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viernes, 18 de julio de 2014

Guerra o genocidio Por Leopoldo Amondarain



Los conflictos armados entre Israel y los países árabes, ya toman cuerpo interminable. El intento altruista y humano de la Iglesia Católica con su Papa Francisco, de reunir en el Vaticano a las cabezas de las principales iglesias del mundo buscando la paz al conflicto, no obstante la aprobación de “tirios y troyanos”, al primer intento de socavar la iniciativa, sea del lado que sea, sufrió un deterioro definitivo. Tres muertos jóvenes judíos más el desquite del asesinato de un joven palestino, más el incineramiento de otro y alguna víctima más, dio por liquidado el buen intento. Hubo más iniciativas, la de John Kerry anteriormente, la última de Egipto, en las cuales Turquía y Qatar, se afiliaban a la misma, esa duró poco menos que horas esto, claro está, sin perjuicio de la cantidad de intentos de paz que hubo desde hace años. Para que haya intento de paz viable tiene que haber intencionalidad real pacifista que es obvio, no la hay. Los hechos marcan que por encima de los aspectos humanos o religiosos pesan mucho más, aunque sea irracional, los intereses materiales, incluyendo el petróleo es obvio. El oro negro es fundamental para las potencias imperiales occidentales lo mismo que el poder material económico y político de los directamente vinculados. Lo que hace que haya una parte muy fuerte con una diferencia muy marcada y notoria a favor de una de ellas, se observa que en todo el conflicto hasta ahora, siempre aparece la sombra del imperio mayor: EE.UU., respaldando a los israelitas. No se puede pensar que haya quien se pueda enfrentar a todo el poder militar, económico y político yanqui y menos los países árabes, nadie bélicamente puede hacerlo. O sea cada vez, que algún enfrentamiento toma cuerpo a favor de los países árabes interviene el peso del imperio. Es muy heroico lo de Palestina, también lo de Irak, Irán y cualquier otra nación árabe, pero el resultado futuro siempre acaba siendo el mismo. En el 2008, la siniestra y criminal operación “Plomo fundido” tuvo una duración de 22 días con un resultado de 13 judíos muertos y 1.700 árabes arrasados, no da ni para comentarlo, la diferencia es obvio que es abusiva. Últimamente hubo otro “pilar defensivo” donde murieron 6 judíos y 170 palestinos. Un poquito mejor, pero la disparidad sigue y seguirá siendo la misma. No es el caso de retirarse para que no sigan matando gente. En última instancia los países del Golfo Pérsico están luchando por su patria, por su territorio, por los millones de ciudadanos que tienen a su cargo y de sus hijos que quieren una patria libre y soberana que ocupan desde milenios y que nunca abandonaron el lugar. Tienen derecho a sus dunas, con su petróleo, sus aceitunas y sus dátiles incluidos. Son razones incuestionables que a los imperios no les conviene aceptar en aras del poder económico. Hoy mismo los informativos están dando que si bien Hamás lanzó 740 cohetes contra Israel, en estos pocos días que se lleva de enfrentamiento, 220 víctimas palestinas yacen en defensa de su patria. Se está recurriendo incluso para evitar mayores males, supongo que tocando la humanidad de una de las partes, a poner en la zona de Gaza encima de sus casas a civiles, particularmente niños, para evitar los bombardeos. Un llamado de piedad absolutamente infructuoso. A Wall Street y a sus dueños les importa un rábano los niños árabes. La crueldad materialista, o sea el vil metal, o sea las 30 monedas, no tiene conciencia. Se habla de otro intento de Obama con la intencionalidad publicitaria mundialista de buscar una piadosa paz, a quien defiende su familia, su patria, su sangre y su historia es difícil forzarle la voluntad. Ese conflicto lamentablemente se terminaría si se agotara el petróleo en la zona, ya lo hemos dicho alguna vez. Nadie razonablemente recurre a guerras de exterminio por lugares tan inhóspitos que sólo se adaptan a la convivencia de los naturales. Intentos de paz van a seguir habiendo, el de Francisco fue el último desinteresado y humanístico, obligó a las partes a disfrazarse por un ratito para no revelar su siniestra conciencia, pero a la máquina calculadora de la muerte y sus resultados económicos no le llegaron ni por cerca. Seguirán habiendo criaturas muertas, como las 4 criaturas masacradas con las bombas que cayeron en una plaza pública recientemente, en el territorio de Gaza, la mayor de ellas tenía cinco años. Quien dio la orden de apretar el botón del misil, hoy capaz que está festejando el éxito de su “puntería”. No hay otra salida más allá del agotamiento del oro negro, ya dicho, o el exterminio de una de las partes, que es lo que se está buscando.


Leopoldo Amondarain

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