Cómo se ve hoy el conflicto por UPM desde Argentina
El kirchnerismo siente que debe evitar proyectar una imagen
“blanda” y el nuevo incidente le otorga visibilidad a Urribarri, uno de
los delfines de Cristina para 2015
Vista desde Argentina, la situación de UPM y el
reciclado conflicto con Uruguay resulta bastante confusa para la opinión
pública, que creía que el tema estaba superado.
Tras la conferencia de prensa del canciller Héctor Timerman surgieron
interrogantes que por estas horas son materia de debate: ¿por qué el
gobierno argentino esperó hasta ahora para dar a conocer los datos de
contaminación del río Uruguay? ¿Y cómo es posible que los dos países
hagan una interpretación tan diferente sobre lo que se supone son datos
científicos sin margen para la polémica?
Al final, a nadie le queda claro si el país está en serio riesgo
ecológico o si, como dice el presidente José Mujica, el fósforo vertido
por UPM es menos grave que el que hay en el tajamar de su chacra.
En todo caso, los primeros comentarios políticos apuntan a que el
gobierno de Cristina Fernández de Kirchner no tenía mucho margen para
hacer algo diferente a lo que hizo. Es decir, intentar un equilibrio
para no aparecer ante la opinión pública como asumiendo una postura
“concesiva”, pero tratando, al mismo tiempo, de que no se vuelvan a
producir los momentos de tensión vividos en la etapa de la construcción
de la pastera de Botnia.
Una de las mayores preocupaciones del gobierno es el movimiento
ambientalista de Gualeguaychú, que a partir de este nuevo incidente
puede ver una oportunidad de recuperar convocatoria y realizar medidas
de protesta más drásticas. Cristina Kirchner sabe que el gobierno de su
esposo terminó pagando un costo político por haber, en su momento, dado
un apoyo explícito a los ambientalistas y por haber, tácitamente,
convalidado la medida del corte del puente internacional.
Lo cierto es que, tal vez con la excepción de la provincia de Entre
Ríos, el resto de la opinión pública argentina había repudiado el corte.
El kirchnerismo de hoy no es el de 2006, sino que se encuentra en una
posición políticamente más débil, y es evidente su esfuerzo por
congraciarse con una clase media que ve con poco agrado las posturas
radicalizadas.
En ese marco, el anuncio hecho por el canciller Héctor Timerman debe
entenderse como un mensaje dirigido más al público interno que al
gobierno uruguayo. Al protestar formalmente, se busca mostrar una imagen
lo suficientemente dura como para desactivar la posibilidad de que
resurjan las medidas de fuerza en Gualeguaychú.
Y, por otro lado, la alusión a argumentos científicos y la decisión
de recurrir a la Corte de La Haya comunican entrelíneas cuál será el
límite que se autoimpone el gobierno argentino: no habrá sanciones hacia
Uruguay ni medida alguna que no vaya por la vía estrictamente
diplomática. Y, por otra parte, la alusión al acuerdo de La Haya implica
una ratificación de que, finalmente, Argentina se apegará a lo que se
decida en esa instancia de mediación internacional.
Es decir, si finalmente, como espera el gobierno de Mujica, ocurre un
fallo favorable a la postura uruguaya, entonces Argentina no subirá la
apuesta. Y el gobierno de Cristina normalizará la relación bilateral,
pero sin que ello haya implicado el costo político de aparecer en una
actitud “tibia”.
Una oportunidad para Urribarri
Por otra parte, no puede obviarse el momento de transición política
que vive Argentina, con la perspectiva de una segura derrota del
kircnerismo en las elecciones legislativas del 27 de octubre, y con un
gobierno que analiza cómo reconvertirse para no perder protagonismo en
el futuro.
Es ahí donde gana importancia la figura del gobernador de Entre Ríos,
Sergio Urribarri, a quien muchos señalan como el “delfín” de Cristina
Kirchner.
El nombre de Uribarri escaló varias posiciones en el ranking de los
presidenciables oficialistas para 2015 luego de las elecciones primarias
de agosto. En un contexto de malos resultados para el oficialismo, el
gobernador entrerriano se destacó por haber ganado por amplio margen y
sin pretender “diluir” su discurso para disimular su adhesión al
proyecto kirchnerista.
Parado junto a Timerman, el gobernador Urribarri se dijo ofendido por
la insinuación de Mujica de que el clima electoral argentino podía
estar generando una sobreactuación respecto del tema de la pastera.
Pero es innegable que este nuevo incidente pone a Urribarri en un
plano nacional, haciendo que trascienda el ámbito provincial para saltar
a las tapas de los diarios en todo el país. Casi podría decirse que
este conflicto resulta funcional a sus aspiraciones de jugar en las
ligas mayores y de aventajar a otros gobernadores peronistas.
Para todo político entrerriano que pretenda un futuro político, el
tema de la contaminación del río Uruguay está entre los primeros temas
de la agenda, porque sabe que la opinión pública de la provincia ha
quedado sensibilizada.
Por otra parte, agregar la cualidad de “defensor del medioambiente” a
su currículum le permite a Urribarri ganar puntos con el ala izquierda
del electorado, donde hasta ahora la figura del gobernador entrerriano
no era muy registrada.
En definitiva, el kirchnerismo siente que, a su modo, la estrategia
que adoptó cumple un doble objetivo: resta tensión por la vía de
canalizar el conflicto en el ámbito diplomático, y además le permite
dotar de mayor atractivo al discurso electoral de una de sus figuras
ascendentes.