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viernes, 24 de noviembre de 2017

JEFE DE POLICÍA CLAUDIO PEREYRA EN BITÁCORA DE RADIO “LA DROGA ES UN ELEMENTO QUE COLABORA EN LA VIOLENCIA DE LOS ACTOS DELICTIVOS. NO ES EL ÚNICO”








El jerarca, quien asumió en marzo de este año al frente de la Policía de Rocha analizó en detalle en Bitácora de Radio (BDR) de Navegante 94.1 FM la situación delictiva que en estos días conmueve a la sociedad.
Una comerciante fue asaltada y baleada hace pocas horas lo que, sumado a otras situaciones delictivas, llevó a que vecinos se autoconvocaran para esta tarde en Plaza Congreso para marchar en reclamo de seguridad.
El Comisario Inspector Pereyra habló de todos los temas y respondió todas las preguntas.
Informó que una persona mayor de edad y un adolescente fueron investigados por el ataque que sufrió la comerciante. El joven fue internado en el Instituto Nacional de Inclusión Social Adolescente (INISA) por una infracción grave de hurto e intento de homicidio.
Al no tenerse al momento de tomar decisión por parte de la Justicia elementos probatorios suficientes, el mayor quedó en libertad mientras se sigue indagando.

Respecto a otro hecho de violencia ocurrido anoche en el que una persona fue baleada , el Jefe de Policía admitió que podría tratarse de un ajuste de cuentas.
Preguntado sobre si la aplicación del nuevo Código puede dificultar el trabajo de la policía, Pereyra dijo que la función de la Policía no ha cambiado con la aplicación del mismo. “Han cambiado los procesos en los cuales se toma conocimiento de los hechos pero básicamente la función preventiva sigue siendo la misma,Puede ser que en algunos aspectos de los procesos de investigación de los hechos se den modificaciones a las que nos estamos adaptando”, dijo.
El jerarca afirmó que “la droga es un elemento que colabora hoy en la violencia de los actos delictivos, no es el único”.
En la entrevista con Bitácora de Radio el Jefe de Policía respondió a preguntas como qué pasó luego de las declaraciones públicas de una persona que habló de huelga de suministro de drogas, por qué no se pueden eliminar las bocas de venta de pasta base y qué se está haciendo en relación al grave problema.
Respecto a la Marcha de vecinos autoconvocados, dijo que está perfecto que la gente se organice, marche y reclame en paz por sus derechos.
Estos y otros asuntos en las respuestas del Jefe Claudio Pereyra.

AUDIO COMPLETO.

jueves, 23 de noviembre de 2017

Incertidumbre en Chile de cara al balotaje Por Rodrigo Tisnés



De Chile, ese vecino a la vez cercano en distancia y lejano por las montañas que lo separan y aíslan contra el Pacífico, solemos tener una imagen de país tranquilo, con una economía próspera, abierto al mundo, donde se alternan en el gobierno sin mayores contratiempos una derecha liberal y “moderada”, con una izquierda socialdemócrata y “sensata”, que convierten al país trasandino en una de las democracias más estables y previsibles de América Latina.
Sin embargo, parece que ni las montañas por un lado, ni el Pacífico por el otro, ni el desierto al norte, son capaces de aislar a Chile de los tiempos socio-políticos que corren.
El dato más contundente es que, por primera vez desde el retorno de la democracia, no se tendrá un Parlamento bipartidista. Una de las más pesadas herencias de la dictadura pinochetista era, precisamente, un sistema político pensado y armado para asegurar el bipartidismo entre la derecha y la izquierda, sumado al esquema aristocrático de los senadores vitalicios, que prácticamente hacía imposible imaginar su modificación por las mayorías necesarias para lograrlo.
Sin embargo, en el gobierno de Bachelet se había llegado a un consenso acerca de que había que reformar el sistema electoral para hacerlo más democrático y dotar al Parlamento chileno de mayor representatividad. De este modo, sin ser ideal, se pasó de un sistema binominal (los dos partidos más votados se llevaban las bancas en juego, así superaran por tan solo un voto al tercer partido) a un sistema de representación proporcional (atenuado) relativamente similar al que existe en Uruguay.
El sistema anterior favorecía el llamado “voto útil” y alentaba la lógica bipartidista. Este nuevo favorece a las terceras opciones electorales y les da un margen mayor de libertad a los ciudadanos.
Si entre la gobernante coalición de centro izquierda Nueva Mayoría (anteriormente la Concertación) y la derechista Chile Vamos concentraban más del 90% de legisladores, ahora pasaran a representar alrededor del 75%. Sigue siendo mucho. Pero es bastante menos que antes. Podría haber sido menos incluso, de no ser porque el Senado se renueva parcialmente.
También se reflejó esta nueva realidad en la elección presidencial.
El ex presidente, Sebastián Piñera, tal como se preveía fue el candidato más votado. Pero con menos del 37% de los votos, no pudo alcanzar el 42-44% que muchas de las encuestas auguraban, y que él aspiraba a obtener como base “mínima” de cara a la segunda vuelta.
El candidato de la Nueva Mayoría, Alejandro Guillier, votó dentro del margen que las encuestas indicaban; pero lo que no se esperaba, es que haya estado a punto de quedar tercero y afuera de la segunda vuelta.
Esto se debió a que la candidata del Frente Amplio –Betriz Sánchez- obtuvo el 20% de los votos, cuando en general las estimaciones le daban alrededor de 12-14% de los sufragios. El Frente Amplio es una coalición de fuerzas de izquierda que supieron integrar la Concertación y apoyar a la actual presidenta Michel Bachelet en las pasadas elecciones, pero por diferencias políticas, tanto con el actual gobierno como con su plataforma electoral, resolvieron seguir su camino propio.
Exactamente el mismo camino que siguió la Democracia Cristiana, otro histórico aliado del actual oficialismo, que también resolvió seguir el camino propio y terminó en quinto lugar; detrás del ultraderechista y pinochetista José Antonio Kast, quien obtuvo el 8% de los votos. El tiempo se ha ido encargando de ir disminuyendo la base electoral del pinochetismo, desde lo que era a mediados de los 90’, pero aún existe un núcleo duro, que en un contexto parejo, puede resultar determinante y hacerse sentir. En sexto lugar terminó otro candidato de centro izquierda, Marco Enríquez-Ominami, en la que fue su tercera candidatura presidencial.
La segunda vuelta será el próximo 17 de diciembre, entre Piñera y Guillier. Teóricamente, si los otros candidatos y fuerzas políticas de izquierda y centro-izquierda resolvieran dar su apoyo al candidato de la Nueva Mayoría, estaría en condiciones de superar al candidato derechista, de quien se espera reciba el apoyo del pinochetismo.
Pero esto es política, no matemáticas. Y hasta en un país que de afuera parece tan previsible como Chile, puede ser que el electorado no termine por alinearse tan automáticamente como podría imaginarse en función de las cercanías/simpatías ideológicas. Ni Guillier puede conformarse pensando que todos los votos del Frente Amplio, la Democracia Cristiana y Enríquez-Ominami se alinearán con él; ni Piñera puede conformarse pensando que todo el pinochetismo se volcará con él.
Mientras tanto, el próximo gobierno deberá seguir encarando una serie de reformas, que el gobierno de Bachelet intentó encarar, pero, o fueron muy tibias o directamente no tuvo la fuerza política (léase: votos en el Parlamento) para impulsarlas. La reforma educativa, especialmente la gratuidad en la enseñanza universitaria, ha sido una de las diferencias más marcadas dentro de las fuerzas políticas de izquierda. La inseguridad ha sido otro tema de campaña, especialmente manejado por la derecha, así como reformas que propendan a una mayor flexibilidad económica y reactiven la marcha de la economía, que es parte de la plataforma de Piñera. Por el lado de las fuerzas de izquierda, y especialmente de Guillier, se encuentra la agenda de derechos y profundizar reformas de tipo social, una de ellas, la comentada reforma educativa, pero también una reforma tributaria, y especialmente el gran debe de hace décadas en el país: la desigualdad. Pese a su éxito en términos de crecimiento económico, Chile sigue siendo un país sumamente desigual en la distribución del ingreso. De hecho, es el más desigual entre los países que integran la OCDE.
Todo esto habrá de resolverse el domingo 17 del mes que viene. Lo que ya se resolvió (aunque habrá que ver en las siguientes elecciones) es que 30 años de bipartidismo parecen haber quedado atrás, y está surgiendo un Chile más diverso y plural, tal vez menos predecible, con una derecha reaccionaria –que ya existía- pero ahora con peso electoral propio, y una izquierda menos “sensata” –que también existía- también con representación electoral propia.

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Por primera vez en 60 años Italia afuera de un Mundial. Por Rodrigo Tisnés



Que Chile, vigente campeón de América, y de muy buenas actuaciones en los últimos torneos internacionales, no haya clasificado al Mundial, es sorpresivo, pero en el contexto de una eliminatoria como la sudamericana –tal vez la más pareja y competitiva de todas-, no resulta inaudita su eliminación.
Que Estados Unidos tampoco haya clasificado resulta igualmente sorpresivo. Especialmente porque en los últimos 20 años se ha transformado, junto a México, en una de las potencias futbolísticas de la zona geográfica en la que le toca jugar. Pero en el contexto mundial es una selección de mediano calibre, y se sabe que el fútbol es un deporte de segundo orden en ese país. Por ello tampoco resulta inaudita su eliminación.
Exactamente lo mismo puede decirse respecto de las eliminaciones de Camerún, otro campeón continental que faltará a Rusia 2018, y de Holanda, que contaba con el reciente antecedente de su no clasificación a la Eurocopa de 2016.
Lo inaudito. Futbolísticamente inaudito. Es la eliminación sufrida por la selección italiana. Jugando de local en Milán, no pasó del empate a 0 con Suecia, y de esta forma, por primera vez desde 1958 (curiosamente, el mundial jugado en Suecia) faltará a una cita mundialista. Para bien y para mal, los amantes y seguidores del fútbol seremos testigos de hechos históricos: mientras selecciones como Panamá e Islandia juegan su primer Mundial; Italia, cuatro veces ganadora del máximo torneo de selecciones, por primera vez en casi tres generaciones no lo hará.
Pocas cosas hay más seguras en el mundo fútbol que Italia jugando un Mundial. Solo el infaltable Brasil, y Alemania, autoexcluida en el 30’ y excluida por razones políticas en el 50’, han tenido una presencia más constante.
Por eso, que falte Italia, resultaba un escenario tan inimaginable como una Fórmula 1 sin Ferrari, a Roma sin el Coliseo, o a Miguel Ángel negándose a pintar la cúpula de la Capilla Sixtina.
Tal vez resulte injusto con el valor deportivo de Suecia. Una selección que no es ninguna recién llegada en el plano futbolístico. Por el contrario: entre las selecciones que nunca han ganado un Mundial, probablemente forme parte de las que cuentan con más y mejor historia, junto a Holanda, Hungría, Portugal, República Checa (heredera de la vieja Checoslovaquia) y Perú.
Pero es que a ese nivel llega el estupor global generado por la eliminación tana. Y de paso, como masaje al frío ego sueco, realza la imagen de hazaña que tuvo su empate de visitantes.
Puede decirse, o más bien debe decirse, que hace varios años la Azzurra no pasa su mejor momento deportivo. Al Campeonato Mundial ganado en el 2006, siguieron dos rápidas eliminaciones en primera ronda en Sudáfrica 2010 y Brasil 2014 (con mordida de Suárez a Chiellini y cocazo providencial de Godín incluidos), con la final de la Eurocopa de 2012, perdida en forma contundente contra España, como estrella fugaz de gloria.
Que Buffon, con sus 40 años a cuestas, más allá de su innegable talento y profesionalismo, siguiera siendo el dueño del arco del seleccionado, tal vez sea el mejor resumen de una selección talentosa, sí, pero envejecida, de juego timorato, y en la que los jóvenes que se han ido sumando nunca llegaron a dar la talla ni a suplantar a las viejas glorias que se fueron retirando.
Como uruguayo, siempre he sentido que por estilo y carácter el fútbol italiano es el más parecido al nuestro: defensivo, épicamente tenaz, táctico hasta el aburrimiento, enjundioso y corajudo hasta la emoción. Más cómodo jugando al contragolpe que practicando un fútbol atildado.
Con lo que pasó siento que somos un poco más parecidos, los siento un poco más cercanos a los 60 millones de sufridos italianos, que alternan entre la furia, la decepción, la resignación y la tristeza por esta eliminación.
Desde la experiencia de haber visto varios mundiales teniendo que alentar a otras selecciones (USA 94’, Francia 98’ y Alemania 2006’) también puedo decir que, tal vez, un golpe como este era lo que el fútbol italiano precisaba para recomenzar de nuevo. Para dar paso a un nuevo proceso deportivo e institucional, más sólido, más planificado, volviendo a las raíces, pero incorporando nuevas metodologías.
Hace muchos años que el otrora fútbol más rico del mundo, ha perdido terreno frente a ligas como la española, la inglesa y la alemana. ¿Hace cuantos años que no sale un jugador italiano que la descosa?, ¿que sea un Clase A?, en el puesto que sea. Me remito al ejemplo mencionado de Buffon, pero podría mencionar a Chiellini, Barzagli, y De Rossi, todos ellos mayores de 30 e inamovibles de la selección hace varios años.
Está en ellos hacerlo o seguir por el mismo derrotero. Materia prima para recuperarse tienen. También amor propio y vergüenza. Y de sobra.


martes, 14 de noviembre de 2017

¿Yo?... uruguayo (por Rodrigo Tisnés) Buenos Aires y los porteños vistos por un uruguayo recién llegado.




Tal y como he expresado en columnas anteriores, argentinos y uruguayos, yoruguas y argentos, somos muy parecidos… extremadamente parecidos, incluso. Más allá de puntuales diferencias léxicas, que por lo demás existen dentro de los dos países (pensemos como nos enorgullece en Rocha, y forma parte de nuestra identidad propia, el hablar castizo de “tú” y “ti”) y resultan inevitables, porque pese a los diccionarios y a la Real Academia –que la corren de atrás- la lengua, y más una tan extendida y universal como la española, son un producto siempre mutable y sujeto cambios y modismos locales.
En este sentido, las diferencias que podemos tener con un porteño, son menores que las que ese mismo porteño puede tener con un formoseño, por ejemplo.
Me animo a decir que la díada argentino/uruguayo está entre las tres o cuatro más difíciles de identificar entre nacionalidades, junto a la de alemán/austriaco, serbio/montenegrino, y colombiano/venezolano. Si no me cree, pare usted a un alemán y a un austríaco y hágalos hablar (sin que digan donde nacieron), a ver si puede adivinar cuál es cual. Y repita el mismo experimento con un montenegrino y un serbio, y un colombiano y un venezolano.
En un borrador previo había incluido canadiense/estadounidense, pero en realidad, hay una serie de indicios sutiles, pero clarísimos, que permiten distinguirlos. En general, el canadiense es el que tiene aspecto y acento de gringo, pero: a) lleva una cámara de fotos colgando del cuello; b) tiene un rostro ingenuo; c) hace comentarios y exclamaciones inocentes, de asombro; d) son correctos y más cultos que el gringo promedio. En forma separada, cada uno de estos indicadores arroja un 90% de aciertos. Sumados, el porcentaje de acierto trepa al 99,9999%.
Sin embargo, y a riesgo de que usted, amable lector/a, piense que estoy divagando porque tenía que llenar espacio, o que es producto de una alucinación por haber tomado una Quilmes vencida; el tema de hoy no son la gran cantidad de cosas que nos hacen tan parecidos con nuestros mellizos, sino, una de las que más señala nuestras diferencias: LA YERBA.
Pocas cosas se extrañan tanto (sacando a los afectos) como la yerba nuestra. Es que la yerba argentina es puro palo, como si hubiese sido arduamente cultivada por García Pintos y su alegre muchachada de la Brigada Palo y Palo en la selva misionera.
No tengo idea como, siendo tan parecidos en otras cosas, llegamos a tener un gusto tan distinto respecto al consumo de esta infusión. La yerba argentina tiene menos sabor, se lava mucho más rápido, y no precisa ser hinchada para comenzar a tomarla. Uno le hecha el chorro de agua caliente y arranca a tomar. Podrá parecer una cuestión mínima, pero al eliminar este sencillo gesto, el acto de tomar mate pierde buena parte de su mística, y lo rebaja a la calidad de un té con bombilla o un café de oficina. Un escalón por debajo de la conjunción de café y cigarro, tantas veces escrita y cantada.
Encima, acá en Buenos Aires pululan quienes toman en envases que me resisto a llamar “mate”: tarritos de cerámica, vasos y tazas, están a la orden del día. Hay honrosas excepciones como la de los correntinos y misioneros que viven acá, que toman en porongos similares a los nuestros. Ni que hablar que andar de matera colgando al hombro en plena calle es, automáticamente, sinónimo de ser uruguayo.
Tal vez, lo peor de todo sea el caso de aquellos porteños que te piden un mate… ¡y lo toman por la mitad! No son todos. Pero un porcentaje de ellos, pide el mate, toma un poco, y te devuelve el mate con agua por la mitad o con un fondito de agua. ¡No señores! Hasta que no hace ruido, y la lengua queda pelada por el calor del agua hirviendo, el mate no se termina.
Francamente, tanto me da quien inventó el dulce de leche y el tango, si el asado se hace con leña o carbón, o si Gardel nació en Tacuarembó o Touluse; lo único en lo que no transo (además de la anémica denominación de sándwich de milanesa) es que en materia de hacer y tomar mate, nuestra yerba es mucho más sabrosa, gustosa y aguantadora.
Aunqueeeee…
En toda historia, para que sea historia, siempre hay un pero. O un aunque
En este caso, desde que llegué acá, sin contar con un mísero gramo de Canarias ni de Baldo (hasta El Cebador me hubiese servido), resolví adaptarme y consumir yerba local. La alternativa de no tomar mate, o pasarme a un sustituto (café) me resultaba bastante menos deseable que hacerlo con yerba argentina.
De hecho, hasta he desarrollado una forma de sincretismo cultural al respecto: tomo mate con yerba argentina, pero cebando a la uruguaya. O sea: dejo hinchar un ratito la yerba, y armo la montañita para dejar un poco de yerba seca. Sigue sin tener el sabor de nuestros mates… pero se parece un poco más, y demora más rato en lavarse. Hasta un termo y medio aguanta, aunque los últimos se parecen más a un ensopado de palos, que a un mate cimarrón.
Pequeñas estrategias que se deben desarrollar para poder seguir diciendo “¿Yo?... uruguayo”.