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viernes, 4 de noviembre de 2016

El facilismo de las etiquetas izquierdistas. Ignacio Rotondaro



Ignacio Rotondaro Laborda
CRUZADA NACIONALISTA DE ROCHA
Fb: @rocha2019
Cto: ignaro.001@gmail.com






Es notorio en estos tiempos ver cómo se acentúa la necesidad de etiquetar políticamente en una falsa bipolaridad entre aquellos que se proclaman de izquierda y el resto denominados rosados o derechistas, por ser condescendientes. Muchas veces sin importar aún a aquellos que no se identifican con ningún partido político, llámeseles librepensadores, críticos, etc. basta distanciarse mínimamente del discurso progre para ganarse la etiqueta de facho, oligarca, anti pueblo, puto o cagón.
Esto quizás responde en el mejor de los casos a una necesidad del propio discurso de izquierda para diferenciar los buenos y los malos, aunque en realidad el argumento es mucho más mezquino, ya que responde al facilismo de encasillar políticamente a quienes no coinciden con este modelo progresista y por ende identificar a aquellos que se oponen a la sociedad socialista. Es más fácil discriminar entre malo o bueno, blanco o negro, que esforzar el pensamiento crítico. La “izquierda” se ha posicionado y se ha amalgamado bajo esta consigna como camino de lograr adhesión a la fuerza política, todos los programas van hacia esa dirección.
Quienes intentamos tomar distancia y observar desde otros enfoques, entendemos que no todo es discriminable entre malo o bueno, blanco o negro, lindo o feo, es decir creemos en la existencia de contextos, en que todo está inmerso a su vez en procesos muchas veces externos y dinámicos y complejos.
Históricamente la derecha estuvo asociada a una actitud conservadora no solo en pensamiento, sino fuertemente ligada a estructuras sociales dominantes, estancieros, banqueros, grandes comerciantes, lo que constituyó en los inicios de la República aquellos llamados patricios o doctores. Algunos historiadores le han llamado el Uruguay de las 500 familias. Por esos tiempos una clase funcional a un sistema económico a nivel nacional y mundial, en un mundo donde poseer los medios de producción y la dirección política bastaban.
Ahora bien, como afirmábamos al comienzo los procesos históricos son dinámicos, hay matices, hay grises, el mundo sufrió un proceso entre otros, económico, denominado globalización. Esto planteara una nueva realidad. Un proceso económico, tecnológico, político y cultural a escala planetaria que consiste en la creciente comunicación e interdependencia entre los distintos países del mundo uniendo sus mercados, sociedades y culturas, a través de una serie de transformaciones sociales, económicas y políticas que les dan un carácter global.
En la praxis implica la operativa de enormes capitales desterritorializados, trasnacionales que ya no responden ni se detienen ante ningún Estado sino que presionan a los gobiernos y controlan a los mismos con algunos objetivos específicos, control de recursos naturales, inclusión financiera, desarrollo del conocimiento e información.
En ese proceso de expansión neutraliza o elimina las barreras de los estados naciones de cada país por medio de políticas blandas o en su extremo duras (guerras) con las banderas de “modernización” e “innovación”. La aplicación de políticas que representen una amenaza al proceso de expansión del capital trasnacional “nacionalistas o proteccionistas” es argumento suficiente para la aplicación de políticas blandas o duras, o ambas.
Deberíamos ahora entrar nuevamente en la dicotomía derecha - izquierda y ver cuál es el “papel” de ambas ante este nuevo escenario mundial. Si continuamos la línea de pensamiento referente a que históricamente “el papel” de la derecha ha sido funcional al gran capital, a través del discurso de la necesidad de inversión extranjera, apertura de mercado, desarrollo del sistema financiero, y algunas cuestiones liberales, su función en la actualidad sería la de adoptar los cambios de “modernización” e “innovación” (adaptación a la globalización) para posibilitar la concentración del poder económico que requiere el poder trasnacional, dejando así aquella visión conservadora.
La pregunta que nos hacemos después de ver el proceso de la izquierda al mando de un gobierno el cual ha contado con mayorías e ingresos históricos es, existe en la actualidad una fuerza política que no cumpla ese “papel” funcional al capital global?, es posible generar un estado o modelos alternativos por fuera de este concepto?
Lejos de un historial reciente marcado por el legado del artiguismo, las reformas educacionales de J.P.Varela, el estatismo y modernización del estado benefactor de Batlle, o la tradición anti imperialista del nacionalismo blanco, si observamos en las últimas décadas, cuáles han sido las actitudes o políticas desarrolladas a nivel de gobierno en el orden económico, social, educativo y cultural en nuestro país, vemos que durante el periodo frenteamplista se han impulsado y profundizado medidas determinantes para el ingreso al país del modelo económico global. Se permitió y promovió la extranjerización de enormes superficies de tierra. Se facilitó la instalación de grandes emprendimientos celulósicos (3), agroindustriales y de megaminería. Se impulsó la ley de inclusión financiera (bancarización) y se centró el desarrollo económico en la inversión extranjera a través de grandes exoneraciones tributarias, zonas francas, etc.
Qué ha llevado al Frente Amplio a apartarse de esa vieja concepción ideológica de izquierda podría llevar más tiempo, quizás la lectura más rápida y en referencia a lo que comentábamos al comienzo es que no existe un blindaje anti imperialista, que el hombre es corruptible o que el legado ideológico del izquierdismo ha fracasado aunque sea en la praxis con matices desde la caída de la Unión Soviética a los gobiernos populistas latinoamericanos como Cuba, Argentina y Venezuela entre otros, los cuales se han visto enredados en asuntos de corrupción, con altos índices de pobreza y sin modificar estructuralmente los indicadores de desarrollo económico.
Hoy en día tanto los calificativos de derecha o izquierda, pasaron a ser meros descalificativos usados para polarizar visiones que nada tienen de diferente.