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sábado, 14 de octubre de 2023

UNA DECLARACIÓN DE INDEPENDENCIA OLVIDADA: 29 DE OCTUBRE DE 1823 - Tercera part 3 COLUMNA DE EDGARDO ETTLIN




En nuestra entrega anterior (1) habíamos apreciado que la formación del Imperio del Brasil, al proclamar su independencia el 7 de setiembre de 1822, había detonado una división entre las fuerzas de ocupación de la Provincia Oriental o Cisplatina, posicionándose por un lado quienes ofrecieron su lealtad al novel Imperio brasileño y por otro, los partidarios de mantenerse bajo la corona del Reino de Portugal.


El 11 de setiembre de 1822, el Barón de la Laguna Carlos Lecor declararía la anexión de la Provincia Cisplatina al Imperio de Brasil. Las fuerzas portuguesas de los Voluntarios Reales de El Rei y de los Talaveras al mando del General Álvaro Da Costa, que presidía el Conselho (Consejo) Militar (conocido como la “Logia de los 19” o la “Logia de la Constitución”) y leales a la corona portuguesa, se hicieron fuertes en Montevideo. Lecor se retiraría a la campaña y se instaló el 17 de setiembre en San José, con el propósito de afianzar su autoridad y desde allí hostilizar a Montevideo y a la facción pro-portuguesa. Mediante una Orden del 25 de setiembre, el Conselho Militar designó a Da Costa como Comandante Interino de la “División de Voluntarios Reales d'El Rey”, y se lo comunicó a Lecor, quien la rechazó el 27 de ese mes (2). En enero de 1823, Lecor instalaría su gobierno con sus conmilitones en Villa Guadalupe (actual ciudad de Canelones).


El Cabildo de Montevideo y los Caballeros Orientales habían encontrado, ante esta división de los invasores, una oportunidad para articular su labor independentista. Al 19 de setiembre de 1822, el Cónsul General y Agente de Negocios de Brasil en Buenos Aires António Manoel Corrêa da Câmara, ya conocía que los “Membros do Club de Monte Video haviáo resolvido declarar a desmembraçáo de Monte Video com o Brasil para o unir no despois ás outras Provincias da Prata” (3).


Los miembros mas influyentes del cabildo se ha dicho anteriormente que estaban afiliados en el Club patriótico (4). Esto era importantísimo, por ser el cabildo, en virtud de los tratados celebrados en 1817, la única autoridad patria que los portugueses reconocian y con la que directamente se entendiesen. Tenian estos conocido interes político, cuyo alcance es facil comprender para llevar adelante la decepcion en aparentar deferencia al cabildo. Esta corporacion no limitaba su accion al egercicio de sus atribuciones municipales; en ciertas ocasiones funcionaba como cuerpo representativo.” (5)


Por su parte Da Costa procuró el apoyo del Cabildo de Montevideo, haciéndoles entrever que podía verificarse la desocupación de la ciudad y que los orientales quedarían con el control del territorio (6). Esto daba esperanzas a la Sociedad de Caballeros Orientales, de que podía tener éxito su empresa emancipadora.


La sociedad de Caballeros Orientales de que yo era miembro, abrió sus sesiones y empezó a trabajar. Temíamos y repugnábamos tanto la dominación brasileña como la portuguesa, pero estabamos bajo la férula de éstos, y era de necesidad disimular nuestros conatos a la dominación.” Aunque estratégicamente se posicionaron más de los portugueses “porque estos estaban de tránsito; pues los brasileros ya se dejaba ver que, como vecinos continentales, aspiraban al dominio perpetuo.” (7).


Rivadavia, dentro de la prudencia con que hasta ese momento había sabido manejarse ante la coyuntura, había recomendado a Tomás de Iriarte que solicitaran a Da Costa el retiro de Montevideo, que si éste entregaba la Plaza al Cabildo y si éste estaba alineado con los Caballeros Orientales, las tropas argentinas podrían entrar en Montevideo; inclusive estaba la posibilidad de que Buenos Aires podía ofrecer transporte para el retiro de las huestes portuguesas. La propuesta era difícil de que pudiera cumplirse, pero había que intentarlo. Los Caballeros Orientales y el Cabildo decidieron articular voluntades para que Da Costa accediera (8).


El Cabildo de Montevideo confiaba en que Álvaro da Costa, ante la alternativa de que tuvieran los leales a Portugal que retirarse del Río de la Plata, les entregaría al irse el territorio de la Provincia libre e independiente (9). Se dice que Da Costa veía con buenos ojos entregar la Plaza, pero que esperaba recibir instrucciones del Rey de Portugal al respecto (10). Los Capitulares se pusieron así de su lado, pero se desconfiaba en el fondo de que Da Costa pudiera o quisiera cumplir efectivamente ese compromiso. ¿Pero qué otra alternativa había aparte de confiar, ante el cerco que desde Canelones el Barón de la Laguna Carlos Lecor estaba poniendo a Montevideo?


La situación auguraba una oportunidad para el Cabildo montevideano, pero la ocasión no se planteaba sencilla para sus intereses emancipadores.


Este temia dar un paso falso y avanzado que lo comprometiese con las autoridades portuguesas, bajo cuyas bayonetas se encontraba cohartado; pero tampoco podia conformarse con la inaccion en coyuntura tan propicia.” (11)


El 22 de Octubre de 1822 apareció una proclama anónima en que se alentaba a los orientales, ante la separación del Brasil de Portugal, a sentirse libres y a convocar a un Cabildo Abierto con el fin de “acordar la forma de gobierno que afiance la seguridad individual, la de la propiedad, y haga poner en vigor los derechos usurpados á los dignos orientales...”, uniéndose a Buenos Aires, lo cual podrían convenir los militares portugueses al mando de Da Costa. Era la oportunidad de emanciparse:


Calle Esparta la inmortal,

Oculte sus glorias Roma,

Calle el mundo, que ya asoma

La República Oriental.(12)


Desde Buenos Aires, António Manoel Corrêa da Câmara, Cónsul y Agente de Negocios do Brasil en Buenos Aires, informaba a Río de Janeiro con horror las actividades de los Caballeros Orientales en ambas márgenes del Plata entre los años 1822 y 1823, a quienes denominaba “Carbonarios” o “Club carbonario”, sobre sus “Projectos mais escadalozos, e absurdos”, denunciando toda una red supuesta internacional de conspiraciones: “O grande Oriente carbonario da Bahia trabalha com os clubs de Rio e de Monte Video e a Grande Loja de Buenos Ayres para levantar o Brasil contra o systema actual”, “para o unir no despois ás outras Provincias da Prata”, alentada por los “Incendiarios 19 carbonarios”, y maniobrada por “os dous Irmaòs Santiago Basques e Ventura Basques de Monte Video e Agentes Activissimos da Cabala Militar” (13).


Increíblemente, el Cónsul brasileño en Buenos Aires Corrêa da Câmara tenía un hermano, Lourenço Jozé Correa da Camara, que era “Capitáo Graduado nos Dragoens desta Provincia” (14), que era adepto antilecorista. Una curiosidad: el día 6 de noviembre de 1822 Herrera da cuenta que “…el Barón [Lecor] ha recibido dos cartas del Sr. Consul de Bs Ay.s en la una le dice que se guarde mucho de un Carbonario, asesino y malvado qe está en el Quartel Gral. acá para matarlo; y que este Carbonario es ¿Quién le parece que es él? Un Cap.n hermano del mismo Consul, qe esta en el Reg.to de Marques” (15).


El 16 de diciembre de 1822 el Cabildo montevideano, ante este vacío de poder donde Portugal ya no ejercía su dominio y mientras Pedro I de Brasil no había todavía afianzado su imperio, proclamó que no obedecería más a Lecor, desconoció al Síndico Procurador General Tomás García de Zúñiga, y se atrevió a convocar una Asamblea de Diputados para determinar sobre el destino de la Provincia, preparando una posible separación de la Provincia Oriental respecto al Brasil (16). Comunicó el Cabildo su decisión a Lecor y al Consejo Militar presidido por Da Costa (esperando que este segundo no se opusiera). El 18 de diciembre de 1822 Da Costa envía una respuesta instando al Cabildo a que “delivere lo que mejor parezca, aunque hubiera deseado obraran conforme a las ‘Bases de la Constitución Portuguesa’”, mientras que Lecor el día 21 de diciembre respondió rechazando tal iniciativa (17). Esta convocatoria fracasó y no se llevó a cabo (18). El 7 de enero de 1823 Lecor desconoció a las nuevas autoridades electas de ese año para el Cabildo de Montevideo, declarando nulos y sin ningún valor todos sus actos y acuerdos, a la par que exhortaba a los civiles y militares a la desobediencia contra el mismo (19).

Mientras tanto, los Caballeros Orientales insistían solicitando auxilios a Buenos Aires y a Santa Fe. El 26 de diciembre de 1822 una porción de importantes ciudadanos orientales solicitaron a nombre personal el auxilio del gobierno de Santa Fe, dirigiendo una nota al caudillo y Gobernador Estanislao López; vemos en la Lista los nombres de connotados Caballeros Orientales (20). El “club de patriotas de Montevideo, en unión con el Excmo. Cabildo nombraron Diputados cerca de los Gobiernos de Buenos Aires y Santa Fé, por moción del señor [Gabriel Antonio] Pereira para pedir una protección armada para la libertad Oriental”, designándose y enviándose a Gabriel Pereira y a Prudencio Echevarriarza para Buenos Aires (recordemos que ya Tomás de Iriarte y Ventura Vázquez estaban moviendo contactos en Buenos Aires), y a Luis Eduardo Pérez y a Domingo Cullen para Santa Fe. Aunque los resultados de estas gestiones continuaron siendo estériles:


Don Gabriel y su compañero trabajaron empeñosamente, pero experimentaron esperanzas sin fruto y dificultades invencibles por hallarse la primera Capital en acuerdos con el Brasil de guardar una estricta neutralidad respecto al Estado Oriental.

Otro tanto sucedió á los comisionados en Santa Fè, porque ambos Gobiernos profesaban iguales principios de neutralidad” (21).


Se generó una activa Prensa pro-independentista, que intentaba formar conciencia y convencer a una opinión pública todavía indecisa. Conforme a De la Sota, “Los Caballeros Orientales se apropiaron entonces la imprenta, y con los escritos que desparramaban por la campaña, la disponían á la independencia” (22). Se asocia a los Caballeros Orientales con la publicación de algunos periódicos agitadores por la causa independentista, como La Aurora y El Pampero (1822-1823), dirigidos por Antonio Díaz y Santiago Vázquez respectivamente, periódicos de resistencia y de corta vida impresos en la Imprenta de Torres (23). En 1823 apareció El Aguacero (1823), que se ubicaría en una línea opositora a los Imperiales, aunque disidente con las de La Aurora y El Pampero; no obstante, Herrera comunica a Obes el 3 de agosto de 1822 que “…los autores del aguacero son Vasquez, el Gallego Díaz, y Juan Giró, en que hace los quartos de timon el Dr. Muñoz” e involucra también a “Estos hombres con Antuña y demás auxiliares…” , a quienes califica de “sabandijas venenosas” (24). Esta prensa arreció duramente contra los partidarios de Lecor, alarmando a Herrera quien informa el 1º de mayo de 1823 que “…siguen los periódicos cada vez con mas insolencia” (25), todo con el beneplácito de Álvaro da Costa y del Consejo Militar pro-portugués: “…este Gefe y el Consejo protegen abiertamente á los Independentistas, como se ve de las nubes de papeles incendiarios que salen diariamente de aquella Imprenta” (26). A su vez, entre 1822 y 1823 arreciaron libelos contra Lecor y sus partidarios.


Entre los días 25 de febrero y 7 de marzo de 1823 varios empresarios comprometieron sus bienes en garantía al Comercio de Buenos Aires, procurando recursos para la causa libertadora. En la Lista figuran Manuel Pérez, Pedro Berro, Pedro Vidal, Francisco Aguiar, Fermín Plá, Silvestre Blanco, Ramón Castriz, Juan Francisco Giró Giró, Gabrial Antonio Pereira, Luis Seoane, Luis Lamas, José María Roo, Juan Méndez Caldeyra, Santiago Maza, Gregorio Lecocq, Francisco Lecocq, Pablo Vázquez, Miguel Furriol y Francisco Muñoz (27).


Mientras tanto, portugueses y brasileños se enfrentaban en las afueras de Montevideo, verificándose algunas acciones armadas entre ellos. El 16 de Marzo de 1823 se encontraron en Casavalle las vanguardias de las fuerzas brasileña y portuguesa, comandadas respectivamente por Fructuoso Rivera y Manuel Oribe, de cuyo choque sangriento “resultó que el primero perdiera 50 hombres muertos y heridos, y 7 oficiales y 150 soldados pasados á las fuerzas del segundo, cuyas pérdidas fueron mínimas relativamente.” (28)


En la Provincia Oriental los Caballeros Orientales obtuvieron el apoyo de importantes caudillos y jefes militares en la campaña, caso de Juan Antonio Lavalleja, quien según Herrera, “Este pobre Diablo se dejó seducir de Santiago Vasquez y sus alateres [sic]”, sin perjuicio de los apoyos que mantenían con el Consejo Militar portugués: “La revolución que activan Alvear y los Vasquez á la sombra del Consejo Militar y contando con los Otorgueses, Fragatas, Yupez, Ojedas, Lavallejas, y demás grandes desertores Patriotas” (29). Y por supuesto Leonardo Olivera se pronunció a favor de la causa independentista (30). Lavalleja no pudo actuar mucho: perseguido por Rivera, debió huir a Entre Ríos perseguido por Rivera, donde estableció un saladero (31).


El 25 de marzo de 1823 se suscitó en el Norte del país un conato revolucionario liderado por Pedro Amigo, antiguo oficial artiguista, que fue aprehendido por las fuerzas de Lecor. Llevado a Canelones, Pedro Amigo fue sometido a juicio sumario. A pesar de la heroica defensa de Joaquín Suárez (que sin ser abogado era un vecino muy respetado y ejerció ese papel porque entonces era permitido –aparte, nadie quería ser defensor de Pedro Amigo, por lo que éste debió implorarle a Suárez), quien aprovechó para cantarles en su alegato a las autoridades militares brasileñas cuatro frescas y decirles lo que pensaba de ellos, Amigo sería condenado a muerte el 20 de agosto de 1823, siendo fusilado (32).


La “Sociedad secreta de Caballeros” solicitó inclusive en abril de 1823 el apoyo y protección de Simón Bolívar, aunque éste no les prestó mayor atención (33).


El 6 de mayo de 1823, a través del Cabildo de Montevideo los Caballeros Orientales intentaron convencer a Fructuoso Rivera de plegarse a los esfuerzos de emancipación, obteniendo de éste una respuesta denegatoria el 19 de junio de ese año (34). Recién el 29 de abril de 1825 en que sería convencido (u obligado, al respecto difieren las versiones) por Lavalleja (episodio que pasó a la Historia como el “Abrazo del Arroyo Monzón”), aquél apoyaría la causa oriental.


Buenos Aires finalmente comisiona por julio de 1823 al lautarista Valentín Gómez la negociación de la devolución de la Provincia Oriental con la Corte imperial de Río de Janeiro, quien presenta el 15 de septiembre de 1823 una reclamación ante las autoridades brasileñas, la cual será desestimada. Además, se celebró el 4 de agosto de 1823 una Convención de los gobiernos de Santa Fe y Entre Ríos relativa a la situación de la Banda Oriental, donde se resolvió prestar ayuda (35), pero no trasuntó en un concurso militar.


Una Ley del Congreso de Buenos Aires del 14 de octubre de 1823 había autorizado al Gobierno de Rivadavia a negociar con Álvaro da Costa la entrega de la ciudad de Montevideo. Pero Da Costa había adoptado un proceder muy errático, que despertaba resquemores. Algo tramaba. El Cabildo de Montevideo había tomado conocimiento de que Da Costa estaba negociando con el Barón de la Laguna Carlos Lecor una eventual entrega de la Plaza de Montevideo a los brasileños. Intentando comprometerle, los Capitulares exigieron a Da Costa que entregara al Cabildo la ciudad de Montevideo y el territorio de la Provincia, y que se favoreciera la entrada de las tropas de Buenos Aires.


El 29 de octubre de 1823 el Cabildo se reunió en sesión extraordinaria en su Sala Capitular. Afuera, en la Plaza Matriz, los vecinos querían saber de qué se trataba. Se leyó un oficio de Álvaro da Costa en donde éste da cuenta al Cuerpo Comunal, palabras más palabras menos, que su propósito era mantener la tranquilidad y orden conforme a las instrucciones y órdenes que el Rey de Portugal habría proveído para la Provincia, cuya intención era poner paz y evitar el choque entre las tropas europeas y brasileñas, y que haría cuanto estuviera a su alcance para ello, expresando que sólo fomentaría la guerra si permitiera la entrada de tropas de Buenos Aires, agravando males que podrían solucionarse conciliatoriamente. El Cabildo manifiesta su sorpresa de esta renuencia de Da Costa “desentendiendose aquel Gefe de la entrega de la Plaza á esta Autoridad”, manifestando su protesta ante posibles negociaciones con el Barón de la Laguna Lecor con el propósito de dar la plaza a las tropas brasileñas bajo promesa de que se garantiría indemnidad, cuando la reacción del Cabildo era querer ponerse bajo la protección del gobierno de Buenos Aires (36). E invocando “los poderes que sus comitentes le otorgaron p.r el acto de su elecci.n en 1.° de enero del cor.te año: que la Prov.a toda, tomándose la voz de la Campaña por el estado de opresion en q.e ella se encuentra”, y “q.e la mõr parte de este vencidario pedia con instancia, q.e p.r este Cuerpo se hiciesen las protextas, q.e contra los actos violentos de las fuerzas brasileras en la Campaña, haría el mismo, sino se hallase hoy en iguales circunstancias q.e aquella; y haciendo referencia de la arbitrariedad y nulidades con q.e se había formado el Congreso provincial de 1821; después de una ilustrada y madura discusión acordó S.E. por unanimidad de votos” (37) una declaración muy importante y contundente para los destinos del territorio oriental.



(Continuará)




1 ETTLIN Edgardo, Una declaración de independencia olvidada: 29 de Octubre de 1823 - Segunda parte, en https://elblogdejuanjopereyra.blogspot.com/2023/10/una-declaracion-de-independencia.html (consultado el 13.10.2023).

2 República dos Estados Unidos do Brasil, Ministério das Relações Exteriores, Annaes do Itamaraty, Anno II, 1937, Volume II. Rio de Janeiro, Officinas Graphicas do Archivo Nacional, pp. 84-87, 89-91.

3 República dos Estados Unidos do Brasil, Ministério das Relações Exteriores, Annaes do Itamaraty… cit., p. 68.

4 Por “Club patriótico” se alude a los Caballeros Orientales.

5 IRIARTE Tomás de, Glorias Argentinas y Recuerdos Históricos 1818-1825, Buenos Aires, Librería de la Victoria, 1858, p. 108.

6 BERRA Francisco A., Bosquejo histórico de la República Oriental del Uruguay, Francisco Ybarra, Editor, Montevideo, 1895, pp. 496.

7 IRIARTE Tomás de, Memorias Tomo 3, Rivadavia, Monroe y la Guerra Argentino - Brasileña, Ediciones Argentinas - Sociedad Impresora Americana, Buenos Aires, 1945, pp. 39-40. IRIARTE Tomás de, Glorias Argentinas y Recuerdos Históricos 1818-1825, Buenos Aires, Librería de la Victoria, 1858, pp. 107-108.

8 BERRA, Bosquejo histórico… cit., pp. 498-499.

9 SPIKERMAN Juan, La primera quincena de los Treinta y Tres, Imprenta á Vapor La Época, Montevideo, 1891, p. 12.

10 BERRA, Bosquejo histórico… cit., p. 500.

11 IRIARTE, Glorias argentinas… cit., p. 109.

12 BERRA, Bosquejo histórico… cit. p. 496-497.

13 República dos Estados Unidos do Brasil, Ministério das Relações Exteriores, Annaes do Itamaraty… cit., pp. 8-183.

14 República dos Estados Unidos do Brasil, Ministério das Relações Exteriores, Annaes do Itamaraty… cit., p. 15.

15 Archivo General de la Nación, Archivo de Lucas José Obes. Correspondencia con Nicolás Herrera 1814-1822, Caja 16 Carpeta 2.

16 El Argos de Buenos Aires Num. 98, Miercoles 25 12.1822, Tomo 1.º, p. 3. Firman por el Cabildo de Montevideo la “célebre é inmortal Acta del 16 de diciembre de 1822” Carlos Camusso, José María Roo, Gabriel Pereira, Francisco Farías, Bernardo Susviela, Cristóbal Echevarriarza, Agustín Aldecoa, Estanislao García de Zúñiga y Luciano de las Casas. Todos ellos serán sindicados como Caballeros Orientales (La Aurora Num. 4., Montevideo - 11 de Enero de 1823, p. 13, y ejemplares subsiguientes). Integraron también el Cabildo montevideano de 1822, Manuel José Gutiérrez y Antonio José de Souza Viana.

17 DE LA SOTA Juan Manuel, Cuadros Históricos escritos por Juan Manuel de la Sota, año 1849, manuscrito inédito existente en el Museo Histórico Nacional, Cuadro IX, pp. 415-424. Carta de Silvestre Blanco a Rivadavia del 18.10.1822; en Documentos para la historia política del Río de la Plata (1820-1824), en Revista Histórica Año LI T. XXVII Montevideo, enero de 1957, Montevideo A. Monteverde y Cia., 1957, p. 353.

18 Carta de Silvestre Blanco a Rivadavia del 26.12.1822, en Documentos para la historia política del Río de la Plata (1820-1824) en Revista Histórica Año LI T. XXVII cit., pp. 381-382.

19 Biblioteca Nacional, Colección de Manuscritos Históricos, Volumen 1 No. 024. También DE-MARÍA Isidoro, Compendio de la Historia de la República Oriental del Uruguay Tomo Cuarto 1era. Edición, Montevideo, Imprenta de El Siglo, 1900, pp. 239-240.

20 Según De María (DE-MARÍA Isidoro, Compendio… cit., pp. 227-230), esta lista fue enviada por Juan Francisco Giró, Daniel Vidal, Manuel Vidal, José María Platero, Gregorio Pérez, Manuel Oribe, Ramón Castriz, Pablo Zufriategui, Román de Acha, Silvestre Blanco, Francisco Araúcho, Antonio de Chopitea, José Félix Zubillaga, Francisco Aguilar, Gabriel A. Pereira, Atanasio Aguirre, Pablo Antonio Nieto, Pedro Lenguas, Lorenzo J. Pérez, Francisco Solano Antuña, Juan Benito Blanco, Roque Graseras, Luis Eduardo Pérez, Francisco Lecocq, Juan Zufrategui, Santiago Vázquez, Antonio Acuña, Gregorio Lecocq, Diego Benavente, León J. Ellauri, Agustín de Aldecoa y Rafael Sánchez Molina.

21 ANAYA Carlos, El Sr. D. Gabriel A. Pereira. Apuntaciones de su vida pública en el transcurso de la Revolución, durante cincuenta y tantos años, con distinguidos servicios por la Libertad é Independencia de su Tierra Natal; el Estado Oriental, después República del Uruguay, etc., etc., en PEREIRA Gabriel, Correspondencia confidencial y política del Sr. Dn. Gabriel A. Pereira Tomo Segundo, Montevideo, Editores: Ottado y Cardoso, 1896, p. 21.

22 DE LA SOTA Juan Manuel, Cuadros Históricos… cit., Cuadro IX, p. 425.

23 ÁLVAREZ FERRETJANS Daniel, Historia de la Prensa en el Uruguay, Fin de Siglo, Montevideo, 2008, pp. 73-79. En carta del 24 de diciembre de 1822, Nicolás Herrera indica como director de El Pampero a “Santiaguito” (Santiago Vázquez); v. Archivo General de la Nación, Archivo de Lucas José Obes. Correspondencia con Nicolás Herrera 1814-1822, Caja 16 Carpeta 2. CAMPOS DE GARABELLI Martha, Las corrientes de opinión en los prolegómenos de la Independencia, en Cuadernos de Marcha Número 4, Agosto 1967, p. 72.

24 Archivo General de la Nación, Archivo de Lucas José Obes. Correspondencia con Nicolás Herrera 1814-1822, Caja 16 Carpeta 2.

25 Archivo General de la Nación, Archivo de Lucas José Obes, Correspondencia con Nicolás Herrera 1814-1822, Caja 16 Carpeta 2.

26 Archivo General de la Nación, Archivo de Lucas José Obes, Correspondencia con Nicolás Herrera 1814-1822, Caja 16 Carpeta 2, carta del 18.12.1822.

27 DE LA SOTA, Cuadros Históricos… cit., Cuadro X, p. 452.

28 BERRA, Bosquejo histórico… cit., p. 504.

29 Archivo General de la Nación, Archivo de Lucas José Obes. Correspondencia con Nicolás Herrera 1814-1822, Caja 16 Carpeta 3, cartas del 19 de noviembre de 1822 y 14 de diciembre de 1823. DE LA SOTA, Cuadros Históricos… cit., Cuadro IX, pp. 405-406; Cuadro XII, p. 570. Manifiesto del Cabildo Representante de Montevideo á los Pueblos de la Provincia Oriental, Montevideo, Imprenta de Torres, 1823.

30 OLIVERA Leonardo, Manifiesto que hace el Capitán Don Leonardo Olivera á los habitantes del Estado Cisplatino, Canelón, Mayo 26 de 1823, s/e.

31 SPIKERMAN, La primera quincena… cit. p. 12.

32 FREGA Ana, Guerras de independencia y conflictos sociales en la formación del Estado Oriental del Uruguay 1810-1830, en Dimensión Antropológica, Año 12 Vol. 35, septiembre/diciembre 2005, pp. 39-43. SUÁREZ Joaquín, Apuntes autobiográficos, en ESTADO MAYOR DEL EJÉRCITO, Boletín Histórico No. 96-97, Enero – junio de 1963, Montevideo, 1963, pp. 121-122.

33 DE-MARIA, Compendio de la Historia… Tomo Cuarto 1era. Edición cit., pp. 255-257.

34 Interesante. Carta del Cabildo de Montevideo al Coronel del Regimiento de Dragones de la Union Don Fructuoso Rivera, Montevideo, s/e, 1823.

35 DE-MARIA, Compendio de la Historia… Tomo Cuarto 1era. Edición cit., pp. 264-265.

36 Archivo General de la Nación, Archivo General Administrativo, Actas del Cabildo de Montevideo Tomo 17, Mayo 21 1819 - Diciembre 4 1823, fojas 166-167. El texto transcrito fielmente puede encontrarse en ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN, Acuerdos del Extinguido Cabildo de Montevideo Volumen Catorce, Montevideo, s/e, 1941, pp. 249-251.

37 Archivo General de la Nación, Archivo General Administrativo… cit., fs- 167.-168. ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN, Acuerdos… cit,, pp. 251-253.



EDGARDO ETTLIN. Investigador en Derecho y en Historia. Publicó entre otros libros: “Zonas Francas” (Fundación de Cultura Universitaria, 1989), “Cómo dirigir y desempeñarse en Audiencias” (Amalio Fernández, 1999), “Procesos de Ejecución de Sentencias a pagar Dinero contra el Estado” (Amalio Fernández, 2008), “Violencia Doméstica. Régimen y abordaje jurídico de la mujer maltratada en ocasión de su vida afectiva” (La Ley Uruguay - Thomson Reuters, 2009), “Una Justicia Eficiente” (Forvm Orientalis, 2010), “Normativa sobre la Propiedad Intelectual en el Uruguay” (2012), “Ejecución de Sentencias Judiciales contra el Estado” (La Ley Uruguay - Thomson Reuters, 2014), y “Responsabilidad Patrimonial de los Funcionarios Públicos” (La Ley Uruguay - Thomson Reuters, 2017), “El Derecho de Resistencia en las Constituciones de las Américas” (Fundación de Cultura Universitaria, 2018), “Responsabilidad Civil por Daños en los Espectáculos Deportivos” (La Ley Uruguay, 2019), y “Estudios sobre Justicia y Propiedad Intelectual” (La Ley Uruguay - Thomson Reuters, 2021). Ha escrito más de doscientos artículos y estudios sobre temas de Derecho, principalmente en Derecho Público, Derecho Procesal y Derecho de la Propiedad Intelectual, publicados en Uruguay, Argentina, Brasil, Chile, Paraguay, Perú, Colombia y España, y a través de Internet. Es referencia de citas por numerosos autores uruguayos y extranjeros, y asiduo colaborador de diversas revistas y publicaciones jurídicas de Uruguay y América Latina. Conferencista en diversos eventos de Derecho en América Latina y Europa. Sentencias y contribuciones jurisprudenciales suyas han sido publicadas y comentadas en prestigiosas publicaciones jurídicas. Historiador y ensayista, ha publicado diversos libros y artículos sobre Cultura e Historia, destacándose: “Bajo la Escuadra y el Compás. Mitos y verdades sobre la Masonería” (bajo el seudónimo de Jean-Marie Mondine, Ediciones de la Plaza, 2016), “Judas Iscariote y otrasincursiones pseudoculturales” (Los Caminos, 2020), y “Qué solos se quedan los muertos. Crónicas sobre Juan Idiarte Borda, 13º Presidente constitucional de la República Oriental del Uruguay, y sobre su agresor criminal Avelino Arredondo” (Fundación de Cultura Universitaria, 2021). Ha participado y es usualmente invitado como ponente sobre diversos temas de Historia y Cultura. Ministro de Tribunal de Apelaciones Civil (Poder Judicial - Uruguay).



jueves, 12 de octubre de 2023

LA CACOFONÍA FRONTERIZA / COLUMNA DE RICHAR ENRY

 


Contrabandista” parece ser la cacofonía fronteriza que preocupa al poder;

por eso prefieren ignorarlo como si no existiera.

En base al trabajo investigativo realizado para el audiovisual y el libro, puedo afirmar que la mención a los contrabandistas surge como una cacofonía. Es decir, como un “efecto acústico desagradable que resulta de la combinación de sonidos poco armónicos o de la repetición exagerada de un mismo sonido en una frase”.

Esto ha sido así a pesar de opiniones y voces en contrario, desde la época colonial: la decisión de imponer límites, determinar reglas de convivencia y normas de mercado en nuestras entre-regiones no fue la mejor opción, ni la más sana.

Gracias a los expresado por la profesora Teresita Pirez en el documental “El pobre que va por pan”, llegamos a comprender que era imposible no ir contra los “bandos” españoles que pretendían disponer cómo se gobernaba en determinados asuntos aquí en América, fuera porque cuando finalmente llegaban las órdenes, los temas se habían solucionado, o porque ya eran innecesarios para el problema que venían a tratar; por eso se hablaba de actuar “contra-el-bando del Gobierno de Indias […] que mandaba en América”, y de allí que el lema de las autoridades locales fuera “obedecer pero no cumplir”.

No sólo la realidad práctica demostraba que la prohibición de comercializar con los vecinos portugueses era infructuosa, sino que (según lo recabado del “Archivo Artigas”) el propio delegado de España en el Rio de la Plata, el intelectual Félix de Azara -hombre cuyas obras literarias han sido consideradas de suma importancia y fuente etnohistórica de la región-, ya expresaba su parecer discrepante con la prohibición y represión al comercio transfronterizo. Y cito: "Se debe permitir vender a los portugueses nuestros ponchos, jergas, pampas y todos nuestros géneros, porque tenemos muchos de que ellos carecen, y pagan bien. Igualmente debe ser lícita la extracción libre de caballos, asnos y mulas pagando la alcabala o impuesto. Los portugueses tienen gravísima necesidad de tales animales para surtir al Brasil y sus minas donde no procrean, y faltándoles campos suficientes de buena calidad para su surtimiento, han menester comprarnos más de sesenta mil de aquellos animales, que a cinco pesos nos dejaría trescientos mil. Nos quejamos de sus continuos robos de animales y no advertimos, que es imposible evitarlos mientras no socorramos su absoluta necesidad, que es la que autoriza su proceder."

Ahora bien: si desde hace siglos ya se entendía como inconveniente cerrar las fronteras al libre mercado de bienes básicos, ¿por qué hasta el día de la fecha los fronterizos padecemos con la espada del “cero kilo”, con las fuerzas públicas reprimiendo y el Estado castigando severamente a quienes incurren en la osada y atrevida labor de comprar donde está más barato para poder subsistir, o generarse un ingreso con un mínimo de ganancia por sobre el costo? Eso es lo que no se entiende ni acepta naturalmente por aquí.

Como bien lo subraya el profesor Nelcino Mederos, en el mismo audiovisual citado anteriormente, “el contrabando en Uruguay es triplemente penalizado: tenemos una acción penal, una acción administrativa de multa para quien trae el contrabando y a su vez el decomiso de los vehículos. Es fuertemente sancionado el contrabando, por eso creo que habría que sacarle alguna de esas sanciones”.

Jacques Derrida, en su obra “Fuerza de Ley: el fundamento místico de la autoridad”, señala que la palabra Gewalt, tanto en francés como en inglés, se traduce a menudo como «violencia». El texto de Walter Benjamin del que hablaremos a continuación y que se titula «Zur Kritik der Gewalt», se traduce en francés como «Critique de la violence» y en inglés como «Critique of violence» [… Pero éstas] son interpretaciones muy activas que no hacen justicia al hecho de que Gewalt también significa para los alemanes poder legítimo, autoridad, fuerza pública. Gesetzgebende Gewalt, es el poder legislativo; geistliche Gewalt, es el poder espiritual de la iglesia; Staatsgewalt, es la autoridad o el poder del Estado. Gewalt es, por tanto, a la vez, la violencia y el poder legítimo, la autoridad justificada”.

Ha sido con esa fuerza violenta de la ley, que a los que habitamos en estas entre-regiones se nos ha impuesto el miedo y el terror de estar traicionando a la Patria, quizá por ignorancia deliberada o por avaricia de unos pocos, pero a fin de cuentas en contra del interés general; porque el Uruguay nunca produjo bananas, café o pasta de dientes, y a la hora de importarlos nos volvemos rehenes de comerciantes monopolistas gananciosos que han marcado los precios a su antojo y voluntad.

Y peor aún, esa postura con el interior fronterizo en algunos casos ha llevado a la rotulación social, a la discriminación y caracterización negativa de sus pobladores; por eso, es necesario hacer oír la voz de los que pensamos y vivimos esas realidades en carne propia: porque tenemos voz y no necesitamos de intermediarios para defendernos. Expresándonos a nuestra manera, usando el arte, la literatura, la música y el audiovisual como modos de expresión propia, esperamos algún día ser escuchados.

Es más: a nuestro entender se ha apostado a una destrucción sistemática del sistema de saberes y conocimientos fronterizos por parte del Estado. Por ejemplo, se ha querido imponer el idioma español como único y absoluto, desconociendo las realidades lingüísticas de las entre-regiones, especialmente para asimilar éstas a una cosmovisión europea, colonialista y opuesta a la globalización irrefrenable que la era moderna exige.

Como lo señala James C. Scott en su obra “Los dominados y el arte de la resistencia”, “no cabe duda de que el poder impone a la fuerza las apariencias que los grupos subordinados deben adoptar; pero eso no impide que éstos las usen como un instrumento de resistencia y evasión”. Sólo el día que los representantes del Estado logren comprender esta máxima, los fronterizos comenzaremos a gozar del derecho a comprar donde más nos conviene, aunque mientras tanto siga siendo triplemente penalizado.

Sin duda que este tópico da para más; por eso los invito a conocer las publicaciones anteriores referidas al tema, y a seguirnos en las redes para conocer otra perspectiva de la realidad fronteriza.



CRECIMIENTO Y DECRECIMIENTO/ *COLUMNA DE CARLOS CASTILLOS

 

Cuántas veces escuchó usted el tono alarmante de algunas informaciones de prensa porque “el crecimiento de la economía no alcanzó las expectativas” anunciadas por el gobierno. Si el gobierno de turno (de cualquier país, no solo de Uruguay) en vez de, por ejemplo, un 3 ó 4 por ciento de crecimiento proyectado, llegó solamente al 2 ó 3, se considera un fracaso. Un llamado de atención para la política económica. Esa situación que padecemos todos, aquí y en otras latitudes también, es consecuencia del concepto de “crecimiento sostenido”, aplicado por los “gurúes” de estos tiempos. Pero hay voces que se levantan en el mundo advirtiendo sobre lo catastrófico que eso significa. “La obsesión del crecimiento, para empezar, es un disparate. Porque una elemental ley natural, que todo el mundo conoce, es que todos los sistemas vivos crecen hasta un cierto punto en que dejan de crecer. Tú dejaste de crecer, yo dejé de crecer, el árbol grande deja de crecer, pero no deja de desarrollarse”. Esto sostenía, por ejemplo, Manfred Max Neef un intelectual, economista, político y ambientalista chileno, que nació en 1932 y murió en 2019. Los gobiernos apuestan a “seguir forzando el crecimiento para consumir más y seguir produciendo una infinita cantidad de cosas innecesarias, generando una de las instituciones más poderosas del mundo como lo es la publicidad, cuya función es una y muy clara: hacerte comprar aquello que no necesitas, con plata que no tienes, para impresionar a quienes no conoces. Eso evidentemente no puede ser sustentable”. Una vez más surge la pregunta: entonces ¿qué hacer?. Como en tantas otras cosas que tienen que ver con la vida de nosotros, los seres humanos en este castigado planeta, claro que hay alternativas mejores. Y más “saludables”. La ex Primera Ministra de Nueva Zelanda Jacinda Andern, que gobernó ese país entre el 26 de octubre de 2017 y el 25 de enero de 2023, sugirió en algún momento de su gestión, apostar por el F.I.B. en lugar del P.I.B. O sea que en lugar de medir la economía por el Producto Interno Bruto (PIB), medirlo por la Felicidad Interna Bruta (FIB). Eso significaba, genéricamente, propender a la calidad de vida de la gente de Nueva Zelanda. Destinar recursos a la salud mental que también allá es un problema, a la alimentación adecuada de todos los niños del país y otra serie de medidas. Y también hay quienes se dedican a lo que han llamado la Ecología Política. Uno de ellos, que descubrí hace poco, se llama Kai Heron. Es un académico inglés, profesor de política en una Universidad de Londres y que escribe sobre teoría política contemporánea, políticas аgrarias y ambientales y economía política. “Frente a las alternativas, desde luego para mí la más importante, es la visión de la economía ecológica. Porque a diferencia de la economía tradicional, la economía ecológica es una economía que está al servicio de la vida y tiene características fundamentalmente opuesta a la convencional”, sostenía el chileno Max Neef. Pensadores y educadores de origen indígena, residiendo en países andinos de Sudamérica, también insisten con el concepto de “vivir bien”, que es muy diferente al que nosotros aplicamos. Para la cultura indígena de América Latina (aymaras, quechuas, guaraníes) “vivir bien” implica, entre otras cosas, vivir en armonía con la naturaleza. Dar prioridad a esas relaciones con lo natural y no agrediéndola permanentemente, con lo catastrófico que eso está significando. Priorizar la vida y no los bienes materiales, buscar el consenso y la convivencia pacífica entre los seres humanos, buscar la complementariedad y defender la identidad como seres humanos, respetando las diferencias. En definitiva, la economía debe estar al servicio de los seres humanos y no como ahora, que los humanos estamos al servicio de la economía. Claro que no es sencillo torcer este rumbo que ha tomado la humanidad. Pero algún día tendrá que cambiar, sino seguiremos caminando por la cornisa, con el riesgo de exterminarnos como especie. Y tal vez en lugar de “crecimiento sostenido” podamos hablar de “decrecimiento saludable”, a favor de la vida.

PIÚ AVANTI. Cuento . Columna de Antonio Pippo Pedragozza

 

PIÚ AVANTI es posiblemente el más popular de los poemas escritos por Pedro Bonifacio Palacios, más conocido como Almafuerte, inclasificable vate que también incursionó en el periodismo y fue un maestro rural autodidacta. Nació en Santa Fe, Argentina, en 1854 y murió en La Plata en 1917. Se le considera un poeta romántico tardío, metido en ese amago del modernismo. Extremadamente preocupado por los pobres y por la ceguera de Dios, por las injusticias y la hipocresía, sus poemas fueron apóstrofes resonantes que buscaron, sin éxito, derribar el dominio de los poderosos. En 196 fue separado del magisterio por falta de título habilitante; eso lo sumió en el aislamiento y la depresión hasta su muerte. Su influencia en las generaciones posteriores fue enorme.




Estoy recorriendo su casa, don Pedro.

No, no la de San Justo, donde nació, sino la que ahora es un museo en su honor, en La Plata: la de su muerte. Lo hago con un profundo respeto que se parece a la veneración; y no crea usted que es uno de esos ritos paganos, pura curiosidad pasajera o turística, sino un acto necesario, como si me prosternase ante la admiración que le profeso.

Hay tanta dignidad aquí dentro, dignidad y pasión ante el dolor que no se ha dormido.

-No te des por vencido ni aun vencido,/ no te sientas esclavo ni aun esclavo;/ trémulo de pavor piénsate bravo/ y arremete feroz, ya mal herido.

¡Piu avanti, querido poeta de mi desorientada, lejana adolescencia! ¡Piu avanti, don Pedro!

¿O podría llamarlo Almafuerte, como lo hicieron legiones de desheredados, gente que dudaba de su destino y halló en sus versos enérgicos, duros y compasivos a un tiempo, el campanazo visceral de su despertar?

He llegado a una sala, sobre el oeste de la casona; es una habitación que preside un retrato suyo, muy cercano a su final.

Ahí se sedujo -¿fue apenas un momento?- la ensoñación: que me digan loco, qué importa, pero usted me miró, con una mirada surcada por cicatrices del alma, y yo sentí que me susurraba:

-Quise ser pintor y no pude; la beca que lo hubiera permitido me la negaron. Entonces muy joven, sin título, con la honradez del autodidacta vocacional, me dediqué a la enseñanza, a la poesía y al periodismo. En las escuelas por las que pasé fui feliz y, a la vez, un desesperado: la felicidad provenía del contacto puro con los niños; la desesperación, por la pobreza y el desamparo al que la sociedad los sometía. Nunca quise abandonarlos, nunca, pero…

-Ten el tesón del clavo enmohecido/ que ya viejo y ruin vuelve a ser clavo;/ no la cobarde estupidez del pavo/ que amaina su plumaje al primer ruido.

Sí, Almafuerte, noble sacerdote laico de infancia penosa y abandonos, su prédica feroz contra los gobernantes lo echó de escuelas de Buenos Aires, Mercedes, Salto, Chacabuco, cuando el presidente era Sarmiento, que debió ser su ladero moral. Y el cierre tristísimo de su frustración: aquella tarde en Trenque Lauquen, cuando velaron en el único salón de clases a uno de sus amados alumnos y usted, parado al lado del féretro, no pudo despedirlo porque se quebró en un llanto incontenible.

Oh, el ensueño otra vez me abraza: siento su murmullo tan, tan cercano a mi oído que parece un aliento:

-Quise resistir, combatir. Ningún rezo. Sí mi imprecación. Acaso alzando lo que me quedase de voz para la venganza de los marginados.

-Procede como Dios que nunca llora;/ o como Lucifer que nunca reza;/ o como el robledal, cuya grandeza/ necesita del agua y no la implora

Siéntase tranquilo con su ardiente conciencia, don Pedro, Almafuerte: cerró sus ojos atormentados tras pelear todas las batallas y negar los honores tardíos que quisieron enamorar a su ética para sobornarla. Pocos poetas, si hubo alguno, gritaron con tal fuerza su demanda de justicia mirando al cielo. Ah, sí, dura pelea con Dios y todo en lo que quería creer.

¡Qué pena que no haya sabido que este poema, de lo mejor de su romanticismo a destiempo, en años cínicamente llamados modernistas, aunque su pluma siempre fue piadosa ante el sufrimiento ajeno, haya sido incluido entre los “Siete sonetos reparadores” del Cantar los cantares!

Quizás no le hubiese importado. ¡Si ya había vociferado su anatema contra las “absurdas leyes de tarima”!

Siento el imperativo de decirle: quítese esos lentes redondos de armazón de plata y descanse en paz, aun sabiendo yo que le queda una exhortación a quienes, cariñosamente, llamó “la chusma de mis amores”:

-¡Que muerda y vocifere vengadora,/ ya rodando en el polvo, tu cabeza!