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jueves, 9 de octubre de 2014

"Lacalle Pou no puede ni con él mismo". Alberto Grille, Caras y Caretas


 Lacalle Pou beso

"Esto es una provocación que no nos va a hacer perder la calma. Este señor (Grille) lo que está haciendo es defender la publicidad oficial que recibe.No van a lograr que Luis cambie su discurso.Es lo que quieren, por eso provocan pero no lo lograrán".
La frase pertenece a un dirigente de primera línea del Partido Nacional.La afirmación fue en respuesta a la consulta de este blog en relación a varios artículos que el director de la revista Caras y Caretas ha estado publicando en relación a la campaña electoral del Partido Nacional y su candidato.
En su último editorial, Grille escribe "el recetario “La positiva”, que es una perfecta colección de instrumentos de marketing político utilizada en Nueva Zelanda y en Australia, es la base del discurso de Luis Alberto Lacalle Pou, que no ha contestado esta denuncia que apareció también en otros medios".
Llama "Pompita" al candidato presidencial a quien acusa de ser el representante de "la alta oligarquía" y que su campaña está siendo financiada por dinero "de dudoso origen".
"Reitero la “alerta roja”: Luis Alberto Lacalle Pou no debería presidir la República aunque más no sea por el instinto de supervivencia de los uruguayos. Los que aún tienen dudas, frenteamplistas disgustados, wilsonistas, batllistas de don Pepe si aún queda alguno, e independientes deberían tenerlo bien presente" escribe el editorialista.

A continuación el blog reproduce textualmente el artículo, quizás el ataque más duro contra la candidatura de Luis Lacalle Pou.
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 LACALLE POU
 No puede ni con él mismo

 Alberto Grille Caras y Caretas

Si no fuera por el peligro de que llegue a presidir nuestra República, podríamos decir que la candidatura de Luis Alberto Lacalle Pou es una farsa. En realidad es producto de una costosa operación de marketing cuyo modelo se compró o se copió del exterior y fue instalada con el objetivo de que una clase social, la alta oligarquía, retome el gobierno en Uruguay.
Por Alberto Grille


PUBLICADO el Domingo 5 de octubre, 2014 
 
El candidato del Partido Nacional, Luis Alberto Lacalle Pou, es una persona con escasos méritos y con algunas vanidades de las que gusta presumir. Hijo de un político que fue presidente y cuyos amigos aún llaman “presidente”, bisnieto de uno de los fundadores del sistema tradicional de partidos políticos, él y sus amigos creen que nacieron para ser “number one”. Sus andanzas por los medios desconciertan. Tiene detrás una parafernalia de técnicos en comunicación que le preparan los escenarios y las frases hechas que dispara cada tanto, pero el disparo falla a veces por el azar, a veces por las circunstancias y a veces por él mismo. Así lo tenemos día a día a pie firme como en una tabla de surf, saltando con gran arrojo las olas o deambulando por las calles de Carrasco, tratando de dejar de lado la responsabilidad con el escudo de ocultar lo que piensa y dejar atrás su historia política, ideológica y personal.
Merece una mención especial Sancho Panza, su fiel escudero, quien oficia de ariete con su vozarrón y su trivialidad ya legendaria, reclamando su espacio cada vez más a la derecha de la derecha.
Pero de Sancho no vamos a hablar más porque a él “le tocó, lo poco que le tocó”.
*
Para ser honesto, el “candidato” en ocasiones reconoce que de joven era un poquito “banana” pero que de pronto se avivó al asumir una banca de diputado en la que lo puso su mamá.
Lo cierto es que el muchacho nos somete a una sucesión de mensajes vacuos, propios de libros de autoayuda o de sectas hindúes, que encubren –no lo olvidemos nunca– las premisas de un gobierno autoritario, neoliberal, oligárquico y reaccionario, que apunta directamente a barrer todas las conquistas económicas, sociales y de derechos que en Uruguay se han obtenido en casi diez años de gobiernos progresistas.
Después de diez años en que el proyecto de la izquierda ha demostrado ser muy exitoso, mucha gente no quiere creer que estemos ante la restauración conservadora; como consecuencia no resulta ni curioso que algunos espectadores de la actual campaña no puedan creer que ese joven tan “positivo” sea tan de derecha.
Para qué reiterarlo si alcanza con observarlo un poco.
Veamos: el candidato, al que llaman “pompita”, no ha logrado aún coordinar un grupo de jóvenes afines a su ideología, vecinos de barrio, compañeros de escuela y de balneario y de clase social.
No ha podido domesticar a sus asesores que tienen la maldita costumbre de sincerarse ante los micrófonos; soporta sin mucha dignidad que un periodista lo trate de “sanatero”, que el mismo cronista se burle del programa del Partido Nacional y de su candidato en su cara, y lo que es peor que no esté de acuerdo ni consigo mismo. Siempre que escribo estas líneas tan militantes pienso que quizás algún lector crea que debo mantener una línea más equidistante. En verdad no voy a hacerlo porque de ganar Lacalle lo que nos espera no admite neutralidad.
Reitero la “alerta roja”: Luis Alberto Lacalle Pou no debería presidir la República aunque más no sea por el instinto de supervivencia de los uruguayos. Los que aún tienen dudas, frenteamplistas disgustados, wilsonistas, batllistas de don Pepe si aún queda alguno, e independientes deberían tenerlo bien presente.
“La positiva”: producto de marketing político internacional
Los últimos diez días han sido terribles para Cuquito, porque han caído varias máscaras a la vez. La primera caída se produjo luego de que el 24 de setiembre Caras y Caretas portal publicara imágenes de un afiche del Partido Laborista de Nueva Zelanda –que paradójicamente luego perdió con el derechista Partido Nacional (de Nueva Zelanda, por supuesto)–, donde se podía leer la consigna “Por la positiva”, el mismo eslogan de Lacalle Pou, incluyendo, of course, el mismo “tilde”.
Conocido esto, las redes sociales hicieron del tema un trendig topic. A los creativos de Lacalle se les había ocurrido la misma idea, tres años después que a los de la bella y joven candidata neozelandesa Jacinda Arnes. En 2009 ya había ocurrido un hecho similar en la campaña presidencial de Luis Alberto Lacalle Herrera: en un spot se veía a una mujer escuchando atentamente, y algo emocionada, un discurso del presidenciable blanco. Al poco tiempo se supo que la imagen provenía de América TV y había sido filmada para la campaña del millonario porteño Francisco de Narváez, que comparte ideologías y algunos foros con Lacalle, vinculados al anticomunismo cubano con sede en Miami. El episodio fue patético y terminó con los blancos retirando el spot después de una escandalete internacional que llegó a las páginas del diario Clarín. Los “extras” argentinos contratados para la campaña de De Narváez miraban extasiados a Lacalle hablando emocionado con palabras entrecortadas, casi llorando frente al público. Se supo entonces que el publicista argentino Ramiro Agulla vendió los spots a De Narváez y Lacalle. Cuando los hechos se conocieron, el comando de campaña del Partido Nacional retiró el aviso, pero en una entrevista televisiva, cuando un periodista ler preguntó si no era engañoso utilizar actores que en realidad no escuchaban ni conocían sus palabras, el entonces candidato, fiel a su economía de libre mercado, en la cual todo bien o servicio –y aun la condición humana– es un objeto que se compra y se vende, respondió con su características soltura y altivez: “Yo compro un producto. No sé de dónde salen las imágenes ni me ocupo de dónde las filmó el señor”.
Ahora el tema vuelve porque el recetario “La positiva”, que es una perfecta colección de instrumentos de marketing político utilizada en Nueva Zelanda y en Australia, es la base del discurso de Luis Alberto Lacalle Pou, que no ha contestado esta denuncia que apareció también en otros medios. En todo caso, según El Observador, habría contestado implícitamente el 26 de setiembre durante su gira por San José y Flores, donde “el candidato presidencial blanco no se apartó casi nada de su discurso tradicional e internacional, evitó la confrontación con sus rivales y lanzó frases y conceptos que, para quien sigue sus palabras, suenan a cosa repetida”. El periodista Leonardo Pereyra afirmó que “esto, que puede ser considerado como una falta de originalidad o de sustancia, es, para el líder blanco, una de sus virtudes”. “Soy muy previsible en las cosas que digo. Soy bastante aburrido; me van a escuchar decir las mismas cosas mil veces”, ha dicho. Muchas de las frases de Lacalle Pou ya se adivinan cuando toma el micrófono para hablar ante sus simpatizantes: “Por la positiva no es un eslogan, es una forma de ver la vida”. “Si nos van a votar por ser el menos malo, no nos voten”. “Vamos a elegir a los mejores hombres para gobernar”. “Vamos a gobernar bien”. “Analistas, políticos y periodistas se preguntan hasta cuándo va a llegar este ‘por la positiva’. Dicen que no puede durar mucho, que caduca antes de las elecciones”.
Sin embargo, insistió en sus cuestionamientos al oficialismo y pidió implícitamente la renuncia del ministro Eduardo Bonomi. Pompita alardeó esa tarde de cierto cinismo, criticando a “aquellos que gastan plata innecesariamente en el período electoral”. “En nuestro gobierno los que no expliquen debidamente sus gastos se van a tener que ir para sus casas”, amenazó. Realmente se necesita mucho rostro en tiempos en que la propaganda “lacallepompista” de carísima factura y financiada copiosamente desde la gusanera cubana de Miami o de empresarios paraguayos con plata de dudosísimo origen, a quienes manguean Julita y Abreu, atiborran los espacios radiales y televisivos a un costo que ha hecho suponer a más de un observador en una masiva inversión económica de poderosos grupos nativos o extranjeros. “Ya sobre el final de la gira –dice el cronista de El Observador–, Lacalle retomó su mensaje habitual. ‘Frente a las críticas, la mentira y la intolerancia ¿saben qué les vamos a contestar? Les vamos a contestar con eso… escuchen…’, dijo. En la soledad de Ismael Cortinas sólo se oía el silencio y algún tero lejano”, finaliza Pereyra.
El silencio de “Lacalle Pompita” no se altera ni siquiera cuando aparecen elementos que tocan la ética política. Buen seguidor de una tradición oligárquica más que centenaria que ha sabido estar en todas las coaliciones reaccionarias y colaborar con las dos dictaduras del siglo XX en Uruguay.
¿Usted sabe qué es ser Presidente de la República?
A mí me tocó visitar una vez un pequeño despacho presidencial que usaba Tabaré Vázquez en esas discretas oficinas casi amuralladas que se llaman Suárez Chico. En ese pequeño escritorio trabajaba Tabaré, acostumbrado a hacer, gerenciar y mandar. El escritorio no tenía ni un solo papel y Tabaré me mostró que tampoco había ningún expediente en los cajones porque él firmaba todos los papeles todos los días. Nada quedaba para el día siguiente. El presidente tiene que estar bien atento y nada debe quedar para el día siguiente, porque el cargo de presidente es de las 24 horas de todos los días del año. Una tarde, mientras trabajábamos, le conté a Carlos Luppi esta pequeña anécdota y él reflexionaba más o menos así: “Si mañana hubiera una matanza en Ucrania, o el ébola se sigue extendiendo en África, o un ómnibus carretero se desparrama en el arroyo Las Ceibas, o se escapan dos presos de la cárcel de Campanero en Minas o sube dos pesos el ‘blue’ o el precio de la soja sigue bajando, eso es –y es natural que sea– tema de preocupación para el Presidente de la República Oriental del Uruguay. Me río de los que dicen con mala intención que Tabaré dedica mucho tiempo a la pesca. Fue un día de pesca que recibió una llamada, efectuó tres comprobaciones y en una hora destituyó a un comandante del Ejército que había cometido un acto indebido. Otro día se bajó de un yate de la Armada en Punta del Este, se subió a un helicóptero, citó a los médicos en conflicto, se reunió con ellos en el Edificio Libertad, arregló el entuerto que tenía en jaque a la excelente ministra María Julia Muñoz, se subió al helicóptero, subió al yate, tiró lejos la plomada y terminó la tardecita sacándose una selfie con dos corvinas negras. El presidente de Uruguay recibe de mañana, a primera hora, los diarios y dos resúmenes de noticias: uno sobre la información corriente y otro elaborado por los servicios de inteligencia. Recibe decenas de llamadas importantes, algunas de colegas del exterior y a veces de los principales centros de poder políticos y económicos mundiales. Lo que pasa en cualquier lado no le puede ser ajeno. Por eso los presidentes, hasta los más desaliñados, como Pacheco Areco, que pasaba todas las noches de rumba, encanecen en el cargo. No lo veo a Cuquito sopesando el valor de la información que pudiera eventualmente recibir, y, lo que es peor, dándole adecuado uso. No lo veo agobiado por la carga de la responsabilidad del Estado, por la suerte de sus compatriotas y por el peso de la Historia. No lo veo leyendo expedientes hasta las cuatro de la madrugada o reflexionando horas sin decir una palabra o escuchando atentamente a sus colaboradores. En mis pesadillas lo veo haciendo fierros, ‘corriendo para tener siempre 19 años’, haciendo alguna llamada a Miami o a Texas, o reunido en el inmenso despacho con sus amiguitos del British y del campo, planeando parties y jornadas de caza o de surf”, terminó Luppi aquella tarde.
Juan Dubra Estrada ataca de nuevo
Tras la andanada de comentarios que siguieron a su famosa expresión “El Uruguay [...] estaba muy bien antes del 2004″, el economista Juan Dubra Estrada se llamó a silencio en su casa de Carrasco. Pero el jueves 25, el eventual presidente del Banco Central de un gobierno lacallepompista volvió por todo lo alto. En la mañana se conoció una carta publicada al comienzo de la sección correspondiente del semanario Búsqueda bajo el título “Las declaraciones de Juan Dubra”. Tanto por su ubicación como por el título, el semanario le dio el mismo tratamiento que hubiera dado a una carta de Julio María Sanguinetti, de Mario Vargas Llosa o de algún premio Nobel neoliberal de los muy pocos que quedan vivos. En ella, el distinguido, por su porte, economista, tras reafirmar sus declaraciones a Infobae, afirma condescendientemente: “Reconozco que la expresión no fue apropiada, aunque sólo se refería a las condiciones que teníamos para crecer, especialmente si se omite la referencia a que en Uruguay sí había un problema de distribución y de pobreza. Pero sobre los hechos en relación a lo que dije en esa frase no hay discusión: […]“, y hace una serie de consideraciones según las cuales las bases del bienestar posterior ya estaban echadas por los gobiernos anteriores, los que nos llevaron a la crisis de 2002. Enumera las presuntas oportunidades que Uruguay perdió y concluye su argumentación afirmando: “Es claro que el uruguayo está mejor que hace diez años. Pero el mundo y la región avanzaron tanto o más que nosotros”. Realmente no creemos que sea así. Salvo Estados Unidos y China, con sus políticas keynesianas, ni Europa, ni muchos países asiáticos, ni, aunque duela decirlo, la región, “avanzaron tanto o más que nosotros”. Se equivoca míster Dubra Estrada, que termina su carta diciendo con un tono condescendiente estilo Luis XIV: “Escribo esta carta porque me están usando para atacar a Lacalle Pou, el presidente que Uruguay necesita, y quiero cerrar este capítulo para que todos nos dediquemos a pensar en las cosas que le importan al país, como por ejemplo educación, seguridad y cómo encarar los años que vienen agregando productividad para mejorar el bienestar económico de los uruguayos”.
Este final tiene una trampita que nos habla del verdadero motivo por el cual Dubra Estrada escribió que estábamos “muy bien antes del 2004″, es decir, después de la crisis de 2002. Nótese que al final habla de mejorar el bienestar económico de los uruguayos, pero no dice “de todos los uruguayos”. Y cuando habla de productividad deberíamos leer “tasa de explotación”. Es que la gente de su ideología oligárquica neomalthusiana considera en su fuero profundo que en realidad el país le pertenece, como la tierra, por la gracia de Dios, y que el país funciona bien si permite que el uno por ciento de su población viva muy bien, como ha vivido siempre, y sobre todo en las crisis, que es cuando más se enriquece.
La noche del jueves, en el programa televisivo de Gabriel Pereyra, Cuquito lo desenterró. Dijo: “A Juan Dubra lo fui a buscar yo”, y “va a estar en mi cuadro, no te quepa ninguna duda”.
No está de acuerdo ni con él mismo
Los lectores de Caras y Caretas ya saben que Lacalle Pompita es hombre de macanas grandes y reculadas vertiginosas. Que un día le dijo a Juan Pedro Bordaberry que “es muy grave acusar de extorsión”, y que “eso se dirime en un Juzgado Penal [...] porque extorsión es una figura penal”, y esa misma noche fue reptando hasta la casa del hijo del dictador en Avenida a la Playa y le rogó el perdón y le ofreció a cambio la mitad del gabinete, especialmente el Ministerio del Interior.
Pedro pareció perdonar, y en estos días el presidente del Honorable Directorio, el terrateniente floridense Luis Alberto Heber, declaró que Bordaberry haría campaña por Lacalle Pou, dándolo ya por tercero, lo cual lo debe haber dejado muy contento. ¿Se habrá enterado Heber, desplazado al quinto lugar en la lista al Senado del herrero-lacallismo, que Cuquito amenazó a Pedro con los estrados judiciales hace menos de un mes? ¿Luis Alberto Heber leerá los diarios?
El caso es que Cuquito pareció haber hecho la paz y pudo hablarle y servirle agua a Pedro durante toda la exposición de los cuatro candidatos en la Rural, el viernes 12 de setiembre. Por entonces las contradicciones eran para afuera.
Pero ahora, seguramente en el mareo de las peleas con los asesores que dicen lo que todos piensan que piensan y no pueden decir, ha empezado a contradecirse él mismo. Así, en un artículo que Crónicas le dedicó el 19 de setiembre, titulado “Lacalle Pou deslizó que no integraría el gabinete con hombres del Frente Amplio”, recogiendo una entrevista realizada por El Espectador. Después reiteró la “sanata positiva” y mencionó la gobernabilidad afirmando que “la buena noticia es que vuelve el diálogo necesario a Uruguay”. Sin siquiera respirar dijo: “En estos años notamos que se está mandando por imposición: yo soy más que tú y por ende prima mi verdad, y se ha dificultado muchísimo, aun con la buena voluntad del resto de los partidos”. Sobre la participación de la oposición en cargos de gobierno Lacalle dijo ese mismo día: “En entes autónomos, servicios descentralizados y desconcentrados, necesariamente tiene que estar representada toda la sociedad, los partidos que tengan representación parlamentaria van a estar integrados”. En relación al gabinete dijo esa mañana que no erradica “la posibilidad de que sectores del Frente Amplio lo integren, aunque siendo realista, para integrar el Poder Ejecutivo hay que suscribir la ley de presupuesto, y dados algunos proyectos que para el Partido Nacional son de vital importancia (y que no mencionó), quizás eso complique la representación en lo que respecta al Poder Ejecutivo”. Rematando el entrevero de ideas lanzadas sin pensar demasiado sentenció que “[al Frente] les cuesta tener cohesión interna y, cuando la logran, aparecen factores exógenos como los sindicatos que los distorsionan. La vocación de diálogo del Partido Nacional está probada”. Al final recordó que él “no compartirá el gobierno”, en clara alusión al poder que habrían alcanzado los sindicatos en nuestro país.
En suma: ¿hay diálogo o hay imposicición?, ¿Lacalle integrará o no frenteamplistas a los cargos de gobierno?, ¿habrá frenteamplistas en el gabinete o para estarlo deberán votar la ley de presupuesto?, ¿los espacios conquistados por los sindicatos estarán en disputa durante su gobierno? Me parece que detrás de ese trabalengua está todo más claro que el agua clara. Lacalle no quiere diálogo ni coparticipación: quiere un presupuesto en el que se vote el ajuste fiscal, y el que no lo vota no entrará en el gabinete ni en los entes del Estado. Con los sindicatos habrá lucha, en particular los consejos de salarios y el salario estarán en disputa durante su gobierno.
Papelón en el programa de Gabriel Pereyra
Para continuar marcando la tendencia descendente que nos hace acordar a otros candidatos del Partido Nacional, Cuquito estuvo el jueves 25 en el programa televisivo En la mira que conduce Gabriel Pereyra, periodista de El Observador, y también jugó un muy deslucido papel. Pereyra enfrentó la nube de frases hechas de Lacalle Pou con preguntas muy precisas sobre inconsistencias del programa nacionalista (al que calificó de “sanata”, término que debería haber merecido alguna respuesta más firme del sonriente entrevistado), y de sus propias actitudes, como la eliminación de apoyo del “Sí a la baja” que le fue reprochado por Bordaberry. Más tarde, ante las quejas de Lacalle Pou sobre la inseguridad actual, le recordó los fracasos de la política de seguridad del gobierno de Lacalle Herrera, le señaló que algunas de las medidas propuestas ya están implementadas, y se burló de sus conocimientos del sistema carcelario de nuestro país. Las ironías de Pereyra siguieron con sus críticas al programa de salud, a los programas sociales y a la eventual conflictividad social que tendría su gobierno. Pompita buscó ganar tiempo sin replicar con dureza, tratando de aprovechar la cámara, aunque lo que debe de haber dejado en sus partidarios fue una gran desilusión.
A no engañarse, la lucha continúa
El Frente Amplio ha mejorado en las encuestas y muchos frentistas respiran aliviados. No puede haber error más grande que bajar la guardia: se está luchando contra un bloque oligárquico que dispone de inmensos recursos y de un aparato mediático descomunal. La lucha continúa, y debe hacerse cada día con mayor intensidad.
Claro que estos episodios que hemos reseñado en esta nota nos reconfortan y surge la risa al ver esos lujosos carteles en las paredes (¿cuánta plata paraguaya habrá entrado al país en estos meses?), donde se ve al “príncipe encantador” mostrando su talante más arrogante y la mano en el corazón –el gesto estadounidense que usaron los muy queridos y populares presidentes Sanguinetti y Lacalle– mientras Larrañaga lo mira embobado.
Por más jocosa que pueda ser la situación, en ningún momento debemos olvidar que hay una crucial elección nacional por medio, que a Cuquito lo empuja la publicidad más cara y más estudiada de las últimas décadas para manipular electorados, que podría –Dios no lo permita– llegar al máximo sitial y ser el mascarón del proa del proyecto histórico reaccionario que representa el herrero-lacallismo, ahora nada menos que en sociedad con el bordaberrismo.
¡¡Agarrate Catalina!!
¡¡Aguante el Frente!!

* Publicado en Caras y Caretas el viernes 03 de octubre de 2014



martes, 30 de septiembre de 2014

" Luis Lacalle Pou no es capaz de dirigir un quiosco"


Si de algo debemos alertar a todos los uruguayos, es de que Luis Lacalle Pou, dicho esto con la mayor seriedad, no es capaz de dirigir un quiosco. La primera reflexión que debiera hacerse sobre esta candidatura es que está construida sobre una tremenda irresponsabilidad. En primer lugar del padre y de la madre quienes –convencidos de que Lacalle Herrera no podría ser nuevamente electo presidente por su imagen pública– hicieron jugar todo su peso político para que su hijo fuera el candidato.


POR: Alberto Grille - PUBLICADO el Domingo 28 de septiembre, 2014 
 
Editorial
En segundo lugar, de los otros popes del Herrerismo que pusieron al muchacho pa’presidente desentendiéndose del futuro; y en tercer lugar, del propio candidato que cuando se mira al espejo debe de ser consciente de que al menos le falta algo.
Este muchacho que ya recibido de abogado, a los 26 años, se autodefinía como “un mantenido profesional” y que no pudo sostener un debate con jóvenes estudiantes de la Universidad de Montevideo por su incapacidad para responderles, hace algunos días tuvo que participar en una reunión de nueve horas en su mansión de La Tahona, nada menos que para ponerse de acuerdo con sus propios asesores (casi todos ex compañeros del British y de los parties de Carrasco y José Ignacio, o de excursiones de surfing en playas exóticas). La reunión con sus asesores más directos fue un verdadero gallinero. Esta vez el escándalo no lo armaron los mellizos del dueño de casa, sino los más grandecitos.
Los chicos del British hicieron silencio porque de antemano sabían que el propósito de los que dirigían la campaña era mantenerlos callados. Los expertos en elecciones, y particularmente el jefe de campaña, Nicolás Martínez (quien representa al padre del candidato), y el publicista Roberto Lafluf hacían malabares para mantener callado también a Cuquito, a quien silenciar –sobre todo en una reunión en su casa– es una proeza para titanes. Al día siguiente, uno de los asistentes interrogado por mí en un bar céntrico, me dijo lacónicamente: “Es lo que me tocó”.
Ahora bien, el peligro es que ese conjunto de personas lideradas por el “joven maravilla”, si llega al gobierno, podría llevar al país a una situación crítica –si no caótica– por lo improvisado del candidato y la debilidad del programa y la coalición que enarbola, y por la fortaleza política del bloque antioligárquico. De ahí a otro “pachecato” regido por medidas prontas de seguridad –las que siempre quiso imponer su padre para enfrentar las movilizaciones obreras que provocaron sus medidas económicas y antisindicales– hay sólo un paso.
La conducta muy autoritaria del gobierno de Luis Alberto Lacalle Herrera fue contenida por un más prudente contrapeso colorado. De ser electo Luis Lacalle Pou en esta elección, Bordaberry –cuya ideología está muy en sintonía con el autoritarismo– no oficiaría de contención a la tradición herrerista. Muy probablemente Bordaberry será su ministro del Interior; máxime si prosperara la aspiración de los colorados y particularmente el ofrecimiento que le hiciera Cuquito el día que visitó a Bordaberry en su casa para pedir disculpas.
Ese profundo desorden en sus equipos, si es que así puede llamárselos –ya que gente como la designada ministra de Economía, Azucena Arbeleche, y el candidato a presidente del Banco Central, Juan Dubra, viven escondidos–, no impide que el candidato sea coherente en un programa profundamente reaccionario que viene de muy lejos, en el cual está ensobrar el “Sí a la baja”, reducir el gasto público (en realidad, la inversión social) en 1,5 por ciento del Producto Interno Bruto (825 millones de dólares) y no aumentar impuestos a la actividad agropecuaria.
Detrás de esas medidas declaradas estarán, seguro, las destinadas a reducir, debilitar y si se puede privatizar, empresas y bancos públicos, y destruir en lo que se pueda la educación pública para tener solamente una educación “para ricos”, teniendo en cuenta frases como que con las ceibalitas “estamos generando idiotas informáticos, o mejor dicho, idiotas recreadores”, pronunciada por la bella y amable Graciela Bianchi (aunque después fue desautorizada por el candidato que, sin embargo, la colocó como candidata a ocupar un lugar en el Senado y eventualmente una banca en Diputados). Vayamos a los hechos.

Anochecer de una semana agitada

El 11 de setiembre el Cuquito cantó ‘Mi noche triste’, ya que en el torbellino de soberbia pituca en que venía envuelto no tuvo mejor idea que afirmar que iba “a dirimir en los juzgados penales” su pleito con Juan Pedro Bordaberry, que lo había acusado de “extorsión” según fuente tan insospechable como el semanario Búsqueda. Se arrastró a la residencia de Avenida de la Playa y ahí consiguió, tras dos horas de ruegos y la mención de que en caso de ganar le ofrecería el Ministerio del Interior, el piadoso silencio del hijo del dictador, uno de cuyos hermanos estuvo ennoviado en su momento con Pilar Lacalle Pou, antes de que ella se casara (por unos meses) con un príncipe europeo, cumpliendo un sueño nobiliario que conmovió a todo Carrasco. Durante algunas semanas hubo dos familias reales en la calle Murillo: la princesa D’Arenberg y la familia Lacalle Pou. Así, a la mañana siguiente (viernes 12), Luis pudo sentarse al lado de Pedro en el estrado de la Rural y pasarse toda la mañana intentando hablarle, sirviéndole agua, tocándose la nariz y arreglándose un pelo más rubio que nunca, mientras intentaba hacerse el malo con el doctor Tabaré Vázquez, el gran vencedor dialéctico de la jornada, que sólo le dispensó un frío y lejano silencio. Tanta agua le sirvió Luis a Pedro esa mañana que el candidato colorado le imploró que se detuviera antes de tener que levantarse a orinar.
El sábado 13 mantuvo una reunión en su mansión del lujoso barrio privado La Tahona con unas quince personas, entre las 10.00 y las 19.00 horas. Algunos conocedores del Partido Nacional señalaron que lo ocurrido era rarísimo y una prueba de las dudas e incertidumbres que aquejan al candidato. “Es inimaginable que Herrera, Lacalle padre o Wilson estuvieran tan pendientes y necesitados de sus asesores y laderos”. No es que no escucharan, pero sus reuniones eran breves y siempre resolvían por sí y ante sí, insistió un veterano conocedor de las internas blancas. En realidad, sí se adoptó una decisión no sin discutirla bastante acaloradamente. Larrañaga adquiriría protagonismo en ese tono pendenciero que lo aleja tanto de la positiva y Lacalle guardaría silencio, lo mismo que sus asesores más directos, evitando cometer errores.
Creyendo superados estos papelones y desdichas, Cuquito volvió a su alegre vida de candidato “puro marketing”, que oculta el pasado, se apodera de lo bueno de los contrarios y promete “un mañana que canta”, y el lunes 15, en Kibón, en uno de esos actos a todo trapo y llenos de banderitas, luces, estruendo y porristas con sabor a gringo presentó el programa impreso a color y en papel satinado. Todos contentos esa noche. Nada fuera del libreto.
Pero ya al día siguiente, para compensar a Pedro, Cuquito anunció que ensobraría la papeleta del “Sí” a la baja de la edad de imputabilidad penal de los 18 a los 16 años, y el bueno de Larrañaga tuvo que salir a ratificar que rechaza esta propuesta y que su sector no va a ensobrar. Linda muestra de unidad de pensamiento entre candidato a presidente y vice. Y tras cuernos, palos, porque ahí comenzó un coro de disonancias que no deja de chirriar.

Inconsistencias con sus asesores, agite en el Herrerismo

El 18 de setiembre la eventual ministra de Economía de Lacalle Pou, Azucena Arbeleche, para desmentir el creciente rumor de que “se borró” respondió una entrevista concedida a El Observador, en la que debió reconocer una monumental pifia referida a la cifra que supuestamente se podría ahorra por eliminación de los “muchísimos cargos de confianza”. Dijo El Observador: “En una primera instancia los blancos plantearon que sus recortes serían sobre los cargos de confianza. Hablaban de US$ 43,8 millones para recortar en esta área. Sin embargo, un trabajo del equipo de datos de El Observador determinó que los cargos de particular confianza en la administración central son sólo 164 y generan un gasto anual de US$ 9,7 millones. Además mostró que parte de los cargos que el Partido Nacional contaba en esa ecuación –considerados ‘imprescindibles’ en el último Presupuesto–, eran concursables y algunos ya se encuentran presupuestados”.
“Estoy al tanto del trabajo de ustedes, que fue muy bueno. En donde además se separó gobierno central de intendencias. Y se separó créditos presupuestales de las vacantes. Era información que en ese momento no teníamos”, dijo Arbeleche. Así de simple responde esta muchacha que ya le dijo a Lacalle: “Terminada la campaña política, bastó para mí”.
El jueves 18 el Pit-Cnt realizó un gigantesco acto en el centro de Montevideo, en el cual la central sindical señaló mediante el documento “Para que el Uruguay de los cambios no se detenga”, que si bien se mantiene independiente, no es ni puede ser neutral ante el acto eleccionario. El texto condenó a los “restauracionistas” por sus propuestas contra los intereses de los asalariados, como los que refieren a las negociaciones colectivas, accidentes de trabajo, presencia en organismos de dirección pública, etcétera. Otro frente para Cuquito, que cada vez que puede afirma con su soberbia de siempre que “no compartirá el poder” con los trabajadores. La noche del jueves 18, reiterando una actitud despectiva que ya es conocida, la Ec. Azucena Arbeleche faltó sin aviso a un debate sobre “Propuestas económicas de los partidos de cara a las elecciones”, realizado en la Facultad de Ciencias Económicas y organizado por la Sociedad de Economistas. Por el Frente Amplio concurrió el Ec. Gabriel Papa; y estaban en primera fila el ministro Mario Bergara; Pablo Ferreri, ex director de la DGI; y el jefe de la Asesoría Macroeconómica del MEF, Dr. Andrés Masoller. Por el Partido Colorado concurrió el Ec. Horacio Bafico, y por el Partido Independiente el Cr. Iván Posada. La “futura” ministra de Economía ya “no quiere Lola”.
Pero el viernes 19 estallaron para Cuqui chico problemas que pueden serle peores, ya que hacen a la interna de su propio partido, de por sí dividido en dos fracciones que todo el país sabe que se detestan, por decir lo menos, cordialmente. El veterano senador y ex intendente de San José, Juan Chiruchi, hombre que fue intendente de San José en la dictadura y que militó desde la primera hora de Lacalle Herrera, se pasó al larrañaguismo. Fue una de las tantas respuestas al sistemático relegamiento que Cuquito, envuelto en la fantasía de su liderazgo, viene haciendo de los “viejos” herreristas. “El príncipe encantador” encumbró a figuras como Arbeleche, Pablo da Silveira y Juan Dubra, que se suman a su pequeña “corte real” formada por Martín Lema, Felipe Algorta y Stefano Facio; y a los también “jóvenes políticos” como Álvaro Delgado, Javier García y Carlos Enciso. Estos encumbramientos, junto con el de Graciela Bianchi y Jorge Saravia, ambos compensados por su traición a la izquierda, así como el desplazamiento de Armando Castaingdebat, ex intendente de Flores, suponen la marginación de la “vieja guardia de hierro”, como el publicista Antonio Mercader, Ignacio de Posadas; y de los “barones” de la lista 71, como Gustavo Borsari, Jaime Trobo, y los senadores Luis Alberto Heber y Gustavo Penadés, relegados nada menos que a los lejanos quinto y séptimo puesto en la lista al Senado. De los derrotados en las internas ni hablar: no hay horizonte ninguno para el hoy senador Francisco Gallinal, Analía Piñeyrúa y muy poco para Jorge Gandini, Lafluf, Zimmer y la intendente de Lavalleja, Adriana Peña. Acaso haya sonado la hora de viejas venganzas: en las elecciones de 2004, siendo Larrañaga candidato a presidente, Heber, Chiruchi y Penadés no permitieron que Luis Alberto Lacalle fuera senador, así como antes habían “matado” la candidatura presidencial de mamá Julita, e incluso dificultaron la elección del propio Lacalle Pou. Pero en política nada es gratis, y la ida de Chiruchi, un hombre con votos y peso propio, es una muestra clara de ello. “No hay que descartar que alguno de los ‘muertos’ vote en blanco en el balotaje” se escuchó decir en mentideros del Herrerismo. Y tampoco que muchos wilsonistas voten al final a Tabaré, si hay balotaje…
Desde el larrañaguismo los tiros ya parecen haber empezado, y directo a la cabeza. Según informó Búsqueda el jueves 18, el candidato a la vicepresidencia, Jorge Larrañaga, criticó severamente la actuación como “lobbysta” del Dr. Ignacio de Posadas, figura consular del Herrerismo, ex senador y ex ministro de Economía por este sector entre 1992 y 1995, debido a que su estudio defiende los contratos firmados en 2010 por Ancap con la estatal PetroEcuador y la multinacional holandesa Trafigura. Si bien habló “en nombre de la fórmula”, lo que puede haber sido fruto de presión porque es muy difícil pensar en Lacalle Pou atacando a “sus primos” los Posadas (descendientes de aquel Gervasio de Posadas que fue derrotado por Artigas en la Batalla de Las Piedras), fue durísimo al declarar al semanario mencionado que: “Más allá del ejercicio de su profesión, el Dr. De Posadas está protagonizando una interferencia política manifiesta e inaceptable que nos provoca un profundo malestar”. Criticó “la duplicidad” de De Posadas que “por momentos se pone el traje de político en la prensa y en otras ocasiones usa la política para la defensa de intereses particulares en el marco de su profesión [...] Sus tratos con el Estado y con multinacionales acusadas de corrupción nada tienen que ver con el Partido Nacional”, finalizó, olvidando que hizo oídos sordos a las denuncias que se hicieron mientras De Posadas fuera ministro de Economía durante el gobierno de Lacalle Pou, cuando la diputada Elisa Carrió lo acusó de usar su investidura de ministro para detener un allanamiento en la Ciudad Vieja en la que se investigaba las denuncias que ella hiciera ante la jueza Cervini de Cubría por lavados de activos en los que participaban empresas off-shore creadas, asesoradas y administradas desde el estudio de Posadas, Posadas y Vecino.
Por lo pronto y volviendo al círculo más recoleto, a pesar de que El País señaló que las descabelladas afirmaciones de Juan Dubra Estrada y Bianchi serían respaldadas por el candidato, Cuquito tuvo que salir a desautorizarlas por “políticamente incorrectas” (léase: compartibles pero inconvenientes). En el programa de Canal 4, Uruguay decide, Lacalle Pou sostuvo que “es evidente que en 2004 no estábamos mejor”, y también refutó las afirmaciones negativas sobre el Plan Ceibal. Defendió dicho programa y manifestó que lo mantendrá y mejorará en caso de ganar. Cuando se le insistió sobre la postura de Bianchi, respondió: “La posición es esta que digo yo”.
Quien golpeó duramente, como se merecen, esas tonterías, por llamarles de alguna forma, fue el vicepresidente Danilo Astori, quien declaró a la prensa: “Discrepo totalmente con esa interpretación. Me parece que la política económica que practicó el Frente Amplio en estos diez años se enmarcó en un conjunto de transformaciones estructurales e institucionales sin las cuales no hubiera sido posible obtener estos resultados económicos. [...] Uruguay hizo muchos cambios que se debieron a políticas públicas especialmente diseñadas al efecto. No puedo aceptar que se formule una interpretación de ese tipo. Uruguay vivió una crisis muy importante en 2001 y 2002, una crisis que en gran medida se debió a errores de política económica de aquel entonces. Luego se salió de la crisis, a mi juicio por un camino que incluso apoyamos en su momento, pero no se puede decir que lo que vino después se debe a eso. Lo que vino después se debe a las transformaciones que se hicieron en el país y que no existían antes”.
Finalmente, Cuquito recibió también un palo de su “aliado” electoral, el Partido Colorado. El asesor en tecnología y telecomunicaciones de Pedro Bordaberry, Óscar Ventura, acusó a Azucena Arbeleche de plagiar la propuesta de no cubrir el 25 por ciento de las vacantes que se produzcan en la administración pública: “Acá vemos a la propuesta ministra de Lacalle copiando medidas de Bordaberry sobre no provisión de vacantes”, distribuyó por twit.

Consistencia en el conservadurismo

Donde sí concurrieron contentos Cuquito y “Azucena la ausente”, y se mostraron seguros, consistentes y firmes, fue a una actividad organizada por El País, la consultora Seragro y el IICA, titulada “Los candidatos responden al agro y a la sociedad”, que tuvo lugar el viernes 19 en la sede del edificio Mercosur. Allí, ante un auditorio repleto de empresarios rurales, latifundistas, Lacalle (jr) reafirmó que si resulta electo presidente no incorporará más impuestos al sector agrícola-ganadero, ya que sería profundizar la dicotomía campo-ciudad, y enfatizó que anunciar impuestos al campo en tiempos electorales “vende, pero es injusto”. Después de cargar las tintas en las propuesta del FA, cosa que sí “vende” entre la oligarquía ruralista, afirmó que “es partidario de que nadie pague el Impuesto de Primaria”, pero que “a Azucena no le va a gustar”. En realidad la opinión de la citada, que sonreía a su lado, no se supo, como no se sabe casi nada de su pensamiento, salvo que “los ministros de Economía no deben tomar decisiones políticas”, frase que pronto estará en el libro Guinness de mayores burradas económicas. Llorón como todos los de su clase social, Lacalle Pou Herrera Brito del Pino lamentó que las condiciones del agro han dejado de ser favorables: ¡pobrecitos! Uno no entiende por qué no regalan los campos a los peones y se van a trabajar a otro sector más rentable. Usando una enigmática expresión que utilizó en la Rural el viernes 12, afirmó que su eventual gobierno hará “una devaluación logística” para disminuir los costos de producción y producirá un “shock” de inversión en infraestructura vial. No indicó cómo lo financiará, porque seguro que con el ICIR no. Como todas las propuestas que pergeñan los Lacalle Herrera: serán los trabajadores, los jubilados y los verdaderos empresarios los que pagarán su insaciable voracidad y la de sus socios.

Conclusiones para la lucha

Cuquito no podrá o no sabrá manejar a sus asesores y candidatos y tendrá que salir a desmentirlos cada tanto para seguir siendo “políticamente correcto”, pero donde mantiene una férrea coherencia es en sus postulados reaccionarios: ensobrará el “Sí a la baja” para que los menores que crecieron en la pobreza y delinquen sean borrados de la superficie de la Tierra y encerrados en cárceles, para que no los vea la “gente bien”, o sea los espíritus cristianos del British, la Universidad Católica y la Universidad de Montevideo; reducirá el gasto, es decir, aplicará la motosierra (que no menciona porque es políticamente incorrecto), en especial en la inversión social en 1,5 por ciento del PIB (unos 825 millones de dólares) y no aumentaría impuestos a la agropecuaria, la actividad que se ha enriquecido en estos diez años y que sólo sabe pedir más reintegros en una voracidad vergonzosa, como se vio en el cierre de la Rural.
Se equivocan los que dicen que no hay que ver el pasado, pero más se equivocan los que no ven el presente de sus propuestas, claro como el agua: el dream team de los terratenientes está listo para diseñar a golpes el Uruguay más injusto posible, al gusto del 0,01 por ciento más rico de la población.
Es necesario lanzar “una admirable alarma” como en los tiempos del Protector: todo contra la oligarquía, y aquí están los antecedentes que la justifican.

*Publicado este viernes 26 de setiembre de 2014  en Caras y Caretas.