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jueves, 21 de agosto de 2014

El Frente Amplio y la derrota de la Concertación en Chile

Zoom Politikon

 

Daniel Chasquetti

20.Ago.2014

Hace un tiempo me topé en Chile con el libro del sociólogo Eugenio Tironi, "Radiografía de una derrota" que analiza las causas de la derrota de la Concertación en Chile, en enero de 2010, tras dos décadas de gobierno exitoso. El rumbo que ha asumido la campaña electoral en Uruguay este año me ha hecho volver sobre ese texto con la intención de señalar que lo sucedido en Chile hace cuatro años muy bien puede repetirse en nuestro país dadas las semejanzas estructurales que presentan los acontecimientos en ambos países.
Así como en Chile, la Concertación contaba con una presidenta popular, Michele Bachelet, y resultados económicos positivos, en Uruguay ocurre más o menos lo mismo: el Frente Amplio tiene un presidente con gran aprobación y los resultados económicos y sociales de la administración son igualmente exitosos. Mientras en Chile, la Concertación designó como candidato a Eduardo Frei, que había ejercido la presidencia entre 1994 y 1998, y que para ese entonces contaba con 68 años; en Uruguay, el Frente Amplio eligió a Vázquez que ejerció la presidencia entre 2005 y 2010, y que cuenta con 74 años de edad. En tanto el rival de Frei era el derechista Sebastián Piñera quien desarrolló una inusual campaña basada en las ideas de renovación y cambio; el rival de Vázquez es Lacalle Pou, que también lleva adelante una peculiar campaña basada en las mismas ideas. O sea, pese a las diferencias notables que tienen ambos sistemas políticos, las campañas electorales presentan algunos rasgos llamativamente similares. Vale destacar que el resultado final en Chile fue el que todos conocemos: Piñera ganó la elección en segunda vuelta generando así la primera alternancia en el gobierno desde la recuperación de la democracia en 1990. 
El texto de Tironi señala cinco razones de la derrota de la Concertación: i) la incapacidad de su dirigencia en reconocer que Bachelet introdujo un estilo de liderazgo nuevo y diferente, y que cualquier continuador debía partir de ese estándar; ii) la designación como candidato de un ex presidente, que lucía cansado y sin energía; iii) una campaña errática y pobre en el manejo de la agenda; iv) la irrupción de un tercer candidato en discordia, que dividió votos y que con su discurso renovador favoreció la destrucción mediática de Frei; y v) una presidenta que hizo poco por el candidato oficialista, pues su silencio permanente avaló las críticas de los restantes candidatos.
La explicación del resultado en Chile permite observar el proceso electoral uruguayo desde otro ángulo y preguntarnos si en la presente campaña del Frente Amplio no están ocurriendo fenómenos parecidos. A primera vista y por pura intuición, me inclino a señalar que hay dos factores muy similares, un tercero que podría asemejarse, y otros dos que no guardan ninguna relación con el caso uruguayo.
En primer lugar los factores casi idénticos. Como muchos analistas señalan, la campaña del Frente Amplio ha sido errática y sin capacidad de controlar la agenda. El discurso del candidato se ha ido modificando de acuerdo a lo que dicen sus rivales, los énfasis programáticos fueron variando, e incluso, el slogan principal de la campaña (vamos bien) debió ser sustituido por otro un poco menos condescendiente (Uruguay no se detiene) dados los magros resultados de las primarias de junio. Al mismo tiempo, algunos analistas sostienen que Tabaré Vázquez luce cansado, repetitivo y sin capacidad para despertar fervor entre sus seguidores. El candidato estaría utilizando un arsenal discursivo que fue muy útil hace una década para ganar la elección pero que en el presente carece de impacto y glamour.
El otro factor que podría asemejarse es el del “tercer candidato en discordia”. Si bien en Uruguay no existe un candidato disidente del oficialismo (la legislación electoral no lo permite) que contribuya a dividir votos, en las elecciones primarias surgió Constanza Moreira cuyo discurso cumplió el mismo rol que el desarrollado por Marcos Enriquez Ominami en Chile (1). La precandidata frentista formuló críticas durísimas al establishment de la izquierda y desarrolló algunos argumentos favorables a la renovación que, a mi juicio, calaron hondo en una parte del electorado frentista. Es probable que muchos de los juicios vertidos públicamente por Moreira hayan convencido al equipo de Lacalle Pou de que el rumbo escogido para su campaña era el correcto. Sin embargo, no podemos considerar que Moreira haya contribuido a destruir la imagen de Vázquez como parece haber acontecido en Chile, pues su prédica y su conducta han sido bastante menos beligerantes que las mostradas por Ominami respecto a Frei. No obstante, su prédica parece haber hecho mella en la campaña electoral, generando dudas entre los frentistas y certezas en los seguidores de los candidatos rivales.
Finalmente, no está claro si el cambio que introdujo Mujica en la forma de ejercer el liderazgo presidencial sea tan determinante para los uruguayos como ocurrió en Chile con la innovación que representó el Bachelet style. Es cierto que nuestro actual presidente barrió con muchos formalismos de ese alto cargo y que su estilo se alejó drásticamente del prototipo sobrio de anteriores presidentes. Sin embargo, como muestran algunas encuestas, esa forma de ejercer el cargo divide aguas entre los uruguayos y por ahora no sabemos cuánto puede influir en la evaluación que los ciudadanos realicen de los actuales candidatos. Está claro, que desde esa perspectiva, Lacalle se asemja más a Mujica, en cuanto al desenfado y desacartonamiento, que el propio Tabaré Vázquez. Tampoco encontramos coincidencia en la ausencia de apoyo del presidente al candidato del partido oficialista, pues a diferencia de lo ocurrido en Chile, Mujica se ha mostrado activo en la materia, respondiendo críticas y atacando frontalmente con su natural desparpajo.
Por tanto, si algo enseña la comparación entre los procesos electorales de Chile 2010 y Uruguay 2014, es la importancia y relevancia que tienen la campaña electoral de cada uno de los partidos y los atributos personales de cada candidato. Es cierto que esto funciona sobre una base electoral más o menos estable, tanto en Chile como en Uruguay, pero como demostraré en la próxima columna, estos aspectos pueden hacer una diferencia en un marco de paridad electoral.
Hoy en día, no sabemos si Vázquez será un futuro Frei. Sí sabemos que algunos de los puntos débiles que el Frente Amplio presenta en esta campaña son suficientes como para perder la elección. Hay decisiones que no se pueden revertir (la elección del candidato) pero hay aspectos vinculados a la comunicación y el manejo de la agenda, que pueden ser modificados si se logra combinar autocrítica con sensibilidad. Seguir o no la trayectoria de la Concertación sigue dependiendo del propio Frente Amplio y sobre todo, del candidato y su entorno.
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(1) La designación de Frei generó disidencias en la coalición de gobierno lo cual propició la candidatura independiente del joven diputado socialista, Marcos Enriquez Ominami.