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lunes, 30 de noviembre de 2015

La búsqueda de una alternativa al Frente Amplio o la construcción de un espacio socialdemócrata Oscar A. Bottinelli



Diálogo con Fernando Vilar

Radiocero y Radio Monte Carlo - noviembre 20 de 2015
 
 
Para la oposición es sin duda muy importante construir una alternativa al Frente Amplio […] Construir un proyecto político no necesariamente supone construir un proyecto electoral. Un proyecto alternativo se puede expresar en un solo o en diversos proyectos electorales […] han partido tres iniciativas desde la oposición en cuanto a la construcción de un espacio socialdemócrata: en el batllismo, del Partido Independiente y de Jorge Larrañaga.
OAB: Para la oposición es sin duda muy importante construir una alternativa al Frente Amplio. Es su propio destino, su objetivo lógico. Toda oposición tiene que tener como meta el sustituir al gobierno al cual se opone.
Construir una alternativa puede verse de distintos puntos de vista. Uno, que es el que se piensa inmediatamente, es armar un espacio electoral fuerte que empareje y supere al Frente Amplio, es decir, un frente opuesto, una alianza, una concertación. Otro punto de vista de construcción de alternativa tiene que ver con la estrategia y con la táctica; por dónde se va, qué camino se sigue, qué pasos se dan en cada momento por ese camino, cómo se golpea al oponente.
Pero hay otro punto de vista, sustantivo: construir un proyecto alternativo, diferente. Se dice que muchas veces un mal gobierno no cae porque no tiene una alternativa mejor, y otras veces un buen gobierno es desplazado porque aparece una alternativa mejor o más potente. Desde este punto de vista, construir una alternativa supone armar un proyecto que concite la adhesión de una parte significativa de la gente, de la ciudadanía, como para entusiasmar a unos, a los que nunca estuvieron con el Frente ,y a otros, a los que lo han acompañado y puedan estar disconformes.
Construir un proyecto político no necesariamente supone construir un proyecto electoral. Un proyecto alternativo se puede expresar en un solo o en diversos proyectos electorales. En principio, son dos cosas diferentes; interrelacionadas, pero diferentes.
FV: ¿Y qué es eso de construir un proyecto político alternativo?
OAB: Cuando hablamos de proyecto político hablamos de un proyecto en cierto modo ideológico, que refleje determinados valores y propuestas en términos de fondo, en términos sustantivos. Me refiere no a los clásicos programas de gobierno, que en general son catálogos de medidas concretas y parciales, sino a la exposición de un modelo de sociedad, un modelo de Estado y un conjunto de valores en los cuales apoyarse.
Un ejemplo es el de fines de los ochenta: se construye en Uruguay un proyecto político alternativo tanto a la ideología dominante en el Uruguay como a la izquierda. Por ideología dominante uno se refiere a esa visión de un Uruguay con un fuerte papel del Estado, de un Estado protector y un Estado como importante actor de la economía, con un alto propósito social. Es lo que se denomina la visión del welfare state, del estado social, del estado benefactor. Este modelo fue el dominante en Uruguay a lo largo del siglo XX, particularmente desde los tempranos años diez del siglo pasado hasta culminar los años ochenta. Un largo periodo de más o menos ocho décadas.
La alternativa, el nuevo proyecto, apareció con absoluta nitidez desde dos corrientes de los dos partidos tradicionales. De un lado de Jorge Batlle, de la Lista 15 del Partido Colorado, y del otro lado de Luis Alberto Lacalle, blanco, del nuevo herrerismo, del herrerismo reformulado. El punto central, en común, de ambos proyectos fue la apuesta al libre mercado, a la desregulación, al achicamiento del papel del Estado, a la privatización de empresas públicas o de sectores de la administración pública y a la apertura de la economía.
Como análisis histórico se puede decir que esos proyectos en mucho no lograron su propósito, pero en otros sí, como cosas hoy muy aceptadas como la apertura de la economía, la necesidad de una inflación baja o de un cierto equilibrio fiscal.
Pero ahora lo que domina es una visión de izquierda, o del viejo Uruguay estatista y de protección social, pero más sesgado a la izquierda de lo que fue tradicionalmente en las ocho décadas que mencionamos del siglo XX.
Este modelo se expresa en el Frente Amplio y en sus dos gobiernos más el tercero en curso.
FV: Tú en el título mencionas una alternativa o espacio socialdemócrata ¿A qué te refieres?
OAB: Digamos que han partido tres iniciativas desde la oposición en cuanto a la construcción de un espacio socialdemócrata, en los colorados, en los blancos y en el Partido Indpendiente. Por un lado en el Partido Colorado mediante la búsqueda de reflotamiento y reflorecimiento del batllismo como concepción. Los grupos nítidamente batllistas sienten la necesidad de reflotar el Partido Colorado desde el batllismo, es decir, desde un discurso y una concepción socialdemócrata.
Por otro lado el Partido Independiente ha avanzado hacia una definición socialdemócrata. Un partido construido sobre un basamento socialdemócrata y otro basamento socialcristiano, confluyó en las últimas semanas en la convocatoria a exponentes de distintas fuerzas políticas para discutir la socialdemocracia en el Uruguay.
Y ayer Jorge Larrañaga, en su presentación en ADM, lanza la necesidad de formular reflexiones para construir una alternativa basada en valores, de tinte republicano y ,agrega, socialdemócrata.
Es decir, que se perfila un espacio que permite trazar un círculo dentro del cual en principio caben las corrientes nacionalistas de pensamiento socialdemócrata, el batllismo y la gente del Partido Independiente. Lo que es claro que no se formula como un proyecto electoral, sino como un espacio de construcción de un proyecto alternativo, programático, ideológico, un proyecto diferente y opuesto al del Frente Amplio. Sin dudas basado en las propias convicciones, pero también en el aserto de que al Frente Amplio no se le gana por la derecha -afirmación que hacen muchos dirigentes de los dos partidos tradicionales- y que para ganarle es necesario disputarle el centro político, con una visión socialdemócrata.
FV: ¿Y qué quiere decir un espacio socialdemócrata?
OAB: Eso es lo que queda por definir con absoluta precisión, Por socialdemocracia se entiende como mínimo un Estado fuerte, protector, con activa participación en la economía, con fuerte apego al valor del trabajo y de fuerte arraigo democrático-liberal.
Y posiblemente por allí coincidan muchos en esa definición de socialdemocracia. Hay otros aspectos de la socialdemocracia, al menos en la visión predominante en Europa a lo largo del último siglo, que habría que ver si está presente, relativa al tema de la fuerte laicidad política, que es precisamente uno de los ejes que divide a los partidos socialdemócratas de los socialcristianos.
Hay mucho para aguardar. Hay que ver hasta dónde se llega, cómo se define la socialdemocracia, qué alcance se le da. Pero lo cierto es que a partir de estas tres impulsos surge el propósito de construcción de un espacio programático opuesto al Frente Amplio pero ubicado hacia el centro del espectro político.

lunes, 3 de noviembre de 2014

Pablo Mieres "LA DECISION MAS FIRME Y ENERGICA. LADRAN SANCHO"


montevideo.com.uy

El Partido Independiente resolvió no aconsejar el voto a ninguno de los dos candidatos en la segunda vuelta del próximo 30 de noviembre. A su vez, Conrado Ramos, Iván Posada y Daniel Radío decidieron que no harán público su voto y quien esto escribe manifestó que votará en blanco.

La decisión tomada por la Junta Federal, de la que participaron más de 120 militantes y 59 de los 68 miembros, representando a la conducción política de todo el país, fue adoptada con una sola abstención (que correspondió a un integrante que quería que el partido institucionalmente se pronunciara por el voto en blanco).

Por tanto, la decisión fue tajante, firme y totalmente consensual.

El Partido Independiente ratificó su independencia política y electoral con total convicción y firmeza. No nos representa ninguno de los dos bloques en que está dividido el país.

No le usamos el voto a los que confiaron en nosotros una semana atrás. Así como ellos confiaron en nosotros el 26 de octubre, ahora nosotros confiamos en ellos con respecto a la decisión del 30 de noviembre. Somos concientes de que habrá quienes optaran por una de las alternativas y quienes optaran por la otra, también habrá quienes preferirán mantenerse al margen de esta definición. Queremos que todos ellos sientan que el partido no los defrauda adoptando una posición que contraviene su inclinación.

En nuestro caso particular, decidimos anunciar nuestra decisión señalando que votamos en blanco.

Inmediatamente llovieron las críticas, los cuestionamientos y hasta las descalificaciones de representantes políticos de ambos lados. Ladran Sancho…

Antes de responder a esas críticas, queremos fundamentar nuestro descarte de cada una de las alternativas.

El Frente Amplio ha dado muestras múltiples de ejercicio abusivo del poder.

El propio Presidente violó en reiteración real la Constitución durante buena parte de la campaña y continúa haciéndolo de manera pertinaz y patética. Su gobierno ha hecho un uso abusivo y reiterado hasta el cansancio de la publicidad oficial al servicio de su partido. Particular vergüenza produce el aviso publicitario del MVOTMA utilizando a gente humilde para propagandear una modesta gestión en la que se está gastando vaya a saber el equivalente a cuántas soluciones habitacionales, con plata de todos los uruguayos.

En el Frente Amplio el domingo pasado se fortalecieron aquellos sectores con los que más distancia tenemos. Han prevalecido los que han demostrado menor preocupación por los valores republicanos, los que menos creen en el respeto a las reglas de juego, los que son más propensos a compartir la triste frase de que “lo político está por encima de lo jurídico”.

La candidatura del Partido Nacional, por su parte, acompañada por el Partido Colorado, representa a dos colectividades en las que han triunfado los sectores más conservadores de este país.

Como dijimos en numerosas oportunidades durante la campaña electoral, los partidos históricos no son solo la derecha, porque en ellos conviven sectores más progresistas, como los batllistas o los wilsonistas, pero lo que sí es cierto es que toda la derecha política de este país está en esos partidos y su peso electoral interno se ha visto ratificado por el voto popular del pasado domingo.

Por lo tanto, nuestra postura será votar en blanco. Pero ciertamente no como una postura cómoda o por lavarnos las manos, como dicen algunos que han salido inmediatamente a criticarnos.

Por el contrario, nuestra posición ha garantizado el rechazo o el cuestionamiento de más del noventa por ciento de la dirigencia política nacional. Era más fácil volcarse por uno de los bloques, puesto que de esa forma la mitad de la dirigencia del país nos habría defendido. Lo más difícil, antes y ahora, sigue siendo permanecer independiente.

Nunca nos hemos lavado las manos frente a los problemas del país, por eso tampoco rehuimos, en este caso, dar nuestra posición. Otra cosa es que nuestras posiciones gusten a nuestros adversarios.

A los que creen que esta posición es cómoda, los invito a que se pongan en nuestros zapatos un par de semanas, no doce años como hemos hecho nosotros, y hagan una campaña electoral defendiendo sus convicciones a la intemperie sin el resguardo de pertenecer a un paraguas electoral mayor.

Hay que tener mucho coraje político para defender el espacio de un partido más pequeño en un país en donde prevalecen las identidades partidarias de los partidos mayores y en donde buena parte de las reglas de juego ayudan a los partidos grandes.

A los que dicen que somos indefinidos, los desafiamos a que sostengan, como nosotros, posiciones en solitario y a que recorran el país sin el resguardo de grandes apoyos, sino visitando a nuestros compañeros y reafirmando nuestras posiciones una y otra vez.

A los que dicen que esta decisión es incoherente con nuestra prédica contra las mayorías parlamentarias, les recordamos que la integración del Parlamento se definió la semana pasada y, lamentablemente, la gente decidió ratificar un mandato mayoritario para el partido de gobierno.

Pretender que la gente decida su voto el 30 de noviembre en función de a qué partido pertenecerá el senador 31, es decir el Vicepresidente, es obviamente un recurso discursivo, pero no resiste el mínimo análisis serio.

Lo que se decide el 30 de noviembre es el gobierno y la Presidencia de la República. Si alguien piensa que los uruguayos, que aun en la primera vuelta cuando sí se elegía el Parlamento, priorizaron el voto presidencial, van a elegir ahora en función de este criterio están muy equivocados o son muy ingenuos.

A los que dicen que nuestra postura contradice la definición política del partido como un partido de izquierda democrática y moderada, les respondemos que en este país existen diferentes posturas de izquierda y, como ya dijimos, la expresión de nuestras concepciones de izquierda ha sido claramente derrotada en el equilibrio interno del Frente Amplio.

Finalmente, algunos dicen que votar en blanco es ayudar a uno de los dos candidatos. Esto es rematadamente falso. En la definición de la segunda vuelta, gana el candidato que tenga más votos, no se requiere alcanzar ninguna mayoría especial. Simplemente ganará el que tenga más votos de los dos, por lo que los que votaremos en blanco o anulado no incidiremos a favor de ninguno de los dos candidatos.

En definitiva, nuestro partido ha decidido por unanimidad el camino de la reafirmación política de nuestra identidad e independencia.

La gente nos puso en el Parlamento y desde allí actuaremos de acuerdo a nuestra prédica preelectoral. Vamos a marcar límites al poder, vamos a controlar al gobierno, vamos a fiscalizar su actuación con toda la energía y firmeza.

También vamos a estar disponibles para ayudar a la gobernabilidad apoyando aquellas iniciativas que nos parezcan adecuadas para el mejor futuro de nuestra gente.

Pero, sobre todo, vamos a impulsar la construcción de una alternativa política más amplia sobre la base de un fuerte desarrollo de la reflexión ideológica y programática, para que dentro de cinco años podamos ofrecer a los uruguayos una opción de poder de izquierda democrática y moderada. Ojalá podamos convencer de ello a muchos ciudadanos y políticos que concuerdan con esta perspectiva política.