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miércoles, 24 de agosto de 2016

NOCHE DE LA NOSTALGIA. "Walter's": Un boliche con historia. Por Julio Dornel.



En 1963 la frontera comenzaba tímidamente a buscar un lugar en el concierto turístico de nuestro país bajo el impulso comercial que fue surgiendo del otro lado de la avenida internacional. El Club SAN VICENTE inauguraba su cancha, que años más tarde recibiría el nombre de uno de sus fundadores: “TITO FERNÁNDEZ”. También ese año se inaugura la escuela Nº 88 con 30 alumnos y la dirección de la maestra Irma Fernández. En el plano musical surge el quinteto LOS ESTRELLEROS con Williams Decuadra, Daniel Acosta, Wilmer Vázquez, Ruben  Decuadra y Juan Antonio Vazquez, los que tuvieron destacada actuación en Canal 4, Radio EL ESPECTADOR, y varios centros educacionales de la capital. 
Desde Brasil nos llegaba la Bossa Nova  con  Joao Gilberto y desde Inglaterra los primeros éxitos de los Beatles. Janio Quadros había renunciado a la presidencia norteña por culpa de las “fuerzas ocultas”, no sin antes haber prohibido las riñas de gallos en todo el territorio brasileño y condecorado al Che Guevara  que andaba por estos pagos. En nuestra principal avenida que por aquellos años era simplemente “la Internacional” abría sus puertas un pequeño “boliche” con 18 metros cuadrados, donde se debían arreglar de alguna manera el mostrador, la heladera, 7 mesas, 28 sillas, los mozos y los clientes. Vaya  uno a saber porque berretín de su propietario recibió el nombre de “WALTERS”.
De todas maneras le bastaron pocos meses para convertirse en el lugar obligado de la noche fronteriza. Buenas copas y comida ligera determinaban un lleno total en las noches del “cine de Lasa” o cuándo la juventud sin malicia aguardaba la salida del liceo que por aquellos años estaba junto al Club Social. La frontera todavía era “civilizada” y se daba cita  en el “WALTERS” para escuchar música, leer los diarios  o intimidar, mientras con pocos decibeles iban llegando los temas de Ray Conniff, Tom Jobín, Frank Sinatra, Glenn Miller, Paul Muriat, Charles Aznavur, Clara Nunes o Martino da Vila. Por otro lado las preferencias por Sergio Denis, Sandro, Rapfael  o Leonardo Fabio. Un alto porcentaje de empleados y comerciantes no regresaban a sus hogares sin pasar previamente  por el “WALTERS” para estirar la jornada, disfrutando de un  ambiente descontraído y ameno. Era el refugio preferido, para arreglar el mundo en una comunicación casi religiosa que ha ido desapareciendo con los años. Temas superficiales que pasaban por el comentario de la última película del cine de “Lasa”, el fútbol o la política. Los pescadores con sus corvinas gigantes y los veteranos haciendo gala de sus aventuras pasadas.  
 W A L T E R   P I R I Z
 La nota evocativa no estaría completa sin la charla obligada con WALTER PIRIZ  el propietario de aquel “boliche”, que supo meterse en la mejor historia de la noche fronteriza.  Lector infatigable, y escritor circunstancial enriqueció las letras colaborando con diversas publicaciones regionales. Recuerda con nostalgia sus años juveniles “cuando la frontera era civilizada y  predominaba la amistad, donde todos nos conocíamos y éramos en realidad una gran familia. Nuestra gratitud eterna a los maestros y maestras que a partir de Gloria, Leiza y Sonia tanto nos cautivaron por su sensibilidad y cariño. Un recuerdo para Zenona la cocinera de la escuela por sus platos de poroto que para nosotros que proveníamos de un hogar humilde y de pocos recursos económicos  se transformaban en verdaderos manjares.
Las mismas circunstancias determinaron que abandonara los estudios y nuevamente surge el empujón de Sonia Fosatti  y el estímulo de Jorge Calvette para que pudiera continuar. Fueron ellos y el profesor Manolo Iglesias  los que me impulsaron a terminar posteriormente el Liceo. Años más tarde tuve que golpear la puerta de Manolo para comunicarle mis intenciones de iniciar una actividad comercial y surge en forma espontánea la colaboración necesaria del “Gallego”. Tampoco queremos olvidarnos de don José Castillos que fue el responsable directo de haberme vinculado a la actividad principal de mi vida comercial. En un momento difícil de mi vida al quedar sin trabajo fue don José Castillos quien con su prestigio bien ganado y mediante una llamada telefónica  me consiguió trabajo en la firma de Agustín Pereyra e Hijos  propietarios de Parador La Coronilla y Hotel Costas del Mar, donde aprendimos un poco de lo mucho que nos enseñaron y que hemos puesto en práctica durante toda la vida. Reconozco que el espacio es reducido pero no queremos olvidar a otras personas que también fueron importantes y mucho les debemos; el Dr. Eladio  Aristimuño, el escribano Gastón Arimón, el profesor Omar Puig, la maestra Ema Braña y la profesora Leyda Correa.”  
Y en ese deambular de recuerdos van surgiendo los nombres de algunos mozos que al decir de Walter “eran titulares indiscutidos en cualquier equipo”: Ruben Pascal, Lino Píriz, José Cleto (Saco Corto) Roberto Bermúdez, Wanderley Pereyra, Raymundo Lima, Humberto Hernández, Valdomiro Pereyra, Juan Fernández , Volney Pereyra  y una lista interminable de mozos que contribuyeron a cimentar el prestigio del local hasta convertirlo en un pedazo grande de cada uno de sus clientes.  En la actualidad y fiel a su trayectoria el “WALTERS” continua recibiendo nuevos clientes y algunos de los viejos tiempos a la entrada misma del balneario Barra do Chui, donde Walter Píriz, nos despide con una sentencia que nos martilla la cabeza mientras regresamos a la frontera: “Nos pasamos la vida procurando el auto nuevo, la casa confortable y soñando con la mega-sena que nos facilitaría la compra de bienes, sin detenernos a pensar que la felicidad no se compra.
Todas estas cosas podrán proporcionarnos alegrías temporarias que desaparecen en pocos días. La verdadera felicidad está hecha de pequeños momentos (no lo dije yo) si sabemos fortalecerlos diariamente. El amanecer en La Barra es uno de ellos.”