Buscar este blog

domingo, 28 de julio de 2013

MPP se resiste a quedar fuera de la fórmula presidencial y aspira a la vicepresidencia


Unoticias

Aunque el sector frenteamplista anunció su apoyo a Tabaré Vázquez, esto no implica que quede afuera de la fórmula presidencial y intentará hacer valer el peso de sus votos. No apoyan la propuesta de que Mónica Xavier vaya como vice y apoyarían a Raúl Sendic como compañero de Vázquez.

 
La agrupación a la que pertenece el presidente José Mujica, la senadora Lucía Topolansky y otras varias figuras del gobierno, despejó las dudas este sábado y se pronunció a favor de la candidatura de Vázquez.

Igualmente, en su declaración también abrieron la competencia a todos los que se quieran postular para la carrera presidencial.

Según supo UNoticias, el sector resignó llevar un candidato propio pero no tiene intenciones de quedar fuera de la fórmula presidencial.

Si bien trascendió que ese es un tema que definirá solamente Vázquez, el sector entiende que no es un asunto para el Congreso del Frente Amplio y opina que la figura vicepresidencial debe ser aceptada por todos.

Sin declararlo, por el momento, abiertamente, el MPP no ve con buenos ojos la postulación que el Frente Líber Seregni realiza de la actual presidenta del Frente Amplio, Mónica Xavier.

La ex senadora socialista fue lanzada al ruedo por el propio Danilo Astori quien opinó que una mujer sería ideal para completar el binomio y dejó pistas muy claras que apuntan a Xavier.

Despejado el escenario de la candidatura, que deberá esperar el visto bueno de Vázquez, la pelea se centra ahora en la fórmula, donde todos los sectores del Frente Amplio jugarán fuertemente su carta.

El nombre que por el momento sonaba fuerte, Raúl Sendic, sigue siendo la mejor opción para el partido de gobierno, dado que es hombre de confianza de Mujica y tiene muy buena relación con Vázquez.

Montevideo, Uruguay

... y San Luis Buñuel subió a los altares... escribe Carlos Saura

TRES DÉCADAS SIN EL MAYOR GENIO DEL CINE ESPAÑOL

Hoy se cumplen 30 años de la muerte del director de películas como ‘Un perro andaluz’, ‘Viridiana’ o ‘Él’. Carlos Saura firma una aproximación muy personal a la dimensión humana y artística de un grande del séptimo arte

El País de España


Luis Buñuel y Carlos Saura en Cuenca en 1960. En segundo plano, Antonio Saura, hermano del cineasta. / reproducción del libro 'saura x saura'

Cuando en 1960 conocí personalmente a Luis Buñuel, en el festival de Cannes, me di cuenta de que el ciclón de la Guerra Civil que quebró ilusiones y asesinó a algunos de sus mejores retoños no pudo con algunos poderosos árboles que hendían sus raíces en las entrañas de la tierra y que, al final de la contienda, como suele pasar a menudo, los perdedores habían ganado una guerra fratricida que dejó el suelo de España asolado y ensangrentado.
Ahora que el olvido de muchos, el alzhéimer de otros, la amenaza de la próstata y que los huesos que se derriten o anquilosan precipitan al olvido, convendría recordar que, como émulo y paisano de don Francisco de Goya y Lucientes, a Luis Buñuel Portolés le tocó vivir en el centro de un huracán que sacudió el mundo. Fue testigo de tres horribles guerras y sus secuelas: dos europeas —la última, saldada con más de 50 millones de muertos, una cifra que da vértigo y que pone en duda la inteligencia del ser humano—, la otra, una guerra próxima, la Guerra Civil española, que segó la vida de familiares y amigos. No es de extrañar que siendo testigo de esa barbarie, Buñuel detestara la tecnología, a la que solía emparentar con la muerte y la destrucción, quizá olvidando que también esa tecnología, que al fin y al cabo no es más que ciencia y por tanto conocimiento, podía servir, también, para evitar el sufrimiento y ampliar nuestro conocimiento y saber.
En sus últimos años, como un monje ermitaño y medieval, añoraba la vida conventual y por eso se refugiaba para trabajar en México y en Madrid en lugares silenciosos y solitarios, quizá acompañado de ese “ruido de los pensamientos” que dijera San Juan de la Cruz. “Si yo me muero ahora, pues nada, bien, ya he vivido lo suficiente, sería horrible ser inmortal”, decía a sus 70 años. Pero compensaba esos retiros místicos con comidas regadas con vino blanco de Yepes y tinto de Rioja, y charlas con sus amigos, charlas interminables, maravillosas conversaciones de una persona que ha vivido con pasión una época de intensos cambios, convulsiones sociales, movimientos artísticos y descubrimientos científicos, que han marcado definitivamente este siglo.
En su despertar mañanero se miraba al espejo y se reconocía poniéndose una mano en el pabellón de la oreja y accionando el audífono se preguntaba: “Luis, ¿cómo estás hoy, por la mañana?”. “Bien, bien, estoy bien”, respondía. En ese reconocimiento estaba implícita la sorpresa del alumbramiento de cada día. “Esta noche he soñado con carnuzo, es un sueño recurrente, montones de carne, de sebo, de grasa...”. Leí en alguna parte que cuando nos despertamos rompemos la frágil telaraña de los sueños. Los sueños son evanescentes, y al igual que los recuerdos los manipulamos a nuestro antojo; quedan restos de imágenes, sensaciones, terrores ancestrales, miedo a la oscuridad, caídas en el vacío... De sueños, pesadillas y alucinaciones sabía mucho don Luis.
En la oscuridad de la cueva, monoshombres de la odisea del espacio escrutan la negrura de los sueños: sueños eróticos imposibles, escaladas de poder, asesinos que pergeñan terribles crímenes en la oscuridad, pensamientos que anidan venganzas por las humillaciones sufridas... y también remansos de felicidad y placer; playas con sus palmerales y aguas transparentes, desiertos al amanecer, brumas nórdicas, bosques iluminados, y la esperanza en una vida mejor, el amanecer de un nuevo día, tal vez de un nuevo milenio... Dalí levanta la piel del mar Mediterráneo y debajo, sobre la arena, yacen Luis Buñuel y Federico García Lorca.
Luis Buñuel y sus compañeros de viaje: Lorca, poeta de Nueva York y de canciones populares acompañadas al piano; Bergamín, tan delgado y elegante, tan fino y educado, de palabra fácil y aguda. Julio Alejandro, Sender, Pitaluga, Picasso, Miró, Dalí, Pau Casals, León Felipe, Cernuda, Alberti, Villegas López, Carlos Velo, ¡y tantos otros de una generación inolvidable! ¡Qué contraste su vitalidad con nuestra generación de velatorio, desencantada y aburrida, de los años de posguerra!
Recuerdo una penosa proyección de Él, la película que Luis Buñuel dirigió en México, en donde críticos de campanillas del momento, y algunos amigos, dijeron inenarrables tonterías de esa obra maestra. Pero la vida es así, y como rectificar es de sabios, ahora “San Luis Buñuel” se entroniza en los altares de una cultura masificada. Muchos dirán que le conocieron bien —yo me adelanto para decir que solo conocí una pequeña parcela de su vida y la amistad que él me regaló—, y en este ágape dirán que tienen la clave de cómo era, cómo comía, cómo bebía, cómo pensaba... Se nombrarán comisiones laudatorias, monumentos, panegíricos... Y Luis Buñuel, desde las alturas del cumplido centenario sonreirá, con esa sonrisa suya simpática, cazurra, aragonesa, y soltará alguno de sus temibles consejos amistosos: “Carlos, si me dieran el Oscar, lo arrojaría indignado al suelo y me marcharía”. “No hagas nunca publicidad de tu película, eso está bien para los mediocres”. “La Palma de Oro de Cannes, nada, nada, malo... El Premio Especial del Jurado, bueno, porque ese no depende de las intrigas. Aunque a mí los premios, ya sabes: vanidad de vanidades...”. “La pasión es lo único que lo justifica todo, hasta el más horrible de los crímenes”. “Los católicos han inventado la confesión para poder controlar el último reducto de nuestra libertad: la imaginación; he tenido malos pensamientos, confesaba de chico, atormentado por las llamas del infierno”. “¿Qué pensamientos eran esos, hijo?”, me preguntaba el cura. “Mujeres desnudas, el sexo, me masturbaba”. “Bueno, aquí uno podía decir todo tipo de barbaridades, por ejemplo: que en mis pensamientos había matado a mi padre, que me acostaba con mi hermana... etcétera”. La imaginación, como decía Goya, no tiene límites.

El catecismo según Mujica por Yoani Sánchez

José Mujica ha agregado un nuevo giro al habla de los presidentes recibidos en el Palacio de la Revolución. Ha recalcado que "antes había que rezar el mismo catecismo para juntarnos y ahora, a pesar de las diferencias, logramos unirnos".





El lenguaje diplomático, aunque distante y calculado, deja entrever los cambios de época. Recuerdo que durante años podía predecirse cada palabra que los presidentes extranjeros decían una vez llegados a Cuba. En el guión de sus discursos no podía faltar la frase de “la inquebrantable amistad entre nuestros pueblos…”. Tampoco se ausentaba un compromiso de sintonía total entre los proyectos políticos del mandatario visitante y su contraparte de la Isla. El camino era uno, los compañeros de ruta no podían desviarse un milímetro de él y así quedaba claro en sus declaraciones. Eran tiempos de parecer un todo compacto, sin matices, sin diferencias.
Sin embargo, desde hace algunos años, las expresiones de quienes arriban invitados por la parte oficial se han transformado. Se les escucha decir que “aunque hay puntos que nos separan, lo mejor es encontrar aquellos que nos unen”. Las nuevas expresiones incluyen además la aclaración de que “representamos una diversidad” y de que “confluimos en el trabajo en conjunto, manteniendo nuestra pluralidad”. Evidentemente, las relaciones bilaterales en este siglo XXI ya no se conciben acompañadas de un discurso monocromático y unánime. Exhibir la variedad se ha puesto de moda, aunque en la práctica se haga una estrategia de exclusión y negación de la diversidad.
José Mujica ha agregado un nuevo giro al habla de los presidentes recibidos en el Palacio de la Revolución. Ha recalcado que “antes había que rezar el mismo catecismo para juntarnos y ahora, a pesar de las diferencias, logramos unirnos”. Los incrédulos espectadores de la televisión nacional nos preguntamos inmediatamente si la doctrina a la que se refiere el dignatario uruguayo será el marxismo o el comunismo. Según se evidencia ahora, dos presidentes pueden estrecharse la mano, cooperar, salir juntos en una foto sonrientes, aún teniendo ideologías disímiles o encontradas. Una lección de madurez, sin dudas. El problema –el grave problema- es que esas palabras son dichas y publicadas en una nación donde los ciudadanos no podemos tener otro “catecismo” que no sea el del partido en el poder. Un país en el que de manera sistemática se divide a la población entre “revolucionarios” y “apátridas”, a partir de considerandos puramente ideológicos. Una Isla, cuyos gobernantes azuzan los odios políticos entre la gente sin asumir la responsabilidad por esas semillas de intolerancia que siembran, riegan y abonan conscientemente.
La diplomacia cubana es así. Acepta escuchar en un visitante extranjero, lo que jamás le permitiría decir al que nació en esta tierra.

SEMBLANZA LA ESCUELA Y EL FÚTBOL Por OSCAR BRUNO CEDRÉS

                                 Oscar Bruno Cedrés



Comienzan las clases con la incertidumbre del niño que por primera vez pisa un aula escolar, con la alegría de los que vuelven y se encuentran con los “viejos” amigos del año anterior, con las túnicas blancas varelianas desplegadas al viento cual paloma revoloteando su nido, con las maestras, las que ya estaban antes y las nuevas, las que antes llamábamos nuestra segunda madre, porque la Escuela era nuestro segundo hogar, con el sonar de la campana marcando el inicio de la clase, el tan ansiado recreo y la hora de volver a casa.
Pero la Escuela, uruguaya, laica y gratuita, también esta unida a la mejor historia de nuestro querido fútbol.
Por sus patios corrieron, le pegaron por primera vez a una “guinda”, - de trapo, de cuero o de goma, - sudaron la “túnica”, los futuros cracks de nuestros clubes, de nuestra querida casaca celeste, la mil y una vez ganadora, en el amateurismo o en el profesionalismo.
Quién iba a pensar que de los patios de la vieja Escuela 4, la de Doña Sara, la del místico Barrio Lavalleja iban a surgir aquella gran camada de jugadores luego campeones del Este en el 45, el 50, del quinquenio y del interior del 54.
Quién iba a pensar que de los patios embaldosados u hormigonados de las Escuelas del centro iban también a surgir los futuros cracks de las selecciones uruguayas mundialistas.
Quién iba a pensar que de las Escuelas del recordado Barrio de las Ranas, o de la Amarrilla, también iban a surgir figuras que serían con el devenir del tiempo futuros campeones con la celeste profesional.
Y así vienen a nuestra memoria el gran Nino González y la “vieja” Vilizzio dos de los del 54; o el endiablado Carlos Julio Revelez, alumnos de la Escuela Artigas; Denis Alfredo Milar, el jugador más laureado del fútbol rochense con su rubia melena al aire jugando por los patios de la Escuela Varela; Mariolo Bergara, el campeón sudamericano con la celeste de Uruguay y triunfador como un grande dentro de las canchas y fuera de las mismas en el gran fútbol profesional capitalino; correteando por los patios del viejo Colegio Larrañaga; Alberto Martínez otro de los ganadores en Rocha y el Mundo, por su calidad futbolística y de persona de bien, paseando su estampa primera por los patios de la Escuela Ramírez; Marito López, crack con la del Palermo rochense, la albiroja del River de Montevideo, y la tricolor del Nacional campeón del Mundo, pasando luego al incipiente fútbol oriental japonés, dándole a la redonda traviesa en los patios de la Escuela del Barrio de la Ranas, la 44; al capitán del Quinquenio y de los históricos del 54, Luis Alberto Muñoz, trancando con su pequeño físico, pero con gran fuerza y garra como lo hiciera luego con la celeste en el pecho, en el viejo patio de la Escuela 4, Juan Antonio Lavalleja y también el goleador del torneo uruguayo profesional y campeón del Apertura con la profesional casaca de Rocha, el gran Pedro Cardoso haciendo sus primeros goles en la Escuela 4 en su actual ubicación, entre otros muchos que nos vienen a la memoria pero que en estos que nombramos hoy están todos ellos incluidos, alegres niños de túnicas blancas, grandes crakc con las queridas camisetas de nuestros seleccionados o equipos profesionales.
A la Escuela y sus niños futboleros, nuestra semblanza del día de hoy.

Marzo/2007

La Tradición y su inserción en la vida moderna. Un desafío. Supervivencia o Alienación.Escribe Dr Leiza De Los Santos

                                      
                                      
                                      No hay opciones a la pérdida de nuestra Identidad.
                                        O somos nosotros mismos o no somos NADA.







 


El concepto moderno en la didáctica, es la enseñanza para la incertidumbre. El cambio continuo a nivel científico.

Esto tiene que llevar aparejado, correlativamente, al reforzamiento de nuestra Identidad .Porque si aceleramos cada vez más la dinámica de los cambios en nuestra mente, debemos obligatoriamente afirmar nuestras raíces, sino corremos el riesgo de perder nuestra Identidad, nuestro propio sentido de quiénes somos, y caer en la alienación cultural y mental.

Por querer mejorar erráticamente, no nos convertiremos en otro.
Nos convertiremos en NADA.
¡¡ Cuanto más sacuda el viento las hojas de la palmera,
más firmes deben estar sus raíces!!

El desafío de nuestro tiempo, impostergable, pues nos va la vida en ello, es lograr una mezcla creciendo juntos. No en compartimientos estancos, separados, sino en simbiosis. De esta manera lograremos convivir en paz, e incluso acercar al otro a nosotros.

Esta actitud sirve para armonizar tanto en nuestro mundo interno nuestras distintas y contradictorias heredades, como para la ineludible relación con el mundo externo, tan ajeno y tan cambiante.
¡¡Conoce el mundo del enemigo para poder vencerlo!!
Pero si queremos crecer definitivamente, aceptemos que más que antropofagia cultural externa, nuestra situación es obra de la desidia y de la carencia de empuje continuo en la exaltación de la Orientalidad, cuya raíz es la falta de autoestima y valoración propias.

Lucharemos entonces no sólo contra lo gringo, que es efecto, sino contra los defectos nuestros que son causa. Porque siempre
¡¡El verdadero enemigo habita adentro mío!!





Dr.Ricardo Leiza de los Santos.