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viernes, 31 de marzo de 2017

NUEVA PUBLICACIÓN DE ROBERTO ROSSI JUNG. LA VIDA DE PAULO ESTRELLA. “EL LOCO PAULO” Por Julio Dornel.



                               Escritor y periodista Julio Dornel

El escritor brasileño Roberto Rossi, consustanciado con la historia de esta frontera, acaba de anunciar el lanzamiento de su último trabajo editorial dedicado a la vida real de Paulo Estrella, legendario comerciante del siglo pasado. Tras varias publicaciones anteriores que apuntaban a la narrativa histórica del extremo sur del país “continente” el escritor anuncia el lanzamiento de su próximo libro basado en las relaciones comerciales existentes en esta frontera cuando promediaba el siglo pasado. Minucioso en el relato costumbrista de aquellos años, mantiene en el texto el estilo colonial que también ha marcado su presencia en anteriores publicaciones. En este panorama tan cambiante como generoso que rodea la figura legendaria de Estrella, es evidente que el escritor nos revela con nombres propios situaciones irrepetibles y vitales, que fueron generando el acelerado crecimiento de una frontera que buscaba su desarrollo sobre la línea divisoria de dos países con las mismas esperanzas. Con abundante material gráfico que sirve para documentar el relato, Roberto Rossi Long nos ofrece un trabajo muy cercano a la realidad que vivía la frontera, y que tenía en el comercio y el contrabando el sustento diario de los pocos habitantes que se iban afincando sobre una línea divisoria que todos conocían pera nadie respetaba. Las entrevistas realizadas por el escritor en Chuy-Chui durante los últimos años han permitido recuperar la identidad de varios personajes que fueron en su momento los principales protagonistas, que junto al “Loco Paulo” escribieron un capitulo inolvidable de la historia de esta frontera. “Era el día 18 de julio del año 1924, natalicio de quien pasaría a llamarse Paulo Cotta de Mello Estrella, conocido finalmente como Paulo Estrella, Paulo “Gallego o El Loco Paulo. En 1947 se casa con Mirta Petrona Silvera (Tita) nacida en Chuy el 13 de mayo DE 1922 y de cuya unión nacieron dos hijos, Sonia el 21 de noviembre de 1948 y Arturo el 23 de junio de 1952”. Una publicación de 130 páginas donde podemos encontramos con personajes y situaciones que escribieron un capítulo importante de nuestra historia. Cabe señalar que Roberto Rossi, escritor, periodista y editor, con 16 libros publicados nació en Caxias do Sul el 14 de marzo del año 1936.

domingo, 24 de agosto de 2014

ESPACIO PARA LA NOSTALGIA. "La Casa del Abuelo" Por Julio Dornel.

                                                   Escritor y periodista Julio Dornel




La letra de Soliño ha tenido en los últimos años una inusitada vigencia, mientras van cayendo las paredes para dar paso a los nuevos edificios que le otorgan a la ciudad una nueva fisonomía. Alguien señalaba recientemente que Chuy es una ciudad sin memoria, porque van quedando pocas señales de su pasado histórico. Pensamos que no son solamente los edificios que se deben conservar, sino todo aquello que a través de los años fue formando el carácter , la identidad y la tradición de esta frontera.
Lamentablemente en los últimos años han desaparecido varias casas que representaban una herencia del siglo pasado y que habían calado muy hondo en el sentimiento de los primeros habitantes. Es evidente que el progreso acompañado del valor inmobiliario y la especulación han sentenciado la identidad edilicia del pueblo dando paso a las nuevas construcciones.
“viejo barrio
que te vas
te doy mi
último adiós...”

No pretendemos quedarnos en el tiempo, sino que se planifique la transformación urbanística sin borrar definitivamente las huellas del pasado. No es bueno para los habitantes de una ciudad que la misma pierda su memoria en nombre del progreso. De alguna manera deben quedar como herencia de épocas pasadas el olor rancio de las cosas viejas entre las paredes de algunos edificios que deberían conservarse como mojones de la historia fronteriza. Sin embargo en la actualidad y pese al esfuerzo de algunos historiadores, resulta muy difícil encontrar huellas de la historia cotidiana que fueron haciendo desde 1888 los primeros habitantes.


D E S D E 1945 AL 2014.


En la tradicional esquina de “la Internacional” y Laguna de los Patos, al fondo del Opel se encontraba la casa del abuelo Celedonio. Ladrillo de campo sentado en barro, piso de tierra y techo de paja, mientras las manchas de la humedad trepaban por la pared. Para disimular se iban tapando con las fotos redondas de los antepasados o con los almanaques de regular tamaño que ofrecía anualmente Casa Caticha, Leopoldo Fernández y los hermanos Silveira (Teofilo y el Talo).
El panorama infantil de los años escolares allá por el 45 estaba centralizado en la modesta casa del abuelo, que se fue mejorando paulatinamente y de acuerdo a las posibilidades. Lindaba al norte con Ramiro y Ondina, al este con doña Concepción y todos los Cabrera, mientras que al sur estaba el receptor Benítez abuelo del “Bayano”. Buenos vecinos, serviciales, generosos y siempre dispuestos a extender la mano. Vecinos “de puerta” como se decía, queriendo confirmar una relación casi familiar. Aunque nadie elige a sus vecinos por aquellos años se convertían en las personas más importantes del pueblo. Eran puertas abiertas para auxiliar con el azúcar o la yerba que faltaban siempre en horas de la noche. Eran los vecinos que amortiguaban la soledad y llegaban solícitos ante alguna enfermedad pasajera. Al fondo los canteros de la pequeña quinta que amortiguaban algunos gastos al ofrecernos todas las verduras para el consumo familiar puesto que la exigua jubilación no llegaba hasta fin de mes. Y en ese mundo mágico de la niñez han quedado también los primeros autos de fabricación casera que se desplazaban a 100 por hora en las pistas de nuestra imaginación.
En el patio de aquella casa hoy convertida en un edificio de dos plantas y con muchos autos de verdad, estaban las carreteras de tierra separando canteros de lechugas y tomates por donde circulaban los Cadillac, Citroen y las camionetas Willys. Un espacio para el jardín de la abuela con sus rosas rojas, las achiras, claveles, jazmines y madreselvas que trepaban al palo del cargador Whincharger que durante los días de viento abastecía las baterías. En el centro del terreno la cachimba que durante el invierno se parecía a una lágrima congelada y durante el verano servía de heladera para el vino del abuelo que llegaba al fondo dentro de una bolsa de arpillera. Era realmente un manantial inagotable de agua fresca. No existían los monopolios de Ute ni Ose, bastaba la cachimba y el cargador.
A pocos metros el pequeño galpón donde se acumulaban las cosas más insólitas transformadas en chatarra y jamás recuperables. Bien al fondo, entre los yuyos y un cañaveral el “escusado” y finalmente el gallinero. También por aquellos años se destacaban las visitas de algunos familiares que llegaban en sulky o en la ONDA desde Costa de Pelotas o Potrero Grande trayendo zapallos, boniatos, pan casero y algún cordero. Entre todos surge la figura del tío José, alto, con bigotes que le caían sobre la boca y un rostro huesudo cubierto por una piel bastante arrugada. Hoy estamos en el 2014, un nuevo siglo y un nuevo milenio. Todo es historia y la casa del abuelo que nunca tuvo berretines de integrarse al patrimonio histórico de la ciudad, sirve como ejemplo para apuntalar el trabajo que vienen realizando los vecinos, para salvar algunos edificios que también se encuentran amenazados. 


“EL BARRIO RESPIRA LOS TIEMPOS DE ANTES,
LA LLUVIA DE OTOÑO, AQUELLA ILUSIÓN..
DICEN QUE SE FUE, DICEN QUE ESTA ACÁ...
DICEN QUE SE HA MUERTO, DICEN QUE VOLVERÁ.”

Nota ya publicada y que reiteramos hoy con la esperanza de despertar la nostalgia de algún lector.