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lunes, 6 de julio de 2015

LOS AMIGOS DE “B E C H O”. Por Julio Dornel.





En notas anteriores hemos ofrecido la parte sustancial del reportaje realizado a los padres de “BECHO” (Herlinda Lovizetto y  Ángel Eismendi) donde nos ofrecen detalles desconocidos sobre  la infancia y juventud del ilustre lascanense. En esta oportunidad, vamos  a sintetizar en Lucio Ferreira y el “Cubano” Reinaldo Vogler a una legión de amigos que acompañaron durante muchos años sus temporadas veraniegas en La Barra.  En la opinión del “Cubano”, Becho se definía jocosamente y con gran sentido del humor como el primer violín de la orquesta estable de Don Nicomedes Gómez, propietario de uno  de los primeros salones bailables del balneario, cuando promediaba el siglo pasado. “Cuando algún farol a queroseno amenazaba apagarse en pleno baile, BECHO llamaba a don Nicomedes mediante notas que sacaba de su violín y que eran muy festejadas por la concurrencia. En algunas oportunidades lo acompañaba un músico ciego de San Miguel que tocaba la guitarra y simultáneamente un armónica  que tenía atada en el brazo de la guitarra. Todas las noches amanecíamos dando serenatas a los amigos. En algunas oportunidades su madre no lo dejaba salir con el violín por la humedad del balneario y él llenaba botellas con agua y lograba sacar nítidamente  las notas que necesitaba para las serenatas. Pasan los años y escuchamos en una radio capitalina que el “músico uruguayo Carlos Julio Eismendi había logrado el primer premio en un certamen internacional de violín realizado en Alemania, donde habían participado 200 músicos de distintos países. Sin embargo cuando regreso a La Barra, nos manifestó con su natural modestia que solamente habían participado 14 músicos, lo que facilito finalmente  su triunfo”. Por su parte Lucio Ferreira nos señaló que lo conocía desde niño, en oportunidad de los viajes que realizaba con sus padres al balneario La Barra, en una “volanta” o carruaje, haciendo escala en 18 de Julio, alojándose en el hotel “HIPAVAM” que pertenecía a  mi padre. Becho tenía 8 años y quedaba asombrado cuando yo ejecutaba el tango “Garúa” en el violín. Luego continuaba hacia La Barra y con el paso de los años se convirtió en asiduo veraneante desde el rancho que sus padres tenían en el balneario. Gustaba mucho de la orquesta de De Angelis y ensayábamos varios temas que luego tocábamos en los bailes de don Pedro Vero. No tenemos ninguna duda de que fue un virtuoso del violín, ingresando por concurso en la OSSODRE, máxima expresión musical de nuestro país. Pero como sus sueños iban más allá, aceptó un contrato del gobierno  cubano  para integrar la Sinfónica de la Habana. Vencido el mismo hizo realidad un viejo sueño: tocar en Europa. La muerte lo sorprendió muy joven el 21 de mayo de 1985- dijo finalmente Ferreira.
“Porque a Becho, le duelen violines,
Que son como amor chiquilines,
Becho quiere un violín que sea hombre,
Que al dolor y al amor no los nombre…..”