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miércoles, 17 de junio de 2015

ESCUELA 28. RECORDANDO A LOS MAESTROS. Por Julio Dornel.



                          Escritor y periodista Julio Dornel
 
En este racconto motivado por el nuevo aniversario de la Escuela República Federativa del Brasil, no pueden faltar los reconocimientos a quienes dedicaron su vida a modelar la personalidad de los niños fronterizos. Un reconocimiento especial para quienes nunca economizaron esfuerzos y superando dificultades y distancias nos trajeron un día la educación que reclamaban los niños del norte rochense. La escuela 28 ha tenido desde su creación, figuras realmente ejemplares que incentivaron desde el comienzo la vocación de los alumnos. Maestros, que antes de llegar al diploma, sentían una vocación irrenunciable por la enseñanza. Pocas veces tenemos en cuenta el trabajo de los maestros y su constante preocupación por la defensa del idioma, lo que ha representado siempre una cuestión de identidad y motivo de orgullo para el departamento. Fueron de esta frontera los primeros maestros que lucharon contra la invasión foránea y el contagio portugués que por razones de vecindad nos “ametrallaban” permanentemente.
La voluntad y el temperamento inicial del maestro Elías Lizardo se constituyeron desde 1905 en una antorcha, que recogieron luego quienes lo sucedieron, luchando siempre contra la contaminación cultural que amenazaba ingresar a la “escuela 28”. Somos conscientes que vamos a omitir algunos nombres en esta larga lista, confeccionada con el apoyo de viejos vecinos para recordar a muchos maestros que dignificaron la profesión en esta frontera. Por allí estuvieron Enrique Vigliola, María Elena Techera, Ofelia Saint Estevan, Lucrecia Vázquez, María Tabeira, Julieta Sosa, Sara Orrego, Angelita Camaño, Blanca Sedullo, Aída de Castro, María Lidia Sopeña, Olga Magliano, Alba Saldain, Sonia Fosatti, Alba Miranda, Francisco Leiza, Mista Siglia, Melita Silva y una legión interminable de maestras que defendieron permanentemente la enseñanza pública dejando en ella sus mejores años. Más allá del tiempo y la distancia que nos separan del año 1905, cuando el maestro Elías Lizardo inauguró oficialmente la Escuela 28, es evidente que muchas maestras han desfilado por sus salones impartiendo sus enseñanzas. No dudamos que la escuela creada por Varela y poseedora de una rica tradición, encontró en esta frontera el impulso generoso de muchas maestras y maestros para que pudiera cumplir con sus objetivos. Hay que tener en cuenta además, el panorama que encontraban las maestras que llegan a la frontera en las primeras décadas del siglo; una escuela funcionando en un rancho de barro y paja brava, cercada por un alambrado que se le escapaba a los piques quebrados por los animales, y apolillados por el tempo. Vinieron luego otros locales prestados por los vecinos hasta que se construye finalmente el edificio propio.


E L P R I M E R  M A E S T R O
 E L I A S  L I Z A R DO

Todo había comenzado en el año 1905, cuando las autoridades de Instrucción Primaria de Rocha, resuelven trasladar la escuela que funcionaba en Cebollatí para esta frontera a cargo del maestro Elías Lizardo. Había nacido en Montevideo el 20 de julio de 1869, en un barrio con historia propia; la Aguada, a pocos metros de la casa donde en 1856 había nacido José Batlle y Ordóñez. Comenzaba el siglo cuando llegó con su diploma de maestro al norte rochense para recalar en la escuela de Cebollatí, donde al poco tiempo y por falta de alumnado se dispuso el traslado de la escuela para esta frontera en setiembre de 1905. A los maestros y alumnos de todas las generaciones, les dedicamos este poema, con la seguridad de que estamos contribuyendo a la evocación de muchas despedidas.


ADIOS ESCUELA.

Ha llegado el momento de dejarte,
nuestra labor del año está cumplida
somos el escuadrón blanco que parte,
con la nostalgia de la despedida.
Patio con Sol que nunca olvidaremos
aulas donde aprendimos tantas cosas,
pedacito de cielo que aún te vemos
por la ventana abierta entre las rosas.
Ya no vendremos mas a tu llamado
vieja campana de color ceniza
ni escribiremos en el encerado
con la barrita blanca de la tiza.
Queda entre tus paredes nuestra infancia
el primer goce y el primer quebranto,
la amistad, esa flor de tolerancia
y las maestras que quisimos tanto.
¡ADIOS ESCUELA!
Con el alma henchida de gratitud
la caravana parte
nuestro blanco escuadrón
hará en la vida más de un alto
tal vez, para venerarte.
Ha llegado el momento de dejarte
nuestra labor del año está cumplida
somos el escuadrón blanco que parte
con la nostalgia de la despedida.
(poeta Fermín Estrella Gutiérrez)