Escritor y periodista Julio Dornel
Julio Pérez en La Coronilla.
Los deportistas del norte rochense tuvieron la suerte de ver jugar a Julio Pérez y Schubert Gambeta, cuando en la década del 70 defendían a Santa Teresa F. C. en el Torneo organizado por la Liga Regional.
Fue en esas circunstancias que durante sus escapadas a la frontera tuvimos la oportunidad de compartir algunos asados en el domicilio del Dr. Fulvio Cabrera. También los acompañaba en algunas oportunidades el capitán Obdulio Jacinto Varela. Destinos diferentes por clubes también diferentes: Nacional algunos, Peñarol el otro, pero unidos todavía por los ecos de la gran hazaña. Estos reencuentros en la frontera nos regalaban charlas interminables sobre el mismo tema; Maracaná, colocando frente a frente a los campeones del mundo. Julio y el “Mono”, se venían el día antes y el sábado esperaban el coche de ONDA que trasportaba al “Negro Jefe” para acompañarlo en su primera etapa; el bar del Pato Casal, donde los esperaban aficionados locales y algunos brasileños para las fotografías y firmas de autógrafos, a solamente 10 metros del país hermano que habían enmudecido el 16 de julio de 1950.
Allí estaban los viejos ídolos juntos como en Maracaná. El humor de Obdulio y la memoria de Julio prolongaban los encuentros con diálogos interminables sobre la consagración de Uruguay, reviviendo emociones que los años apenas habían atenuado.
El destino los había juntado sobre la línea divisoria, como queriéndole pedir disculpa al pueblo brasileño por aquella derrota en su propia casa. Han pasado 64 años de poco fútbol y muchas derrotas.
Sin embargo renacen las esperanzas. El actual seleccionado ha cumplido con creces, puede ganar o perder ante los mejores del mundial. Una conducta deportiva elogiable los hace respetar a la pelota y al adversario. Caras nuevas que nunca se habían puesto la celeste, ni pensaban en la titularidad que les dio el maestro. Cuando se dieron cuenta ya estaban en la cancha. También la experiencia de otros ha sido fundamental para dar solidez a la base del equipo con mucha personalidad y sacrificio. Nos cuesta incursionar en el elogio cuando todavía estamos a varios días del mundial. Sin embargo debemos reconocer la categoría internacional de este equipo que apretando los dientes y sufriendo hasta el último minuto determinó el regreso de varias selecciones a sus respectivos países.
Nadie puede negar que rayen a nivel mundial con mentalidad ganadora y aunque pocos lo pensaran sus nombres se han metido en la prensa del mundo. Ha llegado la hora de la verdad y por primera vez en la historia del fútbol uruguayo, no les exigimos el título de campeones, aunque tampoco descartamos esa posibilidad.
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sábado, 24 de mayo de 2014
ESPACIO PARA LA NOSTALGIA. DEA FOSATTI: LA MEMORIA DE UN PUEBLO. Por Julio Dornel.
Dea Fosatti.
Cine Principios
El
paso de los años (126) está señalando la existencia de varias
generaciones que apuntan al desarrollo general de la zona, por el
aporte ofrecido en su momento en distintas actividades. Queremos
destacar en esta oportunidad que los núcleos poblados surgidos en el
siglo pasado fueron ejerciendo una marcada influencia en todos los
acontecimientos registrados en el norte rochense. Entre los hijos
ilustres que se fueron afincando sobre la línea divisoria podemos
destacar a las familias Ventura, Fosatti, Olivera, Rodríguez,
Silveira y otras que honraron en su momento a la incipiente aldea. Es
precisamente con Dea Fosatti, integrante de una de estas familias
fundadoras que vamos repasando nombres y situaciones que han ejercido
marcada influencia desde los primeros años del siglo pasado. En este
repaso que debe servir para alimentar la nostalgia, Dea nos recuerda
al “primer maestro Elías Lizardo, el primer Juez de Paz Antonio
Fosatti, el primer Jefe de Correos Eleuterio Fernández Chávez, el
primer telegrafista Mario de San Vicente, el primer ómnibus con
capacidad para 6 personas, PÁJARO
AZUL, que hacía la línea Santa Vitoria- Montevideo. También
existía línea telefónica con cabina en la Posada de Juan Silva y
cuya telefonista era Adelaida Silva. Entre los comercios establecidos
podemos citar a Jesús Fernández, Manuel Iglesias y las fábricas
de elaboración de tabacos y café, que llevaban el nombre de Café
Chuy y Café Alem. Años más tarde (1952) se construyó
el edificio de Cine Principio en un terreno que nos regalara mi
padre. Recordamos que el arquitecto fue don Silvio, el constructor
fue Manuel Luna y el peón de mano Bilili Amaral. Los ladrillos los
hicieron los hermanos Lima y los materiales (portland, hierro, cal)
los adquirimos en la barraca de Leopoldo Fernández
y Cía.” Señalaba finalmente Dea que estos nombres y otros que
nuestros lectores recordarán,
se han ganado con todo derecho un lugar destacado en la nomenclatura
de esta ciudad.
jueves, 22 de mayo de 2014
RECORDACIÓN LEONEL GONZÁLEZ “Un personaje, un referente del Club Lavalleja” Por Oscar Bruno Cedrés
“Al
cumplirse un año de su desaparición física lo recordamos
transcribiendo la semblanza que hiciéramos cuando su deceso.”
El pasado
viernes 24 de mayo falleció en nuestra ciudad Leonel González
Molina, parte grande de la vida y la historia del Club Atlético
Lavalleja de nuestra ciudad.
Era
integrante de una familia muy consustanciada con la institución de
los Tres Barrios, desde su padre Don Rosalío González, siguiendo
luego con Nelson el campeón del interior del 54, Carlitos golero en
la década del sesenta, luego el “Pato” Nelson Erley campeón por
los setenta, Fernando también como golero y ahora Martín y Matías
cuarta generación defendiendo la blusa albi verde, lo que hace de
los González una familia patriarcal.
Fue quien
nos arrimó a integrar por primera vez una comisión en el Lavalleja
con tan solo 17 años, fue allá por 1962, la de Pro Sede propia, en
la que estaban figuras de la talla del Tito Ribot, de Humberto Sosa,
que se reunía en la vieja sede de los Bancarios.
A Leonel
lo conocimos cuando por los cincuenta tenía un comercio de venta de
café, ubicado por la calle 25 de Mayo entre 18 de Julio y Gral.
Artigas.
Desde
entonces y hasta su fallecimiento mantuvimos un gran amistad personal
y familiar, que por sobre nuestra gran pasión común que lo fue y lo
será siempre el querido Club Lavalleja supimos mantener.
Fue de la
familia González el que nunca vistió los pantalones cortos de
jugador, su tarea, su trabajo, su trayectoria se forjó como
dirigente, como colaborador del club donde éste lo necesitara, ya
integrando las directivas, ya como técnico, vendiendo rifas,
haciendo de canchero, luchando junto al tesorero Luis Alberto Pereyra
por juntar un pesito más para las arcas de su club.
En
Directivas lo vimos integrar la del 72/73 con Guillermo Canova como
Presidente, con el Cacho Machado, el “Raco” Sosa, Don Artigas
Bentancort, el maestro Diego Corbo, Guillermo Veiga, Juancito
Bentancort, el “Tortuga” Seijas entre otros.
Como
técnico de las vieja y recordada “segunda división”, campeones
de la temporada 1961, con el “petiso” Ramela como golero, junto a
Abel Peyrot, Domingo el “Cosa” Amorín, Marcelino Martínez el
“Triqui”, Juanito Viera, el “Cacho” Machado en la defensa;
Lauro Cruz, Néstor “Ofito” Egaña, José Motta, Caligaris y el
“Tranquilo” Techera en la delantera.
Fue uno de
los que junto a Jacinto Guerra fundaran la rama del basquebol en el
Club de los Tres Barrios y lo afiliaran a la Liga Rochense de
Basquebol en la temporada de 1962.
Fue un
hincha, un dirigente, un laburador de la institución de perfil bajo,
nunca se lo vio gritando, o en caravanas victoriosas, él siempre
prefirió estar en la sede esperando a los campeones.
En la sede
construida en el predio de El Tenis y que luego nos fuera “quitada”
Leonel trabajó incansablemente, tarea que luego siguiera en la
actual y propia del club de la Avenida Agraciada y Andrés Cheveste.
Ahí junto
al recordado Humberto “Cacho” Machado y Luis Ernesto Muniz, se
dedicaron a restaurar y recuperar la historia del club.
Llenaron
las paredes de la sede de fotos de todos los tiempos, desde la
fundación hasta ahora, logrando que hoy se conozca a quienes desde
el puesto de dirigente como de jugador pasaran por el club en sus ya
casi 80 años de vida.
Al frente
de la misma queda una tarea suya, la piedra de adoquín con la
plaqueta en homenaje a los fundadores del Club.
Cuando la
institución compra los terrenos donde luego se ha ido construyendo
la cancha de fútbol “Las Barrancas” Leonel se puso al hombro
junto a otros compañeros como Juancito Bentancort, la difícil tarea
de que fuera una hermosa realidad el tener un escenario propio, y no
volver a pasar los malos momentos de la década del ochenta.
La
Intendencia Departamental de Rocha cuando la re inauguración del
Estadio Municipal El Tenis, distinguió a varios dirigentes del
fútbol de Rocha colocando su nombre en las puertas de los
vestuarios, uno de ellos fue el de Leonel González.
Leonel va
estar siempre presente en la historia del Club Lavalleja, por su
humildad, por su trabajo incansable, tenaz, acérrimo en la función
que su “Lavalleja” lo necesitara.
Va a estar
junto a viejos y queridos personajes como el “Gordo” Cánova, el
“Coco” Amorín, el “Raco” Sosa, el “Tranquilo” Techera,
el “Taca Taca” Filadelfio Pérez, Juan Tomás Bentancort,
Juancito Longeau, Luis Alberto Pereyra, el “Flaco” Rocha, Tulio
Minondo, el “Nelson”, el “Jorge”, la “Chinita”, el
“Beto”, Ernesto Muniz y el Maestro Diego Corbo.
Que date
tranquilo Leonel que con Luis Ernesto vamos a seguir cumpliendo
aquella promesa de hace más de 10 años que hicimos en la sede de
seguir permanentemente trabajando por mantener el historial de
nuestra institución, rescatando fotos y material que hablen de
nuestra rica historia deportiva.
MAYO/13
OSCAR
BRUNO CEDRÉS
SEMBLANZA por Oscar Bruno Cedrés MONTEVIDEO WANDERERS Y SU VINCULACIÓN ROCHENSE
El
Montevideo Wanderers ha logrado el pasado fin de semana el título de
campeón del torneo Clausura de la 1ª. división profesional
uruguaya.
Vieja
institución fundada el 15 de agosto del año 1902, en el almacén y
bar de la calle 19 de Abril, frente a la cancha del Albión.
Su
nombre proveniente de las reuniones previas a su fundación, entre
futbolistas del Albión Fútbol Club y el principal dirigente del
mismo, en la que le informan la intención de formar un nuevo club,
pero no tenían ni nombre, ni cancha ni colores, lo que lleva al
dirigente a decirles:
“Pero…
¡que muchachos!.. Si nada tienen… iréis vagabundeando… seréis
unos permanentes errantes… unos bohemios. O como se dice en mi
tierra… seréis unos “ wanders”.
Esta
vieja y prestigiosa institución del fútbol uruguayo tiene muchos
vínculos con el fútbol de Rocha.
Jugadores
que han defendido la casaca bohemia y luego jugaron en nuestro
fútbol, o a la inversa jugadores rochenses que luego la defendieran
a lo largo de su rica historia.
También
hinchas de toda una vida que pese a los sin sabores se mantuvieron
fiel al amor por el Club de la zona del Prado capitalino, y asimismo
dirigentes.
En
este recuerdo homenaje, luego del triunfo y viendo la vuelta olímpica
nos fueron viniendo a la memoria nombres de jugadores, los que aquí
y sin un orden cronológico, sino por un orden que nos fue pasando
por la mente los vamos nombrando:
El
“canario” Héctor de los Santos, hombre proveniente de la
fronteriza ciudad de Artigas, hoy funcionario municipal, que supiera
vestir la casaca wanderista el día de la gran hazaña del 28 de
enero de 1975, cuando derrotan por la Liguilla a Nacional por dos
goles a uno, clasificando así por primera vez un club de los
llamados menores a la Copa Libertadores de América, siendo de los
Santos autor del primer gol y pasando a formar parte de la rica
historia bohemia, equipo que también integraba el actual conductor
del seleccionado uruguayo el maestro Oscar Washington Tabarez.
En
pleno festejo aparece el querido “Loco” Víctor Lujan Guala,
cargado de canas y con algunos kilos de más, él gran meta del
fútbol rochense, toda una leyenda, ahora entrenador de goleros del
campeón del Apertura.
Y
siguen apareciendo nombres, el del gran zaguero de los combinados de
Rocha campeones del este: Ramón “Bitoto” Larrea, el “rompe
redes”, quien juega en la primera en el torneo uruguayo del año
1949 del club wanderista, siendo la formación de mayor permanencia
la de Luis Borghini al arco, Vázquez y LARREA; Pérez, D’Angelis
y W. Gonzalez; Visiedo, Chelle, Medina, L. Pino y Magliano.
Nos
acercamos en el tiempo y surge el nombre de Sergio “Cacho”
Bonilla, que debuta en filas bohemias en el Centenario frente a
Peñarol en la temporada de 1957, año que realizan un extensa gira
por Brasil, siendo el equipo más estable el de Enriquez al arco,
Sosa y Tejera, Santos, Osvaldo Balseiro e Inschauspe, Rumbo, Nario,
Bonilla, Julio Toja y de León.
También
defendieron allá por el 58 al equipo del “Parque Viera”,
Ramoncito Nuñez, puntero del Lavalleja y del seleccionado rochense y
el “Nene” Servando Machado, el golero campeón del Este con la
celeste de Rocha del año 1957, también proveniente del equipo de
los Tres Barrios, en tiempos de Obdulio Jacinto Varela como técnico
del bohemio.
Con
pasado wanderista defendió el arco palermitano en una Liguilla, el
lascanense Julio Acuña, quien luego fuera director técnico del
Rocha Fútbol Club profesional.
También
con pasaje por el campeón del Apertura, militó en el Palermo F.C.,
Daniel Carreño, el exquisito jugador que fuera campeón del este
defendiendo al combinado de Rocha, al que recordamos en filas
palermitanas junto a Víctor Guala, Nelson Miranda, Carlitos Sosa,
Martín González, Alfredo González, entre otros.
Víctor
Homero Guaglinone, hombre identificado con los colores de Wanderers,
militó en nuestro fútbol y lo hizo con la casaca del club de la
Avenida Ituzaingó, el Palermo, dejando un grato recuerdo en filas
palermitanas, por su calidad como jugador y como persona.
Fue
Presidente del Montevideo Wanderers y en Rocha del Club Atlético
Lavalleja, Ulises Güida, gran dirigente de la década del cincuenta
en el Club de los Tres Barrios, junto al “Japones” Olivera, al
“Negro” Pintos, a Leonel González, a Diego Corbo, a Walter
Trillo, y luego supiera dirigir los destinos de la institución
capitalina del Prado.
Y
finalmente en este racconto de homenaje al Montevideo Wanderers
brillante campeón del Clausura y sus lazos de vinculación con
nuestro fútbol, nos viene a la memoria el recuerdo de aquel gran
“hincha bohemio rochense”, Héctor el “Manco” Pérez, y sus
hermanos, el “Semilla”, y el “Cacharpa”, y hoy el sobrino:
Mario Nuñez Pérez.
A
todos ellos nuestro recuerdo, a los que ya no están, nuestra
evocación, a los que están y tuvieron el privilegio de verlo al
viejo Wanderers campeón, nuestras felicitaciones.
Mayo/14
Oscar
Bruno Cedrés
16 de Julio de 1950: “MARACANÁ” Por Julio Dornel. NOTA (3)
Escritor y periodista Julio Dornel
De
la misma forma que los soldados veteranos recuerdan las batallas en
que tomaron parte, los periodistas solemos decir que “estábamos
allí” cuando se registran algunos acontecimientos que por su
importancia han resistido el paso de los años.
Tal lo que nos sucediera aquella tarde fronteriza del 16 de julio de 1950, cuando integramos la caravana de la victoria para festejar la mayor hazaña del fútbol uruguayo, conocida como EL MARACANAZO. Han pasado 64 años del histórico acontecimiento y cuando todos los medios evocan la mayor derrota del fútbol brasileño, van desfilando por la memoria las imágenes imborrables de un reducido grupo de vecinos que lastimaron sus gargantas al grito de URUGUAY CAMPEON…URUGUAY CAMPEON.
Pocos autos y algunas bicicletas abrieron el camino por las calles de tierra, estirando los festejos hasta altas horas de la noche. Varias generaciones se mezclaron aquel 16 de julio para festejar el último triunfo mundial del fútbol uruguayo.
Nada nos hacía pensar en aquella oportunidad que años más tarde nos encontraríamos en el mismo escenario de aquellos festejos, con dos de los principales protagonistas de esa consagración.
Durante varias horas tuvimos la oportunidad de acompañar al capitán de Maracaná, Obdulio Jacinto Varela y al endiablado Julio Pérez, durante su visita a esta frontera y comprobar además el caluroso recibimiento que le ofrecieron del “otro lado” de la avenida Internacional. No era una visita accidental. Gambeta y Julio Pérez jugaban en el equipo de Santa Teresa que integraba la Liga de La Coronilla y Obdulio solía acompañarlos hasta la frontera para disfrutar los asados que les ofrecía un anfitrión de lujo; el Dr. Cabrera Ayala. Un reducido grupo de deportistas integraban aquella “comitiva” que recorrió las calles del pueblo para recibir el saludo agradecido a quienes habían integrado la caravana de la victoria en el 50. Fueron gritos, aplausos, abrazos, admiración y una euforia delirante que se grabó para siempre en nuestras retinas. Habían pasado muchos años y estábamos junto a los campeones compartiendo el vino del “Gordo Paraguayo”. El viejo grabador GELOSO (comprado en Casa Ábila) fue registrando durante varias horas un concierto de voces inaudibles que solamente sirvieron para recuperar frases entrecortadas sobre la hazaña.
El paso de los años y las derrotas sufridas desde entonces por el fútbol uruguayo, han dimensionado la conquista y la figura de quienes integraron el equipo ante la poderosa selección brasileña. Dejaremos de lado la dimensión de esta lejana conquista, para detenernos en un pequeño detalle ocurrido en aquel estadio que no se había construido para que Obdulio recibiera la Copa de manos de Jules Rimet. Cuando el árbitro Mr. Reeder hizo sonar el silbato dando por finalizado el partido, el Presidente de la FIFA tuvo que guardar el discurso ya escrito, puesto que la entrega de la Copa al “Negro Jefe” no estaba en sus cálculos.
Tal lo que nos sucediera aquella tarde fronteriza del 16 de julio de 1950, cuando integramos la caravana de la victoria para festejar la mayor hazaña del fútbol uruguayo, conocida como EL MARACANAZO. Han pasado 64 años del histórico acontecimiento y cuando todos los medios evocan la mayor derrota del fútbol brasileño, van desfilando por la memoria las imágenes imborrables de un reducido grupo de vecinos que lastimaron sus gargantas al grito de URUGUAY CAMPEON…URUGUAY CAMPEON.
Pocos autos y algunas bicicletas abrieron el camino por las calles de tierra, estirando los festejos hasta altas horas de la noche. Varias generaciones se mezclaron aquel 16 de julio para festejar el último triunfo mundial del fútbol uruguayo.
Nada nos hacía pensar en aquella oportunidad que años más tarde nos encontraríamos en el mismo escenario de aquellos festejos, con dos de los principales protagonistas de esa consagración.
Durante varias horas tuvimos la oportunidad de acompañar al capitán de Maracaná, Obdulio Jacinto Varela y al endiablado Julio Pérez, durante su visita a esta frontera y comprobar además el caluroso recibimiento que le ofrecieron del “otro lado” de la avenida Internacional. No era una visita accidental. Gambeta y Julio Pérez jugaban en el equipo de Santa Teresa que integraba la Liga de La Coronilla y Obdulio solía acompañarlos hasta la frontera para disfrutar los asados que les ofrecía un anfitrión de lujo; el Dr. Cabrera Ayala. Un reducido grupo de deportistas integraban aquella “comitiva” que recorrió las calles del pueblo para recibir el saludo agradecido a quienes habían integrado la caravana de la victoria en el 50. Fueron gritos, aplausos, abrazos, admiración y una euforia delirante que se grabó para siempre en nuestras retinas. Habían pasado muchos años y estábamos junto a los campeones compartiendo el vino del “Gordo Paraguayo”. El viejo grabador GELOSO (comprado en Casa Ábila) fue registrando durante varias horas un concierto de voces inaudibles que solamente sirvieron para recuperar frases entrecortadas sobre la hazaña.
El paso de los años y las derrotas sufridas desde entonces por el fútbol uruguayo, han dimensionado la conquista y la figura de quienes integraron el equipo ante la poderosa selección brasileña. Dejaremos de lado la dimensión de esta lejana conquista, para detenernos en un pequeño detalle ocurrido en aquel estadio que no se había construido para que Obdulio recibiera la Copa de manos de Jules Rimet. Cuando el árbitro Mr. Reeder hizo sonar el silbato dando por finalizado el partido, el Presidente de la FIFA tuvo que guardar el discurso ya escrito, puesto que la entrega de la Copa al “Negro Jefe” no estaba en sus cálculos.
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