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miércoles, 17 de febrero de 2016

PESCADORES DE LA LAGUNA DE ROCHA APUESTAN A LA COCINA PARA TURISTAS



 El Este En el pueblito de pescadores de la Laguna de Rocha funciona un Proyecto de Fortalecimiento Institucional del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP). Lo lleva adelante la Asociación de Pescadores Artesanales de las Lagunas Costeras (APALCO), con el apoyo la Dirección General de Desarrollo Rural (DGDR). Gracias a él instalaron una cocina y pescadería para atender a los turistas.

“La pesca en nuestra familia es de tradición. Aquí empezó mi tatarabuelo y así fuimos quedando todos hasta llegar a la generación de nuestros padres y nosotros”, cuenta Beatriz Ballestero, oriunda de la zona y una de las trabajadoras de la cocina. Beatriz vive con su esposo y su hijo, en el mismo pueblito de pescadores donde viven su madre, tíos, primos y hermanas.
Desde el año 2003, el grupo de pescadores está organizado en una asociación que se llama APALCO. Comercializan en conjunto para la Intendencia de Rocha y para ello trabajan en una sala de fileteo común.
“Hace más de diez años las necesidades eran diferentes. (…) Cuando nos hicimos conocer, y este lugar entró como “área protegida”, en el año 2010, ahí ya cambió nuestra situación. Nos empezaron a convocar a reuniones en La Paloma, Rocha, Maldonado y Montevideo, y a otros lugares donde venían pescadores de Argentina, España y Brasil y ya empezamos a ver otra cosa y nos involucramos los más jóvenes también”. Así comenzaron con diferentes proyectos y recibieron apoyos económicos.
Ahora, que cuentan con un Proyecto de Fortalecimiento Institucional financiado por la DGDR, pusieron a funcionar una cocina y pescadería para atender a los turistas: “Nosotros nunca salimos mucho a buscar fondos; siempre tuvimos gente que nos apoyaba de la Intendencia, del Snap (Sistema Nacional de Áreas Protegidas) y de Probides (Programa de Conservación de la Biodiversidad y Desarrollo Sustentable en los Humedales del Este). Ahora, como nos dimos a conocer, llegó la gente del Ministerio de Ganadería, nos contó que nosotros podíamos participar como productores de la pesca y que a ellos les interesaba porque veían que estábamos organizados”.
Así, empezaron a pensar en un proyecto con la idea de integrar hombres, mujeres y adolescentes, que tuviera como base la pesca, para la cría de larvas de camarón. “Habíamos invertido en una malla especial y teníamos una experiencia previa con una Universidad de Brasil y siempre tuvimos ganas de hacerlo. Pero precisábamos autorizaciones de Dinara y Dinama… y no lo pudimos concretar…”, relata Beatriz.
Como al Ministerio le interesaba apoyar la asociación, se les pidió que reformularan la propuesta. Así fue como pensaron en un proyecto que beneficiara a todos: “Vimos que las mujeres teníamos ganas de atender al turista y como acá existía la necesidad porque no había ningún servicio para ofrecer, pensamos en la cocina, los baños y la pescadería. La verdad estamos muy contentos porque nos fue muy bien, fue una linda experiencia y aunque parezca mentira, se involucraron casi todos”, cuenta Beatriz con orgullo.
Antes tenían un galpón y un baño y alguna pieza a medio terminar. Cuando llegaron los fondos del MGAP, y con apoyo de la alcaldía de La Paloma -que colaboró con maderas para un deck e incluso con funcionarios que apoyaron en la construcción-, la familia de pescadores se embarcó en la albañilería.
Levantaron paredes, revocaron, pintaron, colocaron las aberturas, y ellos mismos decidieron dónde ubicar la mesada y luego la cocina, el anafe y la heladera. Tuvieron que comprar todo: cocina, garrafa y hasta los implementos para cocinar. “Todos colaboraron, unos pescando, otros en trabajos de carpintería, en albañilería; las mujeres con los niños nos dedicamos a la pintura”, cuenta Beatriz. Decidieron hacer un salón con mostrador que a su vez sirviera como lugar de reuniones para el grupo.
Como al pueblo no llega la corriente eléctrica, se pensó invertir en un equipo solar. Así funciona la luz de la cocina, el freezer y la heladera. Se invirtió en base a las necesidades del lugar y las soluciones se pensaron entre todos.
El grupo ha crecido mucho. Desde que empezaron a reunirse, recuperaron la confianza y se han sentido más unidos. Cuando llegaron los fondos del MGAP, también pensaron en implementar un espacio deportivo para que los niños tuvieran un ámbito para disfrutar y donde jugar a la pelota.
Cambios para bien
Antes de que se formara la asociación, los pescadores dependían del revendedor, que era quien ponía los precios y el vehículo. Luego iniciaron contactos con la Intendencia de Rocha, para comercializar la pesca de modo que los pescadores se vieran más beneficiados. “Ahora, con este proyecto con el MGAP, nosotros podemos aspirar a más precio y a vender casi el total de lo que sale, porque tenemos frío para mantener, pero además apelamos a la pesca del día. Esto, lógicamente, tiene mucho más valor. Se evita el ‘pasamanos’: llega más barato al público, pero deja más dinero al que lo pesca”, comenta Beatriz.
Dentro del proyecto cuentan con una contadora que los asesora. “Esos son saberes que nos van quedando a nosotros, también para organizarnos… Además hicimos algún curso de manipulación de alimentos y también hemos aprendido a hacer actas… Esto nos está dejando muchos saberes”, dice Beatriz. “A partir de estar asociados, organizados, ganamos en confianza. Confiamos en que podemos aspirar a más y a otras cosas diferentes y a no vivir encerrados acá. Hacemos muchas cosas que antes no hubiéramos pensado. Y sabemos que juntos, unidos, vamos a seguir consiguiendo cosas”, agrega con total convicción.
“El día nuestro varía mucho en verano de lo que es el resto del año. En verano, que los chicos no están en la escuela, tenemos otra dinámica. Nos levantamos temprano y hacemos las tareas de la casa. Por lo general los hombres salen muy temprano a levantar la pesca de la laguna y después, cuando llega la barca, la mujer y los niños más grandecitos se involucran en el fileteo del pescado”.
Beatriz cuenta que si bien por lo general son los hombres los que salen a buscar la pesca, también hay mujeres a las que les toca salir en la barca. “La pesca es muy solitaria, el pescador se embarca, está muchas horas, la familia esperando… Aparte de solitario, es incierto, nunca se sabe lo que se va a agarrar…”, comenta.

El sueño de vivir bien, con lo que saben hacer
“Nuestro sueño es seguir con esto de la cocina y que la cocina se siga dando a conocer y sea fuente de trabajo para muchas muchachas de la comunidad y que la pesca tenga más valor y mejor rendimiento para el productor. Que todos sepan que este es un área protegida, pero que dentro está el pueblo de pescadores y que nosotros tenemos muchos sentimientos puestos acá y aspiramos a que nos den nuestro lugar. Nos creemos parte del lugar y nuestro mayor sueño es llegar a ser dueños de esto”, dice Beatriz.
Más sueños, más proyectos
La experiencia con el MGAP les sirvió para ganar confianza y manejarse por su cuenta: “Ahora nos presentamos a otros proyectos por nuestra cuenta. Nos presentamos al Llamado “Más valor”, que aspira a eso mismo, a darle más valor al producto, a la pesca. Más valor y más competitividad, involucrando a la gente de la comunidad en la comercialización. (…) Para darle más valor a nuestro producto necesitamos frío, tener donde conservarlo y tener un stock”.
Beatriz cuenta que la pesca es por zafra. En la laguna sale lisa, pejerrey, corvina blanca y negra, lenguado y sirí, pero en diferentes etapas, por eso contar con stocks es fundamental. Si bien siguen vendiendo al revendedor, también cuentan con vehículo propio y venden directamente en La Paloma y Rocha. Y siguen vendiendo a la comercializadora a través de la Intendencia de Rocha. Cuentan con el aval de la Intendencia de Rocha, la Dirección Nacional de Medio Ambiente y el Sistema Nacional de Áreas Protegidas, por ser un proyecto natural.
Otra de sus aspiraciones es que la electricidad llegue a todas las familias, aprovechando la energía solar. “Ahora las familias usan generadores a nafta y algún panel solar, pero poca cosa. Pensamos comprar freezers grandes para hacerlos funcionar con energía solar, que no contamina y es de muy bajo mantenimiento. Como este es un área protegida, nos enfocamos en un proyecto acorde al lugar, aprovechando la naturaleza.
Fuente: Tiempo Agrario.