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viernes, 11 de marzo de 2016

La orquesta del Titanic Ignacio Rotondaro


 Sec. Político Agrupación: Dr. Carlos Tarabocchia. Partido Nacional

 


A un año del ejercicio del gobierno de Tabaré Vázquez su discurso no ha logrado convencer ni reconvertir la deprimida opinión pública sobre la aprobación a su gestión ni la situación que viven miles y miles de uruguayos.
En el largo mensaje de Vázquez, básicamente se le dió trasendencia a juicios emitidos por organizaciones como el Instituto inglés Legatum, el FMI, publicaciones como la Lonely Plantet o la National Geographic, valorándose los elogios emitidos por la revista The Economist sobre la calidad de las instituciones otrora considerados como cuna del imperialismo causante de los males
de los pueblos subdesarrollados.
La primera impresión es el desnudo del miedo a perder quizás la única herramienta que le queda al gobierno, el “investment grade”. Herramienta fundamental para emitir deuda soberana a tasas relativamente bajas. La pérdida del mismo implicaría una profundización de la crisis económica actual donde el principal afectado sería como siempre aquellos ciudadanos con ingresos fijos, resintiéndose además la inversión pública y privada y por consiguiente el empleo, el costo de endeudamiento también se vería afectado por lo que el déficit también se trasladaría al aumento de la carga impositiva, afectando principalmente y en definitiva a aquellos sectores que son el motor de la sociedad, la clase trabajadora.
Vázquez no habló sobre la pésima gestión de los entes estatales, del gasto desmedido del estado gastando más de lo que entraba, del feroz ajuste tributario encubierto, entre otros.
Vale recordar los anuncios de la campaña electoral, en donde a las puertas de su tercera victoria consecutiva con mayorías absolutas (y sin necesidad), se aumentó la vara de las promesas, “más presupuesto para la educación, más seguridad, más sistemas integrados; de cuidados,de educación, de infraestructura, más y mejor empleo, más, más, más....”pero la realidad desplomó el dictado facilongo y tribunero, no se advirtió el país que se venía, el receso cíclico de la economía, los problemas internos que continuarían dentro de la coalición del gobierno, y si lo sabían deberían pedir disculpas....
Pero el presidente se olvidó de otro aspecto fundamental; “la realidad” que se da de bruces contra todos los discursos, estadísticas y elogios de organismos internacionales, esa
realidad que incluye a la enorme mayoría de uruguayos que trabajan 12-16 horas diarias para lograr cumplir con las necesidades básicas, aquellos que tienen ingresos fijos (unos 700,000 trabajadores con ingresos menores a 15,000 pesos), aquellos pequeños
productores rurales y comerciantes que se les impone una carga tributaria que no coincide con los flujos de la producción ni contempla los procesos y los factores externos que afectan la misma, aquellos que deben producir con los costos mas caros de la región, aquellos que viven otra realidad....
El presidente Vázquez se olvidó de hacer una autocrítica, profunda, necesaria. Los actuales
actores del gobierno también integraron en diferentes lugares los gobiernos anteriores, por lo que atribuir la inestabilidad actual a factores como el exceso en el gasto público, las ineficiencias de las empresas públicas (Ancap), los pésimos negociados con el mercado
externo o la inflación descontrolada, no los exime de responsabilidad.
Restan aún cuatro años en los que se deberá dar mensajes claros y tomar decisiones drásticas, de lo contrario el horizonte que se avizora es igual al contexto latinoamericano.
Por el contrario, seguir con las políticas actuales y queriendo esconder la realidad con una
mano, será como la orquesta del Titanic que seguirá tocando pese al hundimiento definitivo del trasatlántico.