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jueves, 19 de mayo de 2016

Cuando una historia encuentra a su narrador


 

Con una reconstrucción histórica ingeniosa y solo sutilmente ficcionada, Ruperto Long relata en “La niña que miraba los trenes partir” las vidas de cuatro personas —dos de ellos uruguayos— que se cruzan en el terreno más hostil; Charlotte de Grünberg es quien da título a esta novela de esperanza y amor


Búsqueda Nº1866
Daniela Hirschfeld 

Las historias estaban ahí, en el aire, esperando que alguien las encontrara para contar. Hizo falta paciencia, curiosidad, capacidad de escuchar, oportunidad y azar, todo en su justa medida para no ahuyentar esos recuerdos guardados desde hace tiempo.
Ruperto Long era un joven de veintitantos, durante la dictadura, cuando él y sus compinches en Montevideo, simpatizantes de Wilson Ferreira Aldunate, esperaban con ansias una pequeña publicación de Rocha llamada “El Civismo”. El boletín, fundado en 1964 por el entonces flamante Movimiento Nacional de Rocha, en los 70 se había transformado en un portavoz opositor, publicaba lo que pocos se animaban y por ende, se pasaba clausurado. No era raro que su redactor responsable, Domingo López Delgado, fuera detenido con frecuencia.
Pero él era un hombre peculiar. La dictadura, aunque la detestaba, no era lo peor por lo que había pasado en su vida. Entonces tenía poco más de 55 años, y el infierno ya lo había conocido a los 25. Con esa edad, y movido por su profundo amor a la libertad decidió dejar Rocha para alistarse en el ejército de la Francia Libre, al tiempo que ese territorio era ocupado por los nazis. Era 1941, cuando Hitler parecía imbatible.
Pero Domingo no lo dudó. Primero fue la aventura de la travesía, luego un breve entrenamiento militar en Francia, y a los pocos meses la Legión Extranjera, a la que fue asignado. El destino —y su compromiso— lo llevaron a pelear las más duras batallas de la II Guerra Mundial y le valieron varias medallas de honor. Ante eso, era entendible que la dictadura uruguaya no tuviera credenciales suficientes para intimidarlo.
En los 70, Long desconocía los detalles de esa vida, pero sabía de esa historia heroica y le llamaba la atención. Sin embargo, fue tres décadas después, en 2011, que finalmente se encontró cara a cara con Domingo. Pasó algunos días conversando con el ex combatiente, entonces de 94 años, quien le contó todo lo que había vivido, como si hubiese sucedido ayer. Un año después, López Delgado murió. Y la historia volvió a quedar en silencio.
Pero no por mucho tiempo. En 2012, Long estuvo otra vez en el lugar correcto. De sus años como presidente del Latu, en los 90, conocía a Charlotte de Grünberg, directora general de la Universidad ORT Uruguay. Estaba vinculado con ella por su trabajo, y una noche había sido invitado a una recepción en su casa. Llegó temprano, fue el primero, y la oportunidad surgió para que conversaran mano a mano sobre cómo había llegado a Uruguay desde su Bélgica natal. Charlotte le contó pequeños trozos de su vida, pero alcanzaron para despertar la curiosidad de Long. Minutos después comenzó a llegar el resto de los invitados y la charla se interrumpió. Long igual quedó prendado. Pensó en Domingo, pensó en esas historias paralelas. Pensó mucho, y al tiempo le propuso a Charlotte contar sus vivencias. Pero ella dijo que no. La historia se negaba a salir. Aquellas penurias y desventuras que vivió cuando tenía ocho años, Charlotte solo se las había contado a su marido, nacido en Tacuarembó y ajeno a la contienda mundial. Long insistió y finalmente la historia se animó a salir.
Así nacía, lento pero sin pausa, “La niña que miraba los trenes partir” (Aguilar, 2016), la novela histórica que surgió de las memorias que Long supo escuchar y conectar, y de profunda y metódica investigación en archivos y bibliotecas del mundo. “La niña...” es un relato coral en el que se entrecruzan las vidas de cuatro personas: Domingo, Charlotte; Alter —tío de aquella niña que vivía en Bélgica— y el heroico Dimitri Amilakvari, un militar de origen georgiano que se convirtió en el capitán más joven de Francia. Está basado en hechos reales pero aderezado con una ficción novelada en la que 34 personajes, en primera persona, narran esos años de sus vidas, e invitan a conocer, con intriga, suspenso y emoción, qué fue de ellos.
La Niña que miraba - por Ruperto Long
¿Desde el principio pensó en unir las historias?
No, al principio mi objetivo era contar la historia de Charlotte, enriquecida con la de su tío Alter, que tenía veintipocos años y en los inicios del conflicto decidió volver a Polonia a defender a sus padres, que vivían en un pequeño poblado, Konskie. La historia de Domingo estaba afuera de ese relato, pero un día, analizando la información que tenía de las charlas que mantuve con él y los datos que encontré en los documentos a los que tuve acceso, encontré que en algún punto se cruzaban. Sus vidas se entrecruzaron de formas que el lector verá y que para mí fueron inesperadas.
De los cuatro personajes protagónicos, a priori Dimitri Amilakvari parece no tener relación con los demás. ¿Por qué decidió incluirlo como protagonista?
Cada uno refleja cosas distintas y todos tienen algo singular. Y si bien sus historias se van entrecruzando todos tienen un destino diferente.Dimitri, una figura bastante enigmática, es muy venerado en la historia militar de Francia. He leído incluso que entre los héroes militares de Francia, después de Napoléon y De Gaulle, viene Dimitri. Esa figura heroica, de origen georgiano y con un halo de príncipe, sintetizaba otra vertiente del amor por la libertad.Siendo muy joven, Dimitri se exilió de su Georgia natal luego de la invasión de Stalin, y en Francia empezó una carrera militar que lo llevó a ser el capitán más joven de ese país y la estrella del ejército. ¡Y por si fuera poco, Domingo me contó que lo conoció! Pero increíblemente, no se sabe mucho de él. De hecho, estuve en Tbilisi, en Georgia, donde dos personas me ayudaron a conseguir material y finalmente ubiqué a su hija. 
En total, la narración incluye a 34 personajes. ¿Cómo surgieron? 
Fue a medida que los iba necesitando. Algunos son verídicos y otros ficcionales, y a veces una mezcla.
¿Hay alguno de ellos que le gustó más que otro?
Hay varios, como el zapatero duro de Konskie, que está inspirado en un personaje que existió; una cantante que se llama Anne Michelle, que refleja la línea divisoria que en aquellos años hubo entre los intelectuales y las personas de cultura en Francia, entre los que apoyaban a Hitler y los que no; Christoff, el amigo de Alter de la universidad; y Swit, una muchacha polaca y católica, con su inocencia y su resistencia que representa lo que pasaba entonces.
El libro también transita por varios lugares, y muchos de ellos los visitó. ¿De qué modo los observó para usar sus impresiones en el libro?
Traté de ir a todos los lugares que pude. Lamentablemente, a Bir Hakeim, en Libia, es imposible. Estuve tentado de ir pero felizmente mi señora me desalentó. Para colmo, no es una ciudad. Había que llegar en avión hasta Trípoli o Bengasi y desde allí tomar un jeep o algo así, a riesgo de uno, e ir al medio del desierto. Era demasiado (risas).Sí hice el recorrido de Charlotte. Estuve viendo las fronteras para ver cómo se podían cruzar, y por la geografía uno entiende muchas cosas. Además, cada ciudad tiene su espíritu, y visitarlas permite encontrar todas esas características que hacen a la historia. Siempre trato de documentarme lo más posible.
De hecho, el relato incluye algunas imágenes reales y refleja un trabajo de investigación muy detallado. ¿Cómo lo hizo?
Acumulé un montón de libros sobre el tema, y por supuesto la red tiene mucho material. Pero es esencial ir a la verdadera fuente de la información. Para conocer más sobre la guerra en África, gracias a contactos a través de la embajada de Francia, fui a la Legión Extranjera y me abrieron las puertas. Allí estuve dos días completos, solo en una habitación con una cantidad gigantesca de documentos. Me dieron los dossier personales de Dimitri y me dejaron fotografiar todo, yo no lo podía creer. Después de un trámite me dieron también los dossiers personales de algunos de los combatientes uruguayos, y eso fue muy emotivo. Había infinidad de fotos, y también pude ver los partes que se pasaban durante la guerra, desde un sector a otro de las defensas. Con todo eso uno revive esa situación. Me sorprendió el increíble orden que había en medio de ese caos, de una guerra en esas condiciones, sin agua, sitiados.
Después estuve en el memorial de la Shoá en París, en el Museo de la Deportación y la Resistencia en Grenoble, y también en Yad Vashem, (institución oficial israelí, ubicada en Jerusalem, en memoria de las víctimas del Holocausto), a cuyas colaboradoras agradezco en el libro con nombre y apellido porque les pasé pidiendo cosas; ahora estarán aliviadas (risas).
¿Cómo se le abrieron esas puertas en esos lugares?
En Francia me ayudó el respaldo de la Embajada; y el hecho de haber recibido la Orden de las Artes y las Letras, que da cierta garantía. En el caso de Israel, mucha gente amiga intercedió para dar cierta seguridad de que la persona que estaba molestando tanto era medianamente seria (risas).
Al escribir una historia que mezcla ficción con realidad, y hechos muy conocidos, ¿cómo logra que las piezas encajen sin que la historia suene forzada?
Me gusta primero absorber todo y luego empiezo a escribir. En este caso lo hice cronológicamente y empecé con esas cuatro historias, aparentemente separadas, que luego fueron fluyendo. Pero cuando estoy escribiendo es porque me he llenado de ideas y posibilidades.
Cada tanto hice esquemas —y es cuando aparece el ingeniero—, armé cronogramas de los protagonistas y vi cuándo podían entrar otras personas. Pero a medida que se va armando la historia es cuando uno se da cuenta de cómo pueden entrar en escena.Hay que hacer el esfuerzo por meterse en la piel de esa gente, y si bien luego algo de inspiración debe venir, es necesario alimentarla con información.
Después de tantos años, de tantas charlas y tanta investigación, ¿qué vínculo lo une ahora con Charlotte?
Lo voy a decir en los términos que ella ha usado, y que me han honrado: que mi familia y yo somos como de su familia. De hecho, mi esposa y mis hijos también se acercaron porque siguieron mi trabajo y fueron mis primeros lectores.
A priori puede desalentar la idea de que es otra historia sobre el Holocausto. ¿Qué cree que tiene su novela en particular?
Pienso que la respuesta está muy bien sintetizada en el comentario de Marcos Aguinis. Cuando le llevé el libro eran un montón de páginas en computadora y todavía no tenía título. Él fue muy amable, lo leyó, me hizo comentarios muy buenos, y me dijo que se le ocurría una frase que yo podía usar como quisiera. Me puso: “Obra conmovedora, llena de luz”. Y creo que el “llena de luz” es un elemento esencial de este relato. Esta es la historia del amor enfrentado al odio, y de cómo ese amor mueve a una familia, y el amor a la libertad mueve a Domingo, y el amor a los padres mueve a Alter, por ejemplo. Esa es la parte luminosa, y es la que finalmente prevalece.
CHARLOTTE DE GRÜNBERG, LA NIÑA DEL TREN
“Soy sencialmente una persona que necesita producir”
Charlotte de Grünberg es la niña del tren del libro de Ruperto Long, una de los cuatro protagonistas del relato que lleva al lector a los años de la II Guerra Mundial. Su odisea —como la de muchos otros— no terminó con la guerra, sino que siguió en las décadas siguientes —también como otros— fuera de Europa. Charlotte vino a Uruguay y aquí construyó otra vida.
Cuando Ruperto Long le propuso contar su historia al principio no quiso...
En realidad no. Me abrí un poco más a la idea hace unos 10 años, cuando Ilan Halimi, un joven francés, judío, vendedor de una tienda de celulares en París, fue engañado por una chica, secuestrado, y torturado por ocho días hasta morir. Eso para mí fue como el rol que le atribuyen a los canarios en las minas (anuncian el peligro), y pensé que algo grave vendría con el antisemitismo en Francia. Y así fue. A partir de entonces tomé conciencia de que lo que yo creía que se había reducido al mínimo, era una fantasía. Eso me hizo más propicia a que si alguien insistía lo suficiente, aceptaría.
¿Y qué piensa de la situación actual del judaísmo en el mundo?
Que escondido detrás del antisionismo se esconde toda la basura que se pasea por la cabeza de mucha gente y es muy poco lo que individualmente se puede hacer. Colectivamente tampoco es fácil. Después del 45, uno podía pensar que algo suficientemente dramático había pasado para que pudiéramos esperar un mundo mejor. Pero eso no pasó por más que existan leyes de derechos humanos. Fijate los botes, hoy, que se hunden con gente adentro. Yo cuento en el libro lo que nos hicieron unos “pasadores”. Nunca hubiera pensado que esa palabra iba a sobrevivir a la II Guerra Mundial, y ahora es parte del léxico corriente.
¿Y cómo fue su vida después de la guerra? El libro termina en 1945.
En Bélgica mi padre empezó de vuelta en su profesión, en el sector textil, y pronto se recuperó. De todos modos, al volver a Bélgica fue muy difícil. No desde el punto de vista económico, pero de alguna manera nos reprochaban estar vivos. Y eso es muy duro, y es algo que personalmente no asimilé aún hoy.
En 1949 o 50, mi padre decidió venir a Uruguay a ver a sus cuatro hermanos y a sus padres que en los años 20 habían dejado Polonia para venir aquí. No fue para vivir mejor económicamente, pero en Polonia no les gustaban cosas como el “Numerus clausus” (una ley que limitaba la cantidad de judíos en las universidades), por ejemplo. Entonces vinieron a Uruguay y muy pronto abrieron una fábrica textil.
Mi padre, en cambio, fue a Bélgica, a los alrededores de Lieja, y siguió con la profesión. Cuando vino de visita a Uruguay, mi padre se quedó un mes y volvió a Bélgica. Pero a la larga lo terminaron convenciendo de que fuéramos todos. Eso hicimos en 1952, cuando vinimos a conocer a esos abuelos, tíos y primos que no habíamos visto nunca.Cuando llegamos, la suerte quiso que yo conociera a José (Grünberg, pediatra y nefrólogo), mi marido, inmediatamente. Un primo me llevó a un baile de una organización de universitarios judíos, Kadima, y allí lo conocí. A los pocos meses mis padres querían volver a Bélgica, pero cuando vieron que yo tenía una relación firme, no quisieron ser un obstáculo. Entonces mi padre vendió todo en Bélgica y nos quedamos.
Aquí empecé a hacer profesorados de francés e inglés. Deseaba liberarme económicamente de mis padres y me presenté a un trabajo en una empresa que importaba autos de Alemania Oriental y productos de China Popular. Entre tanto terminé mis profesorados, y fui a París a especializarme en la enseñanza audiovisual de segundas lenguas. Fueron años muy productivos, porque yo soy esencialmente una persona que necesita producir. Y no hablo de dinero, sino de ideas, de cambios, de emprendedurismo avant la date.
Después de eso, por mi expertise en el manejo de audiovisuales, me llamaron de una pequeña organización, que no conocía, llamada ORT. Tenían un laboratorio para la enseñanza de segundas lenguas pero no había funcionado, y me pidieron que analizara esa situación. Estudié el caso e hice un informe, que finalmente enviaron a Francia para que lo evaluaran.
En el ínterin entré al Hospital de Clínicas, en el Departamento de Lenguaje con los doctores Mendilaharsu (Carlos y Sélika Acevedo de Mendilaharsu), dos neurólogos. Yo tenía un oído muy especial para detectar las más mínimas disimilitudes entre una palabra dicha por una persona o por otra, y ellos pensaban que eso podía ayudarlos a diagnosticar problemas en el habla de los niños. Trabajé con ellos voluntariamente durante tres años, hasta que finalmente llegó el resultado de aquel informe que había ido a Francia. Un día me llamó un señor para decirme que le había gustado el trabajo y así empezó mi contacto con ORT. Mientras iba al Clínicas venía a ORT y puse en marcha un departamento de lenguas. No tenían alumnos y yo junté 100 en un año para enseñarles un segundo idioma. Desde ese momento tuve que dedicar todo mi tiempo a transformar eso en el proyecto que ya tenía en la cabeza.
De eso pasaron 38 años. Soy directora general (ahora no se ocupa de los contenidos académicos, pero sigue haciendo proyectos, sobre todo desde el Departamento de Estudios Judaicos de la ORT), pero en la red de ORT mundial estuve en las comisiones más importantes de la organización y en los 90 estuve en la coordinación general de América Latina —a la que solo renuncié porque no podía aguantar tantos viajes por la región. Recorrí todo EEUU dando conferencias; también me ofrecieron ser directora general para Asia, sobre todo para ocuparme de la mujer, pero no quise. Tenía familia (tiene un hijo, Jorge Grünberg, actual rector de la ORT), no quería eso para mi vida. Viajaba mucho, pero instalarme, por ejemplo, un mes en la India, no era algo que quisiera para mi vida. Por la misma razón rechacé integrar la terna de director general de World ORT. Porque yo había encontrado acá mi razón de ser.
Cuando entré acá había 150 alumnos y yo tomé esto como un cuaderno abierto para empezar. Me puse a trabajar, me remangué y estuve años, hasta llegar al proyecto universitario.
¿Y qué pasó con su familia mientras tanto?
Mi hermano se adaptó rápidamente, tuvo sus hijos y se dedicó al negocio inmobiliario. Mi mamá murió joven, a los pocos años de haber venido. No se repuso nunca de perder a parte de su familia. Su corazón no quiso más y murió de tristeza. Papá vivió unos 15 años más, tenía otro carácter. Mi madre venía de una familia muy religiosa, y del lado de mi padre eran muy seculares. De alguna manera debe haber tenido la sensación permanente de que ella le estaba fallando a sus padres. Pero al mismo tiempo era una mujer con mucho temple. Mi hermano y yo les debemos mucho a nuestros padres de haber sobrevivido.
Después de tanto silencio, ¿qué impacto tuvo la exposición a partir del libro, que ya agotó la primera edición?
Tengo una carpeta llena de cosas que me ha mandado la gente, me llaman por teléfono, me paran por las escaleras. Es impresionante. No lo esperaba.

martes, 17 de mayo de 2016

EL ROCHENSE HÉROE DE GUERRA, LA NIÑA PERSEGUIDA POR LOS NAZIS Y LA SABROSA PERA DE LA LIBERTAD.





Escribe Juan José Pereyra Twitter@juano500



La niña de ocho años siente otra vez el terror en su máxima intensidad. En cualquier momento pueden llegar los nazis. Siente el sonido de los tacones militares. Se abre la puerta y entran unos soldados. Uno se acerca, viste el uniforme de la Legión Extranjera. La acaricia, le habla en español, saca de su bolsillo una pera y se la da. El hombre les comunica que están al fin libres y se va.

La niña y sus familiares salen a la calle , cantan La Marsellesa, el himno de la libertad .



Charlotte recuerda : “Y de pronto golpeé con mi brazo algo que tenía en el bolsillo de la pollera, introduje la mano. Era la pera que me había obsequiado el legionario, la saqué con cuidado, la froté contra mi ropa para limpiarla y le di un mordisco. Era fresca, suave, jugosa .Nunca había probado algo tan sabroso en toda mi vida .Disfruté largamente cada bocado abrazando con más fuerza cada vez a mi familia y arrullada por los cánticos de las multitudes .Era la pera más deliciosa que había disfrutado en mi vida .Tenía el sabor de la libertad”.

Este es seguramente el momento más conmovedor de “La niña que miraba los trenes partir”, novela del escritor uruguayo Ruperto Long basada en hechos reales. El autor es un ingeniero egresado de la Universidad de la República, especializado en Harvard, con una importante vida académica y de trabajo en su profesión. Es también una figura política: ha sido Senador porPartido Nacional, integró su Directorio, ha tenido importantes responsabilidades como la presidencia de UTE y el LATU. En la actualidad es vicepresidente del Tribunal de Cuentas de la República.

Long es también un destacado escritor con obras publicadas de gran repercusión como Piantao. Balada para Horacio Ferrer , “No dejaré memorias: el enigma del Conde de Lautréamont y el recién publicado “La niña que miraba los trenes partir”.



UNA CHARLA CASUAL. “UNA CANTERA INAGOTABLE”.



La idea del libro surgió durante una charla casual con la protagonista, hoy una señora de 82 años, Directora General de la Universidad ORT con quien el escritor ha realizado varios trabajos en la misma. Long se enteró en ese momento que había sido una niña perseguida por el nazismo junto a su familia .

Pese a que le contó muy poco, esa primera charla que duró unos pocos minutos le dejaron pensando en esa historia que consideró muy atrapante.

Vio en su relato “una cantera inagotable” y días después le pidió que le contara más. Charlotte se negó, le dijo que por pudor eso que vivió no debía contarlo, que apenas lo sabía (y en parte) su familia. “Respeté su decisión y luego de varias nuevas charlas ella un día resolvió confiar y abrirme su vida y su corazón”, dijo el autor.

En esas charlas posteriores Charlotte le contó que junto a su familia debió vivir a escondidas en Lieja, en la Bélgica ocupada por los nazis, pasando de un sucucho a otro, escapando . Me contó que sus momentos de alegría eran cuando podía acercarse a la estación y desde un lugarcito mirar los trenes partir”.

Era bueno ver esos trenes que iban a otro lugar, era el sueño de salir de la terrible situación que ellos vivían.Después empezó a ver que los trenes pasaban repletos de gente hacinada causándole mucha angustia. Sentía que se le cerraba la última puerta de la última ilusión.



TRES AÑOS DE INVESTIGACIÓN



Long investigó la historia durante tres años, con larguísimas horas de estudio de archivos en Universidades en Israel, Francia, y en el propio edificio central de la Legión Extranjera.

¿Por qué la Legión Extranjera? A medida que avanzaba en la historia de Charlotte, Long vio cómo se repetían datos, lugares, situaciones, que en su momento le había contado Domingo López Delgado ,“El Tábano”, un ciudadano rochense que a los 24 años resolvió embarcarse rumbo a Francia para sumarse a la lucha contra el nazismo. Todo comenzó cuando en una discusión en el bar El Globo de la ciudad de Rocha alguien le dijo “ si estás tanto contra el nazismo por qué no te vas allá a pelear”? A lo que respondió ¿ “Y quién te dijo que no me voy”? “El Tábano” no dudó un segundo y terminó enrolado en la Legión Extranjera y vivió cinco años como legionario en Europa hasta la victoria de los Aliados. Su primer destino fue Bir Hakeim pocos días antes de que se estableciera el cerco de Bir Hakeim uno de los puntos más críticos de la guerra cuando Rommel viene avanzando en el norte de África .Es muy interesante porque es un momento en el que cada persona cuenta.En el libro aparece más fugazmente Pedro Milano otro rochense que también viajó a pelear contra el nazismo.



LA HISTORIA DE DOMINGO LÓPEZ DELGADO



“Oí mucho hablar de Domingo López Delgado cuando yo era un muchacho joven, en la época de la dictadura y sabíamos que había un grupo de personas en Rocha, que en plena dictadura sacaba un semanario que se llamaba El Civismo que vivía cerrado, clausurado por la censura. Cuando pude leerlo me dije, qué bárbaro, cómo puede haber alguien que se anime a decir todas estas cosas. Uno de ellos, uno de los principales, era ese señor Domingo López Delgado.

Pasaron los años y me dije que tenía que conocerlo y surgió la idea a través de algunos amigos comunes. Me vine a Rocha a hablar con él a la casa con su familia y charlamos horas. Ahí descubrí un mundo maravilloso de anécdotas, de historias, algunas duras, crudas, otras risueñas.

Esa vida que me contaba era increíble . Él, con enorme generosidad, me relató muchas cosas,estuvimos horas tomando los tecitos que nos brindaba su señora. Tengo fotos y recuerdos maravillosos de esas tardes.Tomé notas y una parte la grabé.Él me dio infinidad de materiales . Su libro autobiográfico Los frentes de lucha, de 1948 es formidable.

Cuando presenté el libro del Conde de Lautremont , lo invité pero no pudo estar y poco después falleció. Ahí se cortó la historia y ahí me quedaron todos esos recuerdos. La idea era escribir un libro, se lo había dicho, y con su fallecimiento todo quedó ahí.

La historia de la niña dio vida nuevamente a la de Domingo.



LA NIÑA Y EL LEGIONARIO: VIDAS ENTRECRUZADAS.



En una obra en la que los detalles son los que van haciendo la historia.

El libro está escrito desde la óptica de las personas "anónimas" ,los pequeños grandes héroes de una situación de este tipo. la niña, su hermano, el voluntario que cruza el océano y muchísimos más, más de treinta. La gran historia se va tejiendo con las historias ,los detalles de los enfrentamientos bélicos, los sufrimientos de los protagonistas, los principales y todos los secundarios.

Es la pequeña historia que termina siendo la gran historia porque ese fue el gran reservorio de amor. a la libertad, a la vida,a los hermanos, a la familia, a los padres, a los hijos, a la novia, a los amantes. El amor, que se opuso a ese odio formidable como probablemente no haya habido en otro momento de la historia de la Humanidad.



LA LUCHA ENTRE EL AMOR Y EL ODIO Y LA RESILIENCIA”



Es un caso muy especial el de la Segunda Guerra y en particular el del Holocausto, es una lucha entre el amor y el odio llevados a sus dimensiones extremas.Y esa persona, como es el caso de Charlotte, que no podía hacer nada frente a ese hecho, lo único que tiene es su resistencia,su resiliencia como se dice ahora, la capacidad de resistir a pesar de todo. A pesar de los pesares el tema de quienes eran agredidos era tratar de salvar a su hijo, sus amigos, su vida, porque bienes nadie podía salvar en ese momento.

Charlotte y Domingo, el soldado rochense que le anunció que ya era libre, se encontraron en la ficción.Es el autor quien los une, “Son visiones complementarias que dan una visión mucho más abarcativa de la historia que si me hubiera quedado solo en la de la niña. Sus vidas se entrecruzan y además se alimentan recíprocamente”, dice Long .

La investigación fue también muy importante y contó con el trabajo del Museo Regional de Rocha porque López Delagado donó la gran mayoría de sus documentos.El escritor agradeció a sus directoras el respaldo permanente durante la preparación del libro.



EL RESCATE DE LA VERDADERA ESENCIA DE LA HUMANIDAD”.



“El libro nos hace pensar sobre el abismo interior del ser humano, hasta dónde puede llegar el ser humano”, destacó el también escritor Alejo Umpiérrez en la presentación del libro en la ciudad de Rocha. “Es un rescate de la verdadera esencia de la humanidad”, agregó.

“ Long eligió el camino de contar la pequeña historia que siempre está detrás de la gran historia.

Esa historia que se hilvana a través de pequeños acontecimientos y que en su sumatoria se transforma en la historia global”, señaló.

Umpiérrez hizo referencia a la presentación estética de la obra, con material fotográfico como “carteles de lugares prohibidos para judíos, memorandums para distinguir quién es judío de quién no es como una suerte de consejo a los ciudadanos para saber advertir ante quién se encontraban, secuencia fotográfica que parte de los archivos de la familia de López delgado y de la de Charlotte así como otras clasicas”,agregó.



ESTRUCTURA MODERNA QUE DESAFÍA LOS CÁNONES LITERARIOS”.



“El libro tiene una estructura moderna desafiante a lo que son los cánones literarios. Hace una trama de una treintena larga de personajes que van teniendo su voz independiente. No es una estructura de capítulos donde se van entremezclando diálogos sino que son los personajes ,cada uno de ellos tiene sus varios cuartos de hora y van apareciendo las voces y las acciones y allí aparecen no solamente los personajes centrales sino también muchos secundarios que vertebran la historia basada en hechos reales con riqueza de detalles pintando los paisajes que van desde África a Francia, a Bélgica y a Polonia.

En esta estructura de pequeños cuadros , la fluidez de la trama es total y cristalina”, destacó..



“Asombra leer algunos textos porque nos retrotraen a pensar el desafío que representa la inteligencia , tratar de comprender algunos fenómenos y que realmente por la inteligencia no se pueden captar porque la barbarie es ajena de la inteligencia y de la razón. Cuesta pensar que de un país donde surgió Goethe, Brhams, donde estaba Beethoven, se pudieran engendrar semejantes monstruos. Es como una lección de que nunca hay nada perpetuamente conquistado porque la tierra que vio la primera Constitución más progresista del mundo moderno, como fue la república de Weimar terminó engendrando el modelo más totalitario que quizás haya conocido la historia del hombre y el más exterminador.

Charlotte pasará parte de sus años de esa niñez alejada de su mundo, viviendo dentro de un ropero,mirando a través de una rendija para poder ver un poco de luz junto con su hermano escondido detrás de un montón de ropa,la satisfacción y el placer de poder escaparse y salir un día a la calle, el temor de ver cuando un día se llevan a su padre, cuando otro día los alemanes capturan a su hermano mayor.



LA MAGIA DEL ESCRITOR ENTRELAZA LOS DESTINOS DE LA NIÑA Y EL SOLDADO VOLUNTARIO”


Estas historias aparentemente lejanas, Lieja en Bélgica y un tipo que cruzó el Atlántico peleando en África del Norte no tendrían supuestamente nada que las reuniese.Ahí está la magia del escritor.

Mientras va contando con detalles la vida de cada uno la novela va preparando el espacio para el encuentro.
La historia al final va tomando el giro de entrelazar los destinos de Domingo y Charlotte .
Luego de la reconquista de Italia donde participó Domingo, la llegada a Francia a la zona de Los Alpes franceses.

En un momento determinado Charlotte, que días antes había sufrido dentro de su escondite una gran requisa nazi que se había llevado a su única amiguita y otra vez vuelve a sentir algo que es una constante en el libro que son los tacones militares. es la imagen del poder, de la soberbia, de lo duro. El tacón militar en las escaleras en las calles. Otra vez siente los tacones en las calles y otra vez se abren las puerta y piensa otra vez vienen los nazis y no me da el tiempo a esconderme y sin embargo sienten unas palabras en español. Allí se encuentra en ese destino literario Charlotte con Domingo”, dijo también Alejo Umpiérrez en la presentación de “La niña que miraba los trenes partir”.

LONG: “UN MENSAJE INDELEBLE DE AMOR A LA LIBERTAD”.



“Cuando el libro estaba casi terminado tuve una disyuntiva y hablé con Gonzalo, el hijo de Domingo. En ese momento yo tenía toda esa historia armada y tenía la duda de decir bueno, ¿no será mejor usar otro nombre y después a lo sumo en una nota referir de quién se trataba? Por suerte, nos comprendimos y estuvimos muy rápidamente de acuerdo en que debía estar su nombre. Si en vez de decir Domingo López Delgado decía Luis González por ejemplo,sería muy distinto.
Son muchísimas las personas que me dicen que se sienten representadan en hombre admirable que amaba la libertad, la defensa de los valores de la libertad, que tenía una extraordinaria determinación. Después del Norte de África hizo la campaña de la liberación de Francia , quedó atrapado en el Bolsón del Colmar ,soportó la ofensiva de Gerd von Rundstedt,

se internó dentro de Alemania donde las batallas fueron feroces hasta prácticamente los últimos días y sin embargo en todas las veces que podía se manifestaba contra la guerra.



Fue allí porque era un momento de cruce de la vida de la humanidad y había que estar y uno era mucho, uno era mucho. Acá en el Gardeazábal le decían qué va a hacer uno allá, en Birhamein uno fue mucho.Eran tres mil y pico de personan resitioendo un ejército de cuarenta o cincuenta mil personas durantre 15 días, 16. Fue en parte el viraje de la guerra.
Su calidad humana y su amor por las palabras. Su libro autobiográfico “Los frentes de lucha” es magnífico y lo que tengo grabado es magnífico, la forma en que es expresado, con un cuidado con las palabras extraordinario.Para mí fue un placer recoger todo eso y ese mensaje indeleble de amor a la libertad de no amor para nada a la guerra y la violencia, de rechazo a la misma, una persona íntegra que nos dio un ejemplo que es un patrimonio rochense que ya es nacional y aspiro a que sea un patrimonio universal”,relata y concluye Ruperto Long.

martes, 10 de mayo de 2016

LLEGA A ROCHA “LA NIÑA QUE MIRABA LOS TRENES PARTIR”.



Ruperto Long, escritor, ingeniero de vasta trayectoria a nivel nacional e internacional y  dirigente político, estará este jueves 12 para dar a conocer su último libro recientemente editado. Será en el  Centro Cultural María Élida Marquizo a las 19.30.

La  novela surge de “una investigación profunda sobre una época en la que confluyeron xenofobias, persecuciones, guerras y migraciones”, informa el portal  http://www.megustaleer.com.uy/.
Acompañarán al autor Alejo Umpiérrez, Alda Pérez y Gonzalo López Mesías.

Referentes de la cultura opinan sobre "La niña que miraba los trenes partir"


Marcos Aguinis: “Obra conmovedora, llena de luz”.
Jorge Burel: "Será, sin dudarlo, uno de los libros de autor uruguayo más importantes del año”.
Leonardo Guzmán: “El libro de Long tiene el valor de una siembra imprescindible”.
Sergio Puglia: “Es importante que se sigan escribiendo obras de este nivel porque son el punto de partida para madurar, para crecer. Te invitan a otra cosa: pensar”.
Mónica Bottero: "Una novela entrañable y un manual de historia para quienes creen que la intolerancia y la indiferencia ante ella ya pasaron. (Pide, además, una película)".
Jaime Clara: "La novela es un coro de múltiples voces".
Luis Prats: “Una novela de no ficción, que desanda los caminos de dos personas que alcanzaron notoriedad en Uruguay para descubrir que un día sus destinos se habían cruzado durante la guerra”.

Sinopsis

Años cuarenta del siglo xx, en un mundo azotado por los conflictos bélicos. Charlotte, una niña belga de ocho años, desaparece de la Lieja ocupada por los nazis, dejando atrás su casa y su infancia feliz. Junto con la familia huye de los perseguidores, viviendo increíbles peripecias y ocultándose en míseros escondites de pueblos y ciudades. Alter, su tío, obligado a desempeñar funciones en uno de los guetos donde Hitler ordena confinar a los judíos #incluidos los padres del muchacho#, debe
afrontar una extrema disyuntiva ética. Dimitri Amilakvari, militar francés de origen georgiano, desembarca en el norte de África al frente de la mítica Legión Extranjera, para enfrentar al mariscal alemán Rommel y su temido Afrika Korps. Domingo López Delgado, un soldado uruguayo, se
enrola como voluntario en las fuerzas de la Francia Libre y es destinado a la Legión Extranjera en Bir Hakeim, África del Norte, donde será testigo de la grandeza humana de su superior, Amilakvari, y ambos participarán en un combate legendario. Cuatro historias de vida que se entrelazan para transportarnos en el tiempo. La estremecedora novela de Ruperto Long surge de una investigación profunda sobre una época en la que confluyeron xenofobias, persecuciones, guerras y migraciones. Sin embargo, más allá de esos hechos siniestros que la humanidad arrastra  hasta nuestros días, el narrador rescata de la realidad historias de amor #entre padres e hijos, entre hermanos, entre amantes, entre amigos#, impregnadas de una empecinada defensa de la vida, de la libertad, del prójimo, de la tierra natal: múltiples relatos de afectos que triunfan y perduran más allá de la barbarie.