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martes, 17 de marzo de 2026

¿TODO SIGUE COMO ESTÁ? Por Luis Nieto




En 1958 da comienzo una larguísima crisis. 
Las elecciones de ese año cortaron la seguidilla de gobiernos colorados que, durante 93 años, había conseguido gobernar el Uruguay. El segundo gobierno blanco, surgió de las elecciones de 1962 bajo la consigna “o gana la UBD o todo sigue como está”. La interna blanca fue feroz, el partido de gobierno le echaba las culpas a su propio gobierno de que “todo estuviese como estaba”. Ganó la UBD —mayoría en el Partido Nacional— y la crisis se acentuó.
En nuestro país pasó de todo: Cuatro meses después de instalarse este segundo gobierno blanco —colegiado—, un grupo de militantes de izquierda, integrantes del Coordinador, asaltó el Tiro Suizo, llevándose más de 30 armas largas y munición. Ese fue el intento más importante de cambio que tuvo Uruguay hasta nuestros días. Aquella acción encendió una potente luz roja que nadie pareció ver. El Coordinador estaba integrado por militantes de todos los partidos de izquierda que se percibían llamados a dar un enfrentamiento radical a la oligarquía uruguaya, como aporte a la lucha antimperialista en las Américas, como lo enseñaba la revolución cubana y Vivian Trías, a pesar de que dos años antes el Che había pronunciado su celebre discurso en el paraninfo, que fue ignorado por aquel núcleo proto guerrillero, que tres años más adelante, redacta su primer documento oficial: MLN (Tupamaros) reconociendo que existían las condiciones objetivas para la lucha armada, pero no las condiciones subjetivas —convicción fundamental para llevarla adelante—. Habría que crearlas en Montevideo, posible Sierra Maestra de los uruguayos. Si había que crearlas, entonces ¿eran necesarias?
Guerrilla y dictadura mediante, llegamos a la prueba del nueve: Habiéndose creado esas condiciones, tras el golpe de Estado de 1973, la guerrilla ya no estaba, y los sobrevivientes, en el exilio, sí contaban con un enorme arsenal y con unos mil militantes entrenándose en Cuba. Pero en el seno de la propia guerrilla comenzó a crecer la convicción de que la lucha traería peores consecuencias, porque también para las fuerzas armadas habría llegado ese momento tan esperado, y los primeros en morir serían los 20 rehenes —9 hombres y 11 mujeres— que la dictadura mantenía aislados para ejecutarlos, en caso de que la guerrilla volviese a operar. El MLN estaba en condiciones de ejecutar acciones cruentas, en una escala muy distinta, pero... ¿quién hubiese sido capaz de dar la orden a los grupos de acción que tenía preparados si con eso, el ejército, hubiese ejecutado, en primer lugar, a Sendic, Fernández Huidobro y Mujica, y así hasta el último. Buena parte de la Dirección en el exilio —que era la Dirección Nacional en aquel momento— y la inmensa mayoría de los militantes tupamaros, abandonaron la vía armada, entendiendo que solo conseguirían la inmolación del único capital humano que quedaba.
El experimento armado en Uruguay, en primera instancia, fue un desafío al coraje de buena parte de una generación que percibió el clima de crisis, pero no el de soluciones. No se puede desdeñar el tamaño de la militancia tupamara ni el impacto social que consiguió tener. Ni antes de la dictadura ni cuando retomó la senda democrática. Uno de aquellos rehenes fue presidente del Uruguay, por el voto popular, y nadie puede negar que el actual presidente fue designado por el propio Pepe, dentro de las posibilidades que tenía para elegir al continuador de su legado. 
Mismo país, 2025: ¿Podríamos parafrasear el llamamiento desesperado de los blancos en 1962, ahora en boca de Mujica: “O gana el MPP o todo sigue como está”?

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