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martes, 30 de septiembre de 2014

RUBÉN LENA. DONDE ARDE EL FUEGO NUESTRO. Por Julio Dornel

                                              Escritor y periodista Julio Dornel


“Ven a ese criollo rodear, rodear, rodear…
“Los paisanos le dicen, Mi General,
“va alumbrando con su voz la oscuridad,
“y hasta las piedras saben, a donde va.
“con libertad ni ofendo ni temo
¡Que don José¡
“oriental en la vida y en la muerte también…
(Letra y Música Ruben Lena).



En ese intercambio casi “cultural” que mantenemos con Daniel Caballero Ubilla, desde Treinta y Tres, hemos recibido algunas publicaciones representativas del Festival del Olimar, uno de los mayores eventos de la música popular de nuestro país. Si nos detenemos en el ejemplar de marzo del 2013, nos vamos a encontrar con una nota del periodista olimareño, Sergio Sanchez Moreno, donde nos acerca la figura inmortal del maestro Rubén Lena, y el por qué de sus canciones. “Rubén Lena, murió el 28 de octubre de 1995, pero el canto ya estaba creado. Rubén Lena se dedicó a incendiar con sus cantos nuestros, las almas de sus compaisanos, cantando él en sus creaciones, con las voces de los cantores del pueblo, las historias que la gente gustaba evocar en ruedas de familias o en familiares boliches de campaña. Quería llamar nuestra atención para que volviéramos lo que más precisa el canto de cualquier época…”escuchadores atentos”. Las canciones de Rubén Lena fueron saliendo de la vida de relación, con personas de todo tipo, toda su vida, con sus padres, con los vecinos, con los amigos, en los distintos ambientes ya sean urbanos o rurales”. De esta manera la nota del periodista Sanchez Moreno, nos va llevando por caminos nuevos para el canto popular, donde va destacando “la importancia de rescatar los personajes de su ambiente comarcal, que no era lo común cuando él comenzó a mediados de la década de 1950 a contar cantando, las leyendas de aquel tiempo. Tal vez ahora no sea conocida la historia de Prudencio Correa, pero Prudencio Correa vivió y murió en Treinta y Tres. Era contrabandista conocido de la época de comienzos del siglo 20 en el pago del Olimar, cuando el contrabando se hacía en cargueros, esto es, larga fila de caballos atados a la cola de los que iban adelante para no perderse en las noches sin luna y picadas de difícil senda. Cargueros de noche y misterio, donde el contrabandista arriesgaba su vida no solo con el frío, la lluvia, los pasos crecidos, sino sobre todo en los enfrentamientos a tiros con las patrullas. Eran para la gente mezcla de héroes y bandidos”. El maestro Lena era un gurí cuando la policía “intenta” detener a Prudencio, mientras los niños gritaban en “coro improvisado, “no lo maten, no lo maten a Prudencio” aunque todo termina con un tiro en la frente. “La serranera “Por Prudencio Correa” en la voz de Los Olimareños o Alfredo Zitarrosa logra hondas resonancias en los oyentes de cualquier época o lugar, donde la canción remonta el día que muere don “Prudencio Correa”. En realidad vive de nuevo en la canción, como vive el Nacho Silvera, corredor de zorros, raidista y penquero de la zona del Yerbal y de la Isla Patrulla, cuando las estrofas de la canción de Rubito lo devuelven a la memoria. Y no hablemos de la sombra de Aquino. Martín Aquino tuvo fama de matrero y matrero nunca fue buena palabra, pero Rubito devuelve al personaje no solo el halo de misterio y ese tono de valentía sin doblez, sino de la esencia de buen paisano en toda la acepción de la palabra, paisano atrapado en las redes de su tiempo, donde un pobre no podía valer lo mismo ante una justicia muy lejana y una prepotencia que rodeaba”. En la parte final de la nota Sanchez señala que “Lena le cantó a las lavanderas, aquel duro oficio tan característico de primera mitad del siglo XX donde en nuestros pueblos decenas de mujeres con sus hijos se iban al arroyo cargando gigantescos atados de ropa, equilibrados sobre su cabeza, le canto al botellero y a los oleros, que es como llamamos en Treinta y Tres a los ladrilleros, le cantó a Juan un anónimo albañil y a los guitarreros populares como el “Laucha” Prieto, aunque se debe acotar que Oscar Prieto es uno de los mayores expertos en guitarra uruguaya. Rubén Lena le cantó a su amigo el “Carau” Peralta y también a un guitarrero de Vergara”.
Próxima Semana: “NO PODRE, PERO PUEDO”. Parte final de la nota del periodista Sergio Sanchez Moreno, publicada en la Revista Oficial del FESTIVAL DEL OLIMAR 2.013.

Sergio Sanchez