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domingo, 16 de agosto de 2026

BREVIARIO (microcuentos) POR DARÍO AMARAL






CARTOGRAFÍA

Acabando de trazar el último mapa del reino, descubrió que todos los caminos conducían a

la misma tumba. Tardó menos en percatarse que no había cartografiado un área de la

tierra, sino levantado el plano de su propia memoria.

HERENCIA

El anciano distribuyó relojes de bolsillo entre sus progenitores, ninguno de ellos funcionaba

en verdad. “El tiempo ya está adentro”, emitió antes de expirar. Desde entonces, en aquella

morada las agujas envejecen más lento que las mismas personas.

ARQUEOLOGÍA

Bastó retirar una pared para encontrar otra casa idéntica detrás; luego otra, y otra más…

Cuando llegaron hasta la última habitación, allí estaba, un niño en shorts terminando,

recién, de construir la primera.

GRAMÁTICA

El verbo “perdonar” nació una mañana, entre el bullicio, conjugado en pasado. Desde

entonces nadie volvió a pronunciarlo en presente. Asimismo, los diccionarios prosiguieron

llamándolo “verbo"; en tanto que los altos magistrados, “sustantivo"; dependiendo de la

“locación”.

INSOMNIO

Cada noche dormía sus ocho horas enteras; era durante la vigilia cuando soñaba. Por ello

nadie creyó en su cansancio cuando amaneció transfigurado en el recuerdo de otro hombre.

TESTAMENTO

«Todo cuanto poseo cabe en una palabra», escribió con pulso firme. Los herederos

permanecieron años indagándola entre los papeles. La vinieron a encontrar en el margen

de una página en blanco donde, palmariamente, podía leerse: “Todavía”.

INFIERNO

Dante circunvaló las nueve “regiones” buscando a los condenados. Al arribar al último

círculo, halló una monumental biblioteca. Cada libro narraba, con minuciosa exactitud, la

vida del hombre que lo abría . El poeta florentino debió cerrar el suyo antes de llegar al

primer canto.

DESPERTAR

La mañana en que Gregorio Samsa despertó en su lecho, convertido nuevamente en un

hombre, sintió en la sangre la viva desazón tras percatarse, entre otras cosas, que los

insectos nunca habían inventado la vergüenza.

ORÁCULO

La pitonisa jamás anunciaba el futuro; revelaba sucintamente los recuerdos que aún no

habían tenido lugar; aquella, y no otra, era la exégesis de por qué sus profecías siempre se

cumplían demasiado tarde.
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CATEDRAL

Los albañiles tardaron alrededor de unos cien años en levantar los cimientos y el mármol

de las columnas que sostenían aquellas cúpulas de aquel templo nórdico. Un eco, venido

del monte, tardó menos de tres segundos en derribarlo. Desde la catástrofe, los arquitectos

europeos, secundados por algunos lingüistas, no han cesado de examinar la gravitación de

una palabra.

CEGUERA

El anciano perdió la vista, subiendo los escalones de su casa, una tarde de lluvia otoñal. Al

otro día comenzó a describir pormenorizadamente los colores del viento. Tras abordar su

caso, los peritos médicos diagnosticaron imaginación avanzada en fase cuatro.

AJEDREZ

El rey llevaba siglos evadiendo, con denuedo, la muerte. Una noche, en un sueño,

vislumbró que el tablero era cuadrado porque ninguna huida podía parecer infinita. No dudó

en dejarse capturar; sus piezas prosiguieron batallando sin él.

APOCALIPSIS

Cuando expiró el último mortal, los relojes siguieron su mecánico avance con disciplina

inquebrantable. El tiempo nunca se había ocupado en nosotros; apenas si toleraba nuestro

vano hábito de medir o tabularlo todo.

DRÁCULA

Siglos de lunas carmines timando la sangre de los someros hombres, sopesando lo que

aquellos denominan “eternidad”. No sospechó jamás que acaso lo inmortal se refería,

únicamente, al postrero horror con que los hijos de dios emitían su nombre.

SHERLOCK HOLMES

Tras dilucidar el último acertijo de aquella habitación vacía, sobre un vetusto escritorio de

caoba encontró una lupa, una pipa y una nota escrita con su propia caligrafía: “El culpable

fue quien, desde el inicio, necesitó comprenderlo todo.”

FRANKENSTEIN

Cuando “la criatura” volvió sobre sus huellas para saber de su padre, el científico sólo atinó

a señalar la luna de un espejo. Desde esa fecha ambos envejecieron con un único rostro.

ROBINSON CRUSOE

Tantos años en austero diálogo con aquella isla remota que, tras apersonarse Viernes, el

náufrago había olvidado por completo la lengua de los hombres, entendía apenas el de las

oscilantes mareas.

PETER PAN

Tiempo más tarde retornó con la ilusión de llevarse consigo a otro niño. Ninguno accedió a

seguirlo. Sin más, entendió que la infancia no culmina cuando crecemos, sino cuando deja

de esperarnos.

HOMBRE LOBO
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No era la pálida luna quien lo volvía la consabida bestia; nada más le restituía el rostro

oculto a la luz del día. De esta forma, los aldeanos llamaban “maldición" aquello que, sin

tapujos, él llamaba “naturalidad”.

BORGES

Antes de alcanzar la ceguera, se apersonó, como acostumbraba, en la biblioteca en pos de

un libro imposible; no tardó en dar con sus páginas y percatarse que el volumen lo estaba

descifrando a él desde mucho antes de que aprendiera a abrir una página.

ONETTI

Fundó una ciudad para esconderse de la realidad... Quienes habitaban en ella creían

fielmente haber nacido allí. Sólo el viento, proveniente desde más afuera, insistía en

llamarla por el nombre de su melancolía.

SÁBATO

Descendió al túnel en pos de alguna salida. Cuanto más avanzaba, más reconocía las

prominentes paredes; no tardó demasiado en percatarse que la penumbra nunca había

estado “bajo tierra".

CORTÁZAR

La rayuela contaba con un casillero más, señalado apenas con tiza invisible. Quienes

conseguían alcanzarlo no llegaban al cielo; en un santiamén resurgían en el primer salto

con la acentuada sospecha de haber vivido otra vida entre un pie y el otro.

NERUDA

Esgrimió una oda para una piedra. Al concluir, la piedra comenzó a recordar que alguna vez

había sido montaña. Algunos ancianos llamaron poesía a esa secreta modalidad de

devolverles el pasado a las cosas.

HEMINGWAY

El viejo volvió a aquel mar sin redes, sin anzuelos, ni esperanza. Con sus rugosas manos

vacías, fue la primera ocasión que el océano no consiguió arrebatarle nada.

HOMERO

El aedo cesó su canto tras concluir la guerra y los héroes debieron desaparecer al instante.

Desde entonces, cada poema se desvive en pos de un combate para seguir existiendo.

NICANOR PARRA

Al “chileno terco” le dio por colgar un poema al revés para que nadie pudiera leerlo

solemnemente. Los críticos lo enderezaron, (diariamente), durante años. El poema,

entretanto, aprendió a caminar de cabeza.

ALEJANDRA PIZARNIK

Germinó una palabra tan minúscula que hasta el silencio no se contuvo en habitarla. Desde

entonces, cada vez que alguien intenta pronunciarla, únicamente consigue escuchar el eco

de una infancia que jamás tuvo lugar.

KENZABURŌ ŌE
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Aquel bosque conservaba intacta la memoria de los vencidos. Los hombres entraban para

olvidar; los árboles, en cambio, les regurgitaban cada nombre caído con la paciencia de la

lluvia. Solo quien aceptaba cargar tamaña memoria encontraba, al salir, un porvenir menos

ciego.

OCTAVIO PAZ

Procuró el centro del laberinto convencido de que allí le aguardaba, al menos, el silencio. Al

arribar y descubrir allí un espejo, supo que toda soledad no puede ser más que un diálogo

pronunciado en voz baja.

CHARLES BUKOWSKI

Apuró el último trago antes del amanecer. El alcohol no había vencido a la tristeza; apenas

la había vuelto legible. El grotesco cantinero cobró la cuenta. La noche pagó el resto.

DOSTOIEVSKI

Confesó un crimen que jamás cometió. El juez lo absolvió. Fue entonces cuando comenzó

el verdadero castigo: demostrar cada día su inocencia ante su propia conciencia.

LOVECRAFT

Abrió un libro oscuro cuya última página estaba escrita antes de la primera; no describía

cosmogonías malévolas, ni monstruos; sí explicaba, con intolerable lucidez, por qué a los

hombres les urgía darles vida.

EDGAR ALLAN POE

El cuervo regresó muchos años después.Pero no emitió su «Nunca más», sino el nombre

del poeta. Bastó ese único apelativo para que la habitación se abarrotara de sombras.

ALFREDO ZITARROSA

Cantó con un “son” tan hondo que los caminos dejaron de conducir a los pueblos y

empezaron a regresar a la infancia. Desde entonces, cada milonga recuerda una patria que

aún entonces busca a sus hijos.

MARLON BRANDO

Interpretó tantos nombres que terminó olvidando el suyo. Una noche, ante el espejo,

descubrió, sin asombro, que el único personaje imposible de representar era, en efecto,

quien lo observaba desde el otro lado.

ULISES

Ulises retornó cuando Ítaca ya había aprendido a vivir sin él. Nadie discutió el peso de su

nombre ni de sus cicatrices. Sólo cuando, al alba, el mar insistía en golpear la costa como

un perro abandonado, vislumbró que los viajes no concluyen al arribo, sino cuando dejan de

esperarnos.

CAPITÁN NEMO

Sumergió su nave al punto que el océano empezó a asemejársele al cielo. Allí descubrió

peces transparentes, montañas dormidas y ciudades que jamás aprendieron la palabra

patria. Comprendió que el verdadero naufragio tiene cita en la superficie de las aguas, sobre

la tierra; allí donde los hombres respiran y aun así se ahogan con facilidad extrema.
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LA BALLENA DE AHAB

Ahab dió finalmente con su ballena. La escrutó en silencio por horas sin levantar el arpón.

Moby Dick mostraba en sus ojos el mismo cansancio que él. Acaso, en ese ínterin, ambos

prefiguraron que la venganza siempre forja dos o más monstruos, pero ninguna victoria.

MARTÍN AQUINO

Aquino conocía mejor los caminos del monte que los de la ley. Cada árbol recordaba su

nombre; cosa que ningún expediente pudo hacer. Cuando, revólver en mano, pereció ante

las descargas de las carabinas, con suma indolencia los jueces cerraron y archivaron el

caso. Los pájaros, en cambio, siguieron declarando su gesta todas las mañanas venideras.

CHARLES CHAPLIN

Pese a perder su bastón, nadie notó, en el vagabundo, tal ausencia; este se mantuvo

caminando con la misma obstinada elegancia. Así, varios percibieron que la dignidad no

reside en un atavío u objeto, como en la forma de sostener una sonrisa en tanto el mundo

delibera y ensaya su crueldad.

WOODY ALLEN

Woody pasó una tarde entera buscando el sentido de la existencia; lo encontró, antes de la

merienda, en un bolsillo del saco, junto a un boleto de cine vencido. Lo devolvió

inmediatamente, entendiendo que algunas respuestas envejecen más rápido que aquellas

interrogantes que las gestan.

HARRY POTTER

Y llegó el día en que nuestro bueno de Harry hizo añicos, en un pasillo de Hogwarts, su

portentosa varita. Luego explicó que no llevaba a cabo aquel acto por desánimo a la magia

en sí, sino tras razonar que el hechizo más difícil consistía en aceptar un mundo incapaz de

obedecer nuestros deseos. Desde aquel día los milagros no dejan de suscitarse sin hacer

ruido.

AKIRA KUROSAWA

El cineasta filmó una tormenta. Cuando concluyó la escena, los actores regresaron a sus

respectivos hogares, pero la lluvia insistió en quedarse dentro de la película. Ahora sucede

que, cada vez que el filme es exhibido en una sala de cine,no hay espectador que no

abandone el cine con un poco de barro en sus zapatos.

HAYAO MIYAZAKI

Desde que dibujó una grulla que, al final, se negó a vivir sobre el papel, los niños

comenzaron a mirar el cielo con una sospecha feliz. Algunos adultos aseveraron que era

pura imaginación; los árboles y las nubes nunca estuvieron de acuerdo.

MARILYN MONROE

En la escena apagó todas las luces para apreciarse sin reflejos y constatar que la belleza

también proyecta sombras, así como los aplausos nacen de un idioma incapaz de

pronunciar la palabra compañía. Al despuntar el sol volvió a sonreír. Hollywood jamás notó

la diferencia.
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HERMAN HESSE

Sembró un árbol en medio de una biblioteca. Algunos lectores protestaron por las raíces

que levantaban el piso, sin concebir, jamás,que los libros también necesitan tierra para

crecer hacia adentro.

TORRES GARCÍA

Reacomodó el mundo al revés al punto de hacer protestar a los mapas y enmudecer a las

brújulas. Nadie más que los niños reconocieron que el norte nunca fue un emplazamiento,

sino una recurrente costumbre excesivamente orgullosa para admitirlo.

CHÉJOV

Dejó un fusil sobre la pared y abandonó la habitación. Durante toda la historia los mismos

personajes aguardaron, impacientes, un disparo que nunca llegó. Tarde descubrieron que la

verdadera tragedia residia en aguardar un improbable destino que tal vez nadie escribió.

JOKER

Clausó su risa una sola tarde. Gotham creyó haber vencido. Pero el silencio resultó más

contagioso que cualquier carcajada. Desde aquella variación no hubo quien no desconfiara

de su propia felicidad.

ORSON WELLS

Orquestó un colosal ardid radial con tanta belleza y sutileza que el mundo prefirió llamarla

verdad. Pese a confesar el engaño, años después, era demasiado tarde: las mejores

ficciones no necesitan ninguna clase de permiso para convertirse en memoria.

EL RETRATO (Oscar Wilde)

Tras perecer el último hombre verdaderamente hermoso, todos los espejos amanecieron

empañados. Al cabo de semanas nadie consiguió verse el suyo en ninguno, por grande o

diminuto que este fuera. Al limpiar, una vez más, la luna en uno de ellos una joven notó que

no la reflejaba como debiera, sino como aquello que había resguardado con mayor esmero.

Desde entonces comprendieron que el retrato siempre había estado del lado del cristal.

LA CAVERNA (Platón)

El prisionero escapó de la caverna y contempló el sol. Regresó e intentó describir la luz

descubierta. Los del interior lo asesinaron con piedras cuidadosamente pulidas. Siglos

posteriores, aquellas mismas piedras acabaron siendo exhibidas en un museo bajo el

encumbrado rótulo: «Génesis de la filosofía».

EL LABIAL (Manuel Puig)

Ella nunca escribió, precisamente, cartas de amor; prefería dejar la marca del lápiz labial en

las tazas de café que bebía. Décadas después, cuando demolieron la casa, los obreros

hallaron cientos de besos fosilizados en la loza, sin que nadie encontrara una sola palabra

que pudiera explicarlos.

EL CISNE (Rubén Darío)

El último cisne abandonó su lago porque el agua había aprendido a reflejar únicamente

suertes de panfletos o bien anuncios publicitarios. Alzó entonces, su majestuoso vuelo,
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hacia un cielo sin metáforas. Aquella misma tarde la poesía inauguró su escritura en prosa

para sobrevivir a cualquier otro embiste o embuste esnobista.

EL ARMARIO (Stephen King)

Al oscurecer el armario respiraba lo mismo que un ser vivo. Nunca salía nada de él;

tampoco entraba nadie. El verdadero horror consistía en que cada amanecer, tras abrir mis

ojos, conservaba un recuerdo menos de mi infancia. Cuando por fin me anime a abrir la

puerta, descubrí sentado al niño que había sido una vez, sentado y envejeciendo en mi

lugar.

LOS HETERÓNIMOS (Fernando Pessoa)

Durante años convivieron sin discutir. Cada uno despertaba con un nombre distinto y una

biografía irreprochable. El contratiempo surgió cuando el cuerpo pereció. Ninguno de ellos

quiso asistir al sepelio de los otros.

LA ISLA (Reinaldo Arenas)

Fugó de la isla surcando el mar nocturno sobre un precario gomón. Al arribar al continente

descubrió que la aduana registraba también los sueños de los visitantes. Pensó, con

perspicacia, que el océano nunca rodeó la tierra, como a la memoria.

EL INVENTOR (Roberto Arlt)

Construyó una compleja máquina destinada a fabricar esperanza barata. Contra cualquier

pronóstico,funcionó tan bien que quebraron todos los vendedores de ilusiones. De pura

casualidad, una noche descubrió que la máquina consumía, como combustible, el futuro de

quien hacía uso de ella.

MACONDO (Gabriel García Márquez)

Cuando desapareció el último habitante de Macondo, las mariposas amarillas siguieron

llegando puntualmente cada primavera. Revoloteaban sobre casas y jardines inexistentes,

saludaban fantasmas meticulosos y regresaban al horizonte. La memoria, supimos junto al

prodigio, también posee instinto migratorio.

EL TESTIGO (Truman Capote)

Toda la ciudad aseguraba conocer al asesino. Asimismo, nadie pronunciaba su nombre

porque todos dependían de él para recordar quiénes eran. El juicio terminó sin culpables y

lo que llaman “verdad” abandonó la sala escoltada por el silencio.

EL JARDÍN (Lezama Lima)

Plantó una palabra en el centro del patio, donde brotaron árboles de sintaxis exuberante,

pájaros con plumaje barroco y frutos imposibles de pronunciar con una sola lengua y

paladar. Los vecinos perjuraban que aquello era una “selva”. Pitando su habano, él insistía

en tildarlo de “diccionario".

EL ASCENSOR (Mario Levrero)

El viejo ascensor se detenía, no por viejo, siempre en un piso inexistente. Nadie descendía,

ni nadie subía. Una madrugada reuní valor y crucé aquella puerta. Mi apartamento estaba

allí, esperándome, pero habitado por aquella persona que habría sido si jamás hubiera

sentido miedo.
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LA MAGDALENA (Marcel Proust)

Probó un trozo de pan endurecido y no recordó la infancia, sino todos los futuros que había

desperdiciado. Esa fue la forma en que descubrió que la nostalgia no siempre viaja hacia

atrás.

LA BIBLIOTECA

El avezado bibliotecario clasificaba aquellos libros de acuerdo al número de lectores que

habían llorado sobre ellos. Existían estantes enteros dedicados a lágrimas discretas. Los

volúmenes completamente secos permanecían cerrados con llave, pues, se sabía, eran los

más peligrosos.

EL RELOJERO

El anciano reparaba únicamente relojes detenidos a la hora de una despedida. Decía que el

tiempo roto hacía menos ruido. Cuando murió, encontraron sobre su mesa un reloj sin

agujas. Era el único que seguía funcionando.

Darío Amaral
BREVIARIO 





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