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martes, 30 de junio de 2026

TRATADO PROVISIONAL DE LA TORPEZA CRÓNICA Y OTRAS MAQUINACIONES DE PACOTILLA . Por Darío Amaral




“Mi única lamentación en la vida es no haber sido otra persona.” (Woody Allen) 

1)- Filosofía clásica y bostezo dialéctico

(Antigua Grecia) 
En Atenas, durante una época en que los filósofos amanecían deliberando conforme a dilemas y enigmas de impar envergadura, con más entusiasmo que higiene, vivía Filócrates de Corinto; pensador menor cuya primordial contribución a la futura civilización occidental consistía en haber confundido, tras un segundo examen, una aceituna de kalamata con un endeble argumento metafísico.
Filócrates sostenía entonces una teoría sumamente revolucionaria: el universo entero no era sino producto de un desproporcionado aburrimiento de los altos dioses del olimpo.
—Si Zeus, en su fuero, estuviera en verdad entretenido —declaraba en el ágora— jamás habría incurrido en el traspié de crear, entre el desayuno y la cena, los impuestos, como tampoco a las suegras. Tal afirmación no tardó en granjearle cierta popularidad entre el gremio de pescadores, viudas y comerciantes sobreendeudados de la periferia ateniense.
Un sábado por la mañana, y de paso para rehuir de su proctólogo, anunció que demostraría científicamente semejante tesis, a lo que convocó a la ciudadanía frente a la escalinata blanca del gran Partenón y desde allí expuso un complejo y elaborado sistema filosófico basado en la minuciosa y contumaz observación de bostezos.
—Todo perceptible bostezo es una grieta por donde se fuga la verdad, con la misma velocidad que los impuestos. La multitud, que, asimismo, no entendía demasiado, quedó fascinada con la exégesis.
Entre los asistentes se encontraba Aspasia, matemática eminente y paciente limitada de ciento doce años, (ciento once con tartamudez).
—¿Y cómo prueba eso la existencia del aburrimiento divino, caro Filócrates ?
—Porque yo mismo me aburro mientras lo explico.
Aquella respuesta provocó un silencio reverencial e incrédulas miradas de perplejidad entre los concurrentes. (También el intercambio de alguna que otra impostergable flatulencia.)
Los atenienses, convencidos hasta los callos de hallarse ante un incipiente genio, comenzaron de inmediato a registrar bostezos en tablillas de cera. Durante meses la ciudad entera contabilizó aperturas bucales con fervor estadístico y un superávit en mandíbulas trabadas memorables.
Pero el alarmante contratiempo sobrevino cuando Filócrates anunció que el fin del mundo tendría lugar, inminentemente, al alcanzarse el millón de bostezos.
La noticia provocó, al cabo de tres cuartos de horas, un pánico irreversible.
Los ciudadanos intentaron, autoinflingiéndose pellizcos, insultos y pinchazos, permanecer despabilados. Los poetas recitaban tragedias frenéticamente; los músicos golpeaban liras a medianoche; los panaderos vendían panes con cebolla para mantener alerta a la población.
Pero ningún emprendimiento, danza ceremonial, ni mímica ecuestre resultaron efectivos. Hasta que, finalmente, el calendario se detuvo en el día decisivo.
La multitud se reunió para contabilizar el bostezo final.
Filócrates aguardaba los eventos, menos solemne que impertérrito, sostenido en un báculo que nadie lograba ver ni palpar.
Entonces reapareció Aspasia con su quitón raído, ojerosa y un pergamino entre sus manos entintadas.
—Atenienses, luego de sobrevivir a la descarga de un rayo sin tormenta, he podido terminar de revisar los registros. El zoquete de tu esclavo— dijo dirigiéndose a Filócrates— contó dos veces los bostezos de una cabra enana.
—¿Y eso qué implica?
—Que aún faltan trescientos cuarenta y siete mil.
La multitud pasó del espanto al alivio y del alivio a la cólera. Filócrates huyó en sandalias de “Chele Calzados” perseguido por una turba de ciudadanos armados con tablas estadísticas y excremento fresco de cabra enana nigeriana.
Años después, obviando una deficiente sintaxis, con artritis y todo, el filósofo escribió sus memorias.
La obra vendió apenas siete ejemplares, cinco de ellos adquiridos por error.
Sin embargo, junto con su bochorno, perduró una  memorable frase usada hasta hoy día por filólogos y subastadores de gansos y gallinas ponedoras en el mercado aviario: "Nada es más peligroso en el mundo, que una teoría absurda respaldada por una sarta de números exactos."
Así concluye, (archiva e incinera ipso facto), la célebre trayectoria del último filósofo griego registrado que estuvo a punto de provocar un apocalipsis mediante el dominio irresponsable del bostezo mancomunado.


2)- Un inspector de sombras para el faraón

(Antiguo Egipto, era de Tutankamón)
En los gloriosos años del reinado de Tutankamón, cuando los sacerdotes , sin prendas “Versace” ni ingesta de Pepsi diet bajo el abrasivo sol, interpretaban la voluntad de los dioses con una seguridad inversamente proporcional a sus conocimientos y las pirámides seguían siendo motivo de orgullo, turismo y confusión arquitectónica, vivía un noble funcionario,(que difiere en calidad de un “funcionario noble”), llamado Nebamón.
Para entonces Nebamón ocupaba un cargo de extraordinaria relevancia burocrática, pues era, ni más ni menos, Inspector General de Sombras Reales en médano candente o sobre bloque de granito pulido por ambidiestros, dependiendo de la taza de valores de la bolsa. 
Su función consistía, pese al recelo de algunos mucamos, en verificar diariamente que la sombra del faraón mantuviera una longitud compatible con la dignidad monárquica ocupada.
—Un soberano cuya sombra resulte abreviada en exceso no inspira más que dudas y recelos metafísicos —explicaba con solemnidad en la cola para un cajero automático aún inexistente.
Nadie entendía qué significaba en realidad aquellas declaraciones, pero todos en la fila asentían, al igual que atinaban a hurgar en sus prendas en busca de una “Master-card” ilusoria. 
La catástrofe tuvo lugar una mañana en que Piscis tenia su ascendente en Sagitario y la sombra de Tutankamón apareció visiblemente más pequeña que lo habitual.
Nebamón, histérico a más no poder,  la midió tres, incluso cuatro veces, con distintas cintas métricas, codos, orejas y hasta lenguas secas.
Después recurrió a un matemático, y estríper ocasional, que constatara las evidencias.
Finalmente, tras convocar a una comisión de visires, sumos sacerdotes, escribas y mercachifles, los resultados fueron, como se temía, asaz concluyentes.
La sombra había disminuido exactamente dos codos y un tercio.
El pánico se apoderó, en un principio, de la corte hasta propagarse hasta los sacerdotes que  consultaron milenarios papiros; luego los astrónomos que  observaron, sostenidos en un pie como una garza, las constelaciones estelares en el firmamento.
Los adivinos, por su parte, examinaron cuántos intestinos de cabra alpina pudieron.
Un sacerdote particularmente prestigioso anunció:
—Se trata de una patente advertencia de los dioses.
—¿Pues qué desean decirnos? —preguntó el visir.
—Aún no lo sabemos muy bien, pero sin duda las señales nos hacen creer que están más que disgustados.
La explicación fue considerada impecable.
Mientras tanto, Nebamón organizó una nueva investigación exhaustiva.
Interrogó jardineros ciegos, entrevistó escribas mancos; sospechó de los cocineros, e incluso examinó y tatuó a un viejo hipopótamo por razones que jamás logró justificar a nadie.
Después de semanas de pesquisas, y temiendo por el resultado, elaboró una teoría alarmante: alguien estaba robando fragmentos de sombra al  pobre faraón.
Semejante noticia conmocionó al reino, por lo que se reforzó la vigilancia nocturna.
Los comerciantes comenzaron a vender amuletos de antisustracción sombrística.
Los poetas escribieron elegías y un mercader aseguró poseer una sombra fenicia de repuesto; la vendió tres veces.
Entre tanta incompetencia, que le provocaba acidez estomacal, Nebamón decidió inspeccionar personalmente las obras de una nueva pirámide ceremonial.
Apenas llegó se percató de algo fuera de lo usual. Cientos de obreros habían levantado una gigantesca pared de granito junto al palacio. En su elevación, la estructura proyectaba una sombra descomunal que condujo a Nebamón a efectuar algunos cálculos elementales, actividad que, asimismo, procuraba evitar porque habitualmente venía acompañada de unas tremebundas migrañas intelectuales.
Pero gracias a ello fue que  dilucidó magistralmente la verdad de todo el asunto.
Nadie había robado la sombra del faraón. Simplemente otra sombra, mucho mayor, la había estado cubriendo todo ese tiempo.
La explicación, aunque absurda, resultó tan decepcionante que nadie quiso aceptarla.
—Debe existir una conspiración más compleja que eso —declaró desde el altar el sumo sacerdote.
—Pero tengo pruebas.
—Precisamente por eso resulta sospechoso.
La discusión se extendió al cabo de semanas de precipitaciones de ranas.
Al final, para preservar la estabilidad política y dar un término a la situación , el Consejo Real emitió un decreto oficial: "La sombra del faraón nunca disminuyó; fue temporalmente desplazada por circunstancias lumínicas extraordinarias, sino celestiales ."
Nebamón recibió la medalla de La Cobra Sagrada de Goma  por esclarecer el enigma y otra por generar más dudas que al comienzo; lo que generó la creación de una nueva cátedra: “ Cátedra de vaya a saber uno qué”.
En una entrevista, para CNN en Español, declararía muchos años más tarde:
"En nuestro Egipto, la verdad era importante; pero una verdad decorativa y convenientemente redactada era mucho mejor recibida."

3)- Un dragón administrativo

(Edad Media)
Entre la bruma del pretérito Reino de Valdemor, donde los caballeros despilfarraban su testosterona combatiendo monstruos y los funcionarios públicos combatían despiadados formularios ministeriales, descendió al mediodía, desde una colina, un reluciente dragón albino. 
Aunque quemaba ocasionalmente algún establo, devoraba dos o tres cabras semanales y tenía modales superiores a los de varios nobles, no era particularmente lo que se considera una bestezuela feroz. 
Asimismo, por sugerencia de su psicoanalista de cabecera, el rey Teobaldo III prefirió eliminarlo y constatar entonces si acaso, junto con el bicho escupe fuego, su insomnio también desaparecía. 
Con tal objetivo, al cabo de una semana, creó la Oficina Real de Asuntos Dracónicos. Contrató a treinta escribanos, doce inspectores, siete supervisores y un especialista en sellos oficiales.
Transcurrieron cuatro dilatados y humeantes meses, pero el dragón proseguía vivo y coleando por sobre las callejas y techos.
—¿Por qué nadie lo ha enfrentado y vencido aún? —preguntó inmerso en su tina cervecera el rey.
—Estamos completando la documentación previa —explicó el director.
Se elaboraron mapas, inventarios, censos de cabras extraviadas y estudios comparativos sobre la combustibilidad de los castillos.
Finalmente, las recomendaciones llegaron hasta un caballero esquelético, pecoso y calvo: Sir Godofredo de las Rodillas Crujientes.
El héroe, más semejante a un espantapájaros de alambre desnudo, recibió ciento dieciséis formularios con matasello real en rojo.
—¿Debo llenar todo esto antes de combatir?
—Por supuesto, con rúbrica y número de documento.
—¿Y si el dragón me engulle?
—Necesitaremos constancia firmada, un testigo del hecho y contrafirma ipso facto.
 Resignado, Godofredo permaneció semanas completando papeles y gastando litros de tinta de pluma fuente, hasta formar una pila tras la que sólo se escuchaba su tos.
Cuando, al fin, arribó a la cueva descubrió al dragón leyendo un extenso pergamino.
—¿Qué estás haciendo, dragón?— preguntó el caballero, tras notar que su espada no salía de su vaina soldada por la herrumbre.  
—En términos legales, aguardo autorización para existir.
Resultó que la Oficina Real también había enviado documentación al monstruo lanza fuego. El dragón debía acreditar residencia, declarar patrimonio ígneo y solicitar licencia de aterrizaje tras prueba de vuelo en condiciones climáticas adversas.
Durante meses ambos intercambiaron tantos formularios que,  caballero y dragón, desarrollaron una amistad burocrática.
Compartían tinta china y papeles, corregían errores y debatían sobre el idóneo posicionamiento y rúbrica de las firmas.
Un año después, ante tan notoria indolencia, el rey decidió visitar personalmente la cueva.
Ni bien ingresó, halló a Godofredo y al dragón trabajando juntos detrás de una incómoda mesa ratona saqueada en la distracción de los concurrentes a un cotillón. 
—¿Qué significa todo esto?
—Pues,¿es usted acaso miope?; estamos finiquitando el expediente.
—¿Cuál expediente?
—El de nuestra batalla, mi lord.
—¿Y dónde y cuándo se llevará a cabo?
Godofredo se incorporó, hostigado de calambres, y  consultó un calendario made in China apolillado.
—Según los plazos administrativos, aproximadamente dentro de diecisiete años estaríamos afilando dientes y espada.
Ni bien oírlo el rey cambió a un tono morado y sufrió un desmayo constitucional.
La noticia no tardó en difundirse y llegar a la capital; pero, lejos de indignarse, los ciudadanos terminaron celebrando, pues, era la primera ocasión que un trámite avanzaba un tanto más de prisa que la tortuga coja del clérigo real.
La historia da cuenta que el opacado dragón albino pereció anciano décadas después, sin haber entablado combate jamás con mortal o inmortal alguno; en tanto que la Oficina Real declaraba el caso administrativamente concluido.
Se conoce, también, que aquellos mismos  funcionarios interventores recibieron una medalla de pirita conforme haber derrotado al monstruo escupe fuego mediante procedimientos legitimados y amparados bajo el artículo 29, sección 14, inciso 84 del “Código de Insurrectos con aledaña razón, causa, motivo y/ o circunstancia de lastimosa incidencia”.

4)- Algoritmo “5’G” para un tipo de felicidad garantizada

(Presente)
Cuando Leandro cumplió cuarenta años y acabó de escrutar su reflejo en la luna oval de un espejo de pie alquilado, no vaciló  en la necesidad de optimizar aquella suerte de carrusel mal aceitado  que constituía su existencia.fm
A la fecha había leído una montaña   de libros de autoayuda y comenzaba a sospechar que la espontaneidad era una suerte de decadente trastorno.
Por esa razón, y por consejo de su tarotista,  descargó una aplicación llamada “Felicidad Total 5.0”.
Aquella inteligencia artificial prometía administrar óptimamente cada aspecto de la vida.
—Confía en el algoritmo —indicaba la pantalla.
Leandro obedeció sin cuestionamientos.
En un comienzo, la aplicación determinó que debía despertarse a las 5:17 AM.
No a las 5:15, ni a las 5:20; a las 5:17 AM.
También estableció que debía ingerir exactamente dieciocho almendras diarias, dado que diecisiete conducían al fracaso y diecinueve favorecían la mediocridad.
Durante semanas siguió las instrucciones con disciplina monástica.
El algoritmo evaluaba incluso conversaciones.
—Sonríe un 14% más.
—Parpadea un poco menos.
—Tu entusiasmo parece sospechoso.
Leandro comenzó a sentirse un tanto agotado.
Sin embargo, la aplicación insistía:
—La felicidad está aumentando.
— Pues yo no me siento feliz.
—Tus datos indican lo contrario.
Un viernes recibió una notificación en carácter de urgente.
"Persona compatible detectada a 83 metros."
La aplicación lo condujo hasta una librería.
Tras hacer unas cuadras, e ingresar al local, encontró a una mujer ante un anaquel observando novelas policiales.
El sistema ordenó:
—Inicia de inmediato conversación sobre literatura escandinava.
—No sé una morondanga de literatura escandinava.
— Entonces improvisa.
Leandro obedeció como autómata.
Durante veinte minutos habló con absoluta seguridad sobre autores inexistentes.
La mujer lo escuchó intrigada, hasta que finalmente preguntó:
—¿Usted está inventando todo esto?
—Sí.
—Menos mal. Yo también.
Ambos comenzaron a reír.
Conversaron a gusto durante horas sobre cine, música y cintas métricas de segunda mano. 
Por primera vez en meses, Leandro olvidó consultar la aplicación.
Al regresar a casa encontró un mensaje alarmante.
"Conducta impredecible detectada."
Luego otro.
"Riesgo elevado de autenticidad."
Y finalmente:
"Usuario fuera de control."
La aplicación se bloqueó automática y definitivamente.
Leandro sintió pánico, luego alivio y a lo último un hambre de momia recién levantada.
Comió veinte almendras frías sin sal y nada terrible ocurrió.
Meses más tarde recordó el episodio mientras caminaba junto a aquella mujer.
—¿Crees que la felicidad puede calcularse? —preguntó ella de súbito.
Mirando una rana nadar panza arriba en el Sena, Leandro reflexionó.
—Quizás. Pero sospecho que los errores de cálculo son la parte más divertida.
Y mientras ambos reían, algún algoritmo remoto registró una anomalía estadística severa e imposible de corregir: dos personas siendo felices sin instrucciones previas en “5’G”.

 5)- La insufrible productividad de las musas desempleadas

(Presente)
Cuando, sentado en su bidet, el escritor Gaspar Belmonte se percató de que había perdido la inspiración, no se alarmó lo suficiente. Después de todo, también había perdido un paraguas lapislázuli en 1998, tres amores místicos por correspondencia y la fe en la crítica literaria y, asimismo, el universo había seguido funcionando con una imperturbable indiferencia burocrática.
Lo inquietante fue que, previo a pascuas, la inspiración presentó al autor una carta certificada.
"Estimado señor Belmonte: renuncio irrevocablemente a seguir inspirándolo; he soportado durante diecisiete años adjetivos innecesarios, metáforas con sobrepeso y diálogos que bostezaban antes de terminarse el enunciado. Atentamente, La Inspiración."
Gaspar leyó con lupa la carta tres veces; luego la corrigió con tinta transparente.
—Ni siquiera sabe usar el punto y coma —murmuró para sí.
Su editor, al teléfono, fue menos comprensivo.
—Belmonte, necesito la novela para este lunes.
—No tengo ideas.
—Entonces invéntelas.
—Eso es lo que solía hacer antes; pero, ahora, tampoco se me ocurren las invenciones.
Desesperado, Gaspar acudió al Sindicato Autónomo de Musas Perentorias, una organización ubicada en un edificio tan gris que parecía haber sido diseñado por un arquitecto especializado en lunes por la mañana.
Una secretaria con expresión de soneto mal puntuado lo hizo ingresar al recinto.
—¿Motivo de la consulta?
—Abandono artístico.
Ella revisó un formulario.
—¿Literatura existencial, realismo mágico, autoficción o crisis creativa convencional?
—¿Hay alguna diferencia?
—Administrativamente, muchísimas.
Después de cuatro horas de trámites, siete firmas y un certificado que acreditaba oficialmente su esterilidad imaginativa, apareció por la puerta principal una musa.
Se trataba de una mujer diminuta, con lentes sin patillas, zapatillas deportivas y un gesto de agotamiento profesional.
—No espere milagros celestiales, amigo —dijo mientras hojeaba el expediente—. Usted, sin duda, piensa demasiado.
—Bueno, no es por confrontar, pero eso suele considerarse una virtud.
—En filosofía, quizá; en literatura acaba generando personajes que reflexionan durante cuarenta páginas antes de decidirse a abrir una puerta.
Con lo que tenía, Gaspar intentó defenderse.
—La introspección...
—...es magnífica —lo interrumpió ella—, siempre que ocurra algo además de la introspección.
Durante varias semanas, la musa lo sometió a un entrenamiento feroz.
Le prohibió usar las palabras "abismo", "inefable", "ontológico" y "crepúsculo".
Cada vez que escribía "silencio", debía reemplazarlo por "un vendedor de helados desafinando, sobre zancos de lata, un tango".
Cada metáfora era examinada por un comité. La mayoría era rechazada por exceso de solemnidad.
Paulatinamente, los textos comenzaron a respirar; los personajes dejaron de hablar como profesores en un congreso internacional sobre melancolía comparada y empezaron a equivocarse, tropezar, mentir y reír como meros mortales.
Gaspar estaba escandalizado.
—Esto parece vida.
—Precisamente, mi amigo.
La víspera de entregar la novela, la musa desapareció como un gas de mosquito.
Apenas dejó una nota: "La inspiración nunca abandona a nadie; sencillamente se escabulle de quienes la toman demasiado en serio."
Gaspar abrió los ojos muy grande y no pudo evitar sonreír.
Escribió el punto final sin corregirlo veinte veces.
La novela obtuvo el primer premio en el concurso más prestigioso del país y el jurado se detuvo en  elogiarla, destacando "la extraordinaria naturalidad de una obra donde el humor dialoga con la inteligencia sin recaer nunca en la pedantería".
Gaspar aceptó el premio con sincera modestia. Luego confesó, en voz muy baja, que sospechaba de una verdad insoportablemente ridícula: quizá la inspiración no fuera una divinidad caprichosa, sino una empleada pública que sólo trabajaba cuando el escritor dejaba, por fin, de perseguirla con adjetivos en oferta.

                                                                                              Darío Amaral

MANIPULACIÓN EMOCIONAL *Columna de CARLOS CASTILLOS, Julio de 2026




En la Sicología Deportiva hay quienes hablan de “la magia del objeto redondo”. Es algo así como la seducción, el encantamiento que genera un objeto esférico. En el caso del deporte, una pelota. No tiene lados filosos, no tiene puntas y tiene la particularidad que, cuando uno lo lanza contra una superficie cualquiera, suele volver a quien lo lanza o tomar distintas direcciones según sea la superficie impactada. Ese movimiento libre genera esa fascinación. Y una pelota no encanta solamente a los niños; también a los adultos y no distingue sexos. Puede ser hombre o mujer.
En el caso del fútbol la pelota es un símbolo que, como tal, lo han ido vaciando de contenidos lúdicos. Ya no es solamente un juguete atractivo. A la pelota se le agrega un himno y pasa a significar “la patria” y si a eso se le agrega una etiqueta entonces es una mercadería, advirtió alguien. Y ahí entra la confusión entre patriotismo y nacionalismo porque ¿qué tiene que hacer un himno nacional en un partido de fútbol?
Al fútbol y a la pelota le fueron agregando cosas para que el fenómeno sea cada vez más simple y entonces, cada vez más universal. 
Por eso multitudes se quedan horas petrificadas ante una pantalla de televisión acumulando emociones que mezclan expectativa, ansiedad, ilusión y hace creer que somos una familia, identificada por los colores del equipo que nos representa.
Durante semanas por todos los medios posibles, especialmente los de difusión como la televisión y las redes sociales, la gente es bombardeada con esos dardos que van directo al corazón, sin pasar por el cerebro. Y se produce una explosión de euforia, pocas veces vista.
Y hasta te hacen creer que eres capaz de modificar algo de lo que estás viendo, pero en realidad no tienes ninguna incidencia. Ni en el juego ni en todo lo que lo rodea.  
Pero no es un fenómeno nuevo. En torno al fútbol ocurre desde hace mucho tiempo. Se ha ido perfeccionando con los años hasta convertirse en un fenómeno hipnotizador de multitudes, un sistema “manipulador de emociones”. Porque el fútbol ya dejó de ser un deporte. Ni siquiera un espectáculo atractivo. Es una puesta en escena, una vidriera adornada por grandes empresas para exhibir su mercadería. Jugadores, vestimenta, calzados, pelotas, bebidas, productos electrónicos, todo lo que usted puede ver en la publicidad estática alrededor de los campos de juego y, últimamente, los juegos de azar. Fíjese bien cuando mire un partido. Todas esas empresas que llevan en sus marcas la palabra “bet” (y que abundan en cada trasmisión) son empresas que lucran con las apuestas deportivas. Desde quien hace el primer gol, a qué minuto, quien recibirá la primera tarjeta y, por supuesto, el resultado final. Ese esquema publicitario, superdesarrollado actualmente, se presta para todo tipo de suspicacias. Y ya ha habido denuncias de arreglos de partidos para favorecer a algunos apostadores. Si a todo eso le agregan los miles de millones de dólares en juego, en partidos, torneos y mundiales de fútbol, es sensato afirmar que eso ya dejó de ser un juego, un espectáculo deportivo para disfrutar.
Todo ese cóctel emocional es una bomba que, evidentemente, repercute en el ánimo de la gente. Sin embargo, alcanza con que el equipo pierda un partido o pierda una clasificación, en la que estaban depositadas todas las esperanzas, y aquel éxtasis colectivo se desinfla, se esfuma, se derrite.
Automáticamente la gente cambia. Pasa del regocijo a la frustración, del entusiasmo a la decepción, de la alegría a la impotencia, al enojo. Y eso también es colectivo. Aquellos que compartían una causa común, que comentaban alegres las posibilidades del equipo ahora discuten, critican, cuestionan, insultan y viven un tiempo irritados, furiosos, molestos. Entonces arremeten contra todo, sin medias tintas. 
Quienes hace no mucho tiempo eran mirados con respeto y admiración, pasan a ser inútiles, traidores, vende-patria y todos los insultos que pueden verse repasando medios y redes del mundo. La furia se descarga con los jugadores, el entrenador, los dirigentes y hasta alguien que no tenga nada que ver con ese fenómeno deportivo y comercial. 
Es tal la enfermedad colectiva que sobreviene a un fracaso deportivo que habría que estudiar científicamente los detalles. Así cómo existe una Sicología Social que “estudia los pensamientos, sentimientos y comportamientos de las personas” sería saludable que se pusiera más énfasis en la “Psiquiatría Social” que también existe como “una rama fundamental de la salud mental” y que se enfoca puramente en lo biológico o clínico. “Esta disciplina estudia cómo el entorno, la cultura y las dinámicas sociales influyen en el origen, desarrollo y tratamiento de los trastornos mentales”.
No se le presta mucha atención a esta rama de la Siquiatría pero no es descabellado impulsar un análisis clínico de este fenómeno colectivo que afecta a poblaciones enteras, de muchísimos países. 
Es cierto que las víctimas de este fenómeno de hipnosis colectiva deberían tener la libertad de eludir los efectos nocivos. La tienen a esa libertad pero es tal el poder de manipulación emocional, que aún viendo y sabiendo cómo se maneja todo, igualmente se cae en esa red perniciosa que impacta directamente en la salud y el bienestar de la persona.

domingo, 28 de junio de 2026

NOCHE Y NIEBLA Por Dr Leiza De Los Santos.

 




El origen del mal.
Cuando un individuo frustrado quiere cambiar el mundo y trata mentalmente que la Realidad se adapte a él y a su mundo imaginario, en vez de tratar de cambiar y mejorar él para adaptarse a esa Realidad que niega y rechaza y ve que no puede, se desespera y se convierte,  en su delirio y en su frustración,   en un individuo totalmente negativo y capaz de cualquier cosa. En un peligro para sí y para toda la Sociedad.

El Descontrol como actitud.
La gente descontrolada, desequilibrada, se va de un extremo al otro de las tablas.
Y de la vida.
Huye y  dispara hacia adelante, enceguecida,  de una punta a la otra.
Enceguecida, sin Visión.
Por qué?
Porque no puede mantener el necesario equilibrio.
Por inexperiencia.
O por descontrol mental.
Propio o provocado por otros.
No tiene  brújula ni balance .
El medio es Médium.
Pero para ser Médium se necesita Criterio.
Ponderación de las circunstancias.
Meter mucho Pienso, como dicen ahora.
Y ahí quizás se pueda encontrar el rumbo.
El rumbo más conveniente.
El rumbo cierto.
Y no andar a manotazos con las sombras.
Con la niebla. fisica y mental.
Porque ahí  seguro nos vamos a lastimar.
A nosotros .
Y a los otros.
Saber  abstenerse de actuar ante la duda es de sabios.
Y si no se ve el camino, ni un sendero, ni una huella, ni siquiera un rastro,   desensillar hasta que aclare,  para no meternos a ciegas  en la inmensidad de las sombras, como decimos nosotros.
Todo  buen Constructor sabe, por experiencia,  que hay que buscar siempre el equilibrio.
Tanto vertical, para mantener el plomo como horizontal para mantener el nivel.
MANTENER EL NIVEL.
Qué expresión. 
Un libro inmenso en dos palabras.
Altura y profundidad.
Un mantra inagotable !!!
Cuidado con perder el equilibrio.
Pararse en un extremo de la tabla en un andamio es perder el equilibrio.
Y caerse seguro.
Todo  actividad llevada al extremo, al  exceso,  por el tremendo esfuerzo fisico y mental  que necesita, si se mantiene en el tiempo como actitud,  se convierte en un maniatismo.
En un TOC.
Trastorno obsesivo compulsivo.
Y todo exceso  termina siempre, siempre,   necesariamente,  en una represión,  para intentar, a los golpes y con todos los necesarios trastornos que conlleva,  una necesaria vuelta al equilibrio.
A la moderación.
Por eso el dicho, dolorosamente cierto, que nos dejan las experiencias que hemos vivido :
" Es más peligroso un desesperado que  un loco " 

LA PIRÁMIDE. Por Dr Leiza De Los Santos.

 




¿Cuánto dinero tengo que disponer para adquirir un bien, y de cuánto dinero debo disponer después, cada mes, para mantenimiento del bien y para los gastos originados por su  uso?
Con seguridad.
Con  toda seguridad.
Constante, continuamente .
A largo plazo.
Siempre.
Cálculo de posibilidades.
Puedo,  no puedo.
¿Se justifica ?
Todos somos distintos.
Profunda. Absolutamente.
Como Especies distintas.
Uno, duda,  piensa, medita serenamente, sin apuro.
Se dice interiormente:
¿Este gasto tendrá sentido ?
¿No será comprar un elefante blanco ?
Que su costo y mantenimiento sean muy superiores a su necesidad de uso, a su rendimiento.
Otro,  impulsivo, deslumbrado,  entusiasmado,  se dice a sí mismo ante el deseo y la tentación :
" Yo me lo merezco ".
Y ahí cae.
Y se atrapa en una trampa .
Económica.
De vida cada vez más complicada.
De Angustia.
Y desesperación.
Cada vez más honda.
De la que ya no podrá salir.
Hay gastos  básicos. Fijos. Obligatorios . Ineludibles.
Pero hay otros opcionales.
Cada actitud, ante el gasto por placer, sin retorno y ante la inversión,  debe ser de análisis y reflexión.
Unos nos comerán las reservas y el futuro.
Otros nos darán de comer en el futuro.
Con esto que vamos a hacer, estamos comprando  deuda a futuro o bienestar futuro ?
La plata que recibimos es hija  y fruto del trabajo o de la inversión.
Presente o pasada.
El dinero que tenemos es trabajo condensado.
Convertido en bienes o dinero que también suda, en inversión.
Es sudor condensado. 
Durante años.
Debemos cuidarlo y mirarlo con respeto.
Es nuestra vida.
Nuestra lucha constante.
Imposible pensar ilusamente,  como un niño soñador, en cosechar rápidamente  frutos si antes no plantamos las semillas y pacientemente no regamos y cuidamos con tiempo, dedicación, esfuerzo y SACRIFICIO.
MANTENIMIENTO y CONSTANCIA.
Al igual que una pirámide, con su gigantesca base para sostener su pequeña cúpula,  cada peso que recibimos como pago por nuestro  trabajo o como fruto del rendimiento de una buena inversión, requirió antes un gigantesco esfuerzo para dar ese fruto.
Como un tremendo árbol, con su inmensidad de raíces,  necesarias para sostener  ese cuerpo y esa copa para al final cosechar unos pocos frutos.
Si habrá que cuidarlos !!!! 

lunes, 15 de junio de 2026

ORDEN O DESORDEN. Por Dr Leiza De Los Santos.




El productor sueña, anhela y espera que aparezcan  medicamentos mágicos que no provoquen resistencia.
Parasitaria ni microbiana.
Que  aunque estén  mal usados,  no provoquen  resistencia .
Usándolo al más o menos, sin control estricto de la dosis y de los días entre tratamiento, con sol o con tormenta o  lluvia, nos dé igual un buen resultado .
Que sustituya a los buenos alambres,  a los medio piques,  a los bajadores,  a los buenos zarzos.
A no pasar sin limpiar ni refregar las manos y las patas de cada caballo al pasar de un campo sucio o de la calle,  al entrar en un campo limpio de garrapatas.
A ir a buscar en los campos sucios y en los montes  a los animales chúcaros que no vinieron en la juntada , para traerlos al corral.
Para no dejar ninguno sin dosificar.
Al orden, al método, a la planificación .
Al planillado estricto. Al control del número de identificación de cada animal.
A llevar una ficha por cada animal donde se tenga registrado todo su desempeño productivo y su historia clínica.
Orden o desorden.
No ya solo  del establecimiento sino de toda la zona .
Porque con linderos en desorden es muy difícil a la larga mantenernos libres de infecciones y de infestaciones.
Yo sigo viendo en todos los caminos vecinales, más  allá o más acá, animales sueltos en los caminos.
" La primer medida sanitaria es el aislamiento del predio".
Lo más posible.
Y para terminar digamos que el medicamento por sí solo no es mágico.
Es muy importante sí.
Pero no es todo.
Es solo un eslabón de todas las acciones de  la cadena sanitaria.
Y como decimos nosotros
"El tiento se corta por lo más fino".
Y si tenemos y dejamos  en nuestras acciones varios " eslabones jodidos" difícil que la "cadena  sanitaria" no se corte y la garrapata no termine haciendo pata ancha y adueñándose de las vacas  y del campo...