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lunes, 29 de agosto de 2016

HACIENDO CAMINOS. Por Julio Dornel.


                             Escritor y periodista Julio Dornel
 
Entre los recuerdos de la infancia nos encontramos con algunas páginas desconocidas del Chuy irrecuperable que se ha ido lentamente con el paso de los años. Entre  estos recuerdos empujados por el progreso y las urgencias, se fueron quedando nombres y acontecimientos que mirados hoy a la distancia, nos permiten evocar vivencias de un tiempo que al decir de los abuelos, “siempre fue mejor”. En esos recuerdos lejanos nos encontramos con los primeros carreros de principios de siglo donde se destacaba la figura legendaria de don Vitalino Conegundes Pereyra, el padre de Gaudencio y 14 hermanos, que conjuntamente con Amaro Sosa, Mario Peña, Nilo Palieta, Ambrosio Mena, Luis Gómez, Filomeno Almada, el “Ñato” Corbo, Dinarte Pereyra, “Macota” González, y muchos otros fueron escribiendo las primeras páginas del transporte fronterizo. Es en esos recuerdos de la década del 40, que nos encontramos con Rogelio Hernández y su carro tirado por cuatro caballos, haciendo caminos entre los arenales que nos separaban del rancherío de La Barra. En aquellos tiempos  eran muy pocas las personas que vivan permanentemente en el balneario y la llegada de los primeros veraneantes se reiteraba siempre en los primeros días de enero. Por esos años se fueron afincando también los primeros “boliches” de ramos generales y locales bailables entre los que recordamos a Nicomedes Gómez y Julio Veró, la casilla de don Ambrosio y los ranchos de Isac Saravia, Miguel Gatti, Osvaldo Pereyra, Celestino Gómez, Orlando Olivera y los “turcos” García. Terminaban las clases y comenzaban los preparativos del viaje que por aquellos años llegaban a modificar por algunos días los hábitos familiares. Pasan los años y los vehículos del “Papola” Acosta, le otorgan un aporte importante al transporte colectivo del pueblo que ya contaba con los comercios de Samuel, Cohelo, Estrella, Manzanares, Caticha, Fernández y algunos otros que con su esfuerzo y perseverancia fueron escribiendo sin saberlo la verdadera historia de este enclave fronterizo. También en esos recuerdos nos encontramos con la figura austera de don Octavio Pereyra López (OPEL) que desde su escritorio en desnivel controlaba el movimiento comercial. Esta frontera fue siempre una zona privilegiada que supo tener por aquellos años una imagen romántica de pueblo chico, que iba creciendo al impulso generoso de aquellos vecinos. En la nota gráfica don Silvio Fossati y Dolores Silveira casados en el año 1919 (rodeados de familiares), fueron sin ninguna duda los generadores de la primera actividad industrial de esta frontera, al poner en marcha la fábrica de tabacos, que durante medio siglo representó la principal fuente laboral de esta ciudad.