envasadas en bolsas de nylon transparente y floja, a efectos de poderlas “palpar” por si había algo adentro…generalmente la rompían delante de los familiares entreverándose con el dulce, o la fruta que ellos mismos pisaban, e incluso con el tabaco. Salían de Rocha (ciudad) muy temprano, llegaban a Montevideo, de Montevideo a Melo, de Melo al Octavo, (unos 5 Km. de la ciudad) una vez terminada la visita de media hora, el mismo periplo hacia la vuelta,…sin descontar las demoras a piaccere, que según los oficiales de turno (alférez sobre todo) y los Números como ellos califican a los soldados de segunda, a los que imparten orden, con el sentido de desalentar la visita y el peregrinaje…pero como dice la canción: “pero el amor es más fuerte”. Triste Montevideo, enternecedores abrazos en la terminal de la vieja Onda, entre hermanos, que se veían cada 15 días a veces, en el trasbordo de ómnibus, con el consuelo de hay que aguantar, ya va a pasar, se está resistiendo, “los compañeros” nos van a ayudar, tu pórtate bien, estudia, no dejes la casa sola, ojo con las juntas, ya vamos a estar juntos nuevamente, ya vamos a reunir la familia…todo es cuestión de tiempo…en definitiva para ese hombre de 13 años, no llegaron los compañeros, ni la ayuda, era un desarraigado en la ciudad de Rocha, donde a la casa de Ocampo, no se podía ir, porque eras interrogado, o podías perder el trabajo, solo le quedó estar solo, con el “Bolita” un perro que aguantó su vida en la compañía de Bernabé hasta el momento en que pudimos reunirnos los dos hermanos en Montevideo…ese mismo día que viene Bernabé con el Bolita en un tren de carga, al llegar a la casa de una tía, se escapa, y sólo nos queda el recuerdo de sus 14 años con vida…
Desde enero del 76 a julio del mismo año, no habíamos tenido contacto con el viejo. Con mi Madre, fue a partir de junio, que Bernabé tenía la posibilidad de verla los domingos, mesa por medio, tropa, u oficial cuidando entre ellos, dirigiendo temas, media hora…en octubre del 76 fueron trasladados a los Establecimientos de reclusión uno( libertad) para hombres, el dos (punta de rieles) para mujeres. No hablaré de la máquina de torturas, de interrogatorios, de vejaciones y violaciones, porque en parte otros ya lo hicieron, incluso con torturómetros incluidos, los que más se destacaron en eso, generalmente (…)! Por eso me quedo con lo que dijo el viejo y querido Altesor, ante una pregunta en el congreso del P.C.U del año 85, de un militante: ¿qué tanto con el Profesor Ocampo? Y el querido Altesor, de esa escuela espartaquiana de dignidad proletaria le contesta:”Porque el compañero Ocampo es un Héroe de la Patria, es un Héroe del Partido”…
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Visita a nuestra querida vieja al EMR Nº” Punta de Rieles (un barrio que se subió al carro, un barrio de fábula).
Durante años nos tocó ir sábados de tarde y luego prácticamente los domingos de mañana, hasta su salida en “libertad vigilada” por el 80…principio, y semanalmente presentarse a las fuerzas armadas en destacamentos especiales para control, como el Podrido Hotel del Prado…
Llegábamos a Punta de Rieles en ómnibus, que nos dejaba en una parada donde había un boliche, y puestos de bagayo y frutas, nacía allí la calle en camino Maldonado (creo que Aries, y entroncaba con Cno. Punta de rieles).
Entre viñedos y campos caminábamos aprox. 3Km. para llegar a la barrera (una caseta o piquete de soldados con armas automáticas vestidos a guerra, sin ninguna cordialidad) donde se nos retenía la cédula de identidad, y el número de reclusa que íbamos a visitar, se nos daba un papel escrito a mano con el Nº…luego de un tiempo de semiplantón, bajo miradas manyadoras, se nos dejaba pasar a una especie de casita a unos 50 Mts. Donde se nos revisaba y pesaba la bolsa de alimentos permitida, con las cosas permitidas,…y… guambia con llevar algo fuera de las listas porque repercutían en sanción para el “pichi” o sedicioso. Por llevarle un día dulce de leche en vez de membrillo, nos costó un mes de visita, además de ser trasladados al S2 (donde estaba inteligencia, a efectos de ver cuál era el mensaje, y soportar clases de porque nó,… es nó).Recuerdos al teniente Cohelo y una tal Nefertitis, personajes realmente tan siniestros como desgraciados.
Luego de la pesada, de la revisación corporal, se nos hacía pasar a el patio trasero bajo un alero, y de allí salía un camino hasta el celdario, de tres cuadras aproximadamente de distancia, que separaba, las barracas, de la chacra (greda, arcilla, arena, con herramientas de cabos cortos para obtener posiciones más incómodas, azadas sin filo,…”el trabajo forzado”, al igual que la cocina, el traslado de tachos por los pisos, y la limpieza, cuando no estabas en solitario, suspendida en la “isla”, que era utilizado también para recibir a los hijos chicos de las compañeras allí detenidas),…
Caminábamos custodiados, hasta dentro mismo, de dicho celdario donde estaba el auditorio, que consistía en hablar custodiados, por teléfonos, que podían ser interrumpidos como sanción, si frente a una advertencia del escucha de “cambie de tema”. Un Muro hasta más arriba de la cintura, y luego dos vidrios con espacio interior me separaban de mi detenida predilecta, mi querida vieja…llegaba al auditorio, tomaba mi posición, las compañeras estaban de espalda, giraban mirando el piso, hasta ubicarse en el otro lado del podrido auditorio. Hablábamos, recordábamos, describíamos lo más simple, siempre al borde del cambio de tema. Una vez mi vieja que es ansiosa por naturaleza nos dejó sin visita porque cuando apareció el maldito Oficial, encargado del establecimiento, se cuadró, pero con los puños cerrados, como siempre mirando el piso…eso fue suficiente para quedarse sin visita…Media hora y telefónicamente nos despedíamos, y nos íbamos saludando desde el camino de Punta de rieles, a veces correspondidos si nuestras compañeras presas políticas, hallaban el modo, …la familia de los familiares de presos, soñaba de alguna manera durante esos tres Km. de regreso, donde nos tomábamos algo fresco o caliente, según fuera invierno o verano, en el podrido boliche de Aries y camino Maldonado, que todo nos salía más caro…claro era un Patriota ejemplar, que ayudaba al Proceso.
Oportunidades de estar Juntas en esos casi 5 años…
El Fallecimiento de mi abuelo y su velatorio en casa de mi tío frente a Facultad en el 1605 de Lasplaces, (creo que en el 76), invierno, cuatro camellos (chevrolet), tres sheeps, del ejército, traen a la vieja… abrazos despegados, mandados a estar a un metro de distancia, quien comandaba, era la Famosa Negra Severo, de casi dos mts. de altura, una pata 45, una mano que cuando se llevó a mi vieja nuevamente para el EMR2, me envolvió la mía en el saludo final de otro día…
La otra oportunidad fue cuando me casé con mi actual Sra. Estela, el 24.8.79, que pedí autorización por escrito para que conociera a su nuera, en la que aprovecharon sus hermanas y Bernabé para estar juntos, claro, a un metro de distancia y con interlocutores. Mi querida vieja, maestra del sentido común, salió como entró, nunca se sintió presa, salió querida por todas las compañeras, y admirada por sus hijos. Aclaro, razones de dinero, Bernabé venía una vez por mes de Rocha, hasta el 79 en que me lo pude traer (tres largos años pasaron, en soledad e ilusión, él, la casa y el bolita), cumplió con el estudio pactado, entró al Zorrilla preparatorios, siguió ingeniería, muy poco falta para ser Ing. Eléctrico, consolidó su familia, sus hijos Dante y Abril, pero no ha podido consolidar su plena felicidad, hallar respuestas, a ese abandono forzado, a la deshumanización del represor, unida a la de un Partido, que la cobardía lo había hundido, fruto de la desesperación de los guetos de culto a la personalidad, de gente que corrí de casa, porque nos venían a contar lo que habían sufrido estando lejos…gorditos, relucientes, indemnizados, perfumaditos, críticos del Proceso y sus errores, catedráticos de revoluciones, algunos analfabetas y lúmpenes, vinieron doctorados en derechos humanos( hay que joderse).
A pesar del reconocimiento que sentían por giles como nosotros…nos venían a usar como justificantes, de sus situaciones y de su necesaria Huída…incluso algunos fueron a pelear donde las condiciones estaban dadas, ya que aquí no estábamos maduros…no les dió la nafta para estar aquí, y bancártela, cuanto menos ir a pelear a Nicaragua, Angola, Salvador…eso lastima más que la represión, tal vez, porque de un tronco en común tuvimos oportunidades distintas…
¡Adiós y sepultemos a la vieja guardia!
Referente a la semiótica de mi vieja como presa política: vestida de overol gris, con números negros (el de ella era el 336) en fondo blanco, con un rectángulo de color en lo que sería el bolsillo izquierdo superior, así como en la espalda más grande. El color identificaba el sector que estaba ocupando, barraca, celdario, o iglesia (recuerden que el EMR Nº 2 era un lugar de retiro espiritual de los jesuitas. El pelo cortito como si fuera hombre, una propuesta de despersonalización perfecta, pero en este caso no pudo ser de impronta. Eso sí cuando salió, en mano le dieron un papel mimeografiado donde la identificada como reclusa bajo libertad vigilada, donde debía de presentarse, se adjuntaba una cuenta, que contenía los gastos ocasionados por manutención, ropa, y asistencia Médica, sería para pagarle el betabloqueante que durante años le suministraron (opranol) por indicación de la eminencia de Maraboto.
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EMR Nº 1 Libertad – San José.
La visita del viejo, comenzaba tomando el Ómnibus, a las 4.30 hs. en Agraciada y Mercedes, de la Maldita compañía Cita, del ciudadano de conducta intachable, Sánchez Padilla, gran colaborador del Proceso, ciudadano de categoría A, de los que usaban el término de apátridas y traidores, marxistas leninistas, para referirse a los compañeros presos.
Nos llevaba hasta el Piquete a la entrada de un camino vecinal, a la izquierda en la ruta uno, y de ahí nos quedaban unas cinco cuadras, para la revisación, pesaje, manyamiento, con la correcta identificación de la bolsa, el sector, el ala, la celda, y el Nº, en este caso el 2047, y la tanda, que en mi caso era del tercer turno a las 9.30 Hs., caminábamos unos 100 metros, pasando por dos enormes puertas que se habrían mecánicamente, llegábamos a una sala de espera, con fotos enormes de los cuatro soldados muertos en el atentado de Acosta y Lara.
Sentados, a través de los vidrios, teléfono en mano, con interlocutores…una vez terminada la locución, nos podíamos dar un beso a través de una ventana donde debíamos agacharnos para poder pasar la cabeza…
La visita especial a fines de año, una sola vez, consistía en estar juntos, pero separados, sentados a un metro el uno de otro en un banco, con represor atrás evaluando y haciendo cambiar de temas, según su parecer. Cuando me recibí, cumpliendo la promesa que le había hecho a mi señora Estela, cuando nació mi hija Malvina, que el día de su primer año el 13 de noviembre de 1983, le traería como regalo mi título de Doctor en Veterinaria. Cumplí cabalmente, me recibo dos días antes, ya que el 13 era un domingo…por supuesto me pelaron, me afeitaron la cabeza,…al otro sábado tenía visita con el viejo, y se armó un revuelo bárbaro, porque yo desafiaba al sistema pelándome como el preso…luego de tantas idas y venidas, pude visitar al querido viejo y darle las noticias de que era Profesional-
El viejo dada su vehemencia, y la forma en que dice las cosas, lo llevaron al supremo tribunal de Justicia Militar, donde le comunicaron que había sido sentenciado a 11 años, ¡y si tenía algo para agregar…pa´que!... Si!...dijo: ”esto es una farsa, a mi quien me va a sacar es el Pueblo en definitiva”…en definitiva tuvo razón! Silva Ledesma, Boscan Hontou, y todos esos gorilas, le otorgaron 7 años más, no por lo que dijo, sino en la forma en que lo dijo.
Así son las historias, en el 85 con la Amnistía sale el viejo, la familia, se reúne…el amor intacto, nunca más fuimos los mismos, quedamos doblemente heridos, el fascismo y su consecuencia, nos había dado duro, y el otro como el tango “amores de Estudiantes” “hoy una promesa…mañana…”
A pesar de 38 años transcurridos del golpe, el cóndor malvado sobrevuela…desde el advenimiento de la democracia, casi 23 años, en mi casa a diario se arma el puzzle, la dictadura está presente, la familia no termina de consolidarse, la ira aflora por las traiciones y deshumanizaciones, de donde menos la esperábamos, se sepultó lo más granado: “la vieja guardia”, el Partido que aplaudíamos y coreábamos:” al partido salud, aquí esta la Juventud” que nos henchía el pecho y se nos acurrucaba la canción del Plada, que decía:
Una palabra, se te meterá en la carne…
En el costado Izquierdo quedará acurrucada…
Tendrás que guardarla…
Entre el pecho y la espalda…
Para decirla de una vez y para siempre
CAMARADA!!!
Y me perdí en la noche, rumbo adonde vivo, en la Calle “Nunca Más”, otro día que la dictadura no me deja olvidarla. Realmente es una puta perversa, que me acompañará hasta el lecho final, y se, que me arropará como a un niño, y me dirá suavemente, “ahora puedes descansar en Paz”
Por el momento esto es lo que cuenta…y lo que cuento…
Pablo Ocampo Carli
Ya sé que no es una literatura de verano.

jueves, 5 de marzo de 2015

Colocaron placa de homenaje al carmelitano Aldo Perrini

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Chiquito
                                                  

Colocaron placa de homenaje al carmelitano Aldo Perrini en el cuartel de Colonia.


La diaria – 5 3 15 – Por Lucas Silva – Fotos Iván Franco



Aldo Chiquito Perrini nunca estuvo en un comité de base, y tampoco militó en un sindicato. El acto más sedicioso que cometió, en sus 34 años de vida, fue votar al Frente Amplio (FA) en las elecciones de 1971. Algunos dicen que llegó a colgar un cuadro del Che Guevara en su heladería de Carmelo, pero otros ni siquiera recuerdan ese dato. En algo, sí, coinciden todos: sus helados eran muy buenos, y la historia de su crimen, que todavía sigue impune, es una de las más trágicas de la última dictadura militar.

Algo pasó en Carmelo entre el 4 de enero y el 26 de febrero de 1974. No está claro si fue una demostración de fuerzas inútil, un experimento de alcance local o el simple delirio de una patota de mentes enfermas. Lo cierto es que en ese período unos 100 jóvenes carmelitanos fueron detenidos y llevados al Batallón de Infantería Nº4 de Colonia del Sacramento. La mayoría de ellos tenía entre 18 y 22 años; estudiaban, trabajaban y militaban en el Partido Socialista, el Partido Comunista o el Partido Demócrata Cristiano (PDC).

Perrini era un poco mayor que el promedio de los detenidos, tenía 34 años y el delantal de heladero puesto cuando un grupo de militares ingresó a su casa el 26 de febrero de 1974. Revolvieron todo y lo sacaron a golpes, mientras sus tres hijos (Dino, de seis años, Aldo, de cinco y Piero, de un año y medio) dormían. Lo llevaron encapuchado en un camión hasta el cuartel de Colonia. Cuentan sus compañeros que esa misma noche, mientras lo torturaban, Perrini pedía que lo dejaran volver a Carmelo para repartir helados, mientras gritaba: “¡Heladero, helado!”.

También dicen que reaccionó con todas sus fuerzas -le decían Chiquito, pero de pura ironía- cuando logró sacarse la venda de los ojos y ver cómo violaban a una muchacha de 17 años. Después de eso, los militares lo torturaron hasta su muerte.

En febrero de 2012, un periodista del semanario coloniense El Eco logró entrevistar a un ex soldado del Batallón Nº4, que aportó información pero no quiso identificarse.

“A Perrini lo mataron en la sala de interrogatorio. Lo mataron en el cuartel. Entonces lo sacan y lo pasan abajo, se prende la radio, y traen a la gente; los que estaban encargados eran el Oso Barneix y elFlaco Puigvert. Cuando le hacen el interrogatorio, a Chiquito lo mojan [le hacen el submarino en el tacho], después le ponen bolsas de agua en las manos, y con un magneto de teléfono de campaña le dieron manija y manija y no le aguantó el corazón. Le dieron la primera y no aguantó la segunda. Cuando quisieron acordar, el tipo se les muere”, confesó.

El Oso es Pedro Barneix. El Flaco es José Puigvert. También estuvieron involucrados en este homicidio Washington Perdomo y José Baudean, ambos fallecidos.

Milicos y socios           

Carlos Pereira, de la Asociación de ex Pres@s Politíc@s de Uruguay (Crysol) Carmelo, fue uno de los detenidos en el Batallón Nº 4 y, como el resto de sus compañeros, no tiene una hipótesis contundente respecto de qué pasó concretamente en aquellos primeros meses de 1974. “La derecha en Carmelo era muy fuerte, había un núcleo importante de gente de la JUP [Juventud Uruguaya de Pie], andaba en la vuelta algún estanciero de peso y algún ex militar de la Marina. También había serviles y alcahuetes en Primaria y Secundaria. El motivo concreto de la represión militar en Carmelo no lo entendemos, pero esa base social de la derecha más conservadora existía y pesaba”, reflexionó.

Según Pereira, con la muerte de Perrini se cortaron las detenciones clandestinas de jóvenes en Carmelo. “Si a Chiquito no lo asesinaban iban a seguir trayendo gente, y quién sabe qué hubiera pasado. En ese sentido fue un héroe”, comentó.

Pereira fue uno de los oradores en el acto de homenaje a Perrini que se realizó ayer, antes del mediodía, afuera del Batallón Nº4 de Colonia. La actividad la impulsó la Comisión Especial creada por la Ley 18.596, que establece que en todos los sitios públicos donde se hayan producido violaciones a los derechos humanos, el Estado colocará “en su exterior y en lugar visible para la ciudadanía, placas o expresiones materiales simbólicas recordatorias de dichos hechos”. En representación del Ejecutivo estuvieron el subsecretario del Ministerio de Educación y Cultura, Fernando Filgueira, y el director de Derechos Humanos del Ministerio de Defensa Nacional, Roberto Caballero. La placa que se colocó dice: “En este edificio fue asesinado y torturado Aldo Perrini por la dictadura fascista cívico militar”.

En su discurso, Pereira remarcó que ninguno de los detenidos “andaba con una pistola 45 colgada del cinto” y que sus armas eran los “tachos con engrudo para las pintadas”. “No queremos que nadie nos quiera incluir en la teoría de los dos demonios”, dijo. En tanto, Gastón Grisoni, presidente de Crysol, dijo que el asesinato de Perrini es un crimen de lesa humanidad, y que por lo tanto es “inamnistiable, imprescriptible y no corresponde computar el período durante el que estuvo vigente la Ley de Caducidad en el cálculo prescripcional”.

Una resolución clave

En setiembre del año pasado, la defensa de Barneix presentó un recurso de casación contra el fallo del Tribunal de Apelaciones en lo Penal (TAP) de 1º Turno, que había habilitado su indagatoria en el marco de la causa que investiga la muerte de Perrini.

Tras ese fallo del TAP, en el que se argumentó que el período de vigencia de la Ley de Caducidad no puede computarse dentro del plazo de prescripción, la jueza penal de 7º Turno, Beatriz Larrieu, fijó la audiencia con Barneix.

La magistrada pretendía indagar al militar retirado, en el marco de un pedido de procesamiento en su contra que emitió la fiscal Ana María Telechea en 2012. El recurso de casación que presentó la defensa de Barneix fue elevado a la Suprema Corte de Justicia (SCJ) para su consideración, y en ese momento permitió que el militar retirado no compareciera ante la Justicia.

“Estamos a la espera de la resolución de la Corte. Debería ser inminente y debería ser un rechazo [al recurso de casación]. La Corte tiene la posibilidad de enmendar su error al haber admitido el recurso; veremos si tiene autocrítica. La ley dice que este tipo de recursos no son admisibles. Sólo son admisibles si se presentan contra sentencias definitivas o sentencias que pongan fin al proceso, y no es ninguno de esos casos”, explicó el abogado denunciante, Oscar López Goldaracena. En definitiva, la SCJ resolverá si el crimen de Aldo Perrini prescribió -y en ese caso archivaría la causa- o si, por el contrario, hay que avanzar con el proceso en curso. “Es el punto de inflexión más fuerte para todas las causas vinculadas a los derechos humanos”, concluyó el abogado. Otra vez, como en el cuartel, la vida de Perrini; una historia que transcurre, caprichosamente, entre actitudes heroicas y la amenaza de villanos.

En el cuartel

“Batallón ‘Oriental’ de Infantería Mecanizado Nº4”, dice afuera el cartel. En la puerta, un grupo de militares jóvenes mira a quienes comienzan a llegar para presenciar el acto.

No es poca cosa: es la primera vez en Uruguay que se coloca una placa de homenaje a un asesinado en dictadura en un predio militar. Sin embargo, para el jefe del Batallón, el teniente coronel León Chebi, y para el comandante de la Brigada de Infantería Nº2, el coronel Gustavo Figueredo, fue un día normal para todos.

“Los militares no tenemos voz, voto ni opinión; nos limitamos a darle cumplimiento a las órdenes. Vino la orden de poner una placa y se puso la placa. Tampoco hacemos la lectura de si es o no un hecho histórico, eso es una apreciación periodística o política”, aclaró Figueredo. Casi sin inmutarse, el coronel agregó: “No cambió la rutina, la escala de mando está intacta y el Ejército tiene la frente en alto. Este Ejército no tiene nada que ver con lo que pasó en aquellos años”.
 
En pocas palabras

Con los hijos de Aldo Perrini
                                                                                                                     


Faltaban pocos minutos para que empezara el acto. A pocos metros del muro blanco en el que se colocó la placa para homenajear a Aldo Perrini, estaban dos de sus tres hijos, que recién habían llegado desde Carmelo.

-Dino Perrini (DP): Nunca había estado acá, la verdad es nunca había podido mirar para adentro. Te da mucha tristeza estar en el lugar en el que mataron a tu viejo. Pero también son lágrimas...

-Piero Perrini (PP): Hay una mezcla de sensaciones.

-DP: Sí, porque también hay una satisfacción por toda la gente que nos sigue acompañando en esta causa para que, de una vez por todas, se haga justicia. No logramos entender, porque está todo en el expediente, está todo comprobado, pero los torturadores y los asesinos que mataron a papá siguen estando libres.

Ustedes eran muy chicos cuando lo asesinaron. ¿Cómo empezaron a enterarse de qué fue lo que pasó?

-DP: Yo me enteré cuando tenía 16 años, porque nuestra vieja nos había dicho que papá había muerto por un ataque al corazón, cuando venía viajando desde Colonia. Imaginate que, después, enterarnos de lo que había pasado nos cambió la vida. En aquel momento nos cambió la vida para mal; ahora nos está cambiando para bien, porque estamos logrando cosas. Nos equivocamos, hicimos cosas que no debíamos.

-PP: Éramos muy rebeldes, teníamos mucha rabia, pero ahora estamos tratando de hacer las cosas de otra manera. Ahora, lo que necesitamos es que alguien se dé cuenta de lo que está pasando, que los ministros de la Suprema Corte de Justicia reaccionen y que haya justicia, porque la verdad ya está. Sin justicia no se puede cerrar esta historia, es la única manera de poder mirar algún día al cielo y pensar que nuestro padre está descansando realmente en paz. En algún punto, la herida va a quedar siempre abierta, pero lo que falta, antes que nada, es justicia.
 

 

jueves, 21 de agosto de 2014

DIMENSIONES POLITICAS DEL VIEJO SOROCABANA Alejandro Michelena

Pluralismo  en las mesas del Soro

 Así de melancólico se veía el café Sorocabana en medio del tiempo oscuro de la dictadura. 

Así de melancólico se veía el café Sorocabana en medio del tiempo oscuro de la dictadura.

Al inicio de los años sesenta se reunían en el Sorocabana Raúl Sendic, Eleuterio Fernández Huidobro, Marenales y  otros de los que poco tiempo después pasarían a la clandestinidad iniciando la peripecia del MLN- Tupamaros.
Más adelante se generaría una rueda en torno al edil Elichirigoity, vinculada al Frente Izquierda de Liberación. Se dice que el Che Guevara estuvo alguna vez por esos años sentado en una mesa del café, pero eso  pertenece al dominio de la leyenda y del mito. Y no faltaban a la cita cafeteica adeptos al peculiar trotskismo predicado desde la Argentina por el camarada Posadas.
También estaban los refugiados notables de tiranías vecinas, como el derrocados ex-presidente del Brasil Jango Goulart, el ex-gobernador de Porto Alegre Leonel Brizola, y el antropólogo y prestigioso profesor universitario Darcy Ribeiro. Ellos tenían su mesa junto a uno de los ventanales, y desde esa perspectiva —luego del diálogo caótico, apasionado y vehemente, que es caracterísitico del alma brasileña— en la pausa del silencio quizá imaginaran la pronta caída del régimen militar que los había desterrado de su patria.
Pero no se crea que había en aquellos años unanimidad hacia la izquierda del espectro político entre las redondas mesas de mármol. En los primeros setenta se llegó a ver en el Sorocabana a  batllistas como Amílcar Vasconcellos, a ministros como el General Magnani, y a más de un político nacionalista. Lo que indica a las claras que en medio de una sociedad por entonces dividida y polarizada hasta lo exasperante, el gran café seguía siendo un ámbito propicio a la tolerancia, el respeto por el adversario, al encuentro con nuestras mejores tradiciones.


Un faro en medio del páramo

Algo así fue, ni más ni menos el Sorocabana en aquel triste y agobiante segundo lustro de los años setenta. No se liberó al principio de las caras extrañas, del hormigueo de tiras y soplones que mal disfrazados de bohemios pululaban a todas horas por allí (ni siquiera ocultaban el arma, y a más de uno se le cayó con estrépito al suelo). Ese clima irrespirable por suerte no duró demasiado, porque algún personero del régimen consideró —con razón— que allí no iban ya militantes. O de pronto fueron los burócratas de la Cancillería, afectos por vecindad al cafecito del mediodía o comienzo de la tarde, quienes tal vez suplicaron a los uniformados el privilegio de que se liberara al café de esa férula... Por lo que fuere, la atmósfera se tornó más limpia, y muchos parroquianos que se habían replegado —los había también presos y exiliados—comenzaron tímidamente a volver.
El enorme y rumoroso recinto permitía que gente cuyo encuentro en cualquier otro lugar público hubiera resultado sospechoso, lo pudiera hacer en el Sorocabana de manera más o menos discreta. Por eso  fue mudo testigo de reuniones significativas entre personalidades opositoras al régimen imperante. La mesa de Guillermo Chifflet por ejemplo, se constituyó en esos largos años en punto de encuentro, de diálogo, de contacto, para todo ese Uruguay proscrito que el discurso oficial pretendía ignorar.
Jóvenes anónimos pudieron hacer en el insopechado Soro de aquellos años su primera experiencia en el diálogo y discusión política (bajo la cobertura de encuentros “culturales”).
 


Alejandro Michelena

NOTA:  Estos fragmentos pertenecen también a mi libro Gran Café del Centro, crónica del Sorocabana , publicado por Editorial Cal y Canto en el 2003.
Así de melancólico se veía el café Sorocabana en medio del tiempo oscuro de la dictadura.