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miércoles, 4 de marzo de 2026

PARA ENTENDER QUÉ PASA *Columna de CARLOS CASTILLOS, Marzo de 2026



Alejandro Magno nació en el año 356 antes de esta Era y murió en el 323, con 33 años de edad. Fue rey de Macedonia desde los 20 años de edad y siendo tan joven se lanzó a una extensa campaña militar por varios países de Asia y Egipto donde fundó la famosa ciudad de Alejandría, con una de las bibliotecas más voluminosas del mundo. Porque los libros eran otra de sus obsesiones. El imperio que creó en pocos años alcanzó desde Grecia hasta la India, más Egipto, en el norte de África. Existen algunos libros que cuentan sus aventuras y particularmente la forma cómo sometía a los pueblos que conquistaba. Usted cree que Alejandro Magno llegaba a un lugar y se presentaba amablemente: -Buenas tardes…o buenos días. Soy Alejandro Magno, rey de Macedonia, y vengo a apoderarme de este territorio…”. No, no fue así. Arrasaba a las poblaciones dejando el tendal de asesinados, sin contemplaciones. Y solamente por el hecho de alcanzar a dominar lo que él consideraba el mundo. Pregonaba algo así como que todo lo que veía, hasta el horizonte, debía ser de su reino. Y así se comportaba, en audaces campañas militares. Fue un emperador, un conquistador implacable, pero también un homicida en serie, cruel, que mataba sin pudor ni cargo de conciencia. Se dice que nunca perdió una batalla aunque, al final, el imperio que creó se fue derrumbando, poco a poco por diversas razones. Al extremo que hoy Macedonia existe, porque hay un pedazo de tierra en los mapas que identifica a ese territorio. Pero nada más. Y algo parecido pasó con otros imperios, como el romano, el inglés, el portugués, el imperio español, el árabe. Entonces, no debería asombrarnos cuando vemos a “emperadores” modernos, avanzando sobre poblaciones indefensas, matando sin piedad y argumentando que los otros no merecen vivir de la forma que viven. Aunque en definitiva el objetivo de los “imperios” modernos, claramente identificables, como los de antes, es apoderarse de ciertas riquezas. Y también pretender que países con otras culturas, otras religiones, otras costumbres, otras organizaciones institucionales, adopten el sistema de ellos. Un sistema que no promete nada novedoso ni alentador, ni esperanzador. Porque si  se observa esta realidad, los imperios modernos que predominan gracias a su poderío militar -como única herramienta de dominación- no han solucionado las cosas básicas de millones de seres humanos. Entonces no tienen nada para ofrecer más que lo que se ve: terror, muerte y destrucción. Es saludable entonces revisar la historia, porque esta realidad no es nueva. El poeta español León Felipe (1884-1968) lo advirtió hace también unos cuántos años cuando escribió el poema “Qué pena”: Quien lee diez siglos en la historia y no la cierra. Al ver las mismas cosas siempre, con distinta fecha. Versos que musicalizaron y popularizaron después Los Olimareños. Queda la duda entonces si el ser humano es, realmente, el animal superior de la escala zoológica.

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