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sábado, 2 de julio de 2016

N U E S T R O A R T I G A S Por Julio Dornel.





Con distintas celebraciones el pueblo uruguayo ha conmemorado durante el mes de junio un nuevo aniversario del natalicio de Artigas. La celebración patriótica que congrega anualmente al pueblo uruguayo en torno a la figura del prócer, reviste características especiales, haciendo que el país vuelva su mirada hacia el pasado, donde podemos observar la figura dominante del Jefe de los Orientales. “Surge en estas oportunidades el perfil arrogante del soldado de Las Piedras, del caudillo del Éxodo, del estadista del Congreso de Abril y del Protector de los Pueblos Libres. Asoman también los rasgos heroicos del luchador que nos había enseñado a morir por los ideales, sobrellevando con grandeza su soledad “paraguaya”, La conducta y el pensamiento de Artigas conservan su vigencia por encima de  las frases que diariamente nos hacen evocar aquellos acontecimientos. Todas las etapas posteriores a 1820, están definidas por el sello propio que distingue los grandes momentos que debió vivir el país para conquistar su independencia. Fue por aquella década del 20 que los constituyentes comenzaron a transitar por los caminos de  la organización republicana y de la democracia representativa. Sabían de antemano que el patrimonio de los orientales jamás podría enajenarse al bajo precio de la necesidad, reiterando lo señalado en 1812 que “la cuestión estaba entre la libertad y el despotismo”. Mediante el Reglamento para el Fomento de la Campaña y seguridad de sus habitantes dictado en 1815, quiso promover el restablecimiento de la economía  del país, arraigando al paisano en el solar nativo, estabilizando  la familia, fundando escuelas y disponiendo la creación de bibliotecas. Pocas figuras de la historia Americana debieron enfrentar tantas dificultades como sucedió con Artigas. Los años transcurridos agrandan los acontecimientos y la espartana pobreza  del protector de los pueblos libres, acampado en la Meseta de Purificación,  nos hace recordar que rechazando honores había señalado en 1815 que “los títulos son los fantasmas de los pueblos”. Imposible detallar en esta breve nota evocativa los principales acontecimientos que rodearon su vida, teniendo en cuenta que cada uno de ellos merecería un estudio especial. Basta señalar que toda su vida estuvo caracterizada por su amor entrañable al HOMBRE y su tierra, como elemento fundamental para lograr un singular prestigio entre los paisanos, sin olvidar una de las cláusulas fundamentales de sus Instrucciones dirigida a los Diputados Orientales; “SE PROMOVERÁ LA LIBERTAD CIVIL Y RELIGIOSA, EN TODA SU EXTENCIÓN IMAGINABLE”. Vienen luego sus discrepancias con el gobierno de Buenos Aires, retirándose del sitio de Montevideo, siendo declarado traidor, poniéndole precio a su cabeza, por haber señalado en un lema supremo: “Ni portugueses ni españoles, ni brasileños ni porteños”.  Se retira al interior instalando su cuartel general en el Hervidero, hasta que llega el año de la traición  1816. Dejemos que Alberdi lo diga: “En las actas secretas del Congreso de Tucumán se encuentran las pruebas de esta monstruosa complicidad. Se produce la invasión portuguesa, apoyada por el directorio de Buenos Aires, lo que es denunciado por Artigas. Comienzan las sucesivas derrotas, generadas por la falta de apoyo llegando a 1820 cuando las inesperadas traiciones  de sus aliados decretan su derrota militar. Alguien lo dijo en su momento: “A la luz crepuscular del año 1820, la figura del inmortal blandengue se recorta sobre la frontera paraguaya. Todo lo ha perdido. Sólo tiene en sus maletas cuatro mil patacones, último saldo de la fortuna pública, que entrega a un hombre de confianza, el sargento Francisco de los Santos, con la consigna terminante de llegar a Río de Janeiro y entregarlo todo a los jefes patriotas cautivos en la Isla das Cobras. Cuanto daríamos por escuchar el dialogo surgido en ese momento emocionante entre Artigas y su fiel soldado. Allí se quedo el héroe, sin armas, sin ejército, sin uniforme y con las manos vacías, cruzando el río por La Candelaria, alejándose para siempre del escenario de sus luchas por la libertad, la justicia y la independencia de nuestro país. 

“Ayudante Mayor de los Blandengues,
Con cien hombres marchaste a la frontera
El Chuy te vio alerta y vigilante,
Acechando los grillos y el lucero,
El  infinito mar tuvo una copla
Que te habló de naufragios y veleros
Una gaviota se perdió a lo lejos
Y alguna pena se te fue con ella….

(versos de Artigas Compañero del poeta Rondan Martínez).

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