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domingo, 6 de marzo de 2016

SUPLEMENTO DEL DIARIO “LA ACCIÓN”. HISTORIA DE AGUAS DULCES. Por Julio Dornel.


Hemos sostenido permanentemente que la verdadera historia  de los centros poblados del departamento, se encuentra en las páginas amarillas de  viejos periódicos  ya desaparecidos, que fueron documentando periódicamente, historias y relatos que sirven hoy para recuperar  la identidad de pueblos olvidados. Tal lo sucedido con el suplemento coleccionable del diario LA ACCIÓN de la ciudad de Castillos que durante varios fascículos fue publicando la historia del balneario Aguas Dulces, a partir de las comunicaciones, el trasporte, el traslado y los primeros ranchos que desafiaron el atlántico. “Las familias no Vivian en completo aislamiento, porque desde el primer momento se habilito un teléfono policial en el domicilio del Sub Comisario don Benigno Laborda, fundador del balneario. El traslado hacia Aguas Dulces se hacía en carruajes, mientras que los muebles y utensilios el medio de trasporte eran los carros. Entre Castillos y Aguas Dulces viajaban los carruajes conducidos por Laudelino Olivera, Carlos Paz, Sebastián Martínez, Nereo Olivera, Julian Cruz Gómez  y Francisco Molina. El Castillos de antaño tuvo tres empresas de tracción a sangre. Los carruajes eran para el transporte de de pasajeros,  y las llamadas carretillas de cuatro ruedas para transporte de mercaderías  a larga distancia. Una de las empresas mencionadas era de la firma Amonte y Vigliola, otra que posiblemente la misma sociedad disuelta, era de Alfredo S. Vigliola y por último la empresa de Gómez Hermanos. Relacionado con el traslado de personas y los primeros ranchos, el suplemento señala que junto con la carga de los veraneantes se llevaba el alimento para los caballos. Al llegar a su destino, los pasajeros eran llevados hasta la puerta de su rancho. Después los cocheros alimentaban los animales, con agua de las cachimbas les daban de beber y una vez descansados se volvían a Castillos con los carruajes vacíos o con algún pasajero ocasional. Algunas familias de campaña cargaban una  carreta con todo lo necesario y en ella se trasladaban lentamente hsta llegar a su destino, aunque también usaban carruajes y carros, volantas y sulky. Una vez terminada la temporada, el proceso se producía a la inversa porque nadie dejaba nada en los ranchos. Estos se construían rústicamente sobre la arena desnuda y el piso era la arena suelta que requería un rastrillo a manera de escoba. En los primeros tiempos la arena se mezclaba con tierra para darle más dureza al piso. Las puertas rusticas no tenían cerradura y muy pocas tenían candado. Se ataban con alambre y nada más De esta manera sobraban refugios para todo el que fuera en otoño, invierno o primavera. No tenían más que elegir y desatar el alambre. La primera vivienda que no fue un rancho de paja y junco, fue un rancho de adobe de un brasileño dueño de la estancia Gamarra, don Miguel Riet Correa. Otra vivienda diferente fue la de otro brasileño dueño del Maturrango, don Placido Terra. Este señor tenía una casa de madera, siguiendo la costumbre de las playas de su patria.