Mostrando entradas con la etiqueta Rodrigo Tisnés. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Rodrigo Tisnés. Mostrar todas las entradas

miércoles, 9 de mayo de 2018

Desde Buenos Aires. Feria del Libro Por Rodrigo Tisnés Diario de Feria: domingo 29



El domingo 29 fue el día posterior al “súper-sábado” de Vargas Llosa, Pérez Reverte y la “Noche de Montevideo”, y también resultó la jornada posterior a la descomunal tormenta que en la medianoche castigó con furor a la ciudad y la Provincia de Buenos Aires.
Sin embargo, la literatura es más fuerte, y pese a los múltiples inconvenientes causados por tanta agua, viento y granizo a lo largo y ancho de la ciudad, las actividades programadas pudieron realizarse sin contratiempo en el predio de La Rural.
El plato fuerte del domingo era la presentación del nuevo libro de Paul Auster, con presencia del autor neoyorquino, a las 18:00 en la sala José Hernández del pabellón Rojo.
Como para entrar un poco en calor, a las 16:00 asistí a la charla-debate “¿Cuánto de realidad plasmamos en la ficción? Romance, pasión mal de amores… Historias como la tuya y la mía”. Se trataba de un encuentro organizado por la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) en la sala Tulio H. Donghi, entre seis reconocidas escritoras de novelas románticas: Ma. José Avendaño, Marta Dárguello, Mirta Fachini, Ma. Laura Gambero, Eme Kelly y Silvina Ruffo.
Siendo honesto, si previamente hubiese sabido que se trataba de una charla de escritoras de literatura romántica, directamente hubiese descartado la idea de ir. Sin embargo, y en contra de mis prejuicios, me encontré con un diálogo muy ameno a cargo de estas seis autoras, que se enfrentan a los mismos problemas y dilemas que uno durante el proceso creativo: el desafío de la página en blanco, el metódico y artesanal proceso de pulido y afinado de la idea “madre”, la necesidad de investigar, de leer y releer otros autores, la creación de personajes, de autoras de novelas, la necesidad de contar historias porque la escritura es una pasión, porque nos gusta escribir historias que nos gustaría leer. Fue particularmente entretenido, porque lo manejaron con altura y picardía, la cuestión de la construcción de escenas eróticas en sus textos. En definitiva, resultó una agradable sorpresa.
Al salir de esta charla, me dirigí directamente a la sala José Hernández, sospechando que habría una fila en espera. Lo que no me esperaba era la magnitud de la misma: salía de adentro de la sala, y seguía por el patio en paralelo casi hasta la altura del pabellón Verde. Unas 600 personas esperábamos para ingresar a la charla del reconocido escritor y guionista.
Al ver tamaña multitud, pensé en descartar asistir a la charla. Sin embargo, en ese momento pensé “¿cuándo más voy a tener una posibilidad de ver y escuchar a Auster de acá a un tiempo?” Afortunadamente, además, la gente de Fundación el Libro y de Editorial Planeta, tenían bastante bien organizada la actividad, y la fila fue avanzando más regularmente de lo que había sospechado cuando la vi por primera vez.
Alrededor de 18:20, después que la capacidad de la sala estuvo colmada, Paul Auster se hizo presente, junto al escritor (cuyo nombre no retuve) que ofició de entrevistador. Al igual que en el caso de Pérez Reverte el día anterior, ésta resultó una nueva lección magistral de literatura, igual de entretenida que la del español. A lo largo de la hora de charla contó cómo surgió la idea para su reciente novela -4321-, su obsesión con la casualidad y el azar cómo motores de historias y de la Historia, ejemplificados en diversas anécdotas (la noche en que conoció a su actual compañera, una anécdota de adolescencia sobre la muerte y un rayo, otra de niño cuando no tenía una lapicera a mano), su metodología de escritura: lapicera, papel, trabajo de corrección profundo y puntilloso con cada párrafo; los tiempos que le lleva escribir una novela. Estos comentarios, los mechó con aspectos más personales, como su profundo amor por su esposa, el miedo que le dio llegar a su edad actual (71) al superar la edad máxima alcanzada por su padre; y una opinión política, extremadamente crítica, del actual gobierno norteamericano y de la figura del Presidente Trump, a quien ve como un retroceso civilizatorio en Estados Unidos, con un tipo de discurso “que nunca habíamos escuchado en inglés, lo conocíamos en otros idiomas, pero hasta ahora no en inglés”, con un nivel de enfrentamiento y tensión social que no se experimentaba de los 60’, y del cual no cree que salga nada bueno, ni de que los ayude a mejorar como sociedad.
Luego de disfrutar de esa charla, decidí cerrar la jornada, en el stand de Montevideo, asistiendo a la presentación de “Poemas para mi novia extranjera” (ganador del Premio Nacional de Poesía 2017) del poeta radicado en Maldonado, Luis Pereira Severo, viejo conocido de tertulias literarias en un cafetín de la capital fernandina. En diálogo con el argentino (y también poeta) Horacio Fiebelkorn, dieron lectura a textos que entrañan a la vez un sabor local, pero de pertenencia universal. El libro fue publicado por primera vez por la editorial argentina Vox, y luego re-editado por la uruguaya Civiles Iletrados.

miércoles, 2 de mayo de 2018

Desde Buenos Aires Diario de Feria: sábado 28. Escribe Rodrigo Tisnés



El día viernes falté sin aviso. Pero compensé el día sábado con una panzada de actividades, comenzando por la presentación del nuevo libro de Vargas Llosa: “El llamado de la tribu”. Acompañado por Jorge Lanata, el notable escritor peruano se refirió a este libro autobiográfico, en el que hace un repaso de su deriva intelectual e ideológica que lo llevó del marxismo al liberalismo radical que esgrime hace ya varias décadas. Con habilidad discursiva y mucha inteligencia, Vargas Llosa lleva (o intenta) llevar agua para su molino. Rescata a pensadores liberales de la talla de Karl Popper y Raymond Aaron, la figura política de Margaret Tatcher, contraponiéndola a la situación en el Reino Unido antes de su gobierno, y en general presenta al liberalismo como una doctrina abierta, sin promesas de sociedades perfectas ni utopías… que no es perfecta, pero que con sus imperfecciones, es mejor que cualquier promesa de Paraíso que se haya hecho; mientras que por el otro lado critica a los totalitarismos, a los populismos, a los nacionalismos.
Claro que ni él está libre de entrar en contradicciones. Niega, por ejemplo, la vinculación entre liberalismo económico y las dictaduras militares de América Latina en los 60’s y 70’s… aunque por otro reconoce que Somoza se hacía elegir presidente como candidato de un Partido Liberal. Y borra de un plumazo la Guerra Fría, como si no hubiese existido, conflicto en el que, mal que le pese, muchos liberales contemporáneos suyos veían como “el mal menor” a las dictaduras militares, frente a una posible “cubanización”. Como tampoco dice una sola palabra respecto a que, antes de la II Guerra Mundial, los gobiernos liberales de Europa Occidental veían a Hitler y Mussolini como “frenos” ante la Unión Soviética.
Aún más evidente es su contradicción cuando se refiere a Singapur. Muy tibiamente se refiere a la falta de libertades políticas y civiles en la isla-Estado, pero pondera muy enfáticamente su nivel de ingresos y el nivel de riqueza de su población. Me hizo acordar a aquellas personas que decían (aun dicen) que Pinochet había sido un dictador, “pero que había hecho que la economía chilena prosperara”.
Y, como buen liberal, peca de ingenuidad ideológica al creer que el “libre mercado” efectivamente lo es, y no cuenta con mecanismos autoritarios hacia su interna: la ausencia y/o falta de información, siempre menor de parte del consumidor; la concentración cada vez mayor de la economía en menos capitales, la capacidad de hacer campañas y publicidad para crear “necesidades”, la compra de estudios y voluntades, etc. En definitiva, le falta reconocer que el “libre mercado” de hoy en día es radicalmente distinto al libre mercado que describía Adam Smith hace 200 y pico de años, en una comunidad pequeña, donde ningún comerciante ni empresario tenía la posibilidad de imponer sus condiciones al resto del mercado.
Más allá de las diferencias que uno pueda tener, Vargas Llosa sigue siendo un formidable escritor, y una persona de extrema cultura, con la que contraponer ideas y visiones obliga a que uno tenga que buscar sus mejores argumentos. En estos tiempos de 140 caracteres de Twitter y catarsis por Facebook, falta más de este tipo de debates conceptuales y argumentativos profundos.
Luego era el turno de la inauguración del stand de Montevideo –que simula la rambla-, aunque lamentablemente quedó un poco deslucida, debido a que por el fuerte temporal, no pudo estar presente el Intendente de Montevideo, Daniel Martínez.
A las 20:00 fue el turno de la presentación de Arturo Pérez Reverte y su nuevo libro “Eva”, dentro de la saga del detective Falcó. Si la charla de Vargas Llosa fue, básicamente política; la del autor de “El Club Dumas”, “La tabla de Flandes”, “El maestro de esgrima”, y toda la saga del Capitán Alatriste, fue una charla magistral de literatura y sobre la pasión de escribir, que quema por dentro con una intensidad que nos consumiría si no la plasmásemos en papel o en un archivo de Word. Se nota su oficio de cronista, y resultó especialmente hilarante su recuerdo de la investigación llevada a cabo en México para escribir “La Reina del Sur” y su relación con los narcos, a la vez que trágica en relación a la situación actual cuando viaja a dicho país.
Para todos quienes pretendemos seguir en este oficio/arte de la escritura, quedó claro que aun en el caso de uh consumado profesional como Pérez Reverte, uno siempre escribe en base a lo que leyó y le gustó de chico, de joven, en base a anécdotas que conoce, y/o ideas que surgen en el entorno de cercanía que se mueve.
Más tarde, y mientras Ana Prada deleitaba al nutrido público que se había instalado en El Ruedo con sus canciones y su música; en el stand de Montevideo, la poeta Ida Vitale deleitaba a una veintena de presentes con la alegre lucidez y la asombrosa energía de sus 94 años (para 95) y con la lectura de algunas de sus poesías. Última representante viva de la Generación del 45’ (que integraban, entre otros, Mario Benedetti, Carlos Maggi, Ángel Rama e Idea Vilariño) es un lujo que Montevideo pueda contar con su presencia en esta edición.
No podía haber mejor final para “La Noche de Montevideo” que cerrar con la actuación de una murga uruguaya. En este caso la que cruzó el río fue Cayó la Cabra, murga joven e irreverente (que obtuviera el segundo premio en el pasado concurso oficial) que hizo reír y disfrutar por igual a argentinos y uruguayos, y se fue ovacionada.

martes, 1 de mayo de 2018

LA FERIA DEL LIBRO.DESDE BUENOS AIRES ESCRIBE RODRIGO TISNÉS




Diario de Feria: jueves 26
El pasado jueves 26 quedó formalmente inaugurada la 44ª edición de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, organizada por la Fundación el Libro y desarrollada en el predio de La Rural.
Si bien es cierto que la industria editorial argentina pasa por un momento de crisis, que no escapa a la tendencia general de la economía; por otro lado, esta feria sigue siendo una de las más prestigiosas en el mundo, de las dos o tres más importantes en español, y la más relevante de entre todas las que se llevan a cabo al sur del Ecuador.
El año pasado, más de 1.200.000 de personas la visitaron a lo largo de las dos semanas que duró. Más de 1.500 expositores entre editoriales y librerías, más de 40 países presentes, 14 provincias y más de 1.500 actos culturales entre charlas, presentaciones de libros, actuaciones, performances, debates, y encuentros.
En suma: son cifras que ayudan a visualizar la magnitud de este encuentro, que es tanto la celebración y promoción de la industria del libro y de los escritores, como un hecho sociológico y político en torno a la cultura del libro.
Por si quedara duda de que es un hecho político, es bueno recordar lo sucedido durante la ceremonia de apertura. Luego de que hablaran el Presidente de la Fundación el Libro, Martín Gremmelspacher, y el Director de Artes y Ciencias de la Intendencia de Montevideo -Juan Canessa– en representación de la que este año es la Ciudad Invitada de Honor; en el momento mismo en que se disponía a hablar Enrique Avogrado, Ministro de Educación de la Ciudad de Buenos Aires, fue interrumpido por una masiva y ruidosa protesta de estudiantes y docentes de carreras de profesorado de la Ciudad de Buenos Aires, que reclamaban el retiro de una ley que crea la UNICABA, eliminando esos profesorados.
La situación se prolongó durante varios minutos, en los que se bajó del escenario el Ministro de Educación de la Ciudad, y Gremmelspacher, nuevamente arriba del escenario y a través del micrófono, solicitaba a los manifestantes -de manera infructuosa- que permitieran continuar el desarrollo de la actividad protocolar.
Fue imposible. Tuvo que subir al escenario la escritora Claudia Piñeiro, quien iba a cerrar la parte oratoria, y aún a ella le costó hacerse oír. Fue una pena que un discurso lúcido y potente como el de Piñeiro haya quedado deslucido y pasado a un segundo plano, que no se merecía.
Luego que ella bajó, los manifestantes volvieron a hacerse sentir, por lo que finalmente resultó imposible que Avogrado, y el Ministro de Cultura de la Nación, Alejandro Avelluto, realizaran sus oratorias.
El acto protocolar del corte de cinta quedó reducido a una mera anécdota, totalmente menor, luego de todo lo sucedido, y dio la impresión de que fue llevada a cabo porque tenía que hacerse.


lunes, 9 de abril de 2018

¡Brasil duele! Por Rodrigo Tisnés



Que Lula da Silva es el político más popular de Brasil, y probablemente de Latinoamerica, no quedan dudas. Por algo su reciente reclusión ha despertado tanto fervor, a favor y en contra de su figura, de su inocencia o culpabilidad, e incluso del Juez federal Sergio Moro, quien lidera la descomunal investigación por el “Lava Jato”: en 4 años se han dictado unas 190 condenas contra políticos y empresarios.
Es tan descomunal como las dimensiones del país, un verdadero continente dentro de otro continente en todo sentido: geográfico, demográfico, económico, social, cultural y político. Por eso, lo que sucede en Brasil impacta tanto en el resto de la región, e incluso en el Mundo.
Antecedentes.
Podría decirse que la renuncia de Fernando Collor de Mello, un tecnócrata alineado con las políticas del Consenso de Washington en la oleada liberal de los 90’, para evitar ser destituido por corrupción, fue el primer anuncio hace bastante más de 20 años.
No obstante, el intrincado sistema político brasileño, siguió funcionando sin mayores alteraciones hasta fecha bastante más reciente.
En 2003, cuando el Partido de los Trabajadores triunfa en las elecciones nacionales, y Lula, su histórico líder, llega a la presidencia, se esperaba que generara cambios radicales en la política y la sociedad brasileña.
No obstante, con el pragmatismo propio de su origen humilde, se dio cuenta que si quería generar cambios profundos en la sociedad brasileña, debía –al menos en principio- convivir con la lógica negociadora/dadivosa del sistema de partidos, que presenta una atomización extrema en el Parlamento, en virtud de su sistema de adjudicación de bancas.
De esta forma, mientras cambiaba para bien la realidad de miles de familias pauperizadas a lo largo y ancho del país, mediante la implementación de los planes “Fome Zero” y “Bolsa Familia”, las dos políticas sociales más radicales en la historia de Brasil; por otro lado, comenzaban a llegar las primeras acusaciones por hechos de corrupción contra el gobierno del PT.
Alianzas peligrosas.
En las 4 elecciones ganadas por el PT, la vicepresidencia correspondió a políticos del PMDB: José Alencar y Michel Temer. Este partido, funciona como un típico “catch all”, lo cual le ha permitido jugar un papel estratégico en la política brasileña desde 1985, al punto tal, que se dice que es imposible gobernar sin su apoyo.
Dada la atomización del sistema de partidos brasileño, esta alianza siempre fue de conveniencia para ambos. El carisma de Lula lo hizo más viable entre 2003 y 2010, pero comenzó a resquebrajarse en los siguientes períodos de gobierno.
Y terminó por deteriorarse completamente con la recesión de la economía brasileña y el crecimiento de ciertas bancadas “ad hoc” como la Evangélica y la Ruralista. Ahí surge la figura del ex presidente de Diputados, Eduardo Cunha, precisamente del PMBD, quien usando su poder bloqueaba desde la Cámara los pedidos para iniciar un juicio por destitución a la Presidenta por una maniobra contable, habitual en todos los gobiernos, pero que servía en ese caso como excusa política para desplazarla del cargo.
Cuando el propio Cunha es acusado de corrupción, y la bancada del PT resuelve retirarle el apoyo para que la Justicia le pueda iniciar una investigación, Cunha movió sus fichas y habilitó el proceso del “impreachment” contra Rousseff, que fue simplemente una dantesca farsa, dado que su suerte ya estaba echada con el cambio en las alianzas políticas.
Una vez asumió Michel Temer, realizó un giro de 180º en la política brasileña, especialmente en materia social y económica: recortó políticas sociales, lideró una reforma laboral profundamente conservadora con el argumento de que es necesaria para “flexibilizar la economía y atraer inversiones”, y más recientemente resolvió militarizar la ciudad de Río de Janeiro.
Él también ha sido acusado de corrupción. Incluso hay una grabación bastante comprometedora. Pero, más pragmático que el PT, mediante acuerdo con otras bancadas, ha conseguido “blindarse” (por ahora) de ser investigado.
La situación de Lula.
Así llegamos a Lula, que tiene varias causas en su contra, pero que acaba de ser procesado por la supuesta propiedad de un apartamento, que habría recibido de la empresa Odebrecht a cambio de favorecerla en la licitación de obras públicas.
En realidad, muchos analistas internacionales sostienen que las pruebas por las cuales se ha condenado al ex presidente en este caso, son –en el mejor de los casos- bastante endebles. A esto se suma el hecho de que el proceso contra Lula ha sido por lejos el más rápido: 9 meses, contra 18 en los casos que había actuado con mayor rapidez anteriormente. No sólo eso genera suspicacias: en 2016 el Juez hizo pública la grabación de una charla entre Lula y Dilma Rouseff, que lo hizo merecedor de una observación.
Pero la suerte de Lula había quedado zanjada el martes de la semana pasada, cuando el Tribunal Supremo, en un fallo dividido, había resuelto no hacer lugar a un recurso de “habeas corpus” que hubiera posibilitado que siguiera en libertad.
De todas formas, el episodio más preocupante, ha sido la reaparición del Ejército, en la persona de su Comandante en Jefe, como actor político activo, al señalar que su institución no toleraría una señal de impunidad, en caso de que el Tribunal Supremo hiciera lugar al recurso de “habeas corpus”.
Luego de amenazar con no cumplir la condena, lo cual hubiese significado un grado de irresponsabilidad institucional mayúsculo de su parte, finalmente Lula negoció su entrega y desde el sábado se encuentra recluido en una prisión en Curitiba; mientras sus abogados diseñan nuevas estrategias que le permitan ser candidato de cara las elecciones presidenciales de octubre, en las que aparece como el clarísimo favorito.
En caso de no poder concurrir por encontrarse inhabilitado, las interrogantes sobre las próximas elecciones son mayúsculas, dado que ningún candidato parece reunir demasiadas voluntades.


viernes, 16 de marzo de 2018

8M: ¿por qué soy un varón feminista? Por Rodrigo Tisnés


 Emily Pankhurst

 Simone de Beauvoir
                                                         Sufragista
 
El 14 de julio de 1789 el pueblo francés toma La Bastilla y pone fin a la vieja monarquía absoluta. El mes siguiente es aprobada la Declaración de Derechos del Hombre y el Ciudadano bajo la consigna “Libertad, Igualdad y Fraternidad”. Pese a su pomposa declaración de universalidad, dicha declaración dejaba fuera de la categoría de ciudadano a la mitad (más o menos) de la población francesa: las mujeres no eran ciudadanas.
En 1791, Olympia de Gouges, la matriarca del Feminismo, lanzaba como respuesta la Declaración de Derechos de la Mujer y la Ciudadana. Terminó guillotinada en noviembre de 1793. En 1848 y al otro lado del Atlántico, una convención de mujeres estadounidenses culminó su encuentro con una proclamaba en el que reclamaban el derecho al voto. De las 68 firmantes de la proclama, solo una, Charlotte Woodward, pudo ejercer el derecho al voto… 71 años después, luego de que aprobara una Enmienda Constitucional para reconocer el derecho de las mujeres a votar y ser votadas. En el interín, muchas feministas, a ambos lados del Océano, fueron encarceladas y debieron exiliarse de sus países por manifestarse y reclamar algo tan sencillo como el derecho al voto.
En América Latina, Uruguay fue el primer país en reconocer dicho derecho, con la reforma constitucional de 1917. Lo siguieron Brasil en 1932, Chile en 1934, y Argentina en el 47’.
En 1949, la filósofa francesa Simone de Beauvoir publica su libro “El segundo sexo”, y con la simple genialidad de la frase “no se nace mujer, se llega a serlo”, desata la segunda ola de feminismo. Se trata de un pormenorizado estudio de lo que significa ser mujer, en el que abarca disciplinas como la Historia, Antropología, Sociología, Biología y Psicología. Su conclusión, resumida en la frase citada, es que más allá del hecho biológico del sexo, la idea que se tiene de lo que debe ser –o como debe ser- una mujer: coqueta, delicada, fina, bella, tierna, abnegada; responde a una construcción cultural, socialmente armada, en el que la mujer siempre ha estado en función de un “Otro”: marido, hijo(s), padre, familia.
Por tanto, ella propone deconstruir esa identidad, o identidades asignadas, y que cada mujer construya su propia identidad, desde criterios propios. Inmediatamente, la Iglesia Católica lo incluyó entre su índice libros prohibidos, siendo uno de los últimos en gozar de tal distinción.
Es a partir de su trabajo que se comienza el trabajo sobre un nuevo concepto analítico: el Género, distinto al del sexo. Mientras éste último es un hecho biológico, el género es una construcción socio-histórica, que en base a determinadas características –incluidas las biológicas- asigna roles a hembras y varones de la especie humana.
De esta manera, el feminismo, que se suponía agotado una vez las mujeres occidentales lograron el derecho al voto y a ser votadas, cobra nueva fuerza, al echar luz sobre otras situaciones de desigualdad que no tienen nada de “naturales”, sino que, por el contrario, son producto de diferencias culturales naturalizadas hacia adentro de cada sociedad.
Sin lugar a dudas se ha avanzado mucho desde entonces. Hoy, en Occidente, no se cuestiona el derecho al voto femenino, ni a que trabajen, ni que estudien, ni están supeditadas toda su vida a la autoridad de algún hombre (padre, marido, hermano, sacerdote), y todo está consagrado por vía legal. Esto hace pensar que la igualdad de derechos existe porque así lo establecen la Constitución y las leyes. De hecho, hasta hace unos años, yo lo pensaba así.
Sin embargo, la ley, no tiene “efectos mágicos”. Por sí sola no cambia sociedades, ni prácticas culturales que están sostenidas sobre siglos y siglos de repeticiones y por la fuerza de la costumbre que las naturaliza.
Ejemplos varios:
  • Votar no significa ser votada. A nivel mundial, menos del 25% de las bancas legislativas son ejercidas por mujeres, y menos del 20% de titulares de ministerios lo son.
  • En el mundo, la pobreza tiene rostro de niño y de mujer. La mayoría de hogares pobres tiene al frente a una mujer jefa de hogar.
  • Un estudio realizado en 83 países demuestra que en la actividad privada, a igual tarea y cargo, las mujeres perciben entre un 10 y un 30% menos del salario que sus compañeros.
  • Muchas más mujeres que varones son universitarias hoy en día...pero están subrepresentadas en los cargos de mayor prestigio académico. Lo mismo pasa en cámaras empresariales y sindicatos.
  • Ni que hablar de las cifras de violencia doméstica en el mundo. O las cifras de trata y tráfico de personas.


Por todo ello, y como varón feminista que me considero, me rechina cuando se cuestiona al Feminismo o se ponen determinados “peros” acerca de los reclamos del feminismo contemporáneo.
Es cierto: hay mujeres que son violentas y ejercen violencia. También hay mujeres que llegan a cargos de ministras, de presidentas: de un país, de un Parlamento, de un sindicato, de una empresa. Y también es cierto que dentro entro del feminismo actual hay posiciones exacerbadas y radicalizadas... y personas taradas, como en todo grupo humano.
Hoy no es fácil reconstruirlo, pero seguramente, también entre las sufragistas de comienzos del Siglo XX había posiciones exacerbadas y radicales. Y eran acusadas de ser agitadoras, provocadoras, de “rompe hogares”, de ir contra de las tradiciones. Es que como escribió García Márquez: la historia es circular.
Pero cuando los datos globales en un sentido son tan contundentes, demuestran que más allá de los casos individuales de éxito (o de terror como en el ejercicio de la violencia)... hay cuestiones sistémicas y estructurales de fondo, que arrojan los resultados mencionados.
Por ello, me parece que cuestionar al feminismo, genéricamente y al boleo, porque hayan planteos exacerbados y tarados, es como acusar de terroristas a Mandela y al Congreso Nacional Africano porque alguna vez cometieron hechos de violencia para resistir el apartheid en Sudáfrica.
Y es, sobre todo, desconocer las razones históricas por las que surge el feminismo, y las desigualdades persistentes, estructurales, que pese a los mucho a avances registrados, aún hoy existen.






martes, 27 de febrero de 2018

Autoconvocados y Política (III) El problema (no menor) de la representación política. Por Rodrigo Tisnés





En la entrega anterior, me referí, partiendo de reflexiones generadas a partir de la aparición del movimiento de autoconvocados, al falso (o tramposo) discurso que, escudado en un supuesto “pragmatismo”, impulsa una agenda política que busca reducir la misma a una actividad gerencial, asimilable al de la empresa privada en una más que burda analogía, que en última instancia es un ejercicio de ideología en estado puro.
Sin embargo, pese a sus debilidades y contradicciones argumentales, este discurso “gerencial” ha prendido, y ha permitido el auge-surgimiento de empresarios millonarios devenidos en políticos, que enancados en discursos “ad-hoc” en el que mezclan conceptos empresariales, ideas populistas puras y duras (especialmente en materia de seguridad pública y derechos de los migrantes), y sentencias extraídas de manuales básicos de autoyuda.
Es un discurso atractivo y fácil de aprender por parte de una parte de la población alejada de los partidos políticos tradicionales, que descree en términos generales en la “política”, pero que no tiene ni ganas ni tiempo para reflexionar sobre que no les gusta de ella, y mucho menos para participar en la misma intentando cambiarla desde adentro. Si a esto sumamos la influencia que tienen las imágenes y campañas de marketing, y las redes sociales en la comunicación moderna como formadora de opinión, tenemos la explicación de gran parte del éxito de algunas de estas propuestas y políticos.
Así, y esto sí se aprecia en el discurso de los autoconvocados; se ve en el Estado a una suerte de agente u organización inoperante, salvo para cobrar impuestos y poner trabas burocráticas a la “creación de riqueza”, al tiempo que los políticos (a la cual se refieren como “clase política”) son una manga de ineptos y corruptos alejados de la gente, más preocupados en discutir entre ellos y conseguir votos que en encontrar soluciones “reales”. Con esta visión, la respuesta que dan es que hay que desideologizar la política, despolitizarla, para convertirla en una suerte de gerencia dominada por tecnócratas y expertos, y dejar que fluya la economía de mercado sin tantas trabas.
El problema, como dije en la entrega anterior, es que esta visión es tan ideologizada y parcializada como cualquier otra. Parte de un recorte de la realidad y toda una serie de analogías, supuestos y ejercicios mentales. Lo peor es su propia ceguera frente a su carga ideológica, como la de un niño que hace una travesura y luego dice “yo no fui”.
En el fondo, aunque no lo digan, y aunque tal vez ni siquiera se lo planteen, están cuestionando el concepto mismo de representación política.
Cabe recordar que la moderna democracia representativa toma forma a partir de fines del Siglo XVII y comienzos del XVIII con el surgimiento de las primeras democracias parlamentarias, primero con características bastante aristocráticas (la ciudadanía estaba bastante limitada, y se exigía determinado nivel de renta para el ejercicio de cargos legislativos) que se mantuvieron hasta comienzos del siglo XX, cuando la presión conjunta de los sindicatos, las sufragistas, y otros movimientos sociales, lograron sentar las bases de la actual política de masas y con criterios inclusivos de ciudadanía.
Con la democracia representativa y la inclusión en la categoría de ciudadanos de millones de personas, surgen los partidos de masas tal y como los conocemos hoy: organizaciones de neto carácter político, que se disputan entre sí las chances de acceder al gobierno (o influir en el mismo) mediante la disputa del voto de los electores, en elecciones abiertas y competitivas. Así llegaron los partidos políticos a ser los interlocutores válidos entre el Estado y la gente.
Y este aspecto de la democracia moderna es lo que en el fondo cuestionan los portaestandartes del discurso gerencial de la política. Y como modo alternativo a la gestión política de la cosa pública, proponen la idea de una gestión basada en criterios tecnocráticos de tipo gerencial. La propuesta, básicamente, consiste en una suerte de privatización de la actividad política, que en aras de ganar una –supuesta- mayor eficiencia, debería ser sustraída a los políticos “tradicionales” y ser depositada en manos de “gerentes políticos” y tecnócratas especializados.
Además de ser una propuesta tan cargada de ideología como cualquier otra, me parece, en términos democráticos, retroceder dos casilleros. Una nueva demostración de la circularidad de la Historia, que ante la crisis de representación de los partidos políticos, en vez de buscar formar y modos de radicalizar la democracia, da una media vuelta, y vuelve hacia formas aristocráticas u oligárquicas, apenas disimuladas tras un discurso de corte eficientista, tecnocrático, y libre mercadista.
Explota, eso sí, muy hábilmente la insatisfacción/tedio que produce en gran parte de la población los yerros, falta de respuestas ante problemáticas graves, y actos de corrupción de los políticos tradicionales.
Pero como ha quedado demostrado en varios casos (Collor de Mello, Fujimori, etc) estos “outsiders” no son impermeables a cometer ellos mismos actos de corrupción; y la lógica empresarial llevada a la gestión del Estado, no se ha mostrado ni más apta, ni más eficiente para resolver los problemas políticos, que en definitiva son aquellos en que se trata de articular la distribución desigual de poder entre individuos, colectivos, e instituciones dentro de una sociedad.
Y esos, no hay gerente ni tecnócrata que esté preparado para hacerlo.




viernes, 16 de febrero de 2018

Autoconvocados y Política (II) Por Rodrigo Tisnés




Voy a comenzar realizando una precisión: esta segunda parte no tiene tanto que ver con el movimiento de los autoconvocados en sí mismo, cómo en ciertas reflexiones e ideas que me han surgido a raíz de su aparición.
Si bien no forma parte de su plataforma, algunas partes de la misma, y de expresiones de referentes del movimiento me suenan parecidas, o cercanas al menos, al discurso, de contenido populista, que busca asociar la gestión pública a la gestión/administración de una empresa privada.
Quienes sostienen esta idea se suelen presentar como “outsiders” del sistema político, que vienen a corregir, desde afuera, un sistema que no funciona, en el cual todos los políticos son corruptos que buscan satisfacer apetencias personales (dinero, poder, fama, etc) y en caso de no ser corruptos, son unos incompetentes que no encuentran ni proponen las soluciones que “la gente” quiere, porque se acuerdan del pueblo solamente cada 4 o 5 años cuando salen a buscar los votos.
Este fenómeno no es novedoso y no surge en Uruguay. Puede rastrearse su origen, un tanto difuso, en la ascensión política de Valery Giscard d’Estaing, a fines de los 70’ y comienzos de los 80’, desde donde comenzó, lenta pero seguramente a permear al resto del mundo, para finalmente, penetrar con la fuerza arrolladora de un alud en Latinoamérica, una vez desaparecida la URSS y el bloque comunista, donde tomó primera forma en el Consenso de Washington a partir del cual se impulsaron toda la serie de reformas privatizadoras y de carácter gerencial en casi toda la región durante la década de los 90'.
Ahora bien, pese a que quienes sostienen este discurso “gerenciador” cargan contra la ideología, lo hacen genéricamente, sin nunca aclarar contra que ideología cargan. Porque, mal que les pese, y aunque parezca que para ellos esa palabra sea sinónimo del Anti-Cristo, el mero hecho de Ser Humano significa que alguna ideología tenemos. Los robots no piensan, por tanto no tienen ideología. Nosotros pensamos, por tanto, parafraseando a Sartre, estamos condenados a tener ideología.
No me refiero con esto a ser comunista, socialista, liberal, conservador, anarquista, ni ninguno de los “ismos” tan conocidos.
Voy a intentar ser claro: nosotros somos seres racionales y sensibles. Los hechos no los conocemos directamente, sino que la realidad la aprehendemos en procesos mentales –más o menos complejos y en general inconscientes - en virtud de lo que captamos mediante nuestros sentidos, y las fases de pensamiento asociados que nos permiten comprenderlos/desentrañarlos. Dicho de otra forma: la realidad es siempre interpretable.
Si no fuera así, resultaría imposible entender como en el pleno Siglo XXI hay personas (no pocas) que aún siguen creyendo que la Tierra es plana, en el creacionismo, en la superioridad étnico/racial, que Elvis está vivo, en rituales de magia negra, en la infalibilidad del Papa y Carlos Marx, en la neutralidad y la mano invisible del mercado… o que niegan el Holocausto.
Lo que llamamos realidad es, por tanto, siempre y antes que nada, una construcción simbólica, que nos permite dar orden y nombrar a las cosas del mundo, y relatar/contar lo que pasa de forma más o menos coherente con nuestras propias ideas y preconceptos.
Esto incluye, por supuesto, a quienes se paran desde un supuesto “pragmatismo” para criticar a los políticos y partidos políticos (todos) diciendo que lo que falta es gerencia privada… de la cosa pública.
El problema es que, para llegar a esa conclusión se debe pasar por todo un proceso mental, mediante el cual se equipara e iguala el Estado a una empresa privada, que de pique elige ignorar –u omitir- que mientras una empresa es una unidad económica que busca generar la mayor riqueza posible para distribuir la renta entre sus propietarios (o propietario); el Estado es la asociación política de los ciudadanos nacidos en determinado territorio (o naturalizados) que aceptan vivir en una comunidad, y cuyo cometido es garantizar la convivencia social de las personas y grupos que integran ese Estado, para lo cual dispone de ciertos medios, el más importante de los cuales, el monopolio en el uso legítimo de la coacción física.
Como puede apreciarse, son dos instituciones con fines radicalmente distintos (no necesariamente opuestos), por tanto, asimilarlos mediante una analogía por demás burda es un ejercicio de ideología casi en estado puro.
Podría contra-argumentarse que las empresas del giro industrial del Estado, aquella que brindan servicios de energía, agua potable, saneamiento, distribución y venta de combustibles, servicios de telefonía e Internet y datos, seguros, ferrocarriles, etc… sí tendrían que administrarse como empresas privadas, dado que en la medida que arrojen ganancias y sean eficientes, estarán actuando en beneficio del conjunto de la sociedad.
Es una visión posible. De hecho, hay actividades que hoy brinda el Estado en forma monopólica, que el desarrollo tecnológico ha convertido en obsoletas. El servicio de telefonía fijo es el más claro. Los seguros son otro, de una actividad comercial no estratégica, que funciona mucho mejor una vez abierta a la competencia.
Sin embargo, también existe la otra visión: la de que una empresa que brinda un servicio estratégico, como el suministro de energía eléctrica o el saneamiento, no necesariamente debe buscar la rentabilidad de una empresa capitalista clásica; porque en realidad, debe cumplir una función social, que es llevarle un servicio -básico en pleno siglo XXI- en condiciones mínimamente dignas hasta al más pauperizado rancho de lata, lo pueda pagar o no. De hecho, esa fue la razón que llevó a Batlle y Ordoñez a crear las primeras empresas públicas del Estado.
Y esa discusión, guste o no guste, no es económica, y mucho menos gerencial… ES UNA DISCUSIÓN POLÍTICA –e ideológica- porque es un debate acerca del tipo de Estado, y de sociedad, que queremos tener y construir entre todos.
Y por acá la dejo hoy, porque aún queda el tema no menor de la representación política, que es, en última instancia, lo que movimientos de “outsiders” políticos cuestionan. Prometo redondearlo en una tercera entrega… y espero que no sea una promesa vacía (como de político en campaña)

viernes, 9 de febrero de 2018

Autoconvocados y Política (I) Por Rodrigo Tisnés




Con el surgimiento del movimiento de los autoconvocados, asistimos en Uruguay a una nueva muestra de un fenómeno que, en lo particular, me resulta preocupante.
Lo preocupante no es el movimiento. Aunque parezca de Perogrullo, vale aclararlo, especialmente en esta época de redes sociales y 140 caracteres, en que como especie parecemos haber perdido cierta capacidad de abstracción de las ideas complejas. La protesta social, el reclamo, el “derecho al pataleo”, es uno de los principios básicos de la democracia, y uno de los puntos de diferenciación con las dictaduras. Se podrá estar individualmente de acuerdo, acordar en parte, o estar en total desacuerdo… pero la protesta social siempre es legítima.
Lo que me resulta preocupante es la declaración-aclaración de que la manifestación y movilización “no es política”.
Tal vez el equivocado sea yo, pero tengo entendido que los miles de personas que se juntaron a fines de enero en Durazno a las cuatro de la tarde, en un día de bastante calor… no eran un grupo de adoradores del Sol, ni de danzas folklóricas, ni de amigos que se juntaron a compartir un asado.
Por el contrario, era un grupo, bastante heterogéneo de productores rurales (y tal vez algunos comerciantes) con intereses y perfiles diversos, que se encontró en el centro del país, para reclamar al actual gobierno una suerte de plataforma elaborada en función de una serie de reclamos que tienen en relación a dificultades por las que atraviesa su sector en este momento. Incluso, esa plataforma va más allá y reclama, en forma genérica, que se baje el “costo del Estado”.
Y si se trata de un grupo de personas que cruzó medio país para acompañar y apoyar un movimiento que le reclama al Estado y al gobierno ciertas medidas concretas… francamente, no veo como tiene forma de no ser política.
Volviendo a la pérdida, o supuesta pérdida, de capacidad de pensamiento abstracto que comentaba anteriormente: afortunadamente, me siento capaz de distinguir, conceptualmente, las categorías “político” y “político-partidario. Nadie me lo ha dicho expresamente, pero intuyo que cuando el movimiento de los autoconvocados dice que no es “político”, en realidad están diciendo que no son un movimiento “político-partidario”. Suena parecido, pero no es lo mismo.
Esta confusión conceptual no es nueva. De hecho, una parte de la culpa es de los propios partidos políticos, que de alguna forma, tienen una tendencia a monopolizar la actividad política en cada Estado democrático. La propia lógica del funcionamiento de la democracia representativa los lleva a esto, desde el momento en que la elección de representantes políticos al Parlamento y a ciertos cargos ejecutivos se hace mediante el voto a candidatos que se presentan y postulan por medio de un partido político.
Sin embargo, esta tendencia no es absoluta. Con el surgimiento de la democracia de masas (es bueno recordar que hasta entrado el siglo XX, en casi todo el mundo la mayor parte de la población estaba excluida del ejercicio de la ciudadanía política), lleva a lo que en día en Ciencia Política se define como “poliarquías”, esto es, democracias pluralistas, con diversidad de partidos políticos y de actores con intereses políticos, que intervienen en la arena política, no a través de la competencia electoral, sino de su capacidad –diversa- de generar influencia, de movilizar personas y recursos. En suma: de incidir en la agenda POLÍTICA. Tenemos en este grupo de instituciones y organizaciones a: sindicatos, cámaras empresariales, multinacionales, iglesias (de todo tipo de credo), ONG’s (de jubilados, ambientales, de género, de consumidores, de celíacos, etc), universidades, asociaciones barriales y grupos de vecinos.
Robert Dahl, el principal teórico del concepto de poliarquía, expresaba que para que un sistema político democrático funcione correctamente, no sólo deben realizarse elecciones libres, periódicas y competitivas; sino que también, por fuera de esta lógica electoral, los ciudadanos deben poder formular y expresar sus preferencias, ya sea mediante la acción individual o colectiva.
En ese sentido, más afinado y preciso de lo que son las democracias modernas, el movimiento de autoconvocados entra de lleno en la misma, por tanto: ¡bienvenidos a la política!








viernes, 12 de enero de 2018

¿Yo?... uruguayo (por Rodrigo Tisnés) “Mi patria es mi hijo y mi biblioteca”. Roberto Bolaño.



Con esta, demorada, entrega pongo punto final a estas columnas. El motivo es muy sencillo: con casi cinco meses de radicación, ya no soy, ni me siento, un recién llegado. Seguiré colaborando con el Blog de Juanjo con notas y crónicas en la medida que la dinámica así lo indique.
Salvo la primera entrega, que fue escrita desde una emoción en carne viva, la idea de este espacio fue señalar –en forma caricaturesca- las diferencias que puede encontrar un uruguayo viviendo en Buenos Aires respecto al “paisito”. Diferencias que, en definitiva, por anecdóticas terminan demostrando lo cercanos y parecidos que somos. Lo escribí en una entrega anterior: para un extranjero, especialmente para un gringo, argentinos y uruguayos resultamos absolutamente indistinguibles. Y también, estoy convencido que hay más similitudes culturales entre un porteño (o un bonaerense) y un montevideano, que entre el mismo porteño y un chaqueño o un formoseño.
Plantearse la “argentinidad” o la “uruguayez”, es plantearse si existen las identidades nacionales. O sea: si una persona, por haber nacido en determinado pedazo de tierra, posee o cuenta con determinadas señas de identidad que la hacen diferente a su vecino que nació en el pedazo de tierra a 20 kilómetros de distancia, pero justo quedaba del otro lado de la frontera. El pedazo de tierra podría estar a 20 metros en el caso de algunos lugares (pienso en el Chuy y Rivera) o a 100 kilómetros.
No creo que se precise ser antropólogo para llegar a la conclusión que las identidades nacionales no son características naturales, ni genéticas, con las que nace una persona por haber nacido en un territorio llamado Uruguay, Argentina, Bolivia, Chile, o Malawi. No hay características predeterminadas que determinen la identidad nacional. No conozco, hasta ahora, bebés que salgan del vientre materno con el termo y el mate abajo del brazo.
Las identidades nacionales están basadas en tipos ideales y estereotipos, que buscaban afirmar el sentido de pertenencia al Estado-Nación como forma de justificar, y diferenciarse del vecino. En Europa esa construcción lleva más de 500 años, e implicó, entre otras cosas, la expulsión de comunidades determinadas en algunos países (los judíos en España, Portugal y Polonia); mientras que en América Latina es un proceso que lleva unos 150 años, desde la independencia de las viejas colonias. Así, se intenta uniformizar a la población fronteras adentro, poniendo un un énfasis en las diferencias con los vecinos, y se minimizan las muchas similitudes existentes.
Esta construcción de la identidad nacional, que es simbólica, mistifica determinadas cualidades supuestamente inherentes al “ser nacional” y al pedazo de tierra que se ocupa.
No quiero que se me malinterprete. Yo amo Uruguay y me siento profundamente uruguayo. Así como amo a Rocha y me sigo sintiendo profundamente rochense.
Pero tomando la cita de Bolaño, lo que he descubierto (o más bien reafirmado en estos meses), es que no preciso estar en Rocha para sentirme y ser rochense. Siempre será el lugar donde nací, me crie, me eduqué, viví los primeros amores –en general fugaces, tímidos y no correspondidos- adolescentes, las primeras aventuras y borracheras con amigos, y es el lugar al que busqué volver durante mucho tiempo. Es el lugar donde aún tengo gran parte de mis afectos (familia, amigos, de toda la vida y los nuevos que hice en mi “segunda” etapa rochense), con el que sueño, me ilusiono, y me interesa saber que sucede: me alegro con sus logros y éxitos, y me entristecen las malas noticias.
Por eso puedo decir que traigo a Rocha conmigo. Está presente en las personas, en mi memoria, en mi discurso, y en mi escritura. Exactamente lo mismo puedo decir de Montevideo, y del “paisito”. Son parte indisoluble de mi identidad por todo el magma acumulado a lo largo de los años.
Y a medida que pasan los días y semanas, también Buenos Aires se me está metiendo en la piel. Se está haciendo parte de mi identidad, así como Rocha, Valizas, Montevideo, Trinidad, La Paloma y La Pedrera son parte de la persona que soy ahora; porque también acá he conocido gente, forjado nuevas e insospechadas amistades y lazos afectivos. También sueño y me proyecto en esta inmensa, descomunal, caótica y seductora ciudad, que me ha recibido con los brazos abiertos, siendo un perfecto desconocido. En esta ciudad que me ha sacudido una suerte de modorra, especialmente artística, en la que me había sumido el confort de Rocha.
Incluso, retomando el tema de la tierra y las fronteras que con esmero inventamos, me ha recibido siendo nada más que todo un extranjero, y nada menos que un integrante de la especie Humana.
Por eso, puedo afirmar que, yo... uruguayo, sin lugar a dudas, pero también un poco argentino, absolutamente sudamericano y latinoamericano, bastante iberoamericano, y decididamente cosmopolita.

jueves, 28 de diciembre de 2017

Cataluña: entre lo Jurídico y lo Político. Por Rodrigo Tisnés



En julio de 2012, cuando los gobiernos de Argentina, Brasil y Uruguay resolvieron suspender temporalmente a Paraguay como miembro pleno del MERCOSUR (posibilitando así el ingreso de Venezuela), el por entonces presidente José Mujica argumentó la decisión diciendo que a veces “lo político estaba por sobre lo jurídico”.
El razonamiento, por supuesto, generó polémica, especialmente entre quienes sostienen que en un Estado de Derecho, las razones y lógicas políticas no pueden primar ni estar por sobre las acciones ajustadas a derecho. Tanto es así que, el año pasado, en ocasión del traspaso de la presidencia pro-témpore del Mercosur, el gobierno uruguayo –aun siendo del mismo partido político- sostuvo el argumento contrario, para defender su decisión de pasar ese mando a Venezuela.
En realidad, ambas posiciones están equivocadas. Parten de una idea de preeminencia de una lógica sobre la otra; cuando, en realidad, ambas coexisten. En general esa coexistencia se da en forma más o menos armónica, pero hay ocasiones en que ambas coliden y entran en tensión. Es el caso por ejemplo de normas declaradas inconstitucionales. Además de problemas de técnica legislativa que puedan existir en algunas de ellas, también es resultado de la tensión entre disposiciones normativas establecidas en la Constitución, y la voluntad del cuerpo legislativo de sancionar normas, que más allá de lo normativo, expresan una voluntad o señal política en determinado sentido.
Pero no son los únicos casos que existen.
Retomando el ejemplo inicial: la destitución de Fernando Lugo fue un acto político en el que integrantes de una alianza que había llevado al gobierno al entonces presidente, la rompieron, se aliaron con otros socios, y dejaron en minoría al bloque del Presidente. La nueva mayoría tenía los votos más que suficientes para destituirlo, y aprovechó una situación coyuntural para hacerlo. No fue un golpe de Estado, dado que es un mecanismo previsto constitucionalmente. Pero tampoco se puede decir que fue un “juicio”: no resiste el menor análisis en materia de las garantías ofrecidas al acusado para su legítima defensa, ni en la imparcialidad del cuerpo que resolvió el tema, ni en los plazos brindados. La confusión está en utilizar la denominación “juicio” para un acto eminentemente de carácter político, dado que es resuelto por un cuerpo político, en el que, pese a que existen argumentos que se quieren vestir con ropaje jurídico, en realidad se manejan argumentos políticos, y se sostienen en base a acuerdos, negociaciones, y componendas políticas, que un tribunal judicial no admitiría nunca por la sencilla razón de que está por fuera de su lógica de funcionamiento. Exactamente lo mismo puede ser afirmado en los casos de los brasileños Fernado Collor y Dilma Rousseff, y en el del –aun- presidente peruano, Pedro Kuczynski.
Tanto en el caso de normas supuestamente, o posiblemente, inconstitucionales, como en las formas de destituir al titular del Poder Ejecutivo, en cada país existen mecanismos diversos que administran estas tensiones.
El problema surge cuando no existe un mecanismo previsto para administrar ese conflicto, o sí existe es muy parcial e imperfecto, y no se ajusta a la realidad. Eso es lo que pasa en el caso de Cataluña, con la puja entre independentistas y unionistas.
Desde el gobierno central, especialmente por parte de Rajoy, han abordado el problema catalán desde el aspecto jurídico, sabiendo que eso fortalece su posición: la Constitución Española, de la época de la transición, no reconoce el derecho a la autodeterminación ni la posibilidad de convocar a plebiscitos consultivos en las Comunidades Autónomas. El Derecho Internacional, siempre más laxo y diplomático, admite y reconoce el derecho a la autodeterminación de “los pueblos”, pero bajo ciertos supuestos y el cumplimiento de ciertas condiciones.
Desde el gobierno catalán, si bien han intentado explicaciones jurídicas basados en los pocos resquicios que les abre el Derecho Internacional y los autonómicos, básicamente han planteado en términos políticos el debate: Cataluña y los catalanes tienen el derecho a la autodeterminación y a decidir si quieren, o no, ser parte de España, dado que son un pueblo con identidad propia, y ese es un valor supremo por sobre lo que en la materia establezca la Constitución española.
O sea: resulta imposible un entendimiento, siquiera un acercamiento, entre las partes porque hablan y razonan en dos lenguajes distintos, el jurídico unos, y el político otros.
De esta forma, a lo largo de los meses ha oscilado este conflicto, donde alternativamente ha tenido más preeminencia lo político, lo jurídico, y ahora parece que nuevamente lo político. Al menos eso es lo que surge luego de las recientes elecciones del 21 de diciembre, convocadas por el gobierno de Rajoy, luego de haber destituido al anterior gobierno regional.
Políticamente ha quedado claro que la sociedad catalana está movilizada, y dividida en mitades imperfectas respecto a la cuestión independentista. Existe una mayoría relativa favorable a la independencia o –al menos- a un grado mayor de autonomía. De hecho, los sectores políticos que apoyan la independencia serán (nuevamente) mayoría en el nuevo Congreso. Pero por otro lado, hay otra minoría relativa, bastante significativa, que no ve con buenos ojos esto de la independencia. De hecho, Ciudadanos, un partido que defiende el unionismo, resultó el más votado en las recientes elecciones, pero queda en minoría frente a la suma de los independentistas, y su líder –Inés Arrimadas- ya ha declinado la posibilidad de formar gobierno.
Sin lugar a dudas, quien salió perdiendo en el terreno político es el gobierno central encabezado por Rajoy. El PP, que contaba con 11 diputados en el Parlamento Catalán, pasará a tener tan sólo 3. De hecho, tuvo menos votos que el CUP, un partido secesionista de izquierda radical. De esta forma los populares pagan el precio de la testarudez ideológica y la falta de cintura e imaginación política de un Rajoy que, en el conflicto catalán, nunca entendió (o no quiso ver) que él es líder y Jefe de Gobierno; no Juez de un Tribunal Supremo. Se negó a ver el problema en su dimensión política, y al nacionalismo catalán, opuso un discurso nacionalista en el sentido contrario: el de España como nación única e indivisible.
No obstante, el resultado de estas elecciones también resulta un mapa más realista que el de aquel referéndum convocado y organizado de manera caótica, y llevado a la fuerza por un gobierno regional que, aprovechando la obstinación de Rajoy, logró más de un 90% de votos favorables a la independencia.
En definitiva, hoy la situación en Cataluña, política y jurídica, parece estar empantanada. Jurídicamente las figuras más representativas del movimiento independentista están en la cárcel, o exiliadas para evitar ser encarceladas, y esperando que se inicien los juicios en su contra. Políticamente, el independentismo sigue siendo fuerte, y el PP acaba de sufrir una derrota histórica en Cataluña.
Para salir de este juego de “suma 0” que ha sido hasta ahora, se necesita una flexibilidad, liderazgo e imaginación que Rajoy no ha mostrado hasta ahora, y dudo que tenga.
De todas formas, un poco lo entiendo: en un país diverso y multicultural como España, aflojar en relación a Cataluña, podría significar el comienzo del fin de la España que conocemos hoy en día, porque además del nacionalismo catalán, tiene que enfrentar el nacionalismo vasco, el gallego, el andaluz, y el valenciano. Lo entiendo… pero no lo comparto. Me parece que, en pleno siglo XXI, el derecho a la autodeterminación de los pueblos y sociedades no debiera ser cuestionado: si catalanes, vascos y gallegos no quieren, o quisieran, formar parte de España, no se los puede obligar con el corset de la ley y la amenaza del garrote.
Por tanto, correspondería a los líderes catalanes hacer una movida. ¿Cuál? Estimo que, sin abandonar la lógica política de su discurso, deberían agregarle un componente jurídico, como forma de canalizar la tensión. Si la Constitución española es inflexible y no admite que las Comunidades Autónomas puedan organizar plebiscitos para resolver su permanencia dentro de España, tal vez debería comenzar por promover una reforma constitucional que habilite a este tipo de consultas, sin necesidad de la aquiescencia del gobierno central, o con un grado mínimo de coordinación.
Esto, a su vez, les posibilitaría –a nivel político- tejer nuevas alianzas en otras Comunidades Autónomas, que hoy en día miran con cierto recelo el proceso catalán, porque entienden que el reclamo de independencia, más que un reclamo legítimo, es un actitud egoísta para no compartir/repartir la riqueza generada en su territorio, con las comunidades más pobres y atrasadas.
Y eso, el reparto de la riqueza generada, también debería formar parte de un debate político sincero acerca de la autonomías; cosa imposible si desde el gobierno central se sigue insistiendo en el callejón sin salida jurídico.