Poco
tiempo atrás, algunas declaraciones de la Presidente Cristina Fernández
en Argentina señalando que "Artigas quiso ser argentino y no lo
dejamos" despertaron amplio revuelo en nuestro país y dieron cauce a la
expresión indisimulada de algunos de los rasgos menos felices de nuestra
cultura. Señalaremos nuestra opinión sobre el episodio, sobre sus ecos,
pero sobre todo, por el más convocante tema: cómo debemos enfocar el
futuro de nuestro país y la región.
1. Descontextualizaciones históricas
Una tentación ante la que habitualmente todos los humanos cedemos cuando
enfrentamos la Historia, es la de no respetar los tiempos y contextos.
Los jóvenes argentinos del ala revolucionaria del peronismo de
principios de los 70 cantaban a viva voz: "Si Evita viviera, sería
montonera".
Más allá del simbolismo, de señalar un rasgo identidario de su colectivo
al hacer suya in totum la memoria de Evita, el cántico en sí carecía de
sentido ¿Cómo podría saberse cuál habría de ser la postura de Eva
Duarte de Perón ante el movimiento montonero si falleció dos décadas
antes de su surgimiento? Extrapolar la postura de Evita de sus último
dichos y actos ya es un acto arriesgado de por sí. Pero además, toda
persona que vive cambia, evoluciona en uno u otro sentido. Una Evita que
hubiera vivido 20 años más, habría tenido posiciones y opiniones
imposibles de adivinar en la Evita que falleció trágicamente en plena
juventud.
Por lo tanto, el cántico suponía un doble error: sacar de su tiempo y
contexto un figura política para insertarla en otro cuadro de situación,
por un lado, y por otro lado, borrar de un plumazo los previsibles
procesos de cambios que la experiencia de vida aportan a toda persona.
Es imposible saber que pensarían ante la realidad actual José Pedro
Varela, Don Pepe Batlle, Aparicio Saravia, el "Che" Guevara o cualquier
personaje histórico del pasado. Por la sencilla razón que vivieron y
se manifestaron en un tiempo y contexto, y nos toca en suerte vivir
otros. Cada quien, según su leal saber y entender puede establecer las
conjeturas que desee, pero no son más que meros ejercicios
intelectuales. Nadie puede adivinar lo que no ocurrió, ni utilizar para
un tiempo histórico X, términos y categorías propios a otro tiempo Y.
Así, y acercándonos al punto en cuestión, los Estados-Nación que
conocemos hoy y las nacionalidades a ellos asociados, no deberían
aplicarse a personajes que precedieron a su fundación y que dieron
señales de entender la organización territorial y política de un modo
alternativo.
2. Ni argentino, ni uruguayo, federal.
Cuando la Presidente Cristina Fernández se refiere del deseo de Artigas
de ser argentino, no hay duda, para cualquier lectura medianamente
serena de sus dichos, que usa el gentilicio asociado a la Nación
Argentina hoy existente, eventualmente ampliada. Cabe señalar que son de
rescatar, apreciar y valorar en sus dichos los conceptos de elogio y
homenaje que destina a Artigas, dando por tierra nítidamente con su
"leyenda negra" construida entre otros por Domingo Faustino Sarmiento.
El homenaje realizado por la Presidente debe ser valorado como lo que
es, un gesto histórico, que incorpora el nombre de Artigas a las grandes
vías de circulación del territorio argentino, pero que sobre todo
brinda un impulso muy importante a nuevas lecturas de la Historia. Es un
poco triste que de su acto y discurso sólo se retenga la manifestación
sobre la vocación argentina de Artigas, porque ello significa quedarse
con una pequeña parte de un gran gesto, ni más ni menos. Sin embargo, no
quisiera eludir el dicho en sí. El sueño y proyecto político de
Artigas fue la Liga Federal, las provincias unidas en igualdades de
derechos, cobijando a desde el este de la actual Argentina, al actual
Paraguay, al Uruguay de hoy, a Rio Grande do Sul, etc., y como paso
hacia una gran federación de los pueblos americanos.
Lo dijo el propio Artigas en Batoví: "La libertad de América forma mi
sistema y plantearlo es mi único anhelo" y también en el Cabildo de
Montevideo.
"Los pueblos de América del Sur están íntimamente unidos por vínculos de naturaleza e intereses recíprocos".
No parece acertado afirmar que Artigas quiso ser argentino, ni
paraguayo, ni gaúcho, ni uruguayo. Es bastante notorio que quiso ser
parte de una Liga Federal que no llegó a nuestros días.
En tal sentido, parece una frase fuera de contexto histórico y
simplificadora la de la Presidente Cristina Fernández de Kirchner. La
autodenominación de Artigas como "argentino de la Provincia Oriental"
presente en su supuesto testamento, en la medida que la historicidad de
este último es cuestionada, no es tampoco un aval documental a dicha
expresión.
Pero para mi profundo desagrado, mucho más descontextualizadas,
soberbias y chauvinistas han sido alguna "respuestas" que se han
originados en nuestro Uruguay. Porque si no cabe decir que Artigas quiso
ser argentino, mucho menos cabe decir que Artigas quiso ser uruguayo.
Artigas no utilizó jamás el gentilicio "uruguayo" y el propio proyecto
del imperio británico y del triste célebremente Lord Ponsomby de crear
un Estado "tapón" con márgenes sobre el Plata y el Uruguay , de modo
tal de liberar la navegación desde el océano hasta el Paraguay al amparo
del Tratado de Viena y sus disposiciones sobre navegabilidad de ríos
limítrofes, consagrado en la Constitución de 1830 (y no por la
declaración de independencia de 1825, donde subsiste el concepto de
unión a las demás provincias) no solo es ajeno al sueño artiguista, sino
que es lisa y llanamente antagónico al mismo. Ha sido bien señalada en
estas páginas la valía del acto del 18 de julio de 1830 como hito
civilizatorio, que significó consagrar la vigencia de una Carta Magna y
de una sociedad ajustada a derecho, pero el proyecto político subyacente
en dicha Constitución es profundamente polémico y de hecho, bien puede
verse en la misma una virtual acta de defunción del sueño federal
artiguista.
Siempre ha sido fácil en Uruguay exacerbar la alergia anti-argentina,
aún sino siempre es fundada. Los episodios de enfrentamiento en torno a
las pasteras entre 2005 y 2010 hicieron recrudecer esos escozores. Pero
si como respuesta a lo que denunciamos como actos de soberbia y falta
de rigor, nosotros incurrimos en hechos de igual o mayor agravio, nos
privamos de toda autoridad para el reclamo.
Artigas no es Gardel (que ha dado lugar hasta a un surrealista ensayo
pseudocientífico que pretende "probar" que es uruguayo) ni es el dulce
de leche. Sacar a relucir ante las- inadecuadas, ha quedado dicho-
expresiones de la Presidente argentina, un rabioso "Artigas es nuestro y
no de ustedes", un "Artigas es uruguayo" continuador de la historia "a
la carte" que se nos sirvió en las escuelas y liceos durante décadas,
pretendiendo hacer pasar por un único proceso eventos muy diversamente
orientados como la Batalla de Las Piedras, las Instrucciones del Año
XIII, la declaración de la Piedra Alta y la Jura de la Primera
Constitución, resulta un error mucho mayor que el que se reclama, una
ligereza intelectual y una suerte de reinvención de Artigas sin asidero
en sus dichos y actos.
Y un punto que no se puede soslayar es que los enfrentamientos de
Artigas con el centralismo porteño no fueron enfrentamiento de
"uruguayos vs argentinos", sino de federalistas vs. centralistas, que en
su momento tuvieron su epicentro en los enfrentamientos del "Karaía
Guazú" con el Directorio de Buenos Aires, pero que en etapas posteriores
de la Historia enfrentaran a la alianza rosista-oribista con la
alianza unitaria-colorada, tranversalmente a la frontera del Río
Uruguay.
Nuevamente, es oportuno que sea el propio Artigas quien se exprese.
"Yo no hice otra cosa que responder con la guerra a los manejos
tenebrosos del Directorio me hacía por considerarme enemigo del
centralismo, el cual sólo distaba un paso del realismo (la monarquía).
Pero los Pueyrredones y sus acólitos querían hacer de Buenos Aires una
nueva Roma imperial, mandando sus procónsules a gobernar a las
provincias militarmente y despojarlas de toda representación política,
como lo hicieron rechazando los diputados al Congreso que los pueblos de
la Banda Oriental habían nombrado y poniendo precio a mi cabeza"
Queda cristalinamente claro que no fue cuestión de radicación, sino de
actitud, de pretensión de concentración centralista del poder lo que
distanció a Artigas no de las provincias argentinas, sino de la
burguesía porteña y sus Directorios.
3. El futuro.
En tiempo que la moderna Roma Imperial es Washington D.C., que se espía
desde allí al mundo entero, que se promueven afrentas y agravios
insólitos como el que sufriera el Presidente del Estado Plurinacional de
Bolivia, Evo Morales, los pueblos del Sur han comenzado a encontrar
respuestas políticas que, sin pretender extrapolar Artigas a una
realidad que no vivió, parecen recoger buena parte de su legado. En la
UNASUR por ejemplo, la región ha encontrado una fuente de salvaguarda a
la paz ( tratado Colombia-Venezuela), a los procesos democráticos (
inmediata respuesta ante el golpe de Estado contra Rafael Correa,
respaldo a la limpieza del acto eleccionario venezolano), pero también
empieza a encontrar coordinaciones políticas, económicas y hechos de
enorme significación histórico como la constitución de un comando
unificado para la defensa de la región, la construcción en común de
grandes anillos de fibra óptica en América del Sur con múltiples salidas
al resto del mundo que disminuyan la incidencia de los Estados Unidos
en las Telecomunicaciones de la Región.
No son tiempos para la divergencia minúscula, sino para afirmar los
inmensos comunes denominadores. Guardemos las pequeñas rivalidades de
vecindario para el fútbol. Pero en la política apuntemos alto. Y la
Historia, leámosla con amplitud y grandeza. Celebremos que Artigas es
honrado como nunca lo fue antes en la región. Y no disputemos para la
República Oriental del Uruguay la propiedad exclusiva del gran líder
federal. Compartámoslo que nos trasciende, corrigiendo las expresiones
infelices que puedan cometer otros, pero sin soberbias ni enconos y
siempre con la mano tendida para que aquel su viejo sueño federal, sin
descontextualizarlo ni extrapolarlo, nos inspire para construir en
nuestro tiempo y contexto, nuestra gran Patria de los Pueblo del Sur,
proyecto que por fin ha saltado del discurso a hechos muy concretos y
decisivos, que han cambiado el curso de la Historia reciente en más de
un episodio como los señalados ut supra. Son tiempos de recordar que,
como dijera Artigas, todos los pueblos de América del sur estamos
íntimamente unidos por intereses objetivos y que debemos estar también
unidos en nuestras voluntades y en las expresiones institucionales
de dichos intereses y voluntades. |