Buscar este blog

sábado, 7 de septiembre de 2013

ANÁLISIS Cuando los progres van a la guerra Antonio Caño




  Washington 6 SEP 2013 -
   El País de España 
 
 
 
      El teniente John Kerry testifica contra la guerra de Vietnam en 1971. / Henry Griffin (AP)

Antes de tomar asiento el lunes en el comité de Relaciones Exteriores del Senado, el secretario de Estado, John Kerry, se cruzó con uno de los jóvenes que ocupaban el lugar con pancartas contra una intervención militar en Siria. “La primera vez que testifiqué ante este comité”, recordó después Kerry, al tomar la palabra, “yo tenía 27 años, y mis sentimientos eran similares a los de ese manifestante”.
En efecto, en 1971 un joven teniente llamado John Kerry, recién llegado del frente, prestó declaración ante el comité de Relaciones Exteriores del Senado contra la guerra de Vietnam. Al lado de Kerry se sentaba el lunes un distinguido laureado en ese conflicto, Chuck Hagel, que igualmente hizo el tránsito hasta convertirse en un combatiente decepcionado. “No es que sea un pacifista, soy realista, entiendo cómo es el mundo, pero la guerra es una cosa terrible, en la que no hay ninguna gloria, solo sufrimiento”, escribió el hoy secretario de Defensa en su biografía de 2006.
Además del hecho tan mencionado de que el comandante en jefe de estas fuerzas armadas a punto de entrar en combate es un premio Nobel de la Paz, el ataque a Siria, si es que finalmente se produce, tendrá, entre otras particularidades la de ser dirigido, para bien o para mal, por un grupo de pacifistas o de progresistas que entienden la guerra como un recurso con fines humanitarios.
El mejor representante de este último grupo es Samantha Power, embajadora en Naciones Unidas, que observó como periodista los horrores de la guerra de los Balcanes y escribió después un libro sobre la obligación moral de Estados Unidos de intervenir militarmente para evitar situaciones semejantes. Power defendió este viernes esa misma tesis, aplicada a Siria, en el Center for American Progress, donde dijo que el escepticismo, cuando se trata de una intervención militar en el extranjero, es “saludable”.
A la derecha de Obama en la Casa Blanca, como su consejera de Seguridad Nacional (su principal asesor de política exterior) se sienta Susan Rice, precisamente la antecesora de Power en la ONU, y quien, como ella, entiende que la maquinaria militar de su país está para hacer el bien. Después de conocerse la matanza de Ruanda, durante la que trabajaba para Bill Clinton también en el consejo de Seguridad nacional, Rice declaró: “Me he jurado a mí misma que si me enfrento a una crisis similar de nuevo, estaré del lado de los que proponen tomar medidas drásticas, prendiendo el fuego si es necesario”.
No cuesta mucho, por tanto, imaginar el tipo de recomendaciones que recibió Obama antes de anunciar su decisión de atacar Siria, ni es difícil tampoco suponer la perplejidad y la decepción de estos personajes, convencidos de estar en el lado correcto de la historia, ante la pasividad observada en el resto del mundo o la oposición encontrada en el Congreso.
Esta es una Administración en la que abundan los bien intencionados, los políticos en la línea de Madeleine Albright, que definió a su país como “la potencia irremplazable”, los políticos que entienden que la fuerza de EE UU radica en su poder moral, en su valor para frenar la tiranía allí donde sea preciso y en solitario si no hay otra alternativa.
El pragmatismo de Obama ha matizado hasta ahora esa tendencia, pero, a la postre, su intento de interponerse ante una catástrofe humanitaria cometida con armas tan crueles como los gases venenosos será lo único que pueda justificarle ante la historia en el caso de que el episodio de Siria acabe de mala manera.
Kerry, Hagel, Rice o Power tal vez pueden hacer la guerra más digerible que Rumsfeld o Cheney pero quizá no más eficaz. Ciertamente, la anterior Administración alcanzó en sus aventuras bélicas tal nivel de inoperancia que es difícil de superar, pero todos los récords acaban siendo batidos.
Algunas de las ventajas de una Administración progre –con el simbólico apoyo internacional del presidente socialista de Francia- son evidentes: su esfuerzo por convencer, el reconocimiento inocente de sus propias dudas, el agotamiento sincero de las vías diplomáticas, el señalamiento de una solución política en última instancia. Pero los inconvenientes también: la improvisación, los titubeos, la ausencia de un claro objetivo.
El trío Bush-Cheney-Rumsfeld pretendía cambiar el equilibrio de fuerzas en Oriente Próximo con vistas a garantizar el predominio de EE UU durante varias décadas. Y si ese propósito exigía mentir, o cosas peores, se hacía en nombre de las razones de Estado. El objetivo de Obama, en cambio, es vago, moral, perfectamente defendible, pero difícil de explicar. En una guerra, los norteamericanos –cualquiera, en realidad- necesitan saber dónde están los buenos y dónde están los malos: democracia contra Hitler, América contra el comunismo, América contra Saddam Hussein. Obama, con su permanente visión compleja de la realidad, no ha sido aún capaz de presentar su causa con la nitidez precisa. Bush, Cheney y Rumsfeld todavía hoy defienden la guerra de Irak, sobre la que no guardan complejos. Obama, en cambio, se ha corregido sobre la “línea roja” a Siria incluso antes de que su guerra empezara.
 

Las protestas invaden el desfile militar de la independencia de Brasil


Juan Arias Río de Janeiro  
El País de España
 
La policía dispersa con gases lacrimógenos a los manifestantes que marchaban en paralelo a la parada en Río de Janeiro. Hay manifestaciones en 150 ciudades del país sudamericano





Manifestantes irrumpen en el desfile militar de Río de Janeiro. / Antonio Lacerda (EFE)

Mientras el desfile militar del 7 de septiembre, fiesta de la independencia de Brasil, pudo celebrarse sin violencia, blindado por 8.000 agentes, con la presencia de la presidenta Dilma Rousseff y demás autoridades del Estado, en Río de Janeiro, la parada militar vivió momento de gran tensión cuando un grupo de manifestantes consiguió invadirlo. A partir de ese momento se vivieron escenas fellinianas. Fuerzas policiales de todo género fueron convocadas para dispersar a los manifestantes e impedir que continuaran mezclándose con los que desfilaban oficialmente.
El desfile que tenía lugar en la Avenida Getulio Vargas seguía en una dirección y en la paralela cientos de policías armados con escudos y máscaras de gas desfilaban en la otra dirección dispersando a la gente con una gran profusión de gases lacrimógenos que llegaron a herir a un reportero del diario O estado de Sâo Paulo, mientras otros que estaban narrando la escena para la TV Globo advertían que dejaban de narrar porque se sentían asfixiar. El contingente de la fuerza de choque corría dispersando a los manifestantes entre una gran humareda de gases mientras sonaban las sirenas de los bomberos que llegaban para socorrer a los heridos.
Los gases lacrimógenos alcanzaron a los que asistían en los palcos al desfile militar que empezaron a abandonar el lugar atemorizados, mientras los cuerpos del Ejército seguían desfilando ignorando la confusión creada. Al mismo tiempo, coches de la policía militar se llevaban detenidos a jóvenes que se habían presentado enmascarados, algo que estaba prohibido en varias ciudades, entre ellas en Río de Janeiro. Los coches de la policía se vieron rodeados por los manifestantes mientras a malas penas conseguían hacer entrar a los detenidos que se resistían a hacerlo.
Vistas desde lo alto, transmitidas por los helicópteros de las televisiones, las escenas del desfile militar oficial junto con los policías corriendo literalmente detrás de los manifestantes en medio a humaredas de gases, daban la impresión más bien de estar presenciado escenas del teatro del absurdo que hasta despertaban a veces hilaridad de no tratarse de momentos de dura violencia tanto policial como del grupo más extremista de la manifestación formado por el colectivo anarquista de los Black bloc.
Las manifestaciones en más de 150 ciudades estaban mientras tanto en curso, cada una con sus características y sus reivindicaciones, unas minoritarias y otras más numerosas, pero todas ellas temorosas de las fuerzas del orden a las que esta vez no les tomó desprevenidas como en junio pasado. Tenían además órdenes de no condescender con el más mínimo gesto de violencia. Y lo cumplieron.
La gran novedad de la mañana fue que este año, en algunas ciudades, los desfiles militares habían sido cancelados por miedo a las manifestaciones. En las que fueron celebrados, la asistencia del público fue enormemente menor y fue recortado el tiempo de los desfiles. En Brasilia, se estimaba que acudieran oficialmente 30.000 personas y asistieron sólo 5.000, según la policía. En Sao Paulo, se veían grandes huecos en las tribunas y por primera vez, en el palco oficial y entre los jóvenes de las escuelas que suelen desfilar con los militares, aparecieron pancartas de protesta y de reivindicaciones. En Brasilia, acabado el desfile, que fue literalmente tomado por 8.000 agentes, sin dejar acercarse ni de lejos a los manifestantes, la gente, convocada por el grupo Brasil contra la corrupción empezaba a manifestarse en el centro de la ciudad.
La noche del viernes, en cadena nacional, la presidenta Rousseff, con gran acierto político, tomó partido a favor de las manifestaciones convirtiéndose ella misma en uno más de los indignados. Afirmó que la población “tiene el derecho de indignarse y de exigir cambios y reformas”. Según la mandataria, “infelizmente somos aún un país con servicios públicos de baja calidad”, recordando que esa baja calidad de los servicios en transportes, educación, sanidad y seguridad pública, habían sido el común denominador de las protestas de junio pasado. Y prometió escuchar la voz de la calle.

Brasil: nueva jornada de protestas en 150 ciudades



 

Subrayado

Varios grupos convocaron por las redes sociales en el mismo camino de las manifestaciones que se dieron en la Copa de las Confederaciones.
Varias decenas de manifestantes invadieron este sábado el desfile militar por el día de la independencia brasileña en Rio de Janeiro, y fueron dispersados con gases lacrimógenos en esta jornada de protestas previstas en todo el país, constató la AFP.
Los manifestantes, algunos enmascarados, entraron en la avenida donde se celebra el desfile militar en el centro de Rio, gritando consignas y enfrentándose con policías, que realizaron ya varias detenciones. Los espectadores en las gradas corrían para protegerse de los gases.
Una agencia bancaria cercana al lugar del desfile fue destrozada por manifestantes, según el sitio de noticias G1.
Ni el alcalde de Rio, Eduardo Paes, ni el gobernador del estado, Sergio Cabral, asisten al desfile, cuya duración y número de efectivos fue recortado debido a las protestas previstas.
Varios grupos han llamado en las redes sociales a manifestaciones callejeras en unas 150 ciudades del país, con la esperanza de volver a encontrar la fuerza de las revueltas sociales de junio, cuando más de un millón de personas manifestaron en plena Copa Confederaciones contra la corrupción y por mejores servicios públicos.
En Brasilia, donde la presidenta Dilma Rousseff asiste al tradicional desfile militar, la seguridad fue reforzada. Varios cientos de manifestantes comenzaban a marchar hacia el Congreso, paseando una cárcel móvil para llevar simbólicamente a políticos corruptos a la cárcel.
"Queremos mejoras en la educación, reforma política y democratización de los medios, las protestas de junio sirvieron para presionar al Congreso a aprobar medidas, tenemos que mantenerlas vivas", dijo a la AFP Philip Leite, del movimiento estudiantil Kizamba.
Está previsto que las manifestaciones duren todo el día. En Brasilia, coincidirán asimismo con un partido amistoso de la selección brasileña contra Australia en el estadio mundialista Mané Garrincha.
Rousseff dijo el jueves por la noche en un mensaje a la nación que "la población tiene todo el derecho de indignarse con lo que está errado y exigir cambios", pero pidió no dejar que "una capa de pesimismo lo cubra todo y empañe lo más importante: Brasil avanzó como nunca en los últimos años".

De Nobel a Nobel II Carta abierta a Obama

Carta abierta al Presidente de los
EE.UU. de Norteamérica
Barack Hussein Obama
 
Escucha el clamor de los pueblos!

La situación en Siria es preocupante y una vez más los EE.UU., erigiéndose en gendarme del mundo, pretende invadir Siria en nombre de la “Libertad” y los “derechos humanos”.

Tu predecesor George W. Bush  en su locura mesiánica supo instrumentalizar el fundamentalismo religioso para llevar a
cabo las guerras en Afganistán e Irak. Cuando declaraba que conversaba con Dios, y Dios le decía que tenía que atacar a Irak, lo hacía porque era dictamen de Dios exportar la “libertad” al mundo.

Tú has hablado, con motivo de los 50 años de la muerte del Reverendo Luther King, también Premio Nobel de la Paz, de la necesidad de completar el “Sueño” de la mesa compartida, de quien fuera la más significativa expresión de lucha por los derechos civiles contra el racismo en la primera democracia esclavista del mundo. Luther King fue un hombre que dio su vida para dar vida, y por eso es un mártir de nuestro tiempo. Lo mataron después de la Marcha sobre Washington porque amenazaba con desobediencia civil a seguir siendo cómplices de la guerra imperialista contra el pueblo de Vietnam. ¿Realmente crees que invadir militarmente a otro pueblo es aportar a ese sueño?

Armar rebeldes para luego autorizar la intervención de la OTAN, no es algo nuevo por parte de tu país y tus aliados. Tampoco es nuevo que EE.UU. pretenda invadir países acusándolos de posesión de armas de destrucción masiva, que en el caso de Irak resultó no ser cierto. Tu país ha apoyado el régimen de Saddam Hussein que utilizó armas químicas para aniquilar a la población kurda y contra la Revolución Iraní y no hizo nada para sancionarlo porque en ese momento eran aliados. Sin embargo ahora pretenden invadir Siria sin siquiera saber los resultados de las investigaciones que está haciendo la ONU por autorización del mismo gobierno Sirio. Ciertamente que el uso de las armas químicas es inmoral y condenable, pero tu gobierno no tiene autoridad moral alguna para justificar una intervención.

El Secretario General de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, expresó que un ataque militar en Siria podría empeorar el conflicto.

Mi país, la Argentina, que se encuentra ejerciendo la Presidencia del Consejo de Seguridad de la ONU, ha hecho pública su posición contra una intervención militar extranjera en la República Siria negándose a ser “cómplice de nuevas muertes”.

El Papa Francisco también llamó a globalizar el pedido de paz y decretó una jornada de ayuno y oración en contra de la guerra para el día 7 de septiembre, a la cual nos adherimos.

Hasta tu histórico aliado, Gran Bretaña, se ha negado (al menos de momento) a ser parte de la invasión.

Tu país está transformando la “Primavera Árabe” en el infierno de la OTAN,  provocando  guerras en el Medio Oriente y desatando la rapiña de las corporaciones internacionales. La invasión que pretendes llevará a más violencia y más muertes, así como a la desestabilización de Siria y de la región. ¿Con qué objetivo? El lúcido analista, Robert Fisk, ha precisado que el objetivo es Irán y postergar la concreción del estado palestino, no es la indignación que producen la muerte de cientos de niños sirios lo que los motiva a ustedes a intervenir militarmente. Y justamente cuando ha triunfado en Irán un gobierno
moderado, donde se podría tratar de contribuir a lograr escenarios de negociación pacífica a los conflictos existentes. Esa política será suicida de tu parte y de tu país.

Siria necesita una solución política, no militar. La comunidad internacional debe dar su apoyo a las organizaciones sociales que buscan la paz. El pueblo sirio, como cualquier otro, tiene derecho a su autodeterminación y a definir su propio proceso democrático y debemos ayudar en lo que nos necesiten.

Obama, tu país no tiene autoridad moral, ni legitimidad, ni legalidad para invadir Siria ni ningún otro país. Mucho menos luego de haber asesinado 220.000 personas en Japón lanzando bombas de destrucción masiva.

Ningún congresal del parlamento de Estados Unidos puede legitimar lo ilegitimable, ni legalizar lo ilegalizable. En especial teniendo en cuenta lo que dijo hace unos días el ex presidente noerteamericano James Carter: “EE.UU. no tiene una democracia que funcione”.

Las escuchas ilegales que realiza tu gobierno al pueblo norteamericano parecen no ser del todo eficientes, porque según una encuesta pública de Reuters, el 60% de los estadounidenses se oponen a la invasión que quieres llevar a cabo.

Por eso te pregunto Obama ¿A quién obedeces?

Tu gobierno se ha convertido en un peligro para el equilibrio internacional y para el propio pueblo estadounidense. EE.UU. se ha vuelto un país que no puede dejar de exportar muerte para mantener su economía y poderío. Nosotros no dejaremos de intentar impedirlo.

Yo estuve en Irak luego de los bombardeos que realizó EE.UU. en la década de los 90′s, antes de la invasión que derrocó a Sadham Hussein. Ví un refugio lleno de niños y mujeres asesinados por misiles teledirigidos. “Daños colaterales” los llaman Uds.

Los pueblos están diciendo ¡BASTA!  a las guerras. La humanidad reclama la Paz y el derecho a vivir en libertad. Los pueblos quieren transformar las armas en arados,  y el camino para lograrlo es  “DESARMAR LAS CONCIENCIAS ARMADAS”.

Obama, nunca olvides que siempre recogemos los frutos de lo que sembramos. Cualquier ser humano debería sembrar paz y humanidad, más aún un Premio Nobel de la Paz. Espero que no termines convirtiendo el “sueño de fraternidad” que anhelaba Luther King en una  pesadilla para los pueblos y la humanidad.

Recibe el saludo de Paz y Bien

Adolfo Pérez Esquivel
Premio Nobel de la Paz




(*) Esta carta abierta fue originalmente difundida en la página web del Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel.



Esta es la segunda carta de Pérez Esquivel a Obama. La primera puede leerse aquí: http://humbral.blogspot.com/2011/05/editorial_21.html

De Nobel a Nobel: Pérez Esquivel a Barack Hussein Obama





“Tú has hablado, con motivo de los 50 años de la muerte del Reverendo Luther King, también Premio Nobel de la Paz, de la necesidad de completar el “Sueño” de la mesa compartida, de quien fuera la más significativa expresión de lucha por los derechos civiles contra el racismo en la primera democracia esclavista del mundo. Luther King fue un hombre que dio su vida para dar vida, y por eso es un mártir de nuestro tiempo. Lo mataron después de la Marcha sobre Washington porque amenazaba con desobediencia civil a seguir siendo cómplices de la guerra imperialista contra el pueblo de Vietnam. ¿Realmente crees que invadir militarmente a otro pueblo es aportar a ese sueño?”