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viernes, 23 de diciembre de 2016

IGNACIO “NACHO” SUÁREZ. “La felicidad, si existía estaba lejos”. Por Julio Dornel.



                                        Julio Dornel

Sin pretensión alguna de internarnos en el difícil camino de la crítica literaria, tenemos derecho en cambio a utilizar el ME GUSTA virtual tan de moda, para referirnos a unos poemas del periodista y escritor Ignacio Suárez. Entre varios queremos destacar y compartir con ustedes DE NIÑO, con retazos de vivencias juveniles, “escondiendo libros debajo de las sábanas”. No aceptaba ni negaba la felicidad de aquellos años, señalando solamente que la misma “estaba lejos”. Va detallando luego el cambio de la casa solariega, por la carpa de “un circo o de gitanos”, escribiendo versos por el prohibido amor de una muchacha.
DE NIÑO
/ A Eduardo Nogareda y Marina /
Yo de niño viajaba por los ojos.
Me escapaba por el cine o la palabra
con puertas con porteros o con libros
que escondía debajo de las sábanas.
La felicidad / si existía /estaba lejos
al final de los rieles azulados
en noches cenicientas como heridas
por el cuchillo amarillo que pasaba
metálico y fugaz cual tren fantasma
o en la cruz ondulante de algún barco
en la honda y salada patria de agua.
Yo me iba de allá / del pueblo o casa /
por el sueño del circo o los gitanos
cabalgando hipocampos o pegasos.
También por el asombro permanente
de la poesía o en el prohibido amor
de una muchacha. Pájaro y canto.
La belleza en el aire de sus alas y en el
el renacimiento de la piel, ese milagro.
Ignacio Suárez


domingo, 7 de agosto de 2016

CHARLA ABIERTA CON IGNACIO SUÁREZ. Por Julio Dornel.


             Escritor y periodista Julio Dornel

“LIBERTAD NO ES HACER LO QUE UNO QUIERE, SINO QUERER LO QUE UNO HACE”. (Nacho).
Hace 26 años en un evento auspiciado por la Revista Literaria “Punto de Encuentro”, que dirigía la escritora Marylin Días Capó, nos encontramos con un reportaje realizado a Ignacio Suárez por la Prof. Yola Teixeira, donde asoma la personalidad de un periodista sincero y comprometido con la gente que lo acompaña hace medio siglo en la prensa escrita, la radio y la televisión. Señala Teixeira al comenzar la nota que se trata de un trabajador de la comunicación, un hombre sensible. “Un ciudadano común, preocupado por nuestra realidad. Un poeta que ama las noches de “boliches”. Pero sobre todas las cosas, una persona SOLIDARIA. Ignacio Suárez, un gran luchador de larga trayectoria en los medios de comunicación, que ha perseverado hasta alcanzar el éxito que hoy lo acompaña. En dos largas horas de la charla, Ignacio Suárez no hizo más que afirmar su sentido de responsabilidad y su deseo de seguir trabajando por nuestra cultura. “La palabra cultura está vedada en televisión. Dicen que la cultura no “vende”. Yo siempre creí lo contrario. La cultura es alegría, lo culturoso es aburrimiento. Claro, muy pocos tienen en cuenta que la cultura es todo lo que hace el hombre. Te confieso que un día prometí hacer la apología de las tortas fritas. Me atrevo a decir, quizás exagerando un poco, que la rueda de las tortas fritas convocan al diálogo, al encuentro de la familia, al fogón campesino y han hecho más a favor de la gente que ciertas propuestas televisivas que nada tienen que ver con nosotros los uruguayos. Hace mucho tiempo, cuando trabajaba en un diario, hice la apología de los apagones. En esa época había apagones con mucha frecuencia y cuando todo el mundo protestaba por esta situación, yo salía en su defensa porque nos había permitido de nuevo poder reunirnos alrededor de una vela, alrededor de un candil o de los faroles. No nos veíamos las caras pero nos escuchábamos las voces y los corazones”.
¿Qué piensas de la televisión en Uruguay?
“La televisión es una maravilloso instrumento. No me voy a poner como los indios a tirarle flechas al caballo de hierro. Lo que no está bien es que el caballo de hierro nos pase por encima de los plantíos, de las casas, y de las propias conciencias. Entonces si, no solo hay que tirarle flechas sino que hay que ponerle dinamita. Pero como no podemos ponerle dinamita, lo que tenemos que hacer es cambiarle la ruta. Siento la necesidad de ratificar un compromiso diariamente, ya que asumí hace mucho tiempo y es el de cubrir el más amplio y pluralista espectro informativo.  Yo no hago programas donde los directores de radio o de televisión o  autoridades de turno me indiquen si esto va o aquello no, porque ahí el que va soy yo. Le doy a mi gente lo que está necesitando. Y lo que está necesitando es poder. A diferencia de otra época donde el poder lo tenía el más fuerte, hoy el poder lo tiene el que tenga mejor información. Porque la información nos da la libertad”.
¿Qué es la libertad para ti?.
“La capacidad de optar entre más de una propuesta. Por eso yo muestro varias propuestas para que la gente elija. De esta forma estoy cumpliendo con la constitución de la República y con el juramento que le hice a mi bandera. Porque mucha gente piensa que ese acto es solamente un acto escolar, un acto puntual en una fecha fija  en el año. Para mi es un compromiso que asumí, primero conmigo mismo porque me considero un tipo demócrata, libre. Creo que la libertad no es hacer lo que uno quiere, sino querer lo que uno hace y yo amo lo que hago”.
¿Crees que interpretas  a la gente?
“Creo que sí porque yo también formo parte de la gente y  tengo las mismas dudas y los mismos problemas. Entonces trato de dar la mejor información posible sobre los problemas o situaciones que enfrentamos todos diariamente.  Creo que ser uno más entre la gente es la clave. Yo no estoy en un pedestal más arriba porque soy un comunicador. Ahora estoy cosechando lo que desde hace años he estado sembrando. Hoy estoy devolviendo  a la gente, lo que la gente me ha dado. Estoy hablando de los maestros, estoy hablando de la formación universitaria que recibí, de la formación callejera que recibo todos los días. Y qué decir de lo que me ha dado el tango, los boliches……”
La charla con Ignacio Suárez se prolongó en la tardecita otoñal, y cada palabra o concepto compartido o no, nos enriqueció profundamente y eso es lo bueno. Que en la coincidencia o la  discrepancia podamos seguir respetándonos y aprendiendo” dijo finalmente Teixeira.

jueves, 4 de agosto de 2016

EL “NACHO” NO ESTABA. Por Julio Dornel.




En este desandar de los años, cuando pretendemos aprovechar el tiempo, asoman recuerdos que la nostalgia, tan traicionera como siempre, nos hace pensar que los amigos “desconocidos” también existen. Algo parecido nos sucede con el “Nacho”, un fenómeno de las letras y amigo de “toda la vida”, que quisimos conocer la semana pasada sin aviso previo, mientras esperábamos la hora marcada para los chequeos obligatorios de los 80. Un amigo en común desde 18 de Julio, nos había pasado un mensaje de texto (es más barato) economizando palabras sobre el lugar donde posiblemente se encontrara el “Nacho”: Palacio Salvo, frente a la plaza Independencia o la sede de los AGADU allá por la calle Canelones. Todo fue inútil. Supimos por el portero, un señor muy atento, que el Nacho estaba para el interior, lo que nos quitaba toda posibilidad de saludar al amigo “desconocido”. De todas maneras y gracias a los conocimientos del portero, nos enteramos que una familia de inmigrantes, Salvo Debenedetti, fue la que levantó el majestuoso edificio, que al decir de algunos historiadores supera los 100 metros de altura, con más de 30 pisos y 250 habitaciones. Los trabajos habrían comenzado en el año 1922, culminando en el 25 con la inauguración oficial. Nos recordaba el portero que en sus salones se hicieron famosos los bailes de carnaval, que contaron en una oportunidad con la presencia de Josefina Baker, y en 1966 la consagración de Peñarol, determinó que su bandera flameara por algunos días en el punto más alto de Montevideo. Finalmente y haciendo gala de una memoria extraordinaria el señor portero nos señaló que los hermanos Lorenzo, Ángel y José Salvo, habían adquirido el terreno de 1750 metros cuadrados por la modesta suma de 650 mil pesos. No se imaginaron los hermanos Salvo que cien años después el sobrino de Micaela lo convertiría en baluarte inexpugnable del periodismo uruguayo.

domingo, 12 de junio de 2016

“SAN MIGUEL DEL AIRE” EL “NACHO” SUÁREZ: TREMENDO “ESCRIBIDOR”. Por Julio Dornel.


                Escritor y periodista Julio Dornel
Existen situaciones  contradictorias  desde el momento en que  los  pueblos muestran con orgullo su crecimiento demográfico, y la Villa Histórica (18 de Julio) que detiene su andar, al constatar que existen cosas más importantes que las multitudes. La poesía fue llegando despacio, contagiando a los habitantes con una actitud  de comienzo incierto, que fue creciendo con el paso de los años. De esta manera fue adoptando su pensamiento propio, descubriendo versos entre piedras y sitios arqueológicos que nos hablan del comienzo. Hay poesía en ranchos poblados por poetas andariegos, que son los herederos intelectuales de viejos escribidores que viven sus amores para crear poesía.  Son demasiados para una nota. Nos vamos a detener en el único que no conocemos personalmente. Es posible que algunos lectores de “Nuestra Gente”, tampoco conozcan la fina sensibilidad  que trasmite la “pluma” de Ignacio Suárez, cuando lleva al papel sus pensamientos en una forma muy personal. Hace muchos años que camina solo por el mundo de las letras, donde ha logrado lauros importantes, codeándose con calificados intelectuales. Cuando solicitamos su aporte para recordar a su amigo, el poeta Rondan Martínez, con la celeridad que solamente nos ofrece internet, nos hizo llegar el poema que dedicara a Manolo “Matungo” Lima, no sin antes señalarnos que “con Manolo nos encontramos accidentalmente en la capital del país, para enterarnos que también él era un personaje de “San Miguel del Aire”, y que tras muchos años de compartir noches de bohemia y de alcoholes, descubrimos que veníamos del mismo pueblo. Y me contó de la oquedad de la piedra redonda, de su humilde rancha y la imagen de la muchacha que lo miraba desde el fondo del agua, cuando llovía. Y que una vez pudo dibujar al viento, pero este  le quitó de la mano su dibujo”.
MANOLO MATUNGO LIMA
/ A Mariquita, su compañera y al pintor Juan Mastromateo /  
Hay una piedra redonda allá en San Miguel del aire. Una piedra que se parece a un mundo y en la piedra / hay, todavía / una oquedad como una luna azulazul de agua. Barquitos de papel de niño que navega bajo la cruz de sur, allá en el este, rodeado el barco de estrellitas y bengalas. Y, al final- siempre igual- se refleja la imagen de una niña de cabello negro-desnuda, angelical y sensual –claritamente clara: -Esa cosita, Nacho, que tienen-ayer Onetti lo decía-las muchachas.
Cuanto su pintura sin pintar ya manchaba sus párpados caídos, su palpitante corazón, atento a sus silencios de gurí diferente / che, botija / del rancho en la ladera de la sierra, roto, el de la frente como corteza costanera de pensar las cosas, el de los ojos miradores, como ajenos, que encuentran en el fondo del espejo- o agua- al otro Manolo / el que soñaba / su ser espiritual más viejo que sus años. Más joven, Matungo, que su edad.
Sopla. Gime el viento del pueblo. Gime. Sopla como en un cuento. Como en un sueño. Araña el aire. Sopla con colores y el gurí dibuja al viento, con lápices de viento, en medio de la calle. Pierde la gastita alpargata rueda (azul) y en el papel de astraza del almacén, insiste en dibujar los más íntimos colores del viento. El que se descubre por vez primera, tan triste que le arrebata el dibujo, aventándolo para el lado del parador, del fortín, del cerro picudo, es decir para aquel lado…Para la sierra que es la madre de todos los vientos del pueblo, del mundo…
Así es San Miguel y el niño lo sabía. Lo hablábamos en las noches del vino, del viento más lejano y la poesía. Una leve llovizna grisazul, atangada, de melancolía montevideana se ganaba en nuestra memoria común de ranchos y muchachas, cuando agonizaban los días con sus violáceos crepúsculos de otras aguas o resacas - acá, en este lugar del sur, del mar que no es la mar - y la tristeza.
Y, nuevamente, bajo candiles o faroles oscuros, Manolo Lima, el gurí raro, se escapaba de las penumbrosas cocinas de barro y de totora, sobre la grasa de los azules hules, y en dibujos de la escuela, escaleras, mujeres, caracolas, girasoles y barcos- tal vez torresgarcianos sin saberlo –peces y soles para alumbrar el humo de niño pobre. Humo que queda en la piel y para siempre. O en los ojos de tanto y tanto mirar la soledad.
Hablo de los viejos boliches ciudadanos. Su ser de luz, farito humilde y sabio, entre ruedas de amigos y de copas. Sus obras para pagar la vuelta, o volver por los ojos hasta su San Miguel del aire, donde había dejado con dibujos y grasa y sus manos de tierra, atado a su papel, al viento…
Pero hoy, che, Matungo, que no estás, digo, que estás, pero que no te veo, ni nada…  Yo sé que vuelves a buscarla. Lo sé en esas noches azules, rochenses, fronterizas, estrelladas. Yo sé que vuelves para ver en el fondo de tu roca ahuecada, de tu esférica roca, desde tu luna de agua, los ojos suaves como de pana o pena, negros y enternecidos de la niña aquella de tu infancia. Mi amigo de los pinos y los trinos, susurran aún en tu voz, tabaco y caña. Y recuerdo tu cara / tierra que habla / y tus manos de raíces como alas. Mariposas de luz, arcoiris del alma
.   

sábado, 30 de abril de 2016

LATITUD CHUY, NAUFRAGIO… Por Ignacio Nacho Suarez.



Era el año 1965. Yo, por entonces, integraba la Comisión Ejecutiva de la Feria Nacional de Libros y Grabados en tareas de Coordinación y Relaciones Públicas, pero, sobre todo, ejercía como amigo de su alma mater, la poeta Nancy Bacelo. Esa tarde venía de ver a Juan Carlos Onetti, quien tenía su oficina en Artes y Letras, exactamente enfrente a la nuestra, antes de ingresar al Atrio del Palacio Municipal.Atrio que aún no tenía piso de baldosas, por lo que lo cubríamos con camiones de pinocha mientras duraban aquellas inolvidables Ferias iníciales.
Al llegar, Uriarte, el morocho que oficiaba como de Ángel de la Guarda de Nancy me entrega un libro que habían dejado para mí. Me senté a leerlo cuando, ya de regreso, la inconfundible voz de Nancy, ya desde la puerta, me dice:- “Latitud Chuy”.
-¡Viste que poeta resultó el ganador del Concurso de este año! Quise que fueras el primero en leerlo, ya que acaban de mandarlos de la imprenta, porque además, es de tus pagos…Un aduanero del Chuy, llamado José María Rondán Martínez. ¿Lo conoces?
No lo conocía. Pero, desde esa tarde, ya sabía que éramos amigos. Había ganado ante un riguroso jurado integrado por Washington Benavides, Milton Schinca y la exquisita Amanda Berenguer,.. Llevé el libro a mi casa. Lo leía y lo releía hasta que, en medio de esa noche de verano, al ver en un centro de mesa unas frutas, descubrí una dorada naranja que brillaba como con luz propia. La pelé en círculos, lo que me permitió armarla nuevamente. Pero, antes de ello, escribí en su interior, en la parte blanca llamada albedo, una extraña carta circular con delgadas palabras escritas con pluma de metal y tinta azul…José finaliza un verso diciendo: Chuy, fronteriza línea, mayo 20. / Alguien, lo sé, me escucha. / Yo le confirmaba que lo estaba escuchando.
Preparada como un regalo, le mando la carta a José a la misma aduana del Chuy. Era como una carta de náufrago pero en vez de botella era enviada en naranja. Y tenía que ser naranja- como le decía- porque José había nacido entre los naranjales salteños, había sido cuidado por unas viejas tías indias, oscuras y silenciosas que aún lo acompañaban allá, en la frontera rochense. Le decía que su poesía olía a butiá y a caña blanca. Para mí, olía a infancia. Pero también al sueño compartido de que la palabra, algún día, nos ayudara a dibujar otro mapa de la Patria Grande americana ya que la suya era una soledad compartida por hermanos lejanos y cercanos. Como ese cholo Vallejo que, subyacentemente, como invisible pero profundos vasos comunicantes, nos unía en esa noche…
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Latitud Chuy, angustia, / alarma del otoño, fuego tibio / ordenando el paisaje, el caserío; / Van Gogh rebelde abriendo girasoles, / degollando las nubes, abatiendo / las alas del ocaso. / Cicatriz de la calle, piedra amarga, / vertical en mi cuello…Vidrio herido / apretado entre mansos edificios; / gente con su esqueleto a las espaldas /arrodilladas sombras, trigo imberbe / cuchara despoblada…/
Cuando, por fin, nos vimos, los dos sabíamos que era un reencuentro. No obstante existía – existe todavía -un misterio, un fenómeno inexplicable, insondable…José María parecía esconder detrás de su, hasta tosca figura; oscuro de piel, ojos enrojecidos, melena despeinada, desprolijo en los gestos y en su desaliñada vestimenta, el alma de otro ser. Parecía que esa imagen de cuidacoches descuidado y hasta ebrio, no condecía ni con su calidad del fino y culto poeta que era; ni con el aplicado, recto, insobornable aduanero funcionario aduanero, lo que le permitió- siempre por concurso y por capacidad intelectual y comprobada responsabilidad, ascender a los planos más altos que el escalafón funcionarial vigente le permitió.
Achinado, más cerca de la imagen que Hollywood proyectara al mundo de los más indisciplinados guerrilleros villistas o zapatistas, nos daba la sensación de que dos o tres personalidades diferentes, y hasta contradictorias, convivían en él, quizá generando las duras crisis internas que tuvo que enfrentar. Escuchándolo hablar- especialmente si había tomado algunas de las copa que solía beber en excesos- nadie podría decir que era la misma persona capaz de elaborar, desde una raíz muy profunda e incluso desconocida de su ser más íntimo, esa poemática clara, sutil, rica y elaborada que le emanaba como de las puras y escondidas vertientes de su alma…
/ El pueblo es un latido apresurado / sonoro de motores, carcajadas /de los turistas en verano. / (En mi puesto aduanero, alicaído, / controlo cuántos coches puro lujo, me llenan con su polvo de turistas / la adormecida siesta de mis poros). / Chuy, fronteriza línea, mayo 20:/ mi traje rutinario, gris, planchado, / recoge la haragana simpatía /del polvo cotidiano, amanecido, / en la vértebra lúcida del año. / Mi dimensión sumisa clava empeños / en madrugada cierta…Dientes agrios /destrozando almanaques, denme tiempo / para afilar el hambre…
Funcionario y poeta, hombre sensible en medio de esa irrealidad o supra realidad casi onírica de la frontera del Chuy, con sus diferentes y no menos contradictorios planos superpuestos, integrados por pobres y ricos, criollismo y sofisticación; mezcla de razas y lenguajes; vidrieras y baldíos…Polvorientas calles de sol y viento , llenas de restos de embalajes y cajas de todas formas y colores de los productos de la última tecnología, al lado de puestos de tortas fritas, flores de verdad y de mentira. Carros con caballos junto a los automóviles más lujosos de los más extraños países. Mocasines, alpargatas y ojotas. Sulquis, bicicletas y motos. Muchas motos y motitos...Y las más extrañas mezclas de las modas, cabellos, cicatrices y tatuajes. De hombres y de mujeres, de niños y de viejos y de perros vagabundos y mascotas falderas y ciudadanas de pelo teñido moñitas de colores y uñas cortadas…
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En un incesante desfile de vestidos y desvestidos…Mate amargo y guisos carreros. Los whiskies y los perfumes más caros del mundo y los sombreros y gorros de paja regalados por Samuel Priliac desde su tradicional casa instalada en la línea divisoria…
Por ahora deslizo mis mensajes / en rápidos bolsillos / amparo el desamparo / me podo el ojo turbio / redimo mis rodillas / plumereo mis huesos genealógicos, / me encierro bajo llavecon mis penas / y hago mi aprendizaje de patriota. / No es poesía rebelde, todavía / pero es poesía herida. / Latitud Chuy, naufragio. /
“El ciego sol, la sed y la fatiga. Por la terrible estepa castellana, al destierro, con docede los suyos, —polvo, sudor y hierro— el Cid cabalga, decía en su Castilla Don Manuel Machado, sobre un exilio parecido al del niño salteño que, cual resaca humana, la vida, como la mar, empujaba a las costas de las fronteras…
Y en las noches, bajo ese cielo azul como una inmensa carpa de circo, el ojo mágico del faro de la Barra, la fraternidad empecinadamente oriental de los cantos, de las copas y de las guitarras. Voces y guitarras y orfandades que lo llevaron a la búsqueda del padre y que, al lograrlo, recreándolo, lo ve como realmente era: El Artigas compañero...
/ Artigas, Pepe Artigas, Viejo Artigas, / Capitán del Lucero…Artigas Padre: / Voy a ubicar tu nombre, cuando entonces / todavía no andaban por la Patria /tus frases como soles, tus palabras / mayúsculas, cuando eras / José Gervasio Artigas./ Cuando tu vestimenta de patricio /atildada y prolija impresionaba / a tu sobrina ña Josefa, cuando, /conversabas de cosas familiares,/ de la estancia de Pando, de las reses / faenadas por el cuero./ Eras entonces nada más que un hombre / perdido entre otros hombres./ Esas cosas pequeñas, cotidianas, son las que quiero para ver tu estampa / como cuña de sol en nuestra Patria./ Por ejemplo te veo cabalgando / en tu caballo zaino y legua y legua /hasta encontrar cansancio y pulpería,/ hasta encontrar guitarra, naipe y trago,/china, requiebro y una copa arisca.
Y ésas, sus copas ariscas nos unieron en muchas de nuestras largas charlas, ya en el Chuy, ya en su rancho de la costa mansa del río, cuando, luego, fue trasladado a Colonia. Rancho desde cuya puerta pescaba, habiendo sido esta etapa, quizá, una de las que más paz le dio la vida junto a su tan amante y sensible compañera de vida, Alicia López.Ya instalado en Montevideo, mientras ascendía profesionalmente hasta convertirse en un jerarca del Instituto aduanero, también comenzó su lucha frontal con el alcohol, con esas copas tan ariscas que, por haberlo acompañado en uno de sus combates frontales, periódicamente pasaba a verme e un apartamento que yo por entonces tenía en el Hotel Liberador en Florida y la Rambla y me decía, como en una especie de código: - ¿Me acompañas allá?- haciendo un típico gesto con su cabeza de enmarañado cabello.Y “allá” era: Millán 2515- que, no por casualidad, es la dirección más conocida del Uruguay-.Entonces estoicamente pedía que se le hiciera un tratamiento para enfrentar,en parte, su dipsomanía.

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Para, por ejemplo, no tomar más whisky. Entonces desde salía a tomar cualquier otra bebida, incluyendo una etapa en la que bebía hasta menta. Diciendo al respecto, que, de la misma manera que Neruda escribía con tinta verde, algún día él mismo sería recordado como ¡el poeta de los versos verdes, por dentro!…
A lo que yo le contestaba que ya estaba lo suficientemente maduro como poeta para escribir versos verdes…Esta fue sin duda una de las etapas más duras. Y bueno es recordar con agradecimiento el apoyo que tuvo, hasta hoy, del periodista Julio Dornel manteniendo viva su memoria. Luego vino la etapa de las internaciones más severas. Donde su vida y su poesía quizá como nunca, tocaba el mismo hueso de su hermano de piel y alma, el dolido poeta César Vallejo. Y lo refleja: “H. V. 7 bis” que sintetizaba: Hospital Vilardebó Sala 7 bis: “Domingos con visitas/apresuradas, tiernas, bondadosas/ acariciando el pómulo, inquiriendo por nuestras/soledades/ como si niños fuéramos… Y nos quedamos solos/ mirando más allá de la llovizna/este domingo gris/setiembre...
U otros fragmentos donde rescata susdolorosasinternacioneshospitalarias: “Repaso mi etilismo en esta cama / Nº10, Vilardebó…tristeza / de germinales tallos / derrotados sobre esferas alcohólicas… Cama Nº10 / Vilardebó, tristeza: la tibia beatitud de las frazadas / cobija mi esqueleto”.
Otros versos nos duelentodavía…:- “Me duele el viento, el corazón, la tarde/ las palomas eróticas, el loco/ pidiéndome una ausencia de tabaco… Me duele el pie descalzo cuyos dedos/dibujan jeroglíficos, simbólicas/visiones de un profeta taciturno.” “Crece el tumulto de mis soledades/ y el grillo de mi canto se adormece/sobre un lecho prestado… Hay una telaraña sin araña/atrapando mi sueño, mi delirio/ de boca sin mujer:/un mes de manicomio ya me alcanza/para volverme loco…”
Una vez en su casa montevideana, humilde y sencilla como su propia vida o como su propia pareja, me abre la tapa de un sótano y muestra cajas y cajones de botellas de bebidas y chocolates finos. También había electrodomésticos y aparatos de sonido de la más sofisticada tecnología. Todo absolutamente cerrado, intocado. Y Alicia me explica que allí José depositaba “los regalos” que no había podido devolver. Los que le llegaban de parte de empresas que, de esa manera, pretendían vencer su inquebrantable compromiso de ejercer con la más absoluta honestidad su función aduanera. Eso, naturalmente también le creaba enemigos hasta entre algunos- y no pocos- de sus propios colegas. Compromiso humano y ético que también había asumido ante su poesía cuando, por ejemplo, creó una de las más hermosas canciones que popularizó nuestro común amigo Alfredo Zitarrosa y el rochense dúo Solipalma. : El Taipero, y su dura realidad laboral y vivencial de la cual le relataba con detales el propio Julio Dornel.
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Este tema, además, también nos unía por un vínculo muy fraterno, porque yo también había escrito, siendo muy joven, una canción a los taiperos que había conocido en los arrozales de mis pagos.Texto que una noche, rompí -frente a sus asombrados ojos- porque era, infinitamente inferior a ésa, su tiernísima canción:
Plazas de recuerdo son las noches del taipero, / peón del arrozal doblado en soles y luceros, / cuña de esperanza clavada en Cebollatí. / Taipero.../ Dura es la canción en la cosecha de febrero, / cuando el horizonte se hace amargo canto obrero, / silba el agitar del arrozal tan infeliz. / Taipero.../ Vida triste es ésta, la del arrozal, / unos pocos pesos para malgastar. De contrabando los peones /se vienen desde el Brasil, /buscando en Cebollatí el arrozal Los terrones dan tallos y dan canciones /de patria amarga y sufrida, / dolor de hombre la herida, / que alivia un poco la caña, / de sol a sol, dura hazaña /que nos consume la vida. / Patos y gaviotas acompañan al taipero, / hasta que la lluvia trae remansos galponeros, / cantos y guitarras aliviando el existir. / Taipero.../ El domingo hay fiesta en Cebollatí, gastaré mi plata sin pensar en ti. / Taipero... taipero...
Y así como te imaginé por primera vez, vallejianamente solo, bajo un sol de Van Gogh de la frontera, así te veo ahora, cuando el verano hace girar, lenta y pacientemente la noria de su calesita - bajo tus mismas calles solitarias- bajo el sol de un viento permanente, mientras gira el polvo de los días, los mismos días blancos e infinitos, de un día igual a otro.De un día igual al otro. De otro día igual, José María.

jueves, 19 de marzo de 2015

UN TEXTO INÉDITO DE IGNACIO SUÁREZ


(adelanto exclusivo de un próximo libro de relatos y poemas)
 
APLAUDIR

Habrá que buscar otro lenguaje
otro atajo en el bosque de palabras
otros caminos o signos que entendamos
para romper los silencios de tantas soledades
escondidas en la parte de atrás de muertes sueltas
desoladas en claves de orfandad en un juego de espejos
coloridos, divertidos, modernos laberintos del show televisivo
de risas desbocadas  de abrazos y de besos virtuales maquillados
como esa luz azul nocturnal que invade  todas las vidrieras las casas
y las almas con sangre y noticieros. Y la ilusión del dinero y de ser alguien.
Alguien que baja por el caño yo escribo filosos poemas de semen y de lágrimas
mientras un asistente con un cartel ordena: Ahora silencio. Luego aplaudir a rabiar.
El gran ojo que manda: Aplaudir a rabiar. El becerro de oro, ordena: Aplaudir a rabiar
El falso Dios indica: Aplaudir a rabiar. El yerno, hoy gerente: Aplaudir a rabiar. Aplaudir.
Mudos y sordos. Marionetas de la piolas como trompos. Aplaudir a rabiar. Pero a rabiar de rabia.