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lunes, 16 de enero de 2017

FRONTERA CHUY: COMERCIO Y ALGO MÁS. Por Julio Dornel


                               Escritor y periodista Julio Dornel

En forma equivocada, esta joven ciudad ha promocionado permanentemente las ventajas comerciales que ofrece al visitantes, sin tener en cuenta que debe apuntar al entorno natural que circunda la zona y que debe ser la base fundamental para extender la estadía de nuestros visitantes. Se trata de dos actividades que pueden ser complementarias (comercio-turismo) al ofrecer los precios competitivos de los comercios brasileños por un lado y el sistema de free-shops que rige en la frontera uruguaya. Sin embargo no debemos detenernos solamente en el turismo de compras que ha sido la fuente tradicional de esta línea divisoria, sino que se debe promocionar el entorno natural del norte rochense. También Chui ha sido hasta el presente un punto perdido en el extremo sur del “continente” brasileño, donde el 80 % de su actividad está dirigía al movimiento comercial sin tener en cuenta su proximidad con Montevideo y Porto Alegre, para incentivar una corriente turística que vuelque sus preferencias por las playas atlánticas, las bellezas naturales y el pasado histórico de sus monumentos coloniales. El Fuerte de San Miguel, construido en 1734 y Santa Teresa en 1762, como consecuencia de los conflictos limítrofes entre España y Portugal, representan en la actualidad, puntos de referencia para el turismo internacional que visita la zona. El Fuerte de San Miguel se encuentra ubicado en la ruta 19 a solamente 10 kilómetros de la ciudad de Chuy, ofreciendo la posibilidad cierta de que el turista pueda rememorar el pasado histórico, junto al puente levadizo, el granito rosado y los cañones apuntando ahora hacia el enemigo invisible que avanza desde Brasil. A 30 kilómetros de Chuy, la histórica Fortaleza de Santa Teresa, donde el viajero se puede internar nuevamente en uno de los monumentos más importantes de América del Sur, disfrutando del Parque ecológico, y el acervo histórico que representan los manuscritos, uniformes, banderas y armamentos allí conservados. Corresponde señalar la proximidad de las playas atlánticas de La Barra, La Coronilla, Punta del Diablo, Aguas Dulces y Cabo Polonio, como así también los ríos y lagunas que riegan el norte rochense.

miércoles, 10 de agosto de 2016

LA BOMBA Y LOS RINOCERONTES Por Julio Dornel.


No es la primera vez que el tema de la violencia, merece la atención de los medios, denunciando una situación reiterada, que se viene registrando de ambos lados de la línea divisoria. La supuesta bomba colocada junto a la puerta de la Prefeitura de Chui, logró su objetivo primario, creando una psicosis colectiva, a partir del momento en que el titular del municipio vecino recibe la llamada telefónica, señalando que le costaba creer que estas cosas estuvieran sucediendo en una población de puertas abiertas, que ha  demostrado siempre una tradicional y pacifica convivencia. Sin embargo esta situación está denunciando un cambio peligroso en el comportamiento de algunos sectores de la ciudad. Será necesario que la población tome conciencia de que estas cosas pueden suceder en cualquier hogar fronterizo. Sin embargo mientras las cosas se desarrollan fuera de nuestro entorno, somos meros espectadores y hasta miramos con indiferencia los problemas ajenos. Si tenemos salud, vivienda y trabajo, nos sentimos casi realizados y resulta muy difícil que nos detengamos a pensar o analizar las situaciones injustas que viven nuestros vecinos. Hace algunos años en otro medio de comunicación dábamos lectura a una dramática pieza de Ionesco que se refiere precisamente a la indiferencia con que solemos observar algunos acontecimientos. La pieza mencionada hacía referencia a la vida tranquila que transcurría en un pequeño pueblo francés hasta el día que aparece un rinoceronte caminando tranquilamente por la calle. Si bien se trataba de un hecho insólito porque el pequeño pueblo no tenía zoológico, los vecinos no tomaron ninguna medida, limitándose a discutir sobre la procedencia del animal. Al otro día, algunos habitantes comenzaron a sentir malestares físicos, manchas en la piel, y emitiendo sonidos guturales muy distintos a los humanos. Recién en ese momento comienzan a preocuparse, pero no toman ninguna medida. En forma simultánea surgen  nuevos rinocerontes que comienzan a organizarse para destruir el pueblo. Como algunos habitantes no se habían contagiado, terminaron convencidos de que a ellos no les iba  a suceder nada y por lo tanto no tomaron ninguna actitud.  Los otros por su parte se fueron resignando y aceptando la situación como algo normal. Mientras otros siguen discutiendo, los rinocerontes se van multiplicando y la población se va acostumbrando o observar como los rebaños recorren las calles destruyendo todo lo que encuentran a su paso. Todo continuaba dentro de la “normalidad” hasta que un vecino enciende la radio y escucha solamente los sonidos guturales de los rinocerontes. Lo primero que hace es llamar a la policía para denunciar el hecho, pero le responden con el mismo lenguaje. Recién en ese momento se dan cuenta de que el pueblo estaba en manos de los rinocerontes, ya era demasiado tarde. La pieza de Ionesco nos hace pensar en los pequeños problemas o situaciones que surgen diariamente y que no les damos importancia porque todavía no están en nuestro entorno. La bomba era trucha, pero los rinocerontes están llegando.

lunes, 8 de agosto de 2016

SAMUEL SIEMPRE SAMUEL 8 DE AGOSTO DE 1974. Por Julio Dornel.


     Escritor y periodista Julio Dornel
“ La laguna Merín, el arroyo San Miguel, una línea divisoria hasta lo de SAMUELy el arroyo Chuy hasta su desembocadura en el atlántico...· (Isidro Mas de Ayala)
Nada mejor que esta definición del psiquiatra, escritor y humorista compatriota para consagrar la fijación de los límites entre nuestro país y el imperio brasileño. Llegar al Chuy señalaba Más de Ayala en uno de sus festejados artículos publicados en La Torre del Vigía y no visitar el boliche de Samuel, como se le conocía popularmente- era lo mismo que ir a Montevideo y no pasar por la Plaza Independencia. Señalábamos en notas anteriores que cuando Samuel resuelve volver a su patria, por razones económicas lo hace por esta frontera hacia el puerto de Santos en Brasil. Sin embargo al cruzar la línea divisoria conoció a la joven Dominga Hernández que le hace cambiar los planes y el pasaporte por la libreta de casamiento. En febrero de 1982 el periodista Franklin Morales en un artículo titulado CHUY: LA CIUDAD DE LOS VAIVENES, entrevistó a doña Dominga recogiendo valiosos testimonios sobre el Chuy de aquellos años y el entorno familiar junto a Samuel. ·Buena memoria la de doña Dominga Hernández, tiene 70 años y la rodean preguntas, evocaciones y algunos de sus 6 hijos y sus diecinueve nietos. Tiene aspecto matriarcal y en su rostro han trabajado los minúsculos excavadores de arrugas. Mientras charlamos llegan más hijos y más nietos a su casa y las cosas se facilitan: ·acá está todo cerca, si alguien no se encuentra en el Chuy seguro que está en La Barra. La historia de su vida está también íntimamente ligada al trasiego de mercaderías, “nací en el Chuy y recuerdo cuando niña que mi padre cargaba carretas en la orilla del arroyo san Miguel, mucho antes de la construcción del puente. Él llego de Rumania en el 32 y en esa época solo habían pequeños almacenes; puso una tiendita del lado uruguayo, después estuvo en San Pablo y regresó definitivamente en el 36 para instalarse del lado brasileño. Esas dos diferencias instalarse del lado brasileño y trabajar con azúcar y yerba- de cierto modo dio comienzo a la prodigiosa historia de la zona que trastocó también el lado brasileño con su fisonomía aldeana. Desde la década del 50 don Samuel fue llegando al máximo sitial de atracción turística, figurando en los folletos de la Comisión nacional de Turismo. Cuenta doña Dominga que los primeros clientes fueron los de Rocha y Castillos que llegaban en camiones. Lo fuerte siempre fueron el azúcar y la yerba, pero de a poco fuimos aumentando las cosas agregando los ticholos, porcelanas, telas, ananá, sardinas y guayabada. Por aquellos años, caravanas de ómnibus y autos enfilaban hacia el límite del país para la infaltable compra en una atmósfera de mercado persa donde Samuel se movía con agilidad, mientras la estadística indicaba que el 85 % de los vehículos se dirigía a su famosa esquina. Él colocaba sus sombreros directamente en la cabeza de cada cliente que desde ese momento era un propagandista de la casa. Algunos decían que les ponía sombreritos a los que compraban para que la aduana no interviniera. Señala Morales en la nota aludida que pocos comercios han dependido tanto de su dueño como el de Samuel lo que era a la vez su fuerte y su debilidad. ¡Como trabajábamos!!! Recuerda Norma la única mujer de sus seis hijos. Después que cerrábamos hacíamos las bolsas para el azúcar y la yerba, no era como ahora que viene todo empaquetado. Las diferencias de aquel ayer no se limitaban a eso; la mercadería llegaba por la playa, porque no se había construido la ruta BR 471 prolongación de nuestra ruta 9. El desplazamiento de los camiones era más o menos seguro, pero viajaban en grupos y provistos de cadenas y tablas para zafar de la arena que en algunas oportunidades se tragaba alguno.
IDENTIFICADO CON EL URUGUAY
Don SAMUEL estuvo siempre muy identificado con el lado uruguayo existiendo un barrio que lleva su nombre porque los modestos propietarios recibieron terrenos a pagarle en las condiciones más increíbles. Entre muchas cosas donó el terreno donde se construyo la escuela Nº88, el hospital local y donó terrenos para centenares de rifas del departamento y de Santa Vitoria do Palmar. Durante un cambio de autoridades el Rotary Club de la ciudad de Castillos le otorgó el titulo de ·BENEFACTOR DEPARTAMENTAL· haciéndole entrega de una medalla y el pergamino correspondiente. De esta manera la institución castillense otorgaba su primer premio con el objeto de homenajear anualmente a los hombres y mujeres del departamento que hubieran dedicado parte de su vida a servir a la comunidad. Se destacaban entre las bases del certamen que, en la actualidad es más necesario que nunca entender que es un deber exaltar en forma pública estos valores que con su ejemplo templan el alma y nos dan seguridad de un mundo mejor. Samuel falleció el 8 de agosto de 1974.

sábado, 4 de julio de 2015

LOS VIOLINES DE “BECHO”. Por Julio Dornel.


 
               LOS PADRES DE BECHO: HERLINDA Y ANGEL.



                            Escritor y periodista Julio Dornel

 “Mariposa marrón de madera,
Niño violín que se desespera…
Cuando “Becho” lo toca y se calma
Queda el violín sonando en su alma…”
La canción de Zitarrosa es algo más que un homenaje o una recordación afectiva que le quiso brindar a Carlos Julio Eismendi, por su aporte a la cultura musical de nuestro país. Fue también una demostración de que la muerte no es sinónimo de olvido y a medida que pasan los años la figura de BECHO se agiganta cada vez que el tema es escuchado en algún rincón del país. Fue sin ninguna duda el mayor representante de la música clásica de nuestro país, habiendo obtenido en Alemania su mayor consagración al conquistar el primer lugar en un concurso de violín donde participaron más de 200 músicos de distintos países. Lamentablemente no pertenecimos al círculo de sus amistades, aunque el periodismo acortó distancias cuando al regreso de Europa, la dirección del diario nos encomienda el reportaje. Lo encontramos en su rancho de La Barra con sus discos, libros, violines y los amigos de la infancia. Se daba el lujo de vivir como quería, sin consultar ni pedir opiniones. Ese día vestía de una forma muy extraña, chinelas, medias de lana, pañuelo al cuello, sombrero de paja y un vaso de whisky. Nos habló de su infancia lascanense, de su entorno familiar, de su primer profesor, de halagos y sinsabores, de situaciones insólitas y excéntricas que debió soportar en Europa mientras transitaba entre la vida y el arte. Su popularidad ganada con la música lo había convertido en un artista indiscutido, sin que por ello perdiera su sensibilidad ante las cosas pequeñas, cotidianas y la rueda de amigos que allá por el 50 acompañaban sus serenatas en el balneario La Barra. Su vida estaba signada por una bohemia permanente que durante su estadía en Montevideo lo hacía recorrer distintas pensiones de la ciudad vieja y algunas alcobas de la alta sociedad. Fue sin proponérselo uno de los hijos preferidos de la bohemia estudiantil de aquellos años. Sobre “BECHO” se podrían escribir varios libros matizando realidades y leyendas. Sin embargo, las personas más autorizadas para ello son sus propios padres, a quienes entrevistamos en la capital departamental al poco tiempo de su fallecimiento.
Herlinda Lovizetto (madre).” Cuando abrió los ojos ya tenía el destino marcado por la música, y tan es así que a los tres años, cuando comenzó a oír música clásica en nuestra ortofónica y escuchaba a Schubert o Mozart permanecía durante varias horas en completo silencio. Por la noche cuando se acostaba cruzaba las piernas y tarareaba todos los temas que había escuchado, demostrando un oído muy especial para su corta edad. Si bien nació en Lascano, fue en Montevideo que se fue vinculando definitivamente a la música. El primer violín se lo compramos a un comisario Pintos de Cebollatí y cuando vino un circo a Lascano, los artistas pararon en el Hotel de O´Donel y cuando lo escucharon tocar le regalaron un violín de mejor calidad. BECHO tuvo la virtud de aprovechar las enseñanzas de cada uno de sus maestros. Vinieron luego sus estudios de abogacía que abandonó a los pocos años para seguir su vocación por la música. Buscó siempre el silencio y la tranquilidad de La Barra para “rejuntar” sus amigos de la juventud”.
Ángel Eismendi (padre).”Sus comienzos musicales, ya con un instrumento, lo ubicamos tocando de oído La Comparsita y algunos tangos de Gardel. Su ingreso a la música clásica comienza con Camilo Boronat un maestro valenciano que dirigía la banda municipal con quien comienza sus estudios de solfeo y armonía. Continúa luego en Treinta y Tres con el profesor José Roselli que había integrado la Filarmónica de Barcelona. La época más feliz de Becho transcurrió en La Barra con sus amigos. Nuestra casa se había transformado en un centro musical, con la presencia de los integrantes de la orquesta del Sodre que se alojaban en una cabaña que teníamos al fondo, donde disfrutaban durante el verano de una bohemia total. En 1960 cuando la sociedad comenzaba a quebrantarse, llegó al Uruguay una orquesta venezolana que terminó contratando una cantidad importante de músicos uruguayos y si bien Becho no viajó, nos dijo que estuviéramos preparados porque en la próxima tanda él también se iría del país. No demoró mucho en llegarle el primer contrato para trabajar en Cuba. En esos momentos Fidel Castro iniciaba la transformación de ese país llevando los mejores médicos, maestros y músicos formando una orquesta sinfónica que Becho la definiría como el Real de Madrid en el fútbol español al haber contratado a los mejores del mundo. La consagración le llegó en Alemania al ganar el concurso pero antes debió trabajar muy duro para sobrevivir. Su primer trabajo remunerado consistió en limpiar los rieles de los trenes que permanecían cubiertos de nieve”.
Herlinda Lovizetto (madre). “Vencido su contrato en el 61 se dirigió en barco hasta la ciudad de Hamburgo (Alemania) donde culminó sus estudios tras muchas dificultades económicas. Un día se entera en el Conservatorio que se realizaría un concurso de violín para ocupar una sola plaza y estimulado por sus profesores resuelve presentarse, obteniendo finalmente el primer lugar entre 200 participantes de distintos países”.

 Próxima Nota: LOS AMIGOS DE BECHO.