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martes, 20 de enero de 2026

OJO DE AGUA *Columna de CARLOS CASTILLOS,



"Ojo de Agua" es un proyecto educativo innovador en España, un espacio de aprendizaje autónomo para niños y familias que promueve el desarrollo humano a través del respeto, la iniciativa individual y la convivencia, basado en el aprendizaje por intereses y la educación integral, funcionando como una alternativa a la escuela tradicional, aunque con desafíos legales por su naturaleza. Está ubicado a un kilómetro de distancia del casco urbano del pueblo de Orba, en el centro de la comarca de La Marina Alta, en el norte de la provincia de Alicante. Allí se ofrece a los niños vivir inmersos en un entorno natural y así lograr que crezcan bien enraizados con la madre tierra. Es un espacio que nació en diciembre de 1999 cuando dos familias primerizas decidieron atreverse a probar, experimentar e investigar con los propios hijos el desarrollo de nuevas formas de relación con los niños. A partir de ahí se vieron envueltos en una vorágine de información que se ampliaba y ampliaba sobre formas respetuosas de relación con los hijos. En ese proceso, visitaron varios proyectos alternativos en diversas partes del mundo. Con todo ese caudal de información finalmente. Marien y Javier, sus responsables, se decidieron a crear su peculiar proyecto. Un día entablamos contactos vía mail, seguramente por alguna casualidad y hasta hoy intercambiamos mensajes. Pero son más los aportes que me llegan que los que yo les envío. Un día les pedí autorización para compartir esas reflexiones y esas experiencias que cuentan en sus columnas. Por eso, aquí va una con el correspondiente crédito de sus autores.

ELELEFANTE ENCADENADO

Nada más nacer, el pequeño elefante fue atado a una cadena. Así pasó, día tras día, toda su vida. Un día, ya mayor, quien le ofrecía la comida y el agua diaria, abrió el grillete que sujetaba su pata y lo liberó de la cadena. El elefante no se inmutó. Continuó comportándose como el resto de sus días anteriores, como si continuara atado a la cadena. Ya lo había integrado como parte de su vida. La educación es un derecho. La escolarización es una imposición. Esta confusión entre educación y escolarización es una más de las ingeniosas argucias semánticas entre las que vivimos rodeados. La escolarización solo es una forma en la que se puede cumplir el derecho a la educación. Pero no es la única. Ni necesariamente la mejor. Sin embargo, es obligatoria. Y omnipresente. La única manera de satisfacer el derecho a la educación, aparentemente. La escolarización institucionaliza relaciones y burocratiza procesos de desarrollo humano. Quizá sea por eso que la mayoría de los niños no quiere ir a la escuela, que el primer día del inicio del curso escolar se denomine “el día de las lágrimas” o que las consultas psicológicas se incrementen significativamente. Quizá deberíamos dar un paso atrás y observar todo esto detenidamente. La obligatoriedad de la escolarización lamina el impulso y el gusto por aprender. Cuando preguntamos a jóvenes que -tras una experiencia no escolarizada- acuden a la secundaria e, incluso, al bachillerato, nos lo dicen: la gente no tiene ganas de aprender. Solo buscan pasar la evaluación; el examen, en la mayoría de los casos. Si pasas el examen, has aprendido. Es la lógica del sistema. Y lo registra en una pantalla. En tu expediente. Y eso pretende definir quién eres socialmente. ¿Dice algo ese expediente de tu educación como persona? Poco o nada. La institucionalización y la burocratización destruyen las relaciones auténticas y genuinas entre las personas. Las relaciones de poder formales e informales que se establecen, fruto del diseño estructural de las instituciones escolares, minoran la humanidad de las relaciones que surgen en tal contexto social. Relaciones de poder formal de maestros y profesores sobre alumnos y estudiantes. Relaciones de poder informal entre alumnos. Relaciones cuyas consecuencias se somatizan y convierten a la profesión docente en una de las que alcanza mayores enfermedades profesionales y bajas laborales por salud mental. Significativo. Relaciones en las que los alumnos han de abandonar su autenticidad personal para amoldarse a las exigencias del grupo y a las expectativas de la institución. O todo lo contrario. Nada de eso “tiene que” ser así. Hay otras maneras de cumplir con el derecho a la educación. Atendiendo a todas las dimensiones del ser humano de manera más equilibrada. Impulsando el desarrollo humano -incluyendo el cognitivo- sin obligatoriedades ni imposiciones. Pocos lo saben y, cuando lo saben, menos aún lo creen posible. La escolarización obligatoria institucionalizada es una de las cadenas a las que vivimos atados y no somos capaces de ver la posibilidad de vivir sin ella, tan acostumbrados estamos a su presencia en nuestras vidas. Pero esas otras posibilidades existen. Y son valiosas. Lo hemos comprobado en vida propia.

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