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jueves, 28 de julio de 2016

ANTONIO MENDEZ: “LA FRONTERA” HISTORIA DE CARPINTEROS. Por Julio Dornel





En notas anteriores hicimos la presentación “oficial” de uno de los valores nuevos de las letras fronteriza, Antonio Méndez y prometimos la publicación de algunos trabajos, con la intención de que los mismos queden a consideración de los lectores.

LA FRONTERA!!!

Los años 60 fueron muy buenos para la pequeña Ciudad fronteriza de Chuy Uruguay y su gemela Chui Brasil.
La peculiaridad de ser dos y no solo una ciudad, cada una perteneciente a un país pintaba el paisaje con un toque muy especial…Una frontera entre dos países separados según unos y unidos según otros, por apenas un línea que para el entonces era una gran cuneta o zanja, y al día de hoy buena parte es con un cantero central por donde pasa el límite, y una doble avenida que la acompaña paralelamente a sus dos lados.
Una avenida por Brasil y una avenida por Uruguay, que se tiran piropos llamándose una con el nombre del país de la otra.La línea se descuelga desde el arroyo San Miguel dejando a su espalda las cuchillas y cerros del poblado del mismo nombre, hasta otro arroyo con el nombre del pueblo vecino. Chuy-Chui. Esta peculiaridad hace del lugar algo realmente curioso.Uno podía y aún puede estar comiendo un chorizo al pan en el Uruguay mientras observaba lo que pasaba en el país vecino y atracarse con un Baurú del lado Brasileño mientras observa los que pasa en el país de enfrente…Los años 60 le empezaron a dar color al lugar, comenzaba una suerte de in-común desarrollo.
Por ambos lados los poblados empezaban a crecer extendidos a lo largo y de cada lado de la calle…Lo más al borde posible del país como para estar atento a lo que hacían los vecinos de enfrente.Sucedía que ese borde hacía la diferencia en temas comerciales.Por turno una vez un país tenía las cosas más baratas y de pronto convenía comprar del otro lado de la calle por diferencias cambiarías o situaciones económicas de los gobiernos de turno.En esta época de los 60 convenía cruzar la calle pero para el lado de Brasil. Donde al azúcar, aceite, harina, entre rapaduras y golosinas de bananas y otros artículos para la canasta eran especialmente más baratos. Comenzaba la instalación de comercios a buen ritmo, aprovechando la ventaja que los del país de enfrente se agolpaban en forma cada vez más constante y masiva a cargar sus bolsos con estos artículos.Los puestos de valijas con novedades a la orilla de la avenida armados por los árabes llamados por el olor a dinero del pueblo, de pronto se fueron trasformando en casas comerciales.Siempre preferentemente al borde del país, formando una línea por donde la gente caminaba regateando precios.El desarrollo estaba empezando.El lugar empezaba a necesitar mano de obra para su construcción. Más mano de obra que la que tenía, brindada por sus hijos. Así que había que buscar apoyo en ciudades vecinas, y Rocha, capital del Departamento distante 130 km, era un buen semillero de profesionales de todo tipo.Y allí se iba a buscar gente para trabajar. Plomeros, oficial albañil, carpinteros, mecánicos, electricistas, hasta jugadores de fútbol empezaron a trasladarse hasta la frontera tras las oportunidades que ella ofrecía. Yo les voy a contar la llegada de uno de esos tantos profesionales que ayudaron a construir Chuy-Chui con sus manos.Un carpintero fue llamado a prueba para trabajar en las obras que crecían sin cesar en el lugar. En ómnibus desde Rocha a 130 interminables kilómetros, se largó por primera vez a escuchar la propuesta y demostrar sus destrezas con el oficio.
Embriagado con las novedades y la explosión que la frontera ofrecía, descartando quedarse en su lugar natal por la tranquilidad sin pausa de la Capital. Al llegar vio que todo estaba en pañales, y que había mucho por hacer, lo que le generaría trabajo por mucho tiempo. Una semana a prueba fue lo pactado inicialmente y eso supuso sería suficiente para mostrar sus habilidades. Durante el día desarrollaba sus tareas con la madera, y durante la noche cosechaba amigos en un club del lugar donde se destacaba con los juegos de billar, haciendo cuentos, bromas y se divertía inventando fantasías de la capital con los que no la conocían.Se las pasaba durante las horas del trabajo ingeniando historias para divertirse a la noche con las personas que conocía en la sede del glorioso club de camiseta roja y detalles en blanco con el cual de forma natural se había identificado.
Equipo en el que además ya se había perfilado para hacer parte un mediodía de entrenamientos donde demostró que tenía condiciones.Nada podría andar mejor…Y como si fuera poco en el comercio donde estaba trabajando había entendido que su corazón estaba flechado.. Se sentía atraído y correspondido por la chica de la caja.. Pocas cosas le habían salido tan bien de una sola vez, aunque faltaba que le dieran el ok, con el trabajo, y aunque el descartaba no lo tomaran, aún faltaba que se lo dijeran …aunque el aplicaría un plan b, y ya estaba resuelto que volvería allí de una u otra forma. La semana se le pasó volando, y eso no le daba felicidad pues se terminaba su tiempo de prueba y debería volverse a su tranquila ciudad si no quedaba en el trabajo, y si quedaba también, ya que debería ir a buscar sus artefactos personales, además de proyectar su mudanza. El feliz carpintero fue finalmente contratado por lo que, más rápido que volando debió volver a su Rocha natal en búsqueda de sus herramientas personales. Llegó a su tranquila ciudad contando e inventando maravillas de la frontera sin precedentes.
En los 60 recorrer esa distancia era más que nada en caso de enfermedad. Había pocos vehículos, y el viaje en ómnibus era además de algo fantástico también una odisea por la lentitud de los ómnibus y por el estado de la carretera.Luego de una semana de interminables despedidas en la sede del club de sus amores pero en la ciudad de Rocha con sus barras de queridos amigos, asados con colegas carpinteros, ex compañeros de la escuela industrial, con sus compañeros murguistas, con su interminable y adorable familia de 12 hermanos, salió definitivamente rumbo a la frontera con la seguridad de que Chuy sería su lugar para desarrollar su oficio y construir su familia. Hacía pose de una fina estampa estilo James Dean encima de una moto 1000 cilindradas con sidecar como las utilizadas por los nazis en la reciente guerra, y no veía la hora de poder llegar a su nuevo lugar donde había dejado empeñado su corazón luciendo encima del imponente vehículo. Feliz en su gigantesca moto tomó la ruta 9 rumbo a La frontera con sus herramientas y un bolso con un par de mamelucos de trabajo y otro bolso con sus mejores camisas.
Transitaba entre 60 y 80 kilómetros de velocidad por hora en la ruta, feliz tarareando canciones de su murga mientras soñaba con su futuro en aquel lugar tan especial una linda mañana de primavera metido adentro de su casco tipo gorra con pasador de tela por debajo de la mandíbula, y unos gigantescas antiparras para cubrirse de la tierra. Abrigado con una campera de cuero marrón de cierre cruzado que lo hacían sentir en el viaje hacia el paraíso. Su mente recordaba las fantasías que había inventado de la frontera y viceversa.Buscaba además nuevas historias para su llegada a Chuy, y eso lo mantenía feliz en aquel cauto viaje encima de una moto infernal pero a poca velocidad por defectos de carretera. Cuando esta ademas de inapropiada se hacía larga, a lo lejos ve que un pequeño personaje casi sin pelo levantaba su mano derecha con el pulgar hacia arriba pidiendo carona. El espacio era reducido por las herramientas que estaban en el sidecar y vaciló por algún momento entre parar o no…Pero al ver que el señor que le pedía auxilio llevaba un serrucho al igual que él, lo incitó a frenar ahora sin más ni menos…Se detuvo unos 30 metros más adelante, y mientras esperaba que el individuo llegara con sus pesadas herramientas, hacía espacio para su pasajero en el sidecar, resolviendo colgarse la mochila que traía en él , ahora en su espalda.Le prestó otro casco igual y un par de antiparras que cargaba para eventuales compañeros de paseos en la vuelta de la plaza de su ciudad o rumbo a las maravillosas playas de La Paloma, Balneario vecino. Mientras acomodaban las herramientas de ambos, para hacer lugar al nuevo pasajero, se presentaban y hablaban del oficio común y de lo que los deparaba en la próspera frontera. El señor de baja estatura y pocos pelos al estilo Elmer Gruñón, de mirada limpia y palabras claras le explicaba ya en viaje que había sido contratado para hacer 70 cabañas en un lugar que sería una gran atracción turística llamado Punta del Diablo. Recién estaría por terminar la primera cabaña luego de 3 años de trabajo. A lo que a cuenta fácil y rápida el chofer de la moto concluyó que se necesitaban 210 años para cumplir con esa obra. Lo que le sonó como una despiadada mentira atribuida a celos profesionales.
Siguió exponiendo sus condiciones carpinteras de una forma tan clara que no parecería que estuviera mintiendo ni alardeando en vano, lo que entendió que el hombre podría ser muy buen carpintero, pero seguramente con ese pedido no podría cumplir. Contaba sobre cómo hacer con la madera dura y explicaba técnicas fantásticas del oficio que empezaron a molestar al chofer. Por lo que le empezó a restar importancia a sus palabras y poniéndose nuevamente a soñar con su llegada en su máquina, y en sus proyectos cada vez más cercanos. De todas maneras el acompañante no se callaba. Seguía hablando y llamándole la atención para que lo atendiera más a él que a la carretera.Y porque seguramente hubiera percibido de la ausencia de interlocutor en temas de madera, Marcilio resolvió cambiar de tema, y arrancó para el lado de la política. Se identificó como Febril partidario del GA, (guerrilla armada) cosa que lo podría llevar a la cárcel sin titubeos. Integraba el grupo político revolucionario de izquierda que funcionaba en la sombra por la persecución que recibía de los gobiernos de entonces. Al ver que el chofer había quedado acalambrado con el tema de la construcción de cabañas en masa, y empezó a desarrollar sin más ni menos y sin titubear sus izquierdosos pensamientos. Sus palabras claras y agradables amortiguaban la mentira, y mientras el carpintero acompañante exponía los detalles de sus inusuales ideales políticos, el carpintero chofer soñaba en su llegada triunfal a los brazos de su amor y al encuentro con su futuro. Se veía a si mismo vistiendo su mejor camisa antes de la entrada al pueblo, y viajaba distraído fantaseando su llegada entre las aberraciones empresariales y las políticas peligrosas que practicaba el ahora enardecido sujeto que se levantaba del sidecaar en movimiento alterado y efusivo explicando la política de Lenin y Castro, apuntando con el dedo índice al cielo en forma de amenaza a que se apoderaría del planeta, y que habían arrancado por Rusia. Rumbo a Chuy y ya a la altura de Santa Teresa, el Carpintero de Rocha, Juan Alberto, resolvió darle un susto a un pequeño Carpintero que le contaba fantasías mas rebuscadas que las de él.Justo a su lado y encima de su gigantesca moto…un fantástico inventor de historias. Ya harto de tanta cháchara resolvió levantar velocidad y tratar de llegar de una buena vez ahora que el camino estaba en mejor estado.Le preguntó si no le molestaba la velocidad ya que venían despacio envueltos en sus charlas. La respuesta del petiso sumergido en el sidecar no podría ser más impertinente. Meta pata nomás que la velocidad para mi no es un problema dijo como si nada le importara, y como si estuviera acostumbrado a viajar en vehículos voladores.Añadiendo que le gustaba el vértigo y solo lo conseguía con sus máquinas fabulosas cortando maderas hasta de ojos cerrados para sentir tal sensación, y como si fuera poco a la noche se dedicaba a escribir consignas contra el gobierno en los muros del pueblo.Lo que lo tenía constantemente entre ceja y ceja de las autoridades de derecha, lo que lo hacía sentirse de una forma inédita debido a sus furitivas pintadas y huidas nocturnas metido en una gorra pasamontañas con un suplemento que lo hacía parecer más alto, y que no fuera tan evidente que era un pequeño hombre que corría despavorido por las calles disparando de los militares absortos en la misión de capturarlo.. Vivo o muerto. El chofer definitivamente quedó enfurecido pues el tipo parecía o muy audaz o muy mentiroso.O las dos cosas juntas. Así que resolvió descubrir la velocidad que alcanzaría aquella feroz máquina con el señor a su lado para también saber la verdad de la milanesa y descubrir cuál era el coraje tan amplio que tenía aquel pequeño de palabras gigantes capaz de construir cabañas por decenas con un martillo y un serrucho. Fue así que su puño derecho fue bajando y la máquina levantando vertiginosa velocidad en la insegura carretera de balasto. Llegando a los 110 km x hora se atrevió a mirar hacia su derecha y el señor seguía impávido como si fueran viajando a 50 kilómetros por hora... Se veía impávido muy campechano en su coche a la derecha del chofer.¿Cómo va don Marcilio? ¿Es mucha velocidad para usted? La respuesta fue considerada como un insulto. Vamos muy bien don……..…Métale pata nomás que me encanta la velocidad…le respondió con el dedo gordo para arriba como cuando le habida pedido carona. Indicándole que estaba todo fantástico. Sin vacilar bajó al máximo el acelerador para descubrir los límites de Marcillo, con los pelos de punta pensando en que no podía dejarse irritar por aquel hombre ya que su viaje era totalmente feliz, y poner en riesgo su vida y la del acompañante era una locura…así que cuando él mismo se sentía asustado resolvió bajar la velocidad, cuando de pronto…Le corrió por todo el cuerpo una horrible sensación. Era presa del pánico y la desolación repentina, su cara levantó temperatura y quedó tan roja que parecía explotar…Estaba tomado por el miedo .Una pronunciada curva….su corazón tuvo casi un paro cardiaco, frenar era imposible, y cayó en la realidad entendiendo que estaba nada mas ni nada menos que frente a frente con una desgraciada curva fatal.Como un fantasma se dibujó en sus ojos asustados, la tristemente conocida y famosa… curva de la muerte. La desgraciada había adquirido su nombre porque ya acumulaba decenas de víctimas fatales. Era conocida y archi nombrada como una desgracia en el camino. Había que tenerle cuidado, y respeto. No miedo le habían dicho, y por suerte lo recordó a tiempo, para prepararse a enfrenarla antes de entrar. Respiró profundo y fue utilizando el sentido común, y el instinto tratando de no perder la cordura en un momento tan crucial. Sencillamente a esa velocidad no se podía enfrentarla porque era pelea perdida, seguramente caerían barranca abajo por la izquierda hasta encontrase contra las gigantescas piedras de la geografía. Había sido alertado por padres, amigos y conocedores de la peligrosidad de la maldita curva, pero su distracción en la conversación, en la furia por las intrépidas historias del gigante mentiroso, mas la ilusión de encontrar a su amor le había hecho olvidarla. La curva se dibujaba casi entera hasta perderse detrás del cerro, interminable y mortal… Como diciendo… Te espero. La razón se apoderó de su conciencia, y sintió un súbito arrepentimiento por la insensatez de venir a tal velocidad, que mediaba en los 130 kilómetros la hora. No estaba acostumbrado en atentar contra su propia vida con nada, y menos en aquel gigante de hierro al que le tenía mucho cariño y también respeto. La sorpresiva appor manejar prudentemente el acelerador de manera que el vehículo siguiera incrustado en el piso de balasto a 130 kilómetros por hora. Seguramente el peso de la potente moto y la fuerza de su motor conspiraban para mantenerlos aún encima de la pista sumando la conciencia de acompañar el trayecto inclinando su cuerpo para mantener el equilibro.Siguió con el puño firme ya metidos hasta el cuello en medio de aquel pedazo mortal de carretera. Ahora absorto y concentrado en salir vivo de aquella situación se olvidó incluso de su acompañante que seguramente viajaría olímpico sin temor a nada. Estaban dando la vuelta al cerro ya preparados para abandonar aliviados la pista asesina cuando como por arte de magia un camión cargado de leña luchaba con su peso para avanzar, bien delante de ellos, como para meterse por detrás dentro de él y terminar con aquel suplicio de curva que no termina nunca. Esta era más fuerte que la curva. Camión pesado adelante sin lugar para disparar, la  salida seria tratar de pasarlo por la izquierda pero como la maldad estaba toda junta en un mismo día, para colmo y como si fuera poco a los pocos metros pero de frente en la boca del lobo, subía como un bólido un gigantesco ómnibus plateado resoplando columnas de humo negro de sus sacrificados motores de gas oil. El panorama no podría ser peor, y en su mente pasaban ahora cosas lindas que habían sucedido y otras que quedarían en la imposibilidad de realizarse por el peligro del inminente y triste final. Solo la certeza de lo que lo esperaba en Chuy le permitió de alguna manera intentar un escape en busca de recuperar su vida en función de su felicidad tan próxima. Vaciló entre largarse hacia la izquierda campo afuera porque a su derecha se daría contra la roca del cerro, pero a su izquierda ya el ómnibus se lo tragaría entero.
El sueño y el amor, o el amor primero y el sueño después, seguramente le dieron una luz para lanzar el vehículo por la banquina, a la derecha. Entre la roca y el camión. Sintió abrupto miedo cuando lo devoró la oscuridad de la sombra que se formaba entre el gran camión y el recto paredón del cerro en el momento en que violentamente se zambulló en el brete como única estrategia de salir vivo intentando escurrirse entre la piedra a centímetros de su acompañante a la derecha y el acero del camión en marcha a pocos centímetros de su cabeza.Tomado por el vértigo en el estrecho pasaje, se aferraba cada vez a su moto como si apretar los puños fuera la solución, mientras gotas de sudor le caían de su cara sin percibirlo. Como unos chispazos vio de pronto por le rabillo del ojo a la derecha alertando que estaba rozando la roca a alta velocidad.Era la oscuridad del final, no sabía bien ni estaba  seguro si estaba vivo o estaba muerto…A es altura no sabia ni quién era. Había perdió la noción de absolutamente todo concentrado en le sacrificio por salir vivo de allí. La decisión luego de unos interminables segundos en pista libre le regaló la mejor sensación en mucho tiempo. Saberse vivo. Sintió un gran alivio al sentir que dejaba a su espalda el Fuerte de Santa Teresa que vigilaba opulento los alrededores del cerro. Habían salido de la curva asesina…Vivitos y coleando a ciento cincuenta kilómetros por hora, fruto de tener que levantar la velocidad para la brusca maniobra. Pensó en la macana y la inconsciencia que se había mandado en desafiar el miedo de su colega. Y fue cuando recordó que a su derecha esperaba que aún siguiera sentadito sin miedo a nada y no desparramado en el camino por los sucesos de la velocidad con curva. Bajó la velocidad con su corazón en disparada, y miró a su lado. El hombre blanco estaba totalmente rojo con los cachetes por explotar y con un sudor de dar miedo. Transpiraba y su camisa estaba empapada. A lo que se precipitó a frenar para alivio de ambos.. Lentamente fueron urdiendo velocidad y se recitaron al lado del camino, sobre los pastos después de la banquina. Marcilio disculpe. No sabía que la curva quedaba aquí y cuando la vi ya no podía bajar la velocidad. Tuve qué apretar el acelerador para que la moto se prendiera en el piso. Esperando que le respondiera que se había asustado, pero verdaderamente con miedo de que lo insultara. A lo que el sudoroso y ahora rojo acompañante contestó. No se preocupe don, no pasa nada, quédese tranquilo.Pero cómo me voy a quedar tranquilo si casi nos matamos dijo, ya volviendo a calentarse.. Mire bien, usted está rojo, casi por explotar, y va a decir que no le dio miedo? No don, ya le expliqué que me encanta el peligro, aunque sinceramente mientras venía hasta 130 kilómetros por hora venía bien, disfrutando del viaje, pero después que pasó a los 135 empecé a pensar, entonces ya a 140 se me complicó, ni que hablar que cuando casi llegó a los 150 kilómetros por hora casi me desmayo…A bueno!!! Significa que se asustó entonces le volvió a insistir, reconociendo que él mismo estaba muy asustado. Mire yo le voy a explicar, sucedió que cuando me puse a hablar de política con tanto énfasis terminé rompiendo poco el piso de este aparato, pero sucedió que antes de tomar la curva de la muerte se me desfondó totalmente el sidecar, y no sabía cómo decírselo. Pero qué importa si se rompió si estamos vivos por un pelo dijo Macuin restando importancia al defecto.. Y está tan sudoroso y colorado por que??? Pero compañero, es que vengo corriendo a 150 kilómetros por hora porque se me desfondó el sidecar… entiende??? 120 kilómetros por hora estoy acostumbrado, pero ya 150 es demasiado, respondió Marcillo levantando la voz y el dedo hacia el cielo como cuando hablaba del comunismo. Me da pena no haberme dado el tiempo para afilar los formones (herramienta de carpintería) mientras rozábamos la roca. Por un pelo usted me tiene aquí entero y no dejó una mitad de mi pellejo gastado contra el paredón.. Macuin……… quedó pasmado con la respuesta. Quedó sin saber si mataba al colega o si lo dejaría allí en la carretera…Se sacó el casco lentamente esperando entender con coherencia lo que escuchaba. Mientras dejó sus antiparras gigantes y su casco en el asiento de la moto lentamente, pensaba en qué hacer con el individuo. Cuando levanta la cabeza para enfrentarlo y decirle un montón de barbaridades, entre ellas que dejara la obra de las cabañas porque no las terminaría nunca, se encontró con unos ojos de color azul claro casi como el cielo de aquella tarde que habían vuelto a vivir desde hacia escasos minutos…Y de pronto, de manera fugaz y sorpresiva lo invadió una gran alegría y felicidad. Había acabado de nacer de nuevo y sentía un gran alivio, pero al ver la primera sonrisa de Marcilio desde que se habían conocido, se sintió particularmente feliz y aliviado. Recién caía en la cuenta que él había estado durante todo el tiempo queriéndolo impresionar no por pedante, y si para divertiste a cuestas de él ya que era nuevo en el lugar. Empezaron a reír, a reír, a reír, y se tiraron en el pasto de la orilla de la carretera a reír, y reír y reír a carcajadas…. Casi me muero del cagazo compañero dijo Marcilio…Cuando me percaté que entramos en la curva a aquella velocidad casi me da un ataque. Pero las cabañas….ja, a las cabañas usted las va a ver todas, una tras otras armadas por este serrucho y este martillo….
Macuin… tendría su primer pequeño gran amigo de Chuy.

EL Carpintero 1963