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viernes, 23 de enero de 2015

NUEVO VIDEO SEXUAL "¿Y si fuera tu hija, tu hermana, y si fueras vos?"

Opinión - OPINIÓN/CARINA NOVARESE

Lo que no tienen en cuenta los que suben videos íntimos es que en tiempos virales se pasa de abusador a abusado en segundos .La culpa no es de Internet. La culpa es de mirar para el costado. Opinión Carina Novarese



Esto te puede pasar a vos, a tu hija, a tu hermana, a tu amiga o a la vecina o a cualquier mujer -u hombre- que ni siquiera conocés. La escena es bastante común y cuando digo común no incluyo ningún tipo de juicio de valor: una mujer joven está en una situación íntima con su pareja, novio o simplemente con el hombre con el que eligió intimar, en un lugar público. Tal vez tomaron alcohol, un poco más de lo aconsejable; tal vez no.
De repente alguien los filma con un celular o pequeña cámara. Y además los amenaza con que pronto esas imágenes estarán en Facebook, Instagram. Es decir, estarán en todos lados.

Algo así, con detalles que faltan, es lo que sucedió hace poco –no sabemos exactamente cuándo, porque el video que se distribuyó vía Whatsapp no lo establece– en algún lugar de Punta del Diablo. No vi la filmación y no lo hice a conciencia: me negué a colaborar ni por un segundo con la dinámica viral que impulsa estos fenómenos.

Pero por supuesto escuché los detalles y vi en Facebook la cara sonriente de un hombre joven –pero no un nenito imberbe– con una amplia sonrisa. Es uno de los tres que filmaron a esta pareja; en realidad filmaron a la mujer, porque el hombre que la acompañaba rápidamente huyó de la escena y la chica quedó ante estos tres “cineastas”, que no sólo se reían de ella en una posición más que vulnerable –estaba en ropa interior y parte de su pecho había quedado a la vista– sino que la amenazaban entre carcajadas con escracharla vía redes sociales.

Algo que no dije hasta ahora, pero que queda claro desde el principio del video, es que ella no quiso ser parte de esa situación. Ella dice NO. Ella dice, con voz confundida, “¿me estás jodiendo?”. Más allá de cualquier detalle escabroso, de esos que todos los que miran estos videos están buscando, ella dice NO. Pero su NO, no vale. Los hombres la siguen molestando, la tocan, la acosan y, claro que sí, abusan de ella. A veces no queda claro, pero no se necesita una violación consumada para que se produzca un abuso.


Este video anda en la vuelta hace más de una semana. En estos largos siete o más días, casi nadie reaccionó más allá de las charlas de oficina.

Una compañera del diario compartió en Facebook el post de su prima, indignada por la impunidad del hombre sonriente que miraba a la cámara mientras tocaba a la mujer. En esa publicación estaba la captura de pantalla de la cara del tipo, sonriente. Otros dos, los que se reían y gritaban y amenazaban, estaban detrás de cámaras. Todos cómplices.

¿Cuánto le lleva a una sociedad con un mínimo de conciencia reaccionar contra actitudes detestables como esta? Aparentemente mucho más de una semana. El Observador informó hoy que la mujer hizo la denuncia el 16 de enero ante la división Delitos Informáticos de la Jefatura de Montevideo, pero cuando el periodista que sigue el caso le preguntó a esa división si había denuncia –eso fue el miércoles 21–, se le dijo que no y que, por eso mismo, la Policía no podía hacer nada.

Incluso si la mujer no hubiera denunciado –aunque lo hizo–, ¿no tiene la Justicia uruguaya mecanismos para analizar el caso de oficio? Sin duda podría servir de lección dolorosa para otras personas sonrientes que buscan reírse barato sin pensar en las consecuencias para otros y para ellos mismos.

Pudiste haber sido vos, tu hija, tu hermana, tu amiga del alma o cualquier desconocida con la que te cruzás en la calle camino al trabajo. Y también podría haber sido un hombre, acosado por hombres o mujeres. No importa el género en estos casos. Lo que importa es que situaciones como esta dejaron hace tiempo de ser bromas pesadas para convertirse en abusos pesados y graves. El problema es que buena parte de la sociedad en la que vivimos –y no solamente los jóvenes que utilizan estas tecnologías– está en un estado de inconsciencia y paralización ante los ataques a la privacidad.

No es Internet, ni los celulares inteligentes, ni las cámaras HD las que amenazan las reglas de convivencia. Es la costumbre de mirar para otro lado, de pensar que a mí o a mi hija o a mi hermana no les va a pasar, porque nosotros “jamás haríamos algo así”, porque “nosotras somos vivas y educadas”.
Error. Esto le puede pasar a cualquiera. Y la única manera de pararlo, o al menos de intentarlo, es educar a nuestros hijos y educarnos a nosotros mismos para que entendamos todos en qué situaciones pueden generarse estos descontroles. Para que además comprendamos que podemos pasar de abusados a abusadores en minutos o segundos.

Hace poco le pedí a mi hija que si quedaba en medio de una situación similar o incluso si veía que un grupo de amigos o conocidos filmaba algo que no debe ser filmado, porque pertenece al ámbito privado de cada uno, manifestara con firmeza su discordia. Le dije: “antes de irte armá lío”.  No se trata de salir corriendo de ahí para evitar formar parte de algo con lo que no se está de acuerdo. Se trata también de intentar pararlo. “No hagas esto, estúpido/a”.

La mujer abusada en este caso no será la única perjudicada, aunque seguramente en una sociedad con tendencias claramente machistas habrá quien cuestione su moralidad, su “viveza” y su supuesta disposición a la situación en la que, involuntariamente, quedó inmersa. Al menos yo espero que ella no sea la única víctima y que los que cometen estos actos tontamente graves, también paguen ante la Justicia.

Solo de esta manera comenzaremos a entender que las cámaras existen e internet permite subir un video en 10 segundos y Whatsapp o Facebook hacerlo viral en cuestión de minutos, pero que todo lo anterior no es un pase libre para joderle la vida a tantas personas, sin importar su estilo de vida, sus decisiones íntimas y su ética elegida.