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viernes, 22 de noviembre de 2013

"Perdón" a Paco Casal enfrenta a Astori y Mujica

"Caso Casal"

Astori dijo que no cambia su opinión sobre el caso "Paco" Casal

El vicepresidente de la República afirmó que “reafirma su opinión” sobre el “Caso Casal” pero que se hace “plenamente responsables de lo que hace y dice el gobierno” tras la decisión de anular el expediente.

vie nov 22 2013 14:18
“Nosotros reafirmamos nuestra opinión original sobre el tema y que es ampliamente conocida. No la voy a repetir”, dijo el vicepresidente de la República, Danilo Astori, a Uy Press a propósito de la decisión del presidente Mujica de archivar el “Caso Casal” en la DGI.
“Pero como lo hemos hecho siempre, nos hacemos plenamente responsables de lo que hace y decide el gobierno. Es nuestro gobierno”, aclaro Astori.
Por otro lado, dijo que “para adoptar esta actitud, además de nuestra visión política permanente, hemos considerado un aspecto fundamental: nuestro compromiso con la marcha de la economía, del país y del gobierno”.
Sobre su opinión respecto a los problemas legales y la actuación de la DGI se negó a hacer comentarios.

La decisión

El Poder Ejecutivo dio por cerrado ayer el caso Francisco "Paco" Casal a quien desde 2008 pretendía cobrarle US$ 10 millones por una presunta evasión tributaria del Impuesto a la Renta de Industria y Comercio (ICIR) y el Impuesto a la Renta de Actividades Económicas (IRAE) por la transferencia de jugadores entre 1998 y 2007.
El presidente José Mujica firmó una resolución que establece la clausura del expediente con lo que se “resguarda al Estado de juicios reparatorios patrimoniales derivados de la eventual anulación” a través de la Justicia por medio del Tribunal de lo Contencioso Administrativo (TCA), informó El Observador.
Casal había presentado en marzo un recurso a la Presidencia solicitando que se cerrara el caso. En ese sentido es que el gobierno decidió hacer lugar al pedido a cambio de que Casal firmara un documento en el que renuncia “a la promoción de cualquier clase de accionamiento para obtener reparación por daños y perjuicios patrimoniales o morales, directos o indirectos derivados de la actuación de la administración”, informó el matutino.
La renuncia a hacer juicios es de Casal y de Daniel Delgado, Jorge Chijane, José Herrera, Gonzalo Madrid, Carlos Aguilera, Sergio Hermida y el contador del grupo Julio Szafrán, otros contratistas implicados.

Ahora reportan que hay dos menores desaparecidos en Río Negro

Los buscan en todo el departamento

Se busca a Marcelo Saracho de 15 años y Belén Benítez de 13. Desaparecieron juntos de Nuevo Berlín.

Daniel Rojasvie nov 22 2013 18:03
 
Marcelo Rodrigo Saracho de 15 años y Rebeca Belén Benítez Coppes de 13 años desaparecieron juntos de Nuevo Berlín, departamento de Río Negro.
La última vez que los vieron fue el jueves al mediodía cuando salieron para el liceo de la pequeña localidad de 2.500 habitantes.
La policía trabaja sobre una de las hipótesis de que los jóvenes querían formalizar una relación y ante la negativa de una de las dos familias, optaron por irse del pueblo.
Un camionero declaró haber visto dos jóvenes que temprano en la mañana intentaban conseguir tiraje en intersección de rutas 3 y 20 en dirección al sur del país.
Si alguien los ha visto puede comunicarse a los teléfonos 094296833 y 091821375 de la familia o en su defecto a la seccional 4ª de Nuevo Berlín al (4568) 2005.

Mujica anuló expediente de "Paco" Casal y se resguardó de posible juicio


DEFRAUDACIÓN TRIBUTARIA


El presidente de la República firmó ayer la resolución que cierra el acto administrativo de la Dirección General Impositiva que pretendía cobrarle US$ 10 millones por evasión de impuestos por pases de jugadores.

El País
El Poder Ejecutivo dio por cerrado ayer el caso Francisco "Paco" Casal a quien desde 2008 pretendía cobrarle US$ 10 millones por una presunta evasión tributaria del Impuesto a la Renta de Industria y Comercio (ICIR) y el Impuesto a la Renta de Actividades Económicas (IRAE) por la transferencia de jugadores entre 1998 y 2007.
El presidente José Mujica firmó una resolución que establece la clausura del expediente con lo que se “resguarda al Estado de juicios reparatorios patrimoniales derivados de la eventual anulación” a través de la Justicia por medio del Tribunal de lo Contencioso Administrativo (TCA), informó El Observador.
Casal había presentado en marzo un recurso a la Presidencia solicitando que se cerrara el caso. En ese sentido es que el gobierno decidió hacer lugar al pedido a cambio de que Casal firmara un documento en el que renuncia “a la promoción de cualquier clase de accionamiento para obtener reparación por daños y perjuicios patrimoniales o morales, directos o indirectos derivados de la actuación de la administración”, informó el matutino.
La renuncia a hacer juicios es de Casal y de Daniel Delgado, Jorge Chijane, José Herrera, Gonzalo Madrid, Carlos Aguilera, Sergio Hermida y el contador del grupo Julio Szafrán, otros contratistas implicados.
En paralelo, hoy los abogados de Casal, Leonardo Costa y Óscar Brum, presentarán una copia de la resolución ante el TCA con el objetivo de que se cierre el expediente por el que Casal pidió que se anule el acto de la DGI y presentarán otro escrito ante el juzgado civil para que se levanten los embargos de US$ 10 millones sobre los contratistas.
El sábado 26 de octubre, El País informó que la solución pasaba por firmar una resolución anulando el acto de la DGI al amparo del derecho de avocación que tiene la Presidencia, para lo cual era necesaria la firma del ministro Lorenzo. A nivel de la Presidencia se consideraba "muy probable" que el recurso que la defensa de Casal entabló ante el Tribunal de lo Contencioso Administrativo resultase favorable y determinase que no debe nada a la DGI, por lo que podría demandar al Estado. Según Búsqueda, dicha demanda podría ser por unos US$ 300 millones por negocios perdidos.
La última palabra para concretar el acuerdo la había tenido el expresidente Tabaré Vázquez el 7 de noviembre cuando se pronunció a favor de un acuerdo entre el gobierno y Casal sobre la deuda. Ese día aseguró que es mejor "un mal arreglo" que "un buen pleito".

ROCHA Sofía confesó que no fue secuestrada



La joven de 27 años estuvo desaparecida por más de 24 horas y fue hallada cerca de la ciudad de Chuy. Primero dijo que había sido secuestrada, pero hoy admitió que se quiso ir de su casa.

El País
La joven Sofía Bueno confesó finalmente ante la jueza que no se trató de un secuestro, y que el camionero detenido nada tuvo que ver en el asunto.
Ahora se encuentra acostada en su cama y apenas puede hablar según allegados a la familia. Está deprimida.
Confesó que se quería ir de la casa por problemas con la familia desde hace un tiempo y que optó por huir.
Primero quiso irse a Buenos Aires y después terminó en el Chuy.
A las 17 horas familiares de Sofía Bueno enviarán un comunicado de prensa agradeciendo a la población por la colaboración brindada en el caso.
Ayer había quedado detenido un hombre brasileño de 37 años tras que en primera instancia Sofía declaró que había sido secuestrada.
Hoy la joven declaró ante la Justicia otra vez en su casa debido a que permanece en estado de "shock". 
El miércoles, la joven de 27 años desapareció sin dejar rastro en 8 de octubre y Garibaldi luego de salir de la Universidad Católica.
Tras más de 30 horas de desconocerse su paradero la joven fue hallada cerca de la ciudad de El Chuy. "A casa llamó un señor desde el Chuy, diciendo que la había reconocido por las fotos y nos pasó con ella. Habló con mi cuñada y estaba muy angustiada", contó a El País la madre de Sofía Bueno.
Luego del llamado, alrededor de las 4:30 de la tarde, el futbolista de Wanderers Gastón Bueno, hermano de Sofía, partió rumbo al Chuy junto con otros tres familiares para ir a su encuentro.
En el parte policial de Rocha se detalla que la joven fue hallada en la Terminal de Aduanas acompañada con un hombre 37 años, de nacionalidad brasileña. Según la Policía, la joven "expresó haber sido secuestrada en la ciudad de Montevideo, dando detalles del hecho". 
La jueza local Laura Sunhari ordenó la detención del ciudadano brasileño para averiguaciones.
Hasta ayer, la Policía sostenía que se trató de una desaparición voluntaria. Fuentes vinculadas a la Policía y a la Justicia, además de allegados a la familia que pidieron reserva, invocaron como causa de la desaparición un problema de "índole familiar y sentimental".
La desaparición de Sofia generó una intensa campaña en las redes sociales Twitter y Facebook, con información y fotos de la joven y un teléfono de contacto para que la gente pudiera reportar cualquier indicio.

“Yo no podía dejar de tomar”

 Por Mónica Soraci / Msoraci@clarin.com / F: Archivo Clarín                                                                

Graciela (54) salió del infierno del alcohol hace ocho años. La voluntad puesta a prueba en su lucha contra La enfermedad, y la invalorable ayuda externa.


Hace ocho años, Graciela C. (54) pudo liberarse del infierno en el que vivió desde los 18 años. Un infierno conocido: alcoholismo. “Mi primer contacto serio fue en los boliches adonde iba a bailar, cuando terminé la secundaria. Tomábamos una copa de champagne o de vino, pero yo tenía una particularidad que no tenían mis amigas: empezaba a tomar y no podía parar. No tenía límite -reconoce esta mujer alta, con curvas y unos ojos celeste mar que hipnotizan-. Pero sólo lo hacía cuando salía los fines de semana, socialmente. Al principio, buscaba en el alcohol un determinado efecto: me liberaba de mis inseguridades, de mis inhibiciones, de mi timidez. Bebía para tener una actitud activa y apagar la vergüenza adolescente. Y con el alcohol lo conseguía”. Pero después, Graciela se pasaba de copas y terminaba descompuesta, vomitando en el baño del boliche. Se terminaba sentando en el inodoro hasta que las paredes y el techo dejaban de dar vuelta a su alrededor y volvía sentirse en condiciones de bailar y seguir con otra ronda de champagne. “Eso hacía que muchas veces perdiera la noción de lo que hacía -confiesa, con pudor-. Y terminaba teniendo sexo con alguien que no me interesaba en absoluto. El tema es que no fue una ni dos ni tres veces; fueron muchas noches. Lo que me pasaba era que a la mañana siguiente, cuando me despertaba y veía con quien había dormido, me preguntaba ‘¡Qué hago acá. ¿Por qué hice esto?!’”.
Reprimirse para no tomar
La adicción estaba instalándose en la vida de Graciela, que empezó a tomar un camino sinuoso. Dice que no tomaba tanto, que después bebía menos y tenía peores efectos. En medio de esa conducta que ella sentía la estaba perjudicando, llegó un trabajo que le encantaba: azafata, volar por el mundo. “Por miedo a perder mi puesto, no tomaba alcohol durante los vuelos, pero cuando llegaba a las postas (escalas en otros países), volvía a beber, porque sabía que podía seguir hasta tarde y no peligraba mi trabajo. Eso empezó a hacerme un ruido interno; yo siempre fui una mujer muy racional, inteligente, y no podía creer que me estuviese pasando eso”, justifica. ¿Qué hizo Graciela, entonces? Reprimió sus ganas de tener una copa en la mano. Se controlaba. Pero las ganas de beber, seguían intactas. “A partir de ahí, comencé a vivir el alcoholismo a puertas cerradas. Tomaba sólo cuando estaba en casa, donde jamás faltaban botellas de vino y de champagne”, admite, mientras cambia la posición de las piernas en la silla.

A los amores los elegía o los desechaba según su cultura alcohólica. “Siempre me quedaba con los hombres que bebían mucho, bebedores fuertes, como se les dice. Ni se me ocurría salir con un abstemio. ¡Me parecía aburridísimo! Pero, además, al estar con este tipo de hombres, yo me sentía avalada para tomar. No se ve mal que una mujer beba mucho si está con su marido. No es estigmatizada. En las reuniones sociales, lo que hacía era empezar a beber una hora antes de irnos a casa. ¿La razón? Sabía que no me quedaba tiempo para hacer papelones y que iba a poder seguir bebiendo en mi casa”.
Con el tiempo, encontró el amor en otro bebedor fuerte, y se casó con él. No duraron las mieles y se separaron. Pero pronto apareció otro hombre al que también le gustaba mucho las bebidas alcohólicas, y Graciela volvió a dar el sí en el Registro Civil. Ella seguía con su trabajo de azafata.
El infierno en casa
Fruto de su último matrimonio, nació su única hija. Pero la maternidad tampoco pudo evitar que Graciela siguiera bebiendo. “Ella jamás me vio alcoholizada. Me cuidaba mucho, a la mañana desayunaba bien, después almorzaba y recién a las siete de la tarde empezaba con la primera copa. Y, lo más importante, mandaba a mi hija a dormir temprano, para que no me vea tomar. A esa altura ya consumía whisky, porque el cuerpo me pedía algo más fuerte, que surtiera mayor efecto y más rápido -comenta-. En la última etapa que conviví con mi marido, de noche tomábamos juntos pero en un momento dado él se iba a dormir y yo seguía con el whisky. A la mañana siguiente, cuando se levantaba, me preguntaba por qué había mucho menos líquido en la botella. Para no tener que dar explicaciones, al otro día fui a comprar otra botella y la escondí. Cuando él se iba a dormir, sacaba el whisky que había guardado y seguir tomando”.

Todo seguía “controlado”, hasta que un día el marido de Graciela le dijo que estaban bebiendo mucho, que por qué no compraban una petaca en vez de una botella, para no abusar tanto. Así lo hicieron: Graciela compraba dos petacas por día. “Pero al poco tiempo no nos alcanzaba una y comprábamos dos o tres por día”, relata.
Después llegó la regla y no la excepción: Graciela dejó de trabajar. Tenía 40 años y ella misma se creyó la excusa de que había trabajado toda la vida, para no admitir que “estaba cansada de sostener un personaje social -confía-. Mi hija tenía 7 años y pensé en dedicarme a la familia. Ahí comencé a organizar mi vida y mi casa en función a la bebida. Y como mi marido se iba a trabajar y mi hija a la escuela, empecé a levantarme tarde y a beber desde el mediodía. Entré en un estado de dejadez, no me aseaba ni me arreglaba, estaba cansada o siempre me dolía algo. No podía con mi ser”. Sin poder manejarlo y producto de su camino sin rumbo, también conoció el mundo de las drogas, que, afortunadamente, dejó al poco tiempo.
Fue puro instinto de supervivencia.
Tras tantos años de vivir por y para el alcohol, Graciela sentía que no podía soportar tanta angustia y depresión. Tanta soledad. Se perdió en lagunas de alcohol, en ese infierno temido y para ella tan conocido.
Dejarse ayudar
Tuvo un primer acercamiento con Alcohólicos Anónimos cuando se dio cuenta de que no podía manejar el problema. “Fui a una reunión y no soporté la idea de dejar de beber. No la pude soportar. Me dije ‘esto no es para mí’ y me fui”, relata hoy. Pero se puso una trampa. Para demostrarse a sí misma y a los demás, se prometió abandonar el alcohol con su propia voluntad. La promesa duró una semana. Después, volvió a la rutina de la copa llena.

Unos años más tarde, Graciela se asustó mucho una mañana cuando no recordó qué había dicho y hecho la noche anterior, tras haber bebido más de la cuenta. “Me asusté tanto que, después de tantas auto-promesas incumplidas, tomé la decisión definitiva -evoca-. Con mi marido resolvimos que volviera a Alcohólicos Anónimos, él me acompañó, pero como no podíamos estar en el mismo grupo, me quedé yo. Ese día, hace ocho años, llegué a mi casa y tiré todas las botellas. Ese día comencé una nueva vida. Una vida con colores”.
Para Graciela, ese recuerdo debe ser tan fuerte, que se quiebra y las lágrimas ruedan por las mejillas coloreadas. “Aprender a vivir sin alcohol fue un proceso muy duro. Me divorcié. Tuve que recomponer la relación con mi hija, que quedó muy deteriorada. Ella vivió los efectos de mi alcoholismo, mi destrato emocional. Mi indiferencia. Hoy, todo es diferente. No tomo ni deseo tomar”, se entusiasma. Su vida cambió. “Reconocí que necesitaba ayuda -dice-, y me dejé ayudar.”