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viernes, 24 de julio de 2015

Brutal ruptura pública entre Esteban Valenti y Alberto Grille.

 Escribe Juan José Pereyra Twitter@juano500

Cuando Uruguay volvió a la democracia en 1985, la secretaría de propaganda del Partido Comunista estaba a cargo de dos dirigentes políticos y"grandes amigos": Esteban Valenti y Alberto Grille.
La vida los fue llevando por caminos diferentes luego de la crisis  del PCU que en su momento fue calificada como "terminal". Ambos se fueron del partido que,pese a los análisis de la época, sigue hoy ocupando un importante espacio político en Uruguay.
Grille publicó  hace unos días un artículo en su revista Caras y Caretas titulado "El satánico Dr NO", con duras críticas  al ministro Danilo Astori.
 Valenti escribió en su portal Uypres una respuesta en la que atacó con extrema dureza a su ex amigo.
Grille le contestó hace unas horas con igual dureza en un nuevo editorial de Caras y Caretas.
Alberto Grille fue director de CX 30 luego que fuera cesado José Germán Araújo.
Trabajé varios años en "la 30" bajo su dirección. Tuvimos siempre una buena relación basada en el mutuo respeto.
A Esteban Valenti lo traté también mucho en aquellos años (1985-1990) desde mi rol de periodista.
Puedo dar fe de la amistad que en aquel momento unía a ambos.
Hoy me sorprende la violencia de su ruptura política y humana.
 Los dos artículos fueron escritos hoy viernes 24 de julio. No sé cuál fue publicado primero.



El operador tiene quien le escriba

satanicodoctorno
Yo soy uno de los muchísimos tontos que a veces no coincide con Esteban Valenti.
Al igual que él, me siento libre de opinar, aunque, a diferencia de él, no reúno las condiciones, ni la autoridad, ni las relaciones, ni la sapiencia, ni la inteligencia que distinguen a un operador político.
Soy uno de los brutos que a Valenti “le dan pena” por ser tan “ignorante” y exhibir “tal pobreza de argumentos”.
En verdad, sólo tengo el honor de conocer a un operador político: mi amigo Esteban. Creo, además, que en Uruguay no hay ninguna otra persona a la que se le atribuya, casi unánimemente, la condición de “operador”.
He conocido periodistas, trabajadores manuales, funcionarios, políticos, empresarios. Hay quienes se identifican hasta por el género. Pero operador, conozco uno solo.
Por esto mismo, me abstengo, a veces, de polemizar con Valenti; porque si digo lo que le gusta o lo que no le gusta, si coincido o discrepo, si lo enojo o lo deleito me quedo con la sensación de que me está “operando”.
Valenti puede hacer esto porque, por suerte, no se equivocó nunca. Es brutalmente infalible. En su ya larga vida pegó siempre en el clavo y nunca en la herradura. Ni cuando se cayó el muro se dañó, porque estaba arriba del muro.
Polemizar con Esteban no me gusta. Porque lo quiero mucho, porque no quiero dar pasto a las fieras, porque me sonrojo un poco de exhibir diferencias con mi amigo en público, y porque creo distinguir algunos rasgos que se exageran con los años y que hacen que algunos personas se parezcan mucho a Abraham, el curiosísimo personaje abuelo de Bart, Lisa y Maggie Simpson.
La soberbia es uno de esos rasgos que se incrementan con los años. Por ella a Valenti le dan lástima los que no piensan igual que él. La soberbia, el egocentrismo, la fatuidad, la vanidad y la terquedad acompañan a la vejez, aunque no siempre debe interpretarse que sean causadas por la senilidad.
En Caras y Caretas muchas veces –no solamente ahora– criticamos opiniones, actos de gobierno o gestos políticos de Danilo Astori. También lo hicimos con Mujica, con Tabaré y con otros. Nunca lo llevamos al plano personal, ni involucramos en estas críticas aspectos de sus vidas o que pudieran considerarse parte de la intimidad.
También los elogiamos, defendimos y apoyamos cuando lo consideramos justo o necesario.
Por ese motivo, no nos duelen prendas cuando Valenti se victimiza o victimiza a Astori, que, por otra parte, no es minusválido para necesitar tan calificada ayuda.
Es más, yo personalmente he votado a Astori tantas veces como Valenti o más. Aprecio su gestión, su inteligencia, la capacidad de exponer sus ideas, y su trayectoria política sin cortapisas.
Además no me propongo destruir su imagen –por otra parte, no está a mi alcance siquiera debilitarla– ni Valenti me tiene que aclarar que Danilo no va a ser presidente ni candidato en el futuro, porque en el año 2009, cuando Valenti y los astoristas estaban paralizados y estupefactos por la insospechada aspiración de Mujica a ser candidato a presidente fui yo, en tres editoriales y tapas de Caras y Caretas, el que afirmó que Astori era el mejor para el cargo, el más previsible, el más idóneo y el más preparado.
Pero la política es así. Y las opiniones van cambiando y las actitudes también.
Y cuando de opiniones diversas se trata, incluyendo las que surgen de “cierta política que se hace entre cambios y volteretas”, hay que apelar a la tolerancia. Eso no parece haberlo aprendido Valenti cuando se le cayeron los muros. Al menos, es más tolerante con los adversarios de la derecha que con los compañeros de la izquierda, a quienes de ahora en más dice que va a criticar sin piedad cuando lo considere apropiado y en cuanto foro mediático sea invitado, aunque se le convoque para armar un show contra determinadas áreas del gobierno en las que los compañeros del Frente Líber Seregni no estuvieron durante el período anterior.
Es así que son quemados en la hoguera Carolina Cosse, Raúl Sendic, Gonzalo Casaravilla, Milton Machado, “los mujiquistas”, los dirigentes del Pit-Cnt –especialmente los que dicen “discursos inflamados”–, alguna prensa de “diverso pelo” como Caras y Caretas y algunos periodistas de esta casa, como Soledad Platero, Leandro Grille y Carlos Luppi, a los que no nombra porque no están a la altura del personaje.
El lugar elegido por Esteban para ubicarse en política económica y social es inequívoco: entre los empresarios y los trabajadores. En el mismísimo punto medio. Otra opción, para Valenti es impensable, porque los resultados serían catastróficos.
En fin, lo de la tapa del “Satánico Doctor No” no es más que una pavada. No debería ser interpretado literalmente, ni tiene la intención de ser un juicio final para Danilo, que es un gran gobernante y un dirigente fundamental de la izquierda. Es un recurso estético para evidenciar una crítica puntual a un ministro de Economía que considera que tiene que tomar determinadas medidas con las que yo no estoy de acuerdo. El título de tapa es el nombre de una película. La elección, tal vez un poco forzada, es para usar cierto lenguaje, digamos, poético. No se trata de vincular la imagen de Astori con la de Satanás, ni de afirmar que tiene un pacto con el diablo, ni mucho menos de quemarlo en la hoguera de la Inquisición. Ese fuego lo dejamos para Valenti. La intención era decir que en Caras y Caretas preferimos que se haga el Antel Arena, que las empresas públicas no pierdan su autonomía consagrada en la Constitución, que las pautas salariales no hagan perder el poder adquisitivo del salario, que el TISA sea analizado con mucho cuidado y sin perder soberanía, que el presupuesto del Estado refleje las necesarias inversiones en salud, educación, seguridad e infraestructura, y que el gobierno progresista continúe –y tal vez profundice– su gestión a favor de los más débiles.
No hay más intención que ésa, porque entre los que por acá escriben no hay candidatos, ni funcionarios del gobierno, ni nadie que disponga de prebendas especiales que puedan torcer opiniones.
Sobre las opiniones de Valenti sobre la política argentina y venezolana, la historia es otra. No gasto batería en esa polémica, y menos con Esteban. Porque me dan ganas de llorar.

EL ARTÍCULO DE VALENTI


Chau Grille

Esteban Valenti

24.07.2015

Alberto Grille me resolvió un problema que arrastro desde hace muchos años, la incapacidad de romper una relación personal que tiene más de 50 años. Escribió una basura que los lectores que tengan estómago pueden encontrar en http://www.carasycaretas.com.uy/el-operador-tiene-quien-le-escriba/


Lo confieso, he sido débil, no quise agregar heridas a las tantas que acumulé en todos estos años y cortar por lo sano con un personaje que no se merece nada. Tenían razón los viejos y los nuevos compañeros que me señalaban la incoherencia de mantener buenas relaciones con alguien que arrastra por la vida sus conductas.
No voy a caer en la bajeza de recordarlas, son conocidas públicamente y por mucha gente y de todos los pelos, los que las cuchichean y las que las propalan a los cuatro vientos. Son parte del peor folklore del periodismo uruguayo.
Por polemizar con sus opiniones, sin levantar uno solo de los argumentos, ni referirse a ninguno de los temas en debate, no se ahorró adjetivos e insultos. Solo le faltó hablar de los diamantes.
Yo a diferencia de tan probo personaje no voy a recordarle su trayectoria por los más diversos senderos de la vida y de la profesión periodística, lo dejo al recuerdo de los lectores. Yo tengo muchos defectos que en diversas oportunidades he reconocido en público o por escrito, es posible que para una mentalidad como la de Grille, sea un operador, él ya no tiene otra forma de entender la militancia.
Los que quieran saben perfectamente donde milito y cuáles son mis referencias, conocen las atenciones y elogios que me ha dedicado la derecha. ¿Alguien sabe algo parecido de Grille?
Lo único que me duele es que además se designe defensor de varios periodistas con los que si polemicé lo hice con extremo cuidado porque mantengo excelentes relaciones profesionales y humanas. Y por ahora no merece más que esto.
Chau Grille. Hasta nunca.